Ataques de Llanto Repentinos en Bebés: Causas y Soluciones
El llanto en los bebés es una forma esencial de comunicación, invitándonos a entender sus necesidades y emociones. Responder de manera paciente y respetuosa fortalece su sentido de seguridad y construye un vínculo de confianza con su cuidador. Hasta que el niño comienza a hablar, se comunica con sus cuidadores a través del llanto.
¿Por qué lloran los bebés?
Cuando el bebé llora, lo hace para manifestar un malestar. El llanto del bebé puede deberse a que tiene sueño, hambre o malestar, entre otras cosas. Tal vez, el bebé necesita ser abrazado, presenta miedo o se siente solo y, por ello, llora. Quizás el bebé tiene frío, calor, hambre, está incómodo con alguna de las prendas de ropa puestas o siente dolor en la zona de la barriga, por ejemplo.
Otros de los malestares físicos que pueden provocar que el bebé llore son los siguientes:
- Sed
- Sueño
- Estar sufriendo un cólico
- Tener el pañal sucio
- Salida de los dientes (dentición)
- Gases
Además de comunicar un malestar físico y/o emocional, a través del llanto también se elimina cortisol, una hormona que se segrega en momentos de estrés y tensión. Por este motivo, cuando el bebé llora puede ser para aliviar el exceso de estrés en lugar de comunicar un malestar.
Tipos de llantos en el bebé
Si el bebé llora, es fundamental no perder los nervios y tener paciencia para responder ante el llanto. Existen diferentes tipos de lloros en el bebé y cada uno tiene unas características y un significado diferente:
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- Llanto persistente: Suele indicar hambre. Este llanto es grave, regular y bastante rítmico.
- Llanto desconsolado: Cuando el bebé tiene frío o calor.
- Llanto perezoso: Sueño. Además, si el bebé tiene sueño suele frotarse los ojos y bostezar con frecuencia.
- Llanto estridente: Necesita cambio de pañal por pipí o caca. Se trata de un llanto débil, pero continuo.
- Llanto agudo: Malestar o cólicos. En estos casos, el bebé no deja de llorar y la expresión de su cara indica que siente dolor o que está incómodo.
- Llanto con hipo: Enfado. Suele ser un llanto parecido al que se produce cuando el bebé tiene hambre, pero más seco.
Además, algunos bebés pueden llorar durante el periodo de lactancia. Cuando el bebé tiene hambre, llorará para que su mamá lo alimente. Sin embargo, si el bebé tiene su estómago lleno, comenzará a llorar y soltará el pezón. Del mismo modo, si durante la toma, el bebé tiende a echarse hacia atrás, es posible que tenga reflujo gástrico y esta sea la causa del llanto entre tomas.
¿Y qué pueden hacer los padres?
Si el bebé llora por algún motivo de los anteriormente comentados, los papás y las mamás pueden llevar a cabo diferentes acciones para cesar el llanto del pequeño. Por ejemplo, se puede cambiar el pañal por uno limpio, abrigar al bebé si tiene frío, darle agua si tiene sed, etc. y evidentemente, el beberá dejará de llorar si es eso lo que le sucede.
En cambio, si el bebé llora sin ninguna causa aparente, entonces los papás y las mamás deberán aceptar que tal vez su bebé necesite llorar para liberar la tensión acumulada. Algunas de las técnicas para consolar el llanto del bebé sin motivo aparente son las siguientes:
- Colocar el chupete en la boca del bebé.
- Coger al bebé en brazos.
- Mecer al bebé.
- Realizar un masaje en el abdomen del pequeño.
- Salir a pasear con el bebé.
En cualquier caso, es importante no perder la calma cuando el bebé llora e intentar, cuando sea posible, atender a sus necesidades. De este modo, el bebé dejará de llorar.
Causas Comunes del Llanto Inconsolable
Las situaciones en las que un bebé tiene un llanto prolongado provocan preocupación, ansiedad y estrés en los padres y cuidadores. Según la Asociación Española de Pediatría (AEP), es un problema frecuente que afecta a uno de cada 5 niños y que se resuelve habitualmente en las primeras 12 semanas de vida. El periodo de llanto va descendiendo en los primeros meses.
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Como señala la AEP, se considera normal un llanto que “aumenta en las primeras semanas de vida alcanzando su máximo a las 6 semanas, cuando el bebé puede llorar hasta dos horas diarias.
Algunas de las causas más comunes del llanto prolongado incluyen:
- Hambre
- Sueño
- Calor o frío
- Pañal sucio
- Cólicos
El llanto persistente puede provocar la aparición de llantos intensos de más de 3 horas de duración, 3 o más noches a la semana durante al menos 3 semanas.
¿Qué puedes hacer ante un episodio de llanto prolongado?
En primer lugar, señala la AEP, se debe comprobar si el bebé tiene hambre o el pañal mojado y si está incómodo por la postura o la ropa. Si normalmente no llora y tiene un episodio de llanto prolongado puede ser porque le duele algo. Se recomienda mirar los dedos y los genitales para comprobar que no haya un hilo o pelo enrollado que le produzca dolor. Si no se encuentra ningún motivo aparente, se pueden probar a ponerle el chupete, cogerle en brazos, mecerle, darle un masaje suave o llevarle de paseo en mochila o carrito.
El Cólico del Lactante
El cólico del lactante se define como la aparición de episodios de llanto intenso de más de 3 horas de duración, tres o más noches a la semana durante al menos tres semanas en un bebé por lo demás sano. Generalmente aparece entre la segunda semana de vida y los 3-4 meses (por eso también se llaman “cólicos del primer trimestre”). Consiste en episodios de llanto vespertino en los que los niños se muestran inconsolables y agitados, con flexión de las piernas sobre el abdomen que se hincha y endurece y enrojecimiento facial. Puede durar minutos e incluso horas.
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Aunque la incidencia de cólicos es similar entre niños amamantados y alimentados con biberón, en muchas ocasiones se interpreta que son debidos a que el niño tiene hambre porque la madre tiene poca leche, lo que lleva a la introducción de biberones y puede conducir al destete precoz. En el caso del cólico, el mejor tratamiento es el paso del tiempo, ya que suele desaparecer a lo largo de los primeros seis meses de vida.
La única medida que parece ser eficaz es la respuesta de los padres al llanto: conocer el patrón del llanto, responder con prontitud, alimentar con lactancia materna a demanda y favorecer el contacto físico, cogiendo al niño en brazos a menudo y, sobre todo, durante el llanto.
El Síndrome del Niño Zarandeado
El Servicio de Neurología Pediátrica advierte de las consecuencias del síndrome del niño zarandeado o del niño sacudido (en inglés, ‘shaken baby syndrome’) para prevenir este tipo de lesiones, que, en la mayoría de los casos, suelen ser ocasionadas de forma involuntaria por el desconocimiento del responsable.
Es un tipo de lesión cerebral traumática que ocurre cuando un niño pequeño es sacudido bruscamente, generalmente por un adulto, sin el impacto de un golpe directo. Esos movimientos originan que el cerebro del niño se golpee contra las paredes del cráneo, ya que en los lactantes permanecen abiertas las fontanelas, provocando lesiones cerebrales.
Estas lesiones cerebrales pueden ser permanentes y afectar al niño a lo largo de su vida, yendo desde una contusión y un edema cerebral reversible, hasta hematomas o hemorragias intracraneales, que en función de su cuantía pueden ejercer presión sobre áreas vitales y causar incluso la muerte del bebé.
El motivo más frecuente de que esto ocurra suele ser el llanto inconsolable y prolongado de algunos bebés, que provoca la frustración y el enfado del cuidador, que finalmente zarandea al niño. Otra causa frecuente es el intento de reanimarlo ante una situación crítica, que se entiende como que amenaza la vida del niño, como puede ser un atragantamiento, un ataque de tos o un espasmo del sollozo.
Este síndrome afecta principalmente a bebés y a niños menores de dos años con mayor frecuencia, aunque se insta a tener “especial cuidado hasta el año de vida, dado que es la edad en donde son más vulnerables por sus características físicas, su falta de movilidad y su inmadurez neurológica”.
De entre las muchas consecuencias, se destaca que el niño puede desarrollar hidrocefalia, epilepsia, hemorragias retinianas (visibles en el fondo del ojo), que pueden causar ceguera, siendo ésta una característica distintiva de este síndrome. “También puede producir lo que se conoce como ‘daño axonal difuso’, ya que el cerebro de los niños es más flexible que el adulto, y esto puede provocar un daño severo en las conexiones cerebrales e interferir en la función cognitiva y motora futura del niño”.
Todas estas consecuencias neurológicas van a variar en función de la intensidad del traumatismo, de la rapidez del diagnóstico y de la intervención médica. Algunos niños que sobreviven a este síndrome pueden sufrir retraso en el desarrollo en áreas como el lenguaje, las habilidades motoras, la coordinación y la función intelectual.
Asimismo, estos niños también pueden desarrollar problemas emocionales y conductuales, como trastornos de ansiedad y trastornos de estrés postraumático, así como dificultad a la hora de establecer relaciones sociales a medida que crecen.
En cuanto a su frecuencia, según la Asociación Española de Pediatría (AEP), en España de los 450.00 niños nacidos al año, unos 100 pueden padecer este síndrome.
Señales de Alarma
Es fundamental reconocer las señales que puedan indicar una alarma y buscar la atención médica inmediata en casos de sospecha. Los síntomas más comunes que pueden presentar los niños con este síndrome son vómitos repetidos, irritabilidad y llanto excesivo, somnolencia o letargo, convulsiones o incapacidad para moverse con normalidad.
Espasmos del Sollozo
Las crisis de espasmo del llanto son un fenómeno frecuente y alarmante que ocurre en niños aparentemente sanos. De forma brusca e inopinada el niño rompe a llorar para después entrar en apnea o bien, tras un período de llanto en el cual el niño no resulta consolado, sobreviene la apnea: el niño deja de respirar, emite sonidos entrecortados, empalidece, presenta inmovilidad o rigidez total o parcial, o incluso cae al suelo más o menos bruscamente.
Según el color que adquiere el niño en la crisis, se han clasificado dichas apneas de llanto o espasmos del sollozo en 2 formas clínicas: cianótica y pálida.
- Forma cianótica o azul: ante una contrariedad o frustración que despierta en el niño afectos de ira y rabia, o bien, tras un llanto demandante que tal vez él siente como no suficientemente atendido, el infante inicia un llanto que las madres suelen reconocer «como el que les produce los ataques».
- Forma pálida o sincopal: En general se trata de una situación de dolor (por ejemplo, un traumatismo, incluso leve) o una emoción desagradable y brusca: temor intenso, frustración, sorpresa desagradable... El niño, súbitamente, tras esbozar un breve grito de dolor, se pone pálido.
Cualquiera que sea el tipo del espasmo, el episodio siempre es breve (de segundos a un minuto) y el niño recupera la conciencia rápidamente. Tras la crisis, puede sentirse abatido, e incluso, en ocasiones, se duerme. Pero si no es así, al cabo de unos minutos reemprende su actividad habitual y parece haber olvidado la contrariedad inicial.
La Hora Bruja o Llanto PURPLE
La hora bruja o también conocida como llanto púrpura (PURPLE en inglés) son episodios de llanto que suelen darse en bebés recién nacidos hasta los 3 o 4 meses de edad.
Las causas pueden ser:
- El sobre cansancio: puede ser porque están tan cansados/as que no saben cómo lidiar con esa falta de sueño y con esa sensación desagradable. Si este fuera el caso, la solución para poder prevenirla sería procurar que nuestro/a peque llegará descansado/a a la tarde.
- Saturación/estrés: aunque parezca mentira nuestros/as peques también pueden estresarse.
Ante esta situación:
- Primero y más importante no os desesperéis.
- Intentar que se sienta seguro/a.
Problemas de Salud Subyacentes
Menos del 5 % de los episodios de llanto son debidos a enfermedades. Algunos problemas de salud pueden manifestarse a través del llanto, tales como:
Espasmos Infantiles y Síndrome de West
Los espasmos infantiles son una forma de epilepsia que afecta a algunos bebés. Normalmente aparecen entre los 2 y los 12 meses de vida del recién nacido. Las causas que pueden originar espasmos infantiles son muy variadas. Los espasmos infantiles se suelen manifestar en forma de convulsiones. Los espasmos epilépticos son un tipo de crisis epiléptica característica de la etapa infantil que se ha asociado en muchas ocasiones con el síndrome de West.
El síndrome de West es una encefalopatía epiléptica que se presenta cuando el cerebro está dañado. El síndrome de West se manifiesta mediante 3 síntomas: convulsiones o espasmos infantiles, un retraso psicomotor y alteraciones en el electroencefalograma.
Una forma de saber si tu hijo tiene el síndrome de West es detectar una pérdida de sus habilidades motoras, como por ejemplo dificultades para voltear el cuerpo o no poder sentarse. Es posible que también presente alteraciones neurológicas como la falta de reflejos, o que sea incapaz de seguir objetos con la mirada. También es frecuente que cambie el estado de ánimo del niño.
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