Despertares Nocturnos en Bebés de 18 Meses: Causas y Soluciones

05.10.2025

Si tu bebé se queja, gime o se retuerce cuando está dormido, es normal preguntarse si hay algún problema. En la mayoría de los casos, esto es parte del desarrollo natural del bebé y no es motivo de preocupación. Los recién nacidos tienen un sistema digestivo inmaduro y reflejos involuntarios que pueden hacer que se muevan, se quejen o incluso hagan pequeños sonidos mientras duermen.

En los 1, 2 y 3 meses, algunos bebés pueden presentar molestias relacionadas con la alimentación o la digestión. Alrededor de los 4, 5 y hasta los 6 meses, el bebé empieza a moverse más y a girarse en la cuna. Recuerda que los bebés suelen moverse y hacer ruidos mientras duermen como parte de su desarrollo.

La Regresión del Sueño a los 18 Meses

Nuestro bebé ya dormía del tirón toda la noche, por fin parecía que los peores momentos en lo que al sueño y al descanso se refiere habían pasado y, de repente… ¡llega la regresión del sueño de los 18 meses! Por lo general, se producen casi de un día para otro, lo que lleva a muchos padres a plantearse si están haciendo algo mal respecto a las rutinas o incluso a la crianza que afecte al bienestar de su pequeño y, en consecuencia, a su capacidad para dormir correctamente.

Pues bien, lo primero que debemos saber es la regresión del sueño de los 18 meses, como el resto de regresiones del sueño, “son normales, no se pueden evitar y significan que nuestro bebé está creciendo”, afirma con contundencia Laura Pazos, psicóloga infantil, especialista en sueño y apego y directora de Sleepykids. Esto es así porque “todas las regresiones de sueño están relacionadas con cambios, ya sean internos o externos”. De hecho, las que se producen por cambios internos “tienen que ver con el desarrollo de nuestro bebé”, con hitos que va consiguiendo a medida que va creciendo; “es por ello que a nosotros en Sleepykids nos gusta llamarlas ‘progresiones’, porque progresan”. En cuanto a los cambios externos, pueden estar relacionados con la llegada de un hermanito o el paso de la cuna a la cama, por ejemplo.

Cambios que Ocasionan la Regresión de los 18 Meses

Entre los cambios que desembocan en la regresión de los 18 meses, algunos tienen que ver con la adquisición de una nueva perspectiva de independencia; empiezan a ser verdaderamente conscientes de que son un ser independiente de su madre y eso les genera una serie de emociones que luego se acaban trasladando a su manera de dormir.

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  • Rabietas: “empieza a nacer el ‘yo’ como ente independiente de mamá”, a lo que se suma que “van ganando control racional pero sin control emocional”.
  • Independencia: ese ‘yo independiente’ también va haciendo que “se sientan más confiados y seguros y empiezan a decir que no”.
  • Pico de angustia por separación: “les costará separarse de su figura de referencia, ya sea de día o de noche, por lo que puede haber un aumento de despertares para comprobar que la figura está cerca”.
  • Transición a una siesta: “puede desajustar los horarios y que estén más irritables”.

¿Cuánto Dura la Regresión del Sueño de los 18 Meses?

Decidimos esperar a hacer la transición a una siesta, de acuerdo, pero… ¿hasta cuándo? ¿Cuándo nuestro hijo volverá a dormir toda la noche del tirón y cuándo recuperaremos la normalidad? “Cada peque es diferente y puede que en algunos pase desapercibida o se note solo durante pocos días, pero a nivel general, dura de media entre dos y seis semanas, como el resto de regresiones”.

Y, ¿cómo ayudar a nuestro hijo a sobrellevar esta etapa? Lo que debemos hacer es, “sobre todo, estar presentes, ya que el pico de angustia por separación es lo más destacable de esta regresión”. Para ello, “podemos apoyarnos de juegos tipo escondite”.

“Si tenemos un peque que ya dormía solo y del tirón, daremos el apoyo que necesite para que se relaje y pueda conciliar, pero siempre de menos a más”, aconseja la asesora de sueño. “Esto permitirá que podamos regresar a lo anterior cuando la regresión pase”. Junto a esto, “los juegos de palabras durante el día también nos ayudarán a que esa ‘explosión’ del lenguaje vaya amainando”.

En cuanto a la dentición, además del dolor propio de este proceso, les puede afectar al sueño el hambre, puesto que “es natural que coman menos y que prefieran alimentos frescos”. Así, “podemos aumentar la oferta de leche (ya sea materna o de vaca), fruta, pan y mordedores frescos que podremos tener en la nevera”.

“Con el tema de las rabietas, acompañarles en su frustración de forma positiva, nombrando la emoción, ofreciendo contención y calma”, puesto que “los bebés se regulan por medio de sus figuras de referencia”. En todo caso y de manera general, “mucha paciencia, mucha empatía y mucho mucho amor”.

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Causas Comunes de los Despertares Nocturnos

¿Una crisis de sueño a los 18 meses? Probablemente es lo primero que has pensado cuando lo has leído. Los despertares repentinos pueden dar a pensar que el peque está dando pasitos hacia atrás en su crecimiento. Pero nada más lejos de la realidad: este llanto está relacionado con la propia evolución del bebé.

Las progresiones que se van produciendo en el desarrollo de la criatura conllevan también alteraciones. Las crisis o regresiones de sueño, son periodos de tiempo en que el bebé duerme peor: aumentan los despertares nocturnos, tarda mucho más en dormirse o incluso rechaza hacer la siesta. El bebé, en su proceso de crecimiento, va logrando dominar habilidades y conocimientos. Lo habitual es que estas fases duren entre 3 y 6 semanas.

Más allá de una regresión del sueño, los niños a los dos años y medio o tres, empiezan a probarse a sí mismos ante nuevos desafíos y límites. Un ejemplo muy gráfico es cuando no se quieren ir a dormir cuando se les dice. A esta edad, los niños se vuelven muy independientes y a hacer algunas cosas solos. Esos hitos pueden comportar también un aumento en la rebeldía. Puede conllevar algún comportamiento desafiante. Esta actitud le puede llevar a rechazar sus siestas, y eso hará que esté más irritable a consecuencia de la falta de sueño. ¿Resultado? Es una de las características en el crecimiento de un bebé, que pueden empezar a acusar durante este periodo.

A esta edad, los dientes presionan la encía y la inflaman. Morder objetos: llevarse a la boca cualquier cosa para mordisquearla le provoca a tu peque un alivio momentáneo. Febrícula: la salida de los dientes puede ocasionar en algunas ocasiones fiebre baja (menor de 37,5º). La alta temperatura favorece la aparición de los dientes, pero no es una causa.

Mantén las rutinas el máximo posible sin modificar los hábitos: no varíes en exceso la rutina de sueño. Es decisivo mantener las siestas y respetar el espacio entre ellas. Dale un poquito más de contención: intenta ponerte en su piel y ser más empática todavía. Lo sé. A veces cuesta. En esta (y en cualquier) edad, las necesidades emocionales se equiparan a las físicas. Da comida extra: de forma temporal, tu peque, al experimentar grandes cambios, también siente más desgaste físico y emocional. Establece límites: aspecto importante en general, pero más si cabe en esta edad. Practica con el bebé sus nuevos logros cognitivos: ayúdale a conseguir lo que quiere a base de repeticiones.

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Aunque parece el cuento de nunca acabar, la regresión de sueño de los 18 meses es pasajera. Si antes dormía bien, volverá a sus andadas. El sueño de los niños de 1 a 2 años puede volverse todo un reto debido a su desarrollo y creciente curiosidad por el mundo. En esta etapa, los pequeños se vuelven más conscientes de su entorno y su imaginación se activa, lo que puede interrumpir el sueño y hacer que ir a la cama sea un poco más complicado.

Consejos para Mejorar el Descanso

Aquí te dejamos algunos consejos de nuestra neurofisióloga para mejorar el descanso de los más pequeños y favorecer una rutina de sueño saludable.

¿Cuántas Horas Debería Dormir mi Hijo?

Entre los 12 y 24 meses, los niños necesitan entre 11 y 14 horas de sueño en un período de 24 horas. Estas horas incluyen una o dos siestas diurnas. A medida que se acercan a los 18 meses, la mayoría de los niños pasan de hacer dos siestas a una sola, generalmente después del almuerzo. Si observas que tu hijo resiste cada vez más la siesta matutina, puede ser señal de que está listo para concentrar su descanso en una única siesta vespertina.

¿Dónde Debería Dormir mi Hijo?

Para los niños de esta edad, la cuna sigue siendo el lugar más seguro para dormir. Después del primer año, es posible introducir una manta ligera para que el niño se sienta más cómodo, así como un peluche o muñeco pequeño que le brinde compañía. Aun así, es importante evitar objetos grandes o juguetes blandos que puedan representar algún riesgo. Además, revisa que no haya objetos a su alcance que pueda agarrar al ponerse de pie, como cortinas o cordones de persianas, y evita los protectores acolchados, ya que podrían utilizarse para trepar.

Si notas que tu hijo intenta escalar la cuna constantemente, asegúrate de bajar el colchón a la posición más baja posible. En caso de que siga tratando de salir, tal vez sea momento de considerar una cama para niños pequeños con baranda de protección. Para su seguridad, coloca una barrera en la puerta de su dormitorio, para evitar que deambule sin supervisión y asegúrate de que la habitación esté a prueba de niños.

¿Por Qué se Despierta mi Hijo Durante la Noche?

Los despertares nocturnos son normales y pueden deberse a varias razones:

  • Molestias físicas, como la dentición o alguna molestia ocasional.
  • Ansiedad de separación, que hace que busque saber dónde están mamá o papá.
  • Pesadillas o sueños relacionados con su imaginación, que se activa cada vez más a esta edad.

Evita los cuentos con contenido que pueda asustarlo antes de dormir y procura ofrecerle un objeto de apego, como una manta o un peluche pequeño, que le dé tranquilidad.

Además, la exposición a pantallas (televisión, tabletas, teléfonos) puede afectar el sueño. Los expertos en salud recomiendan:

  • Limitar el tiempo frente a pantallas para los niños de 1 a 2 años.
  • Evitar dispositivos electrónicos al menos dos horas antes de dormir.
  • Mantener el dormitorio libre de dispositivos con pantalla, creando un ambiente de descanso adecuado.

También identifica si hay ruidos en otras habitaciones que puedan interferir en su sueño. Aunque los niños pueden aprender a dormir con cierto ruido, las conversaciones fuertes o el sonido de una televisión cercana pueden dificultar su descanso.

¿Cómo Puedo Ayudar a mi Hijo a Dormir Mejor?

Una rutina sencilla y constante es clave para el descanso infantil. Muchas familias encuentran que un baño tibio y un cuento corto antes de acostarse ayudan a relajar al niño y prepararlo para dormir. Sin embargo, procura que la rutina no sea demasiado prolongada y establece límites claros sobre la cantidad de agua o juguetes que puedes recoger antes de acostarse. Este enfoque ayudará a que el niño se relaje y evitará que la hora de dormir se convierta en un proceso interminable.

Si tu hijo se despierta a medianoche, revisa de forma rápida y silenciosa que esté bien, pero evita demasiada interacción para no desvelarlo. Las visitas nocturnas deben ser breves y sin estímulos que puedan animarlo a quedarse despierto. Además, si el pequeño tiende a despertarse temprano, cerrar las persianas y dejar la habitación oscura puede ayudar a que duerma un poco más. También puedes dejar algunos juguetes seguros en la cuna para que juegue tranquilamente si se despierta antes de tiempo.

¿Cuándo es Necesario Consultar al Pediatra?

Si las dificultades para dormir persisten, como en el caso de pesadillas recurrentes o despertares muy frecuentes que afectan su descanso y comportamiento, es recomendable consultar con el pediatra. Problemas de sueño frecuentes pueden estar relacionados con otras cuestiones de salud, y un especialista puede ayudar a identificar la causa y ofrecer soluciones efectivas para mejorar el descanso de tu hijo.

Horas de Sueño Necesarias Según la Edad

Las necesidades de sueño varían considerablemente según la edad del niño. A continuación, se presenta una tabla con las horas de sueño recomendadas:

Edad Horas de sueño diarias
Recién nacido 16 horas (en 6-8 episodios)
1-3 meses Disminución gradual de despertares nocturnos
2-4 años 10 horas por la noche + 2 siestas
5-10 años Más de 2.5 veces las horas de sueño de un adulto
Adolescencia 7-8 horas

Causas Conductuales y Psicológicas de los Problemas de Sueño

Al igual que en el adulto, en los niños pueden producirse dificultades para iniciar o mantener el sueño, aunque raramente se quejan de este problema y suelen estar contentos de permanecer despiertos.

La iniciación del sueño requiere una compleja coordinación de circunstancias biológicas y de conductas aprendidas: Por un lado, el organismo tiene que estar fisiológicamente preparado para el sueño. Por otro lado, las conductas que realizamos en los momentos previos a dormir, se acaban convirtiendo en rituales facilitadores del sueño que cuando faltan, nos impiden dormir.

Los rituales de conciliación también son necesarios en los niños, y con frecuencia el problema del insomnio infantil no se debe a despertarse por la noche, sino a no poder volver a dormirse, debido a que los estímulos que asocian al inicio de sueño, no están presentes a mitad de la noche cuando se despiertan (papá o mamá, luz, cuento…).

Estrés

Debido a horarios irregulares, sobre activación, problemas familiares, miedos infantiles o ansiedad de separación Los niños necesitan de la rutina para desarrollarse, ya que ésta les ofrece seguridad. Cuando ésta seguridad se encuentra amenazada, los niños reaccionan mostrando su ansiedad a través del llanto, cambios de conducta y resistencia a dormirse por la noche. Se comportan de la misma manera cuando, tras un día excitante se les dice que tienen que acostarse, ya que el dormirse supone un cambio sobre la actividad que tanto están disfrutando. A veces, el problema puede provenir de la existencia de horarios familiares excesivamente irregulares.

Otra causa frecuente de las dificultades para iniciar el sueño es la realización de siestas largas por la tarde, por ello, ante un problema de insomnio infantil, una de las primeras medidas a considerar va a ser la reducción o incluso supresión del sueño diurno (siestas).

Un niño puede tener dificultades para separarse por la noche del resto del mundo o pueden captar cambios sutiles en el ambiente familiar, y ser una causa de problemas a la hora de acostarse. Incluso en la seguridad de un hogar feliz los niños pueden llegar a tener miedo de la oscuridad o de criaturas imaginarias situadas en las esquinas oscuras del dormitorio.

Sea cual sea el caso, la respuesta de los padres tiene que ser siempre de apoyo. Hay que hablar con el niño de sus temores y miedos.

En los niños de más de tres años pueden utilizarse técnicas de refuerzo positivo como premios si su conducta es la apropiada.

Causas Médicas del Insomnio Infantil

Algunos problemas médicos que convienen descartar ante un niño con insomnio:

  • Alergias: Los niños afectados dormirán de modo fragmentado e interrumpido.
  • Dolores: Las otitis y los cólicos son muy frecuentes en los niños. Cualquier cuadro que produzca dolor, molestia o fiebre nocturna interrumpirá el sueño nocturno. Si el cuadro se cronifica, con el tiempo se suele haber condicionado malos hábitos de sueño en el niño, que pueden persistir pese a la desaparición del dolor, probablemente por desajustes en el ritmo de sueño y por la adquisición de malos hábitos.
  • Enuresis: Es probable que la enuresis sea el más estresante de los trastornos del sueño para el niño, ya que no solamente es una fuente de pérdida de sueño, sino también de vergüenza. Se considera que existe enuresis cuándo a los cinco años de edad no existe aún control sobre el esfínter de la vejiga. La enuresis afecta a el 15% de los niños y al10% de las niñas, aunque la mayoría de ellos mejora a medida que crecen, conviene acudir al médico para buscar solución y acelerar el proceso.
  • Enfermedades crónicas: En principio, cualquier enfermedad crónica es susceptible de causar alteraciones persistentes del sueño. Trastornos tales como dolores de cabeza, asma, diabetes mellitus, reflujo gastroesofágico o crisis epilépticas pueden alterar el sueño de quién lo padece. El problema de insomnio puede ser una consecuencia directa del problema, del tratamiento, o de la ansiedad generada por la enfermedad. Medicamentos relativamente inocuos que son prescritos para tratar enfermedades agudas o crónicas pueden llegar a perturbar el sueño (p.ej. los antibióticos, los bronco dilatadores, etc.)

Una vez localizado el problema (por asociación temporal entre el inicio del tratamiento y del trastorno de sueño), debe de interrumpirse el tratamiento siempre que esto sea posible. Si no lo es, deberá intentarse; cambiar la hora de la toma, modificarla dosis, emplear otro medicamento similar, mantener el mismo fármaco pero utilizar un preparado diferente, variarla vía de administración.

Otras causas médicas que deben ser tenidas en cuenta son problemas dentales, gastrointestinales, alergias y apnea del sueño. También es conveniente descartar la presencia de parásitos.

El Sueño de los Niños con Hiperactividad Infantil

Son niños generalmente inquietos, tienen dificultades para permanecer y completar las tareas que realizan, están distraídos y frecuentemente molestan a otros niños en el colegio, lloran fácilmente, y tienen oscilaciones en el estado de ánimo. Con frecuencia muestran inquietud e hiperactividad. Se frustran con facilidad ante los esfuerzos y pueden tener conductas destructivas. Durante el sueño, el síntoma más característico es la presencia de despertares frecuentes y de sueño inquieto.

Los problemas relacionados con el sueño son comunes en estos niños, presentando el 16.5% dificultades de iniciación del sueño y el 39% despertares nocturnos. Es importante el diagnóstico precoz y el tratamiento, ya que el trastorno de hiperactividad y la falta de sueño se retroalimentan mutuamente, de modo que un niño hiperactivo suele tener problemas de sueño, y a su vez, la falta de sueño produce hiperactivación y déficit de atención diurnos.

Plan de Tratamiento para el Insomnio Infantil: El Método Ferber

A finales de los años 70, el pediatra norteamericano Richard Ferber publicó un método conductual para el manejo del insomnio infantil que se popularizó en todo el mundo. La base de este método es la extinción del llanto a lo largo de un periodo breve. Pero este método no está hecho para todo el mundo. Desde el Instituto del Sueño, queremos reconocer que no existe un método universal y único para el tratamiento de todos los tipos de insomnio infantil, y que estos deben de adaptarse en todo momento a las circunstancias de los padres.

En términos muy generales, las recomendaciones que podemos establecer son:

  • Si sospechamos que la causa puede ser médica, hay que acudir al especialista con el niño, para resolver el problema.
  • Si sospechamos que la causa puede estar en hábitos de sueño mal aprendidos o problemas conductuales, podemos intentar poner en marcha el siguiente plan, acudiendo al psicólogo o al médico especializado en estos problemas si pasada una semana no conseguimos resultados.

La base del tratamiento es tan sencilla cómo hacer que el niño aprenda a realizar la transición entre la vigilia y el sueño sin la participación de sus padres. Todo el tratamiento se debe de realizar en menos de una semana y, si sigue fielmente las instrucciones, las posibilidades de éxito son elevadas.

Pasos a Seguir

  1. El niño debe de aprender a dormirse solo, bajo unas condiciones que se puedan reproducir cuando se despierte a media noche.
  2. En algunos casos se producirá un empeoramiento durante los primeros dos o tres días, por lo que es aconsejable iniciar el plan de tratamiento durante el fin de semana, de manera que si los padres no duermen las primeras noches puedan hacerlo al día siguiente.
  3. Colocar al niño en la cama o cuna con sólo aquellos objetos favoritos y que puedan permanecer junto a él durante toda la noche para que se acostumbre a dormirse junto a estos objetos y los asocie con el sueño. Así, si se despierta en medio de la noche, podrá volver a dormirse sin necesidad de nadie.
  4. La habitación debe de estar oscura, tranquila y con una temperatura confortable.
  5. Los padres pueden tranquilizar y confortar al niño hasta que esté tumbado tranquilamente en la cama. Una vez que esté tranquilo en la cama o cuna, la madre/ padre deberá abandonar la habitación.
  6. Si el niño comienza a llorar, no hay que acudir inmediatamente. Pasados unos minutos (al menos 2 minutos) la madre o el padre podrá volver a la habitación a confortar al niño, que no debe moverse de la cama, hasta que esté tranquilo (aunque despierto). Entonces el padre/madre deberá abandonar la habitación.
  7. Si el niño vuelve a llorar, el padre/madre esperará un tiempo ligeramente más largo (p. ej., 2 a 5 minutos) antes de entrar y repetir el paso anterior.
  8. El proceso deberá ser repetido (manteniendo el tiempo de espera en no más de 2 a 5 minutos durante la primera noche) hasta que el niño esté dormido.
  9. Hay que tener en cuenta que durante esta primera noche, el proceso de lloro-respuesta puede durar varias horas hasta que el niño llegue a dormirse. Ahora bien, el plan sólo tendrá éxito si somos persistentes y consistentes con el “tratamiento” y no cedemos a la tentación de coger al niño de su cama. Resulta conveniente involucrar en el plan a todas las personas que cuidan del niño para asegurarse la consistencia en la ejecución del plan.
  10. Las noches sucesivas, se van alargando progresivamente los tiempos esperados para pasar a tranquilizar al niño si llora. Los tiempos de espera suelen ser proporcionales a la edad de los niños (a mayor edad, se debe esperar más tiempo).
  11. Las intervenciones de los padres deberán ser de apoyo. El niño debe de saber que están cerca y que le entienden.
  12. Los padres no deben de exteriorizar nunca enfado ni frustración. Tampoco deben de permitir que estas emociones aumenten a medida que progresa la noche.
  13. La mejoría suele verse generalmente a partir de la tercera noche. Los despertares nocturnos suelen ser más cortos, y el llanto va siendo más débil y breve. El niño va aprendido a quedarse dormido por sí sólo sin la ayuda de sus padres.
  14. Es aconsejable que a lo largo del tratamiento los padres cumplimenten un diario de sueño con el fin de documentar el avance. Éste servirá tanto a los padres como al médico para supervisar el proceso. Una vez haya aprendido el niño a dormirse sólo, continuará haciéndolo en el futuro. No obstante, es posible que se produzcan ligeras alteraciones en épocas en las que el horario habitual se vea alterado como en las vacaciones, cumpleaños, etc.

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