Reproducción en Mamíferos: Un Mundo de Estrategias y Adaptaciones

24.10.2025

En el reino animal, se distinguen dos tipos básicos de reproducción: asexual, sin intercambio de material genético entre individuos, y sexual, con la formación de gametos femeninos y masculinos que llevan la mitad de los genes de sus respectivos progenitores. La reproducción de los mamíferos es sexual, con fecundación interna.

Todos los mamíferos presentan fecundación interna, lo que implica que debe producirse una cópula entre los dos individuos implicados. Para la fecundación, los mamíferos disponen de un aparato copulador o pene.

Características del Sistema Reproductivo de los Mamíferos

Los órganos que conforman el aparato reproductor de la hembra son comunes a todas las especies, aunque existen diferencias significativas entre los distintos taxones. El ovario es la glándula sexual femenina, en la que se producen los óvulos o células sexuales femeninas. Una vez que éstos han madurado son expulsados del ovario hacia las trompas de Falopio u oviductos, que son los conductos por los que el óvulo llega al útero.

El útero es una víscera sacular de naturaleza glandular. Realmente, en la mayoría de las especies se trata de dos cámaras separadas o cuernos uterinos, aunque el grado de diferenciación de ambos varía entre las especies hasta fusionarse completamente formando un útero simple, si bien esta condición sólo aparece en los primates no prosimios (lémures, lorises y tarseros), armadillos, perezosos y algunas especies de murciélagos.

En todos los placentados existe algún grado de fusión de los cuernos uterinos que, en marsupiales permanecen completamente separados. El útero conecta con la vagina, única en monotremas y placentados y doble en marsupiales, que se abre al exterior a través de la vulva. Junto a ésta, un pequeño músculo denominado clítoris es común en todas las especies, y en algunas de ellas está dotado de un pequeño hueso.

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En los monotremas la abertura del tracto urogenital, al igual que ocurre en reptiles y aves, es común a la digestiva, dando lugar a un único orificio conocido como cloaca. Lo mismo ocurre con el sinus urogenital que es el espacio existente entre la vulva y la abertura de la uretra en el tracto genital. La elefanta presenta el más espectacular sinus, que llega a medir hasta 60 cm.

En los machos, el aparato reproductor consta de dos testículos que en un primer momento son intrabdominales, y a lo largo del desarrollo, van descendiendo hasta una bolsa extrabdominal de piel llamada escroto, excepto en elefantes, cetáceos y desdentados que permanecen dentro de la cavidad abdominal.

El pene, presenta morfologías distintas, conduce la orina y el esperma a través de la uretra, y en algunas especies de roedores, carnívoros y primates está dotado de un hueso (el báculo). En los marsupiales, es doble guardando el necesario paralelismo con la vagina de la hembra.

Tipos de Reproducción en Mamíferos

Los mamíferos son vivíparos como adaptación a la vida en la tierra. El hecho de que los mamíferos sean vivíparos significa que las crías se desarrollan en el interior del cuerpo de la madre. Los mamíferos vivíparos ponen los huevos sin reservas nutritivas y se implantan y se desarrollan en el útero.

La placenta sirve para proporcionarle a la cría el alimento y el oxígeno y posibilita la excreción de las sustancias de desecho gracias a que la placenta garantiza la comunicación entre la madre y el feto.

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Los mamíferos también son llamados vertebrados amniotas. El amnios es la membrana que rodea al feto y contiene el líquido amniótico, líquido que baña al feto y que lo protege de los golpes externos, entre otras funciones.

No obstante, no todos los mamíferos disponen de esta estructura. ¿Qué mamíferos no tienen placenta? Los mamíferos que más bien conocemos, como el león, el tigre, el elefante, el lobo o la cebra, son los mamíferos placentarios. Estos mamíferos, los más abundantes, presentan todos placenta.

Se cree que no tener placenta es una adaptación reproductiva de los animales no placentarios para facilitar el parto. Los mamíferos no placentarios paren crías menos desarrolladas, y, por lo tanto, más pequeñas, que los mamíferos placentarios.

¿Qué mamíferos son ovíparos?

Los monotremas o prototerios son los únicos mamíferos ovíparos. Los monotremas son los equidnas o los ornitorrincos.

Otra característica especial de estos mamíferos australianos, que los diferencia del resto de mamíferos, es la presencia de cloaca, como las aves.

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Relación de la Reproducción con la Temperatura Corporal

En los mamíferos vivíparos las crías se desarrollan en el interior del cuerpo de la madre para protegerlos del medio externo; para protegerlos, en este caso, de las variaciones de temperatura. Las crías tienden a perder más calor del que producen, por lo que es muy importante, durante el periodo de cría, el alimento rico en calorías que les proporcionan la madre a sus crías cuando los amamantan.

No obstante, las madres no solamente proporcionan el calor cuando cuidan a su descendencia con el amamantamiento, los cuidados empiezan en la etapa fetal en los mamíferos vivíparos, con la única excepción de los animales prototerios como el ornitorrinco.

Relación de la Reproducción con la Vida en el Medio Terrestre

En los mamíferos vivíparos, las crías se desarrollan en el interior del cuerpo de la madre para protegerlas del medio externo. Del mismo modo que sucede con la temperatura corporal, el hecho de que la reproducción de los mamíferos sea de forma vivípara es una estrategia para proteger a sus crías de la desecación, que se da lógicamente en un medio terrestre.

Sin embargo, esta característica de los mamíferos, el ser animales de reproducción vivípara, es otra estrategia que les permite vivir adecuadamente en un medio seco, agreste y cambiante como es el medio terrestre.

Relación de la Reproducción con la Selección Natural

Los mamíferos, así como el resto de animales, son seleccionados por el medio ambiente, en lo que se conoce como selección natural, a nivel reproductivo mediante la selección sexual.

Estrategias Reproductivas en Mamíferos

En este variopinto grupo animal, pueden observarse muchas estrategias reproductivas, y los patrones que vamos a ver a continuación son los extremos de una serie continua que abarca esta variación. Los factores ambientales, así como los requerimientos fisiológicos y sociales contribuyen al patrón de la reproducción encontrado en cualquier población o especie.

Las diferencias en estos factores entre especies han conducido a la diversidad de los rasgos entre mamíferos y sus formas de vida.

  • Poliginia: Es la más frecuente entre estos animales y consiste en el apareamiento de un solo macho con distintas hembras en una misma estación reproductiva. Este panorama da lugar a una intensa competición entre los machos en muchas de las especies, exhibiendo el potencial necesario para que las hembras los elijan para engendrar su descendencia.
  • Promiscuidad: Tanto machos como hembras se aparean con múltiples individuos del otro sexo a lo largo de la estación de cría. No es muy frecuente y se da entre algunas especies de primates, entre ellos algunos homínidos.
  • Monogamia: Consiste en el emparejamiento de un macho y una hembra que durará al menos toda la estación reproductiva. No es muy frecuente entre los mamíferos, estimándose en alrededor de un 3% de todas las especies. Algunas de ellas como la orca parecen mostrar este comportamiento.
  • Poliandria: Consiste en que una sola hembra es la que se aparea con todos los machos de la colonia. Este tipo de relación social es el que manifiestan los insectos coloniales y entre los mamíferos ha sido observado en las ratas-topo desnudas.

Adaptaciones Reproductivas Especiales

Un componente fundamental de la evolución, del comportamiento, y de la historia de los mamíferos está basado en la dedicación que las hembras ponen en el cuidado de su descendencia, comenzando ésta incluso antes de que los huevos se fertilicen.

Todas las hembras experimentan una cierta forma de ciclo estral en la cual los huevos deben prepararse y estar listos para una potencial fertilización. Las hormonas regulan cambios en varios aspectos de la fisiología femenina a través del ciclo y preparan a la hembra para la fertilización, la gestación y la lactancia.

Como consecuencia de los esfuerzos que machos y hembras han de padecer para llegar a reproducirse, muchos mamíferos tienen comportamientos complejos y morfologías asociadas a la reproducción. Por ejemplo la mayor parte de las especies presentan un marcado dimorfismo sexual con machos de mayor envergadura, fruto de la selección natural conseguida por la presión que supone la competencia física a la que éstos se ven sometidos para tener acceso a las hembras.

La reproducción de muchas especies tiene carácter estacional, siendo influenciada ésta por estímulos ambientales tales como la duración de las horas de luz solar, los recursos alimenticios o la temperatura ambiental, que dictan cuando debe tener lugar el apareamiento. A menudo, los sistemas de acoplamiento pueden variar dentro de cada especie dependiendo de las condiciones ambientales locales.

Los monotremas (Prototheria) ponen huevos, que es la condición reproductiva más primitiva de los mamíferos. Los marsupiales (Metatheria) dan a luz a los jóvenes después de un período muy corto de la gestación (8 a 43 días) con un ínfimo grado de desarrollo. Permanecen por tanto estrechamente unidos a la madre hasta completar su desarrollo, y los periodos de lactancia son proporcionalmente muy superiores a los de los placentarios. La gestación dura mucho más de largo en los mamíferos placentarios (Eutheria).

Durante este periodo, los jóvenes están vinculados recíprocamente con su madre a través de una placenta, un órgano complejo que conecta el embrión con el útero.

Una vez que han nacido, todos los mamíferos dependen de sus madres para alimentarse, pues sólo ellas pueden proporcionarles su primer alimento: la leche.

Existen además diversas fórmulas en las que el embrión no comienza su desarrollo inmediatamente después de la cópula:

  • Algunas hembras almacenan el esperma hasta que las condiciones son favorables para que comience la fertilización, produciéndose ésta en ese momento.
  • En otras, los huevos son fecundados poco después de la cópula, pero la implantación del embrión no tiene lugar hasta que las condiciones son satisfactorias. Este proceso se conoce como implantación diferida.
  • Por último, una tercera forma de gestación no inmediata es el desarrollo diferido, en el cual el desarrollo del embrión ya implantado puede retrasarse durante un cierto tiempo.

La reproducción estacional y los mecanismos de gestación no inmediata a la cópula son estrategias reproductivas que ayudan a mamíferos a coordinar el nacimiento de la descendencia para que ésta tenga lugar en los momentos en los que puedan aumentar las ocasiones de su supervivencia.

Algunos mamíferos dan a luz muchas crías escasamente desarrolladas en cada estación reproductiva. A pesar de este estado relativamente subdesarrollado, los jóvenes tienden a alcanzar la madurez relativamente pronto, pudiendo reproducirse sin haber alcanzado el tamaño o el aspecto de individuos maduros.

En el otro extremo del espectro de la historia de la vida, otras especies dan a luz un escaso número de individuos en cada parto. Estas especies tienden a vivir en ambientes estables donde la competición por los recursos es el único obstáculo para la supervivencia y el éxito reproductivo. La estrategia de estas especies es invertir energía y algunos recursos en conseguir descendientes altamente desarrollados que consigan ser buenos competidores. Los cetáceos, los primates y los artiodáctilos son ejemplos de las órdenes que siguen este patrón general.

Cuidado Parental y Lactancia

Todas las crías de mamíferos tienen que alimentarse de leche durante un cierto tiempo al inicio de su vida, y este alimento sólo puede proporcionárselo su madre, por lo que la vinculación existente entre madre e hijo es imprescindible para que las crías puedan comenzar el desarrollo extrauterino.

La lactancia puede suponer un desgaste energético para la madre superior al de la gestación, pero la leche es imprescindible para que las crías, una vez fuera del útero materno puedan mantener su temperatura corporal, y crezcan y se desarrollen adecuadamente. Pero no sólo tienen que alimentarlas, las hembras tienen que proteger a sus crías de los depredadores, y éstas a su vez tienen que aprender de sus madres los mecanismos que les permitirán seguir con vida, por lo que en muchas especies, la descendencia permanece con la madre después de la lactancia durante un cierto periodo de tiempo.

Por regla general, los machos dedican más esfuerzo a la difusión de su material genético que a la protección y cuidado de la descendencia. Y esto es más frecuente cuanto menos estable sea la relación entre el macho y la hembra. Así, aquellas especies que establecen relaciones monogámicas son las que manifiestan mayor interés de los machos por la protección de la descendencia.

La mayoría de los mamíferos hacen uso una guarida o una jerarquía social para la protección de sus jóvenes. Otros, sin embargo, nacen bien desarrollados y pueden valerse por sí mismos relativamente poco tiempo después del nacimiento. Los más notables de este respeto son los artiodáctilos tales como ñúes o jirafas.

Esperanza de Vida y Factores Influyentes

Exactamente igual que asistimos a grandes diferencias en cuanto a tamaño, forma o comportamiento de las distintas especies, también la esperanza de vida de estos animales varía enormemente de unas especies a otras. Por norma general, puede asegurarse que cuanta menos envergadura tiene un mamífero, menor es su esperanza de vida.

Como norma general, los animales en cautividad suelen vivir más tiempo que los salvajes, algo que resulta evidente teniendo en cuenta que sus condiciones de vida están controladas para que les resulten favorables.

La esperanza de vida de los mamíferos salvajes se extiende desde un año o algo menos hasta aproximadamente 70-80, si bien, algunas especies pueden sobrepasar esta edad; el mamífero más longevo que se conoce es la ballena de Groenlandia (Balaena mysticetus) puede llegar a vivir más de 200 años.

Caso Particular: Walabíes de Pantano

Los walabíes de pantano (Wallabia bicolor) son unos marsupiales muy comunes en los sotobosques del este de Australia, conocidos por su singular manera de caminar mediante pequeños saltos y sus hábitos de alimentación nocturnos, pero sus hembras poseen una característica única que las diferencia del resto de mamíferos: pueden permanecer embarazadas siempre.

Esta particularidad genética se debe a que las hembras de la especie poseen dos úteros según un estudio publicado recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences, lo que implica que pueden iniciar un nuevo periodo de gestación mientras todavía llevan una cría en su vientre.

Desarrollar un feto mientras todavía no se ha dado a luz no es una singularidad de los walabíes de pantano, pues ya existen estudios que sustentan que la liebre europea (Lepus europaeus) también puede quedarse embarazada de nuevo días antes de parir a sus crías, aunque no tienen dos úteros como sí ocurre en el caso de estos marsupiales australianos. Además, el ciclo reproductivo de las liebres europeas se rige por el periodo estacionario, es decir, tienen una época apareamiento específica.

Sus crías, como las del resto de marsupiales, son especialmente vulnerables al nacer y no pueden valerse por sí mismas, por lo que se quedan en el marsupio de su madre amamantándose durante sus primeros nueve meses de vida. Aunque salgan al exterior y tengan total movilidad a partir de ese periodo, no es extraño que alguna hembra permanezca amamantando a sus crías hasta los 15 meses de edad, etapa en la que alcanzan la edad adulta y se vuelven fértiles para reproducirse.

Una vez alcanzada la madurez, los walabíes de pantano pueden llegar a vivir entre 12 y 15 años.

Estos curiosos animales habitan los estados de Queensland, Nueva Gales del Sur, Victoria y Australia Meridional, aunque su presencia en este último es testimonial y se reduce a la parte oriental del estado. Al ser endémicos del país australiano, son unos animales bastante comunes en los pantanos, sotobosques y las zonas de areniscas cercanas a la costa. Su alimentación es completamente herbívora y se basa en tallos, hojas y hierba, aunque pueden llegar a ingerir incluso plantas venenosas que podrían resultar mortales para otros mamíferos, como varios tipos de helecho o cicuta. También hacen uso de sus patas delanteras para ayudarse en la alimentación y en la recolección de brotes.

Pese a que suelen ser activos durante el día, aprovechan el abrigo de la noche para alimentarse. Se caracterizan por ser animales solitarios, aunque no es raro ver a varios ejemplares juntos para alimentarse, consecuencia motivada por la falta de depredadores naturales que amenacen su seguridad. Su particular color oscuro y su tamaño (pesan en torno a los 15 kilos y miden cerca de 70 centímetros de altura) favorecen su movimiento nocturno al pasar desapercibidos en su camino a alimentarse o resguardarse.

Pese a que los walabíes de pantano no están amenazados y son una especie muy común en el este de Australia, la comunidad se ha visto reducida ligeramente durante los últimos años debido a la destrucción de ecosistemas como consecuencia de los incendios que han asolado al país. Además, al ser una especie herbívora que se alimenta de brotes y plantas, los walabíes de pantano suelen ser clientes habituales en los cultivos de muchos agricultores que no ven con buenos ojos su presencia y, en ocasiones, disparan a estos animales.

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