Origen del Narcisismo: Un Análisis Profundo

22.11.2025

El trastorno de la personalidad narcisista se nutre de una de las leyendas más clásicas del panteón griego. Es la que nos habla de un joven que solo se amaba a sí mismo y de la maldición que cayó sobre él. Apuesto, egoísta y vanidoso, Narciso es una de las figuras de la mitología griega que más interés ha suscitado en el mundo de la psicología y la psiquiatría.

Como la mayoría de leyendas y tradiciones que conservamos de esta época, tales relatos albergan siempre un mensaje moralizante. Lo llamativo es que dichos consejos nunca caducan e invitan a profundas reflexiones. Lo que aprendes de mano de este joven es que el amor patológico a uno mismo tiene su castigo. Porque quien solo ve su propia persona y desprecia a los demás, tarde o temprano, queda atrapado en el vacío de la soledad. La presente historia sirvió también para dar nombre a un trastorno psicológico que, sin duda, conoces muy bien.

«Narciso es un espíritu que quiere darse a sí mismo en espectáculo. Pero comete el pecado de querer amarse del mismo modo que uno toma a los cuerpos ajenos.

La Leyenda de Narciso

En la actualidad, consideramos la versión latina de la presente leyenda como la más clásica y representativa. Fue Ovidio quien nos relató en su libro tercero de Metamorfosis (8 d. C) esta historia.

La predicción sobre el joven más bello

En Tespias, Beocia, vivía un joven que respondía al nombre de Narciso. Era hijo del dios del río Cefiso y de la ninfa Liríope y, su rasgo más distintivo era, sin duda, su perfecta apariencia y una belleza que desafiaba a los propios dioses. Su madre, preocupada por el futuro de su hijo, quiso consultar con el vidente Teresías, cuál sería el devenir de su vástago.

Lea también: Crónica Social según Rosa Villacastín

Lo que le reveló el adivino fue claro. El muchacho viviría hasta una edad avanzada, siempre y cuando, no se viera a sí mismo. Ante esta revelación, ella optó por retirarle todos los espejos con el fin de que jamás contemplara su propia imagen. Pero él era muy consciente de su atractivo por el efecto que causaba en los demás. De hecho, adoraba recibir la admiración ajena.

Un ego que rompía corazones

Narciso nunca había visto su reflejo y, sin embargo, no necesitaba hacerlo. Se enorgullecía de las miradas que recibía de los demás, de los suspiros que levantaba y de los corazones que rompía. Era casi inevitable no enamorarse de él. Tanto hombres como mujeres intentaron acercarse, seducirlo e incluso agasajarlo con riquezas. Pero era inútil. Solo se amaba a sí mismo.

Un claro ejemplo del dolor que generaba tuvo su representación en una hermosa joven. Eco era una ninfa del monte Helicón que intentó embelesar al joven Narciso con su bella e inocente voz. De hecho, antiguos mitos y leyendas decían que esta deidad femenina podía articular las más bonitas palabras jamás escuchadas.

Sin embargo, ella llevaba consigo una maldición que la diosa Era proyectó en su persona por celos. Temerosa de que encandilara a Zeus, le quitó su voz, provocando que solo pudiera articular la última palabra de quien se dirigiera a ella.

El encuentro con Eco

El amor de Eco era tan fuerte que intentó de infinitas formas acercarse a su admirado Narciso. Un día, cuando este tenía 16 años y estaba en el bosque cazando ciervos, lo siguió para hacerle saber de sus profundos sentimientos.

Lea también: El nacimiento de Einstein en Ulm

Cuando el joven notó una presencia a su espalda, preguntó: «¿Quién está ahí?», y Eco respondió: «Ahí». Narciso, extrañado por aquella inusual respuesta, lo intentó una vez más. «¿Por qué huyes de mí?». A lo cual, la joven no pudo evitar decir: «Huyes de mí». Intrigado, el muchacho no dudó en decir entonces: «Reunámonos aquí».

Al escuchar aquellas últimas palabras, Eco no se lo pensó y se mostró ante él saliendo de entre los arbustos. Narciso, al verla, la repudió al instante, dirigiéndole mofas y términos poco amables. Eco, rota de dolor por el rechazo, se retiró del mundo a una cueva donde solo quedó de ella su voz. Pero antes, pidió a la diosa de la venganza que actuara.

Némesis maldice a Narciso

Antes de que Eco se desvaneciera para siempre, pidió a Némesis que hiciera sentir a Narciso el amargo dolor del amor no correspondido. Y aquella demanda fue escuchada. Cuando Narciso fue un día al río Estigia para refrescarse, descubrió el reflejo de su propio rostro en las aguas. Se quedó hechizado.

Allí, inclinado, es testigo por primera vez de su poderosa belleza. Es él, tan hermoso como el dios Apolo, con su cuello de marfil, su boca perfecta y sus ojos de un brillo cautivador. Está tan atraído por su imagen que no puede apartarse de la superficie; hasta el punto de dejar de comer y de beber.

En un momento dado, su amor por sí mismo es tan incontrolable que siente un deseo irrefrenable por darse un beso. Es entonces cuando cae a las aguas y muere ahogado. La visión del adivino Teresías se cumple. Si no hubiera visto su reflejo, su vida habría sido más larga.

Lea también: Descubre el lugar de nacimiento de El Puma

Una flor que florece en invierno

Allí donde el joven estuvo sentado durante tanto tiempo, deleitándose de su hermosura, creció una flor que llevaría su nombre y que florece en invierno: Narciso. Como curiosidad, el mundo del arte ha representado esta imagen en diversas ocasiones. Tienes, por ejemplo, el bellísimo cuadro de Dalí que pintó en 1937 representando esta transformación. También puedes encontrar el clásico lienzo de John William Waterhouse, con Eco y Narciso en el río (1903).

El Mito de Narciso en la Psicología

Trabajos publicados en la American Psychological Association, señalan cómo a lo largo de la historia la vanidad ha sido una dimensión sancionada por diversas áreas, tanto las religiosas como las sociales. Ahora bien, no fue hasta principios del siglo XX cuando el mito del narcisismo empezó a aparecer en el área de la psiquiatría. El psicoanalista austriaco Otto Rank publicó por primera vez diversas descripciones de este perfil de la personalidad en 1911. Solo tres años más tarde, el propio Sigmund Freud presentaría su conocida obra Introducción al narcisismo (1914). A partir de entonces, este concepto se asentó en el campo de la psicología de forma progresiva.

Una vez que Raskin y Hall desarrollaron el primer inventario para medir la personalidad narcisista en 1979, tuvimos ya un mecanismo con el que detectar este perfil. Pero el auténtico paso con objeto de reconocer esta característica como entidad clínica, llegó solo unos meses después, cuando la tercera edición del DSM-V, estableció los criterios para su diagnóstico.

Características del narcisismo

A lo largo de la historia, la psicología ha visto el mito de Eco y Narciso con gran curiosidad. De algún modo, la joven ninfa simboliza la entrega al otro, mientras que Narciso, encerrado en su egolatría, traza ese trastorno dominado por la necesidad de atención y el trato interpersonal hostil.

  • Falta de empatía: el narcisismo solo busca reconocimiento externo para reforzar su autoimagen y autoestima. Sin embargo, este perfil no es consciente de las realidades y necesidades ajenas.
  • Relaciones interpersonales: el presente mito nos ofrece un lienzo muy ilustrativo de cómo los hombres y las mujeres con rasgos narcisistas dañan a los demás con su trato.
  • Aislamiento: Narciso se aisló de la sociedad y se quedó atrapado en su propia imagen, hasta morir. En psicología, se observa a menudo un cuadro clínico que guarda algunas semejanzas.

Aunque los mitos a menudo contienen elementos fantásticos o sobrenaturales, están arraigados a experiencias humanas que nos son muy cercanas. La Antigua Grecia es muy rica en ese tipo de historias que trazan personalidades y conductas que son fáciles identificar. Ahí tenemos, por ejemplo, el Síndrome de Diógenes o el de Ulises.

Narciso es casi un arquetipo que nos ha acompañado a lo largo del tiempo y que, si bien no describió Carl Jung, tiene un claro reflejo en nuestra sociedad. Siempre existirán personas dominadas por una sobreestimación de sí mismas. Lo que sin duda nos enseña la leyenda, es que esta conducta genera daño interpersonal y conduce a la autodestrucción.

Si bien es cierto que el trastorno de la personalidad narcisista no se puede diagnosticar hasta que una persona es mayor de edad, es en la infancia cuando ya se manifiesta este comportamiento. Sentimientos de superioridad, falta de empatía, mentiras recurrentes, reacciones agresivas cuando se sienten humillados o infravalorados… La mayoría sabemos reconocer los rasgos del narcisismo, lo hemos sufrido alguna vez y comprendemos sin duda el impacto de esta conducta.

Un Narcisista ¿Nace o se Hace? El Origen del Trastorno de la Personalidad Narcisista

Sin embargo, ¿cuál es el origen del trastorno de la personalidad narcisista? A día de hoy existe cierto consenso en entender que un narcisista no nace, se hace. Asumir esto sitúa toda la responsabilidad en los padres, lo que no deja de ser un tanto polémico para muchos. Ellos serían a fin de cuentas esos moldeadores directos de esta realidad que, más allá de los evidentes problemas ocasionados a nivel relacional, no deja de ser también una fuente de malestar para el propio narcisista.

Sabemos, por ejemplo, que ese patrón consistente la grandiosidad o fantasías de poder asociado al trastorno de la personalidad narcisista se correlaciona con una elevada angustia psicológica y también con un mayor riesgo de sufrir determinadas enfermedades. Estamos ante una condición mental de elevada trascendencia, tanto para el entorno de la persona como para ella misma.

Ser una persona narcisista no es lo mismo que evidenciar un trastorno de la personalidad narcisista. Es decir, si bien es cierto que hay hombres y mujeres que pueden, en un momento dado, demostrar conductas egoístas o manipulativas, no tiene nada que ver con evidenciar esta condición recogida en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM- 5).

Así, estudios como el realizado en la Universidad de Florida nos indica que la incidencia de este patrón de personalidad estaría entre el 1 y el 6 % de la población. Lo llamativo es que este trastorno termina siendo comórbido con otros problemas, como el abuso de sustancias, los trastornos de ansiedad o las depresiones. Así, un interés ya clásico por el campo de la ciencia es comprender el origen del trastorno de la personalidad.

El origen genético no es significativo

Un factor que a menudo se ha tenido en cuenta es el genético. ¿Podríamos asumir la posibilidad de que existiera un gen asociado al narcisismo capaz de heredarse de padres a hijos? Aún más… ¿Y si hay alguna anormalidad cerebral que derivara en este tipo de patrón de la personalidad? Lo cierto es que a día de hoy no hay conclusiones significativas de que exista un origen genético para el narcisismo.

Esta propuesta por tanto no es del todo válida.

Así se crean los narcisistas según la ciencia: dos teorías

La revista PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) realizó un interesante estudio con el que comprender el origen del trastorno de la personalidad narcisista.

  • Teoría del aprendizaje social. Según este enfoque, los niños desarrollan una visión de sí mismos con base a cómo los traten sus progenitores.
  • La teoría psicoanalítica. Por contra, el enfoque psicoanalítico parte de la idea de que hay niños que crecen sin refuerzo alguno por parte de sus padres.

El problema de no atender al egocentrismo y la falta de empatía en la infancia

Sabemos que el origen del trastorno de la personalidad narcisista tiene una etología multifacética. Sin embargo, se da ya por sentado que las raíces del mismo residen en la infancia.

Las primeras experiencias en el desarrollo infantil pueden ser determinante. De este modo, sabemos que hay dos áreas clave que deberían atenderse para amortiguar y frenar la posible aparición de este tipo de personalidad. Son las siguientes:

Desactivar el egocentrismo para tener en cuenta el derecho de los demás

Sabemos que ser egocéntrico no es lo mismo que ser narcisista. A esta última dimensión se le añade un componente manipulador e instrumental. Sin embargo, en muchos casos, la primera dimensión (egocentrismo) es el germen del segundo (narcisismo) en el desarrollo del niño.

Es esencial que los pequeños vayan poco a poco desactivando esa visión egocéntrica de las primeras etapas que definió Piaget. Aprender a tener en cuenta los puntos de vista de otras personas es algo que deben promover padres y educadores lo antes posible. Esto garantizará que dejen de anteponerse en cualquier situación y circunstancia, hasta el punto de pisotear los derechos ajenos.

La empatía: el reconocimiento de las emociones ajenas

A la hora de fomentar la empatía en el niño, es necesario trabajar a su vez la autoestima saludable. El pequeño debe reconocerse y verse a sí mismo como alguien importante y amado, pero no hasta el punto de entronarse por encima de los demás. La autoestima sana es aquella que nos permite apreciarnos como merecemos, pero sin descuidar la realidad del otro.

Asimismo, y del lado de este tendón psicológico indispensable, es prioritario fomentar la competencia empática. Saber, entender y fomentar una conducta capaz de interesarse por las emociones del otro revertirá en su correcto desarrollo social y emocional.

Dejar de “fabricar” narcisistas requiere conciencia y responsabilidad

Dar al mundo un narcisista es más fácil de lo que pensamos. Basta con darle a un niño todo lo que nos pida, con adorarlo hasta la extenuación, con apagar sus lágrimas, protestas y berrinches con regalos y con horas ante las pantallas y privilegios. Pocas cosas resultan más fáciles que decir “sí” a cada momento cuando lo decisivo es saber tolerar la frustración y entender que el mundo tiene límites.

Algo que debemos saber sobre el origen del trastorno de personalidad narcisista es que, a día de hoy, no podemos diagnosticar esta condición hasta que la persona es mayor de edad. Sin embargo, ya podemos intuir comportamientos narcisistas en niños y adolescentes.

Si deseamos dar forma a una sociedad más cohesionada, empática y cooperativa hay que educar a nuestros niños en la empatía y el respeto. También en el respeto y la autoestima.

El Narcisismo desde la Psicología

Para comprender qué es el narcisismo desde la psicología, es útil comenzar por su etimología. Según la leyenda, un día Narciso vio su propio reflejo en las aguas de un lago y quedó completamente cautivado por sí mismo. Incapaz de apartarse, permaneció contemplando su imagen hasta morir. En psicología, el narcisismo no se reduce simplemente a una admiración por uno mismo.

  • No todas las personas con rasgos narcisistas son iguales.
  • Aparentan seguridad, pero internamente se sienten vulnerables.
  • Identificar estos rasgos no siempre es fácil, especialmente cuando existe un vínculo emocional o apego con la persona. El narcisismo puede estar disfrazado de seguridad, carisma o incluso afecto.

Enfrentar el narcisismo -ya sea en uno mismo o en una relación cercana- puede generar mucha confusión y sufrimiento.

Definición Psicoanalítica

Según la doctrina psicoanalítica al nacer la energía sexual se halla ligada a todos los órganos del cuerpo. A esto le llama Sigmund Freud narcisismo primario. Cuando más tarde la libido abandona el organismo y se vincula a otra persona la libido narcisista se transforma en libido de objeto. Si por cualquier circunstancia esta libido de objeto se retira y vuelve de nuevo a la persona a esto se le llama narcisismo secundario.

El narcisismo, especialmente en su forma más extrema como el TNP, puede ser problemático tanto para el individuo afectado como para aquellos que lo rodean. El tratamiento, cuando se busca, puede incluir psicoterapia con enfoques que ayuden a la persona a desarrollar una mayor empatía, ajustar expectativas y aprender a relacionarse de manera más saludable con los demás.

tags: #origen #del #narcisismo

Publicaciones populares: