¿Dónde Nace el Río Cidacos? Un Viaje a Través de su Curso
El río Cidacos es un afluente del margen derecho del río Ebro que nace en la sierra soriana de Montes Claros. Las bajas temperaturas del puerto de Oncala, donde nace, hacen de él un río curtido para mil batallas.
Esta ruta sigue un antiguo trazado ferroviario que recorría el valle, actualmente acondicionado para senderistas y amantes del ciclismo.
El Recorrido del Río Cidacos
El Camino parte del parque de Cidacos, a las afueras de Calahorra. Desde el punto de inicio es fácil llegar, continuando por el parque en dirección oeste, hasta la catedral de santa María (1 km) o hasta el enlace con el Camino Natural del Ebro (1,4 km). Poco después de salvar el arroyo de Yasa por uno de los viaductos del ferrocarril, el camino llega hasta la carretera LR-282, que acompañará hasta las afueras de Autol.
Abandonando momentáneamente la vega fluvial del Cidacos para adentrarse en una zona de matorral, el Camino pasa por la estación en ruinas de Autol (junto a la que hay un merendero) para a continuación adentrarse en un túnel iluminado de 575 m que atraviesa el Alto del Gollizo. La salida del túnel devuelve al Camino Natural a la vega del río Cidacos. Tras cruzar (con precaución) la LR-115, se continúa junto a la carretera hasta llegar a Quel. El trazado ferroviario se pierde momentáneamente por la presencia de un colegio y unas naves, que se han de rodear.
Se continúa por el Parque Lineal de la Vega del Cidacos, pasando bajo el puente que salva el Cidacos para acceder a Arnedo. Apenas 400 m después de esta pasarela, el Camino gira a la derecha, para recuperar el antiguo trazado del ferrocarril por el que continúa hasta la siguiente población, a través de la vega, entre huertos de verduras y frutales. Llegando a Herce, sobre los cortados rocosos, asoman las conocidas como “farmacias de los moros”, bellas excavaciones utilizadas como palomares.
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Se abandona Herce entre cañaverales, cruzando a la margen derecha del río Cidacos, por la que seguirá hasta llegar a Arnedillo. Por un paisaje de frutales y olivares, y entre el raquítico matorral que ha colonizado pacientemente las laderas, el río se encajona entre farallones rocosos mientras el Camino se aproxima a Arnedillo.
La Vía Verde del Cidacos
La vía verde del Cidacos discurre por el antiguo ferrocarril de vía estrecha que dejó de funcionar en la década de los años 60 y fue rescatada como camino natural en el año 1997. Localización: Parte de Calahorra y desemboca en la localidad de Arnedillo. Medio Natural: Valle del Cidacos. Vegetación ribereña de chopos, sauces, fresnos y alisos. Cortados rocosos de Arnedillo donde encontramos numerosas parejas de buitres nidificantes, además de otras especies rupícolas como halcones peregrinos, búhos reales, águilas culebreras o grajillas. Patrimonio Cultural: Conjunto monumental de Calahorra y Arnedo. Monasterio de Vico. Castillo de Quel, Arnedo y Arnedillo.
Información de interés: Autobuses Jiménez ofrece un servicio de transporte regular entre Calahorra y Soria en el que se realizan paradas en las localidades de Autol, Quel, Arnedo, Herce y Arnedillo. Dentro de este servicio, y siempre que se solicite con antelación, existe la posibilidad de transportar bicicletas.
A lo largo de su recorrido por La Rioja, aproximadamente 50 kilómetros, podemos visitar atractivos pueblos de montaña y ciudades de meseta y ribera. Es un pequeño y poco caudaloso río aunque rico en cultura y naturaleza. Gracias a sus grandes valores en el año 2003 la UNESCO lo declaró Reserva de la Biosfera.
Pueblos con Encanto a lo Largo del Cidacos
Nada más entrar en La Rioja, el Cidacos se encuentra con Enciso y sus aldeas (Garranzo, Navalsaz, El Villar y Poyales). Enciso es un pequeño pueblo que alberga un interesante conjunto urbano medieval. Podemos visitar las ermitas de San Emeterio y San Celedonio o la de la Concepción con su curioso Crucero, las iglesias de Santa María de la Estrella del S.XV o la de San Pedro, con torre románica del XII, declaradas ambas monumentos artísticos nacionales en 1974 y varios puentes sobre el Cidacos.
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El Hayedo de Santiago separa Enciso de Zarzosa y Munilla. Zarzosa es un pequeño pueblo de montaña enclavado en el hayedo lo que le confiere un magnífico entorno natural, es cautivador el paseo hasta la la ermita de Canalejas. Munilla, primer pueblo de La Rioja en contar con luz eléctrica, guarda un prodigioso pasado por sus famosas industrias de paños, chocolates y calzado, donde contaban con hospital propio y un taller de restauración de órganos y retablos, que hicieron de Munilla uno de las municipios más prósperos de La Rioja.
Hoy es una población apacible, con un municipio bien cuidado y reformado. Entre los recursos turísticos que posee están un importante patrimonio paleontológico con yacimientos de huellas de dinosaurios, la nevera en uso hasta el S.XIX y el patrimonio histórico-artístico donde destaca el puente del s.XV, el crucero, la Iglesia de Sta. María o le ermita de la Soledad.
La siguiente parada es Arnedillo enclavado entre las peñas que forman la hoz del Cidacos es conocida principalmente por sus aguas termales utilizadas desde época romana, tanto del Balneario como las Pozas. Posee además otros importantes atractivos como el Centro de Interpretación y Observación del Buitre Leonado "El Mirador del Buitre", el Centro de Interpretación del alto valle del Cidacos, la Cueva del Ajedrezado o las Vías de Escalada.
Pero además de sus importantes valores naturales nos ofrece un rico patrimonio como la torre del castillo (s.XIII) que fue residencia de verano de los Obispos de Calahorra y posteriormente cárcel de clérigos rebeldes, el puente (s.VII), la Iglesia de San Servando y San Germán, el lavadero y casonas con escudos heráldicos.
Préjano, se encuentra en la margen derecha del Cidacos. Fue un antiguo pueblo minero y todavía podemos ver restos de este pasado en el municipio, aquí se encuentra el trujal más antiguo de La Rioja, el trujal de Tolillo, además se pueden visitar yacimientos de huellas de dinosaurios o la torre fuerte recién restaurada y el antiguo lavadero.
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El perfil del castillo roquero árabe del s.X nos anuncia la llegada a Arnedo, ciudad del calzado, que es hoy una moderna ciudad industrial con un potente sector comercial pero que guarda entre sus calles un importante legado histórico y de patrimonio. El paisaje arcilloso que la rodea está horadado por cientos de cuevas utilizadas desde época altomedieval.
En el Cerro de San Miguel sobre la cueva de los Cien Pilares se encuentran los restos de un importante yacimiento celtíbero de la Segunda Edad del Hierro. Dispersas por el casco histórico las tres iglesias: San Cosme y San Damián y su imponente retablo barroco o la austera belleza de Santo Tomás y su cúpula estrellada gótica. La Puerta del Cinto (s.XII), casas-palacio barrocas del Virrey Lizana, Bobadilla, Sopranis o de los Antillones así como los Palacios del Arzobispo Argáiz (s.XVII) y de la Baronesa (s.XX) se entremezclan en el casco histórico con las Iglesias de los Museos de Ciencias Naturales y del Calzado.
El Picuezo y la Picueza, en Autol, marcan el inicio del tramo final del curso antes de su desembocadura en el Ebro, además de numerosas casas blasonadas o la Iglesia de S. Adrián y Sta.
Tabla Resumen de Localidades a lo Largo del Río Cidacos
| Localidad | Características Destacadas |
|---|---|
| Enciso | Conjunto urbano medieval, ermitas, iglesias históricas. |
| Zarzosa | Pueblo de montaña enclavado en el hayedo. |
| Munilla | Patrimonio paleontológico, puente del s.XV, Iglesia de Sta. María. |
| Arnedillo | Aguas termales, Centro de Interpretación del Buitre Leonado, torre del castillo. |
| Préjano | Antiguo pueblo minero, trujal de Tolillo, yacimientos de huellas de dinosaurios. |
| Arnedo | Ciudad del calzado, castillo roquero árabe, iglesias históricas. |
| Autol | Monolitos de arenisca "El Picuezo y la Picueza", huertas. |
| Calahorra | Ciudad romana, Catedral, Palacio Episcopal. |
El Cidacos y el Turismo Rural
Los paisajes que atraviesa tras pasar por Yanguas y seguir camino hacia Enciso convierten este rincón de la geografía en un lugar extraordinario. Recoge las aguas del Cidacos el embalse de Enciso, y entrar en el pueblo que le da nombre es un regalo para los sentidos.
Vivimos en un lugar privilegiado, pero la ganadería necesita complementos como el Turismo Rural para reactivar la economía de la zona. Se necesita el turismo para dar a conocer nuestro estilo de vida. Hay que dar vida a los pueblos y los visitantes son parte de la solución...
Enmarcado por el espectacular hayedo de Santiago, el hayedo de Enciso y la sierra de San Cristóbal en un estrecho valle rocoso, es el lugar perfecto de fin de semana donde disfrutar de la vida de los pueblos de siempre, con ambiente para todas las edades. También hay que coger un desvío para conocer Munilla, población que recuerda con su arquitectura su pasado industrial y donde también podemos visitar sus yacimientos de icnitas. Me gusta recuperar los antiguos edificios que usaban los pastores como referente de una actividad agropecuaria.
Continuando a la vera del Cidacos en su viaje hacia el Ebro, el siguiente pueblo que encontramos es Peroblasco, que ostenta la imagen del pueblo perfecto donde encontrar calma, desconexión y aire limpio. Ni siquiera está permitida la entrada a los coches, por lo que un pequeño puente sirve de acceso. El único "humo" que se respira en Peroblasco es de colores, y aparece una vez al año. Cuentan sus vecinos que es la manera que tienen de celebrar la recuperación de un pueblo que estuvo totalmente abandonado y hoy es un idílico rincón para descansar y disfrutar de la naturaleza.
Siguiendo la LR-115 que sigue el curso del Cidacos, imitando sus curvas por el camino, entramos poco después en Arnedillo, otra parada obligada si se quiere respirar a pleno pulmón y zambullirse en aguas medicinales. Perfecto para un agradable baño caliente, ya que sus aguas se mantienen a una temperatura constante de 52 grados. Otra opción es recorrer entre chopos, sauces y fresnos la vía verde que llega a Arnedillo desde Calahorra tras recorrer algo más de 30 kilómetros por una senda que discurre por el antiguo ferrocarril de vía estrecha que dejó de funcionar en la década de los 60.
También habrá tiempo de disfrutar de la gastronomía riojana y de sus buenos vinos de La Rioja Oriental antes o después de visitar el observatorio del buitre, donde además de unas magníficas vistas se puede aprender mucho viendo en directo el comportamiento de la colonia del buitre leonado y sus pollos. Solo hace falta avanzar un poco más por la carretera para llegar a Santa Eulalia Somera, donde se encuentran las Cuevas del Ajedrezado, un lugar de gran valor cultural e histórico del valle del Cidacos. Situadas en la repisa natural que hace la montaña, pudieron se le han achacado distintos usos en el pasado. Una hipótesis asegura que fueron osarios donde depositaban los huesos los eremitas que vivían en las cuevas.
Desde allí podemos bajar hasta Préjano, con una vista panorámica estupenda del valle desde su castillo. Este había pertenecido a la Orden de Calatrava, que allá por el año 1288 cedió a Vela Ladrón de Guevara. También se puede aprovechar para conocer dos iglesias, la de San Miguel y la de San Jorge. Regresando a la vera del Cidacos y avanzando con él por este estrecho valle llegaremos a Herce, al que atraviesa el río. Sus mansiones de hidalgos, con rejería y blasones, dan buena cuenta de que, en su día, los ilustres encontraron aquí el hogar perfecto. Un paseo nos llevará a la parroquia de San Esteban, de comienzos del siglo XVI. La subida la realiza todos los días algún caminante que encuentra en el trayecto una excelente vista del valle.
Desde aquí queda a un paso Arnedo, la segunda población más grande del valle, famosa por sus calzados, una tradición heredada del siglo pasado que continúa con fuerza. Su castillo, que controla toda la villa y también el valle desde las alturas, o la Puerta del Cinto, el único resto que queda de la muralla que protegía Arnedo hace ya unos siglos, son visitas imprescindibles.
Pero si volvemos al entorno rural para seguir disfrutando de La Rioja más personal, la próxima parada será Quel, que también tiene su propio castillo para controlar el valle. Cuentan que se construyó en un lugar estratégico, al borde de un farallón, para que no se escapara nada de lo que ocurría en la calzada que unía el valle del Ebro con las tierras de Numancia. Desde aquí se celebra año tras año el reparto de pan y queso del encuentro que no podían tener otro nombre: la Fiesta del Pan y del Queso, la más antigua de La Rioja, con una peculiar historia que se remonta a nada menos que cinco siglos.
El ritmo rural en la zona lo ponen algunos productores muy especializados, la fabrica de chocolate de Virginia Sanz. También fuera del casco urbano nos espera otra sorpresa: el barrio de bodegas, levantado en la margen derecha del río Cidacos, donde se excavaron a finales del siglo XVIII las bodegas-cueva cuyo fin era elaborar y conservar el vino.
Ya casi llegando al final de este viaje alucinante entraremos en Autol, otra localidad bañada por el Cidacos, que aprovecha su privilegiado entorno para disfrutar de unas estupendas huertas que hacen que sentarse a la mesa sea un verdadero placer. Pero seguramente lo que más llamará nuestra atención son los famosos monolitos de arenisca bautizados como el Picuezo y la Picueza. Son precisamente obra del Cidacos, que llega desde el oeste y al entrar en Autol dibuja un brusco giro a la izquierda que lo conduce hacia el norte. Tras ellos se esconde una leyenda que dice que en realidad se trata de una pareja de enamorados que robó fruta de una huerta del pueblo, cuando fueron sorprendidos. En el juicio negaron los hechos y juraron ante Dios que no eran los culpables.
Nos enfrentamos ya a la despedida del Cidacos, que tiene lugar en las proximidades de Calahorra, la que en su día fuera la importante ciudad romana de Calagurris Nassica Iulia. Cuando el Cidacos se abraza con Ebro los recuerdos se agolpan. Los recuerdos de la montaña se suavizan. La vida rural se transforma en huerta y jardines mimados por la azada y el cariño del paisano que vive en la zona.
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