Antoñita Peñuela: Biografía de una Voz Inolvidable
Antonia Peñuela nace en Lorca en el seno de una familia humilde. Prácticamente arrinconada en la historia de la copla por su prematura muerte, su vida y carrera merecen ser recordadas y celebradas. A la localidad murciana, han emigrado sus padres y varios familiares, unos años antes. La niña vive allí hasta que cumple tres años de edad.
En 1950 vuelve la familia a su pueblo jienense de Torreperogil, y allí abren una carnicería en la plaza de abastos. Aquí transcurren su niñez, adolescencia y juventud. A la familia los apodan “Los Mataores”. Su padre se llamaba Antonio, “El Mataor”, carnicero y matachín de profesión, y a su madre, Emilia, la llamaban “La Castañeda”. El matrimonio tiene cuatro hijos: Francisca, Agustín, Antonia y María.
La niña se aficiona al cante desde muy joven a pesar de no haber antecedente musical en la familia, y la primera vez que actúa ante el gran público es colándose en Torreperogil, en una actuación de Juanito Maravillas. Un año más tarde, durante una actuación de La Niña de Antequera, en la localidad de Sabiote, pueblo cercano a Torreperogil, vuelve a repetir la fórmula. No la paraba ni dios. Si ella se arrancaba, todo el mundo guardaba silencio.
En 1965, la familia emigra de nuevo, instalándose esta vez en Torrent, provincia de Valencia. Al año siguiente, y sin tener el carné de artista, obligatorio entonces para poder actuar en público de manera profesional, se presenta en el programa “Tertulia de Artistas” de Radio Popular, ganando el primer premio, en lo que era un festival benéfico organizado por esta emisora de Valencia. El director de la cadena, Paco Vila, vio en ella una joya y se convirtió en su mánager: empezó pagándole la soberbia cifra -por los tiempos que nos ocupan- de 500 pesetas por actuación, todo esto sin tener carné de artista -que, por entonces, era obligatorio para actuar de forma profesional-.
Al año siguiente, 1967, ya es conocida por los pueblos de Valencia, especialmente en Torrente. Graba entonces dos discos con la casa Sesión.
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Ascenso a la Fama
Poco a poco, su carrera sigue avanzando y profesionalmente su inicio artístico se produce en 1969 en la ciudad de Valencia, y comienza entonces a actuar con frecuencia en el Teatro Alcázar junto con Rafael Conde ‘El Titi’; en el Teatro Ruzafa, con Antonio Machín; y en el Teatro Apolo, con Angelillo. Entonces comienza sus giras por toda España con gran éxito de público.
Después de Paco Vila y con el que va a ser su manager para el resto de su carrera, Emilio Lamany, firma un contrato con la casa Belter, la discográfica más importante del momento. Más tarde se dedica a grabar sus discos de estudio y actuar en televisión.
En el Teatro Ruzafa actuaba con Antonio Machín, en el Apolo con Angelillo. Los ocho discos que le dio tiempo a lanzar empezó a grabarlos en 1967, primero con Paco Vila y después con Emilio Lamany, que sería su representante el resto de su carrera.
Antoñita es conocida por ser una de las mejores intérpretes de los géneros flamenco y copla. Se destacó en ambos géneros musicales, pero especialmente en su habilidad para lanzar canciones de copla, que es un género musical muy popular en España. Las canciones de Antoñita Peñuela se han convertido en grandes clásicos de la música española, lo que ha llevado a muchos aficionados a nombrarla entre los mejores intérpretes de copla y flamenco de todos los tiempos. Fue una de las artistas más exitosas de este género musical en las décadas de los 60 y 70.
Canciones Emblemáticas
Entre las mejores canciones de Antoñita Peñuela se encuentran La Loba, La Mejorana, Rosa de Pasionaria, y Ni ña la Mujer. Estas canciones son ejemplos perfectos de su habilidad para cantar tanto copla como flamenco a la perfección, y cómo transmitía sentimientos profundos y emocionantes a través de su voz. La letra de sus canciones habla principalmente sobre el amor, la familia y los problemas de la vida.
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Algunas de sus letras reflejaban una actitud desafiante y una defensa de la libertad personal. “En el barrio me critican porque soy ‘la Espabilá’, porque tengo toa’ la jeta de mi tía Trinidad: que si llevo minifalda y tol’ pelo apanochao… y me fumo cigarrillos con boquilla amentolaos”, cantaba. Agárrense ahí con la chulería: una hembra flamenca caminando con la cabeza altísima y el paso firme, con su faldilla corta, con el cabello a su manera, echándose sus pitillos libremente y viviendo la vida a su manera. Una heterodoxa, Antoñita.
“Espabilá, espabilá, hoy me dicen lo mismo que ayer; espabilá, espabilá, porque soy una niña yeyé, espabilá… ¿qué le importa Faraó si me gusta gamberreá’ y tomarme combinao’ sobre la barra de un bar?”, lanzaba, y se le llenaba la boca. “Si critican, que critiquen; yo me siento muy honrá’, y me gusta que me llamen la gitana espabilá”. Lo tenía todo. Seguridad en sí misma, ganas de jugar, de desordenar, de tocar las narices, de beberse lo que le apeteciera en su tasca favorita.
Matrimonio y Trágico Final
El veintitrés de mayo de 1973 contrae matrimonio con el novillero Manuel Ladrón de Guevara Dávila. Antoñita viste de oscuro por casarse en estado de buena esperanza, y siendo padrino de la boda su representante Emilio Lamany.
Dos años después, el veintidós de mayo de 1975, cuando regresa de Madrid acompañada de su marido en un Renault 8, sufre un terrible accidente que le ocasiona la muerte a los pocos días, el cinco de junio de 1975. No tuvo tiempo para más. Sus hijos no seguirán sus pasos artísticos.
Agustín también nos abre su corazón al recordar el accidente que acabó con la vida de Antoñita cuando estaba en lo más alto, con contratos importantes y una carrera en plena proyección nacional.
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Homenajes y Legado
Tenía la gracia de todos los tiempos, Antoñita, y la voz más pizpireta y garbosa de España: la niña que nació en Lorca en el 47 se fue prontísimo, terriblemente, por eso hoy no ocupa en el imaginario popular y sentimental el lugar que merecía su arrojo y su salero. Sólo un homenaje tuvo, Antoñita, sólo uno; en Torrente, en la Sala Bony, donde actuó, por cierto, Manolo Escobar, y entre los compadres se cantaron unas coplillas y sacaron unos chavos para sus hijos huérfanos.
Para honrar su memoria, Radio Loma 107.7 FM ha producido un podcast especial titulado "La voz que sigue viva". Este no es solo un repaso biográfico: es un viaje íntimo, contado por las voces que la conocieron, la amaron y la recuerdan. En el Episodio 1 de La voz que sigue viva nos adentramos en la historia de Antoñita desde el lugar más íntimo: su familia.
Además, la obra ‘Mare’ de la compañía Emergidas homenajea a Antoñita Peñuela, destacando la esencia andaluza y el flamenco en la vida de sus creadores. La obra, escrita por Rocío Ladrón de Guevara, Laura Valero y Fernando Soler, refleja la vida en los barrios y el valor de las madres, elementos que también estuvieron presentes en la vida y obra de Antoñita.
Antoñita Peñuela es una artista legendaria cuya música ha dejado una marca profunda en España y en todo el mundo. Sabemos que sus canciones perdurarán por mucho tiempo, y nos emociona saber que estas joyas musicales seguirán inspirando a las personas en las generaciones futuras.
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