Emilia Pardo Bazán: Vida y Legado de una Escritora Pionera
Probablemente, pocos autores han jugado un papel tan crucial en la historia de las letras españolas como lo jugó Emilia Pardo Bazán. Este año, se cumplen 100 años de la muerte de Emilia Pardo Bazán, y 170 años de su nacimiento, que aconteció tal día como hoy de 1851. Queremos aprovechar la ocasión para reivindicar a esta brillante e indispensable escritora, y os proponemos hacerlo recordando algunos de los aspectos más significativos de su carrera y de su pensamiento.
Una Mujer de Incomparable Talento
Mujer de incomparable talento y de una extraordinaria erudición, la Pardo Bazán -como solían llamarla- fue una pionera incuestionable que causó admiración, asombro, desconcierto, escándalo, envidia, entusiasmo, y no pocas controversias, y que obligó a muchos a reflexionar sobre la condición de la mujer en la sociedad de su tiempo. Doña Emilia fue una persona inteligentísima y llena de matices tan agudos que a veces casi llegaban a la contradicción. Así, pudo ser al mismo tiempo conservadora y feminista convencida; o defensora del realismo y de la crítica social, pero de la misma manera una vehemente carlista. Su pensamiento era complejo y no se prestaba a reducciones.
Sea como fuere, su presencia y sus hazañas no pasaron desapercibidas entre sus contemporáneos, y la convirtieron en una figura de gran relieve público, querida y detestada a partes iguales. Su importancia fue tal, que a su muerte, la noticia ocupó la portada de los principales rotativos españoles.
Orígenes y Educación
Emilia Pardo Bazán nació el 16 de septiembre de 1851 en La Coruña, ciudad que siempre aparece en sus novelas bajo el nombre de «Marineda». Emilia Pardo Bazán, pese a nacer en el seno de la aristocracia gallega (era condesa), recibió una educación liberal y generosa por parte de su padre, que fue alcalde y diputado a Cortes para el partido liberal. Hija de Doña Amalia de la Rúa, de quien heredó el carácter abierto e independiente y de Don José Pardo Bazán, político liberal que le legó su gran afición por la lectura y los estudios. Poco después del nacimiento de Emilia la familia se mudó a una casa en un barrio aristocrático y tranquilo en la Calle de las Tabernas.
A los nueve años Emilia Pardo Bazán comenzó a demostrar interés en la escritura, durante los inviernos asistía a un colegio francés protegido por la Real Casa, donde fue introducida a la obra literaria de La Fontaine y Racine y ya de adolescente publicó algunos versos en el Almanaque de Soto Freire. Para ella, la educación era precisamente una herramienta fundamental para que las mujeres pudieran emanciparse de la tutela de los hombres y de su opresión, y demostrar su efectiva igualdad con ellos. Por ese motivo, aprovechó todos los espacios que su relevancia social le ofreció para allanar el camino de esta igualdad.
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Matrimonio y Viajes por Europa
El año 1868 supone un hito en la vida de Emilia: Tres acontecimientos importantes en mi vida se siguieron muy de cerca: me vestí de largo, me casé y estalló la Revolución de septiembre de 1868. Se casó a los diecisiete años con Don José Quiroga. Emilia tenía dieciséis años, y su marido, José Quiroga, estudiante de Derecho, veinte. Cuando el padre de Emilia fue nombrado Diputado de Cortes toda la familia se trasladó a Madrid, incluso el joven matrimonio. En Madrid tuvieron contacto con la vida cultural de la capital. Tras la entrada de Amadeo de Saboya y la guerra carlista, toda la familia se marchó a Francia. Viajaron por Europa donde Emilia aprendió inglés y alemán y le permitió descubrir la literatura francesa que dejaría un gran impacto en ella.
En 1873 la familia Pardo Bazán -también los recién casados- abandona temporalmente España. El viaje se prolonga por varios países de Europa, lo que despierta en Emilia la inquietud por los idiomas, con el deseo de leer a los grandes autores de cada país en su lengua original.
Trayectoria Literaria
Su inquietud intelectual va en aumento y, al regresar a España, entra en contacto con el krausismo a través de Francisco Giner de los Ríos, con quien le uniría una gran amistad. En 1876, año del nacimiento de su primer hijo, Jaime, se da a conocer como escritora al ganar el concurso convocado en Orense para celebrar el centenario de Feijoo. Con sólo veinticinco años derrotó, en un certamen de ensayo, a Concepción Arenal, con una obra sobre el Teatro del Padre Feijoo. Este mismo año dio a luz a su primer hijo, a quien le dedicó su único libro de poemas. Escribió su primera novela, Pascual López, el año en que nació su segundo hijo. Son años en que todavía no ha abandonado totalmente la poesía. Sin embargo, el conocimiento de las obras de sus contemporáneos la anima a escribir su primera novela, Pascual López.
En 1881 publica Un viaje de novios, novela para la que utilizó las experiencias de un viaje a Francia, y ese verano, en Meirás, acaba San Francisco de Asís, ya embarazada de su tercera hija, Carmen. En esta línea naturalista se inscribe la tercera novela de doña Emilia, La Tribuna (1883), así como las posteriores de Los pazos de Ulloa (1886), La madre naturaleza (1887) y La piedra angular (1891), aunque entre La Tribuna y Los pazos de Ulloa escribe Emilia Pardo Bazán una novela en la que se aparta de la técnica naturalista. Se trata de El cisne de Vilamorta, en la que conjuga la observación realista con ciertos elementos románticos.
Desde tiempo atrás doña Emilia venía colaborando en numerosas revistas y periódicos, con crónicas de viajes, artículos, ensayos y numerosísimos cuentos que agruparía en varias colecciones: Cuentos de Marineda, Cuentos de amor, Cuentos sacro-profanos, En tranvía (Cuentos dramáticos), Cuentos de Navidad y Reyes, Cuentos de la patria, Cuentos antiguos... Y también en la prensa, en La Lectura, empieza a salir en 1903 su novela La Quimera, que dos años después vería la luz como libro. Viajera infatigable, continúa además consignando sus impresiones en artículos de prensa y en libros.
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Una dolencia hepática en 1880 obligó a la escritora a pasar algún tiempo en Vichy. Durante este período descubrió el naturalismo de Zola, conoció personalmente a Hugo , y empezó a interesarse por esta nueva tendencia literaria. En el periódico madrileño La época publicó Un viaje de novios que era un relato novelesco de sus propias memorias del viaje a Vichy. Su última hija, Carmen, nació en 1881.
Defensa del Naturalismo y Crítica Social
Muy sensible a las tendencias estéticas de su tiempo, adivinó en el naturalismo una nueva corriente estética con un gran potencial social, por lo que abogó por ella -aunque no sin ciertas reservas- en una serie de artículos más tarde recogidos en el libro La cuestión palpitante. Los artículos publicados con anterioridad que fueron compilados en el libro La cuestión palpitante, que tenían como fin tratar el movimiento del naturalismo de forma directa pero profunda, tuvo un gran impacto social, y el escándalo originado llevó a su marido a pedirle que cesara de escribir, lo que provoco la ruptura deñ matrimonio en 1884. La cuestión palpitante causó una gran impresión -y un gran escándalo- en la sociedad intelectual española de su tiempo, y contribuyó decisivamente a la introducción del naturalismo en España. Émile Zola, por cierto, apreció el libro, aunque las palabras que le dedicó dan una idea nuevamente de los prejuicios de la época: «Es libro muy bien hecho, de fogosa polémica: no parece libro de señora. Aquellas páginas no han podido escribirse en el tocador».
También su obra refleja esta crítica social. En ella, denuncia especialmente las distintas formas de opresión del hombre sobre la mujer, bien sea por parte de maridos, de padres o de todo el cuerpo social. A veces, aborda incluso temas tan arduos y delicados como el de la violencia de género.
La Biblioteca de la Mujer
Entre 1892 y 1914, Pardo Bazán financió y dirigió un proyecto editorial propio que llamó “Biblioteca de la mujer”, un conjunto de textos de distintas disciplinas escritos por mujeres o que giraban en torno a la figura de la mujer.
Autonomía y Relación con Benito Pérez Galdós
Emilia Pardo Bazán hizo siempre lo posible para vivir según sus convicciones. No es de extrañar, por lo tanto, que la autonomía y la libertad fueran una prioridad fundamental, sin duda coherente con sus reivindicaciones. De este modo, la escritora gallega se convirtió en la primera escritora española que pudo vivir de su trabajo intelectual. Su apasionada relación con el escritor Benito Pérez Galdós era un secreto a voces en la sociedad de su época. Los amores de Pardo Bazán y Galdós fueron fervorosos, según muestran las cartas que se conservan, pero se basaron sobre todo en la apreciación mutua de su inteligencia y en el respeto. Probablemente, ambos hallaron en el otro algo no muy fácil de encontrar: un interlocutor a la altura de su genio. Aunque lo más sorprendente sea quizá el espíritu liberal y despreocupado con el que los dos escritores se enfrentaron a los prejuicios morales de su tiempo: «Ante la moral oficial -escribió Emilia Pardo Bazán-, no tengo defensa, pero tú y yo se me figura que vamos un poco para nihilistas en eso.
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Reconocimientos y Desafíos
Entre los hitos que alcanzó Emilia Pardo Bazán, se encuentra el de ser la primera mujer en formar parte del Ateneo de Madrid, el principal centro cultural de la capital en aquel momento. Aunque la escritora había dado conferencias en la reputada institución, no fue hasta 1905 que le fue permitido inscribirse como socia. Hasta qué punto este precedente fue importante, lo muestra que, justo después de ser admitida, otras dos reputadas feministas, Carmen de Burgos y Blanca de Ríos, se atrevieron a presentar su petición de ingreso, que por supuesto tampoco les pudo ser denegada. Doña Emilia, por su parte, no se limitó con lo logrado, sino que en 1906 fue nombrada presidenta de la sección de literatura del Ateneo.
Aunque pocos españoles habían reunido tantos méritos como ella para ingresar en la RAE, la institución había prohibido explícitamente, en 1853, la entrada a cualquier mujer a la Academia. Pardo Bazán, sin embargo, no se amedrentó con ello, y cuando supo que dos sillones quedaban vacantes, decidió presentar ella misma su propia candidatura, contraviniendo los procedimientos habituales. El escritor y académico Juan Valera fue uno de los principales opositores a la idea de que la políglota gallega entrara en la Academia. En el plano público, justificó su respuesta -aunque bajo pseudónimo- en el folleto “Las mujeres y las academias”, en el que argumentaba que no era un problema de méritos, sino de las probables incompetencias entre hombres y mujeres en la institución.
Aunque Emilia Pardo Bazán no había podido ir ella misma a la universidad (vetada a las mujeres), y su formación había sido por lo tanto esencialmente autodidacta, en 1916 fue nombrada para la cátedra de literaturas neolatinas contemporáneas de la Universidad Central de Madrid. La cátedra fue creada a medida para ella por el ministro de Instrucción Pública Julio Burell, aunque no le llegó sin encontrarse antes con la fuerte oposición de gran parte del claustro universitario, incluyendo intelectuales como Menéndez Pidal o Ortega Gasset. A diferencia de en sus concurridas conferencias, pocos alumnos se inscribieron a la asignatura. Ello puede atribuirse probablemente a la novedad de la materia (era la primera vez que la literatura contemporánea entraba en la universidad) y también al hecho de ser esta de pago y reservada a doctorandos.
Reconocimiento Tardío y Legado
Es doña Emilia una figura reconocida en la vida literaria, cultural y social. En 1908 comienza a utilizar el título de Condesa de Pardo Bazán, que le otorga Alfonso XIII en reconocimiento a su importancia en el mundo literario; desde 1910 era consejera de Instrucción Pública; socio de número de la Sociedad Matritense de Amigos del País desde 1912... Dos años después se le impondría la Banda de la Orden de María Luisa, y recibiría del Papa Benedicto XV la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice... El 12 de mayo de 1921, una complicación con la diabetes que padecía le provoca la muerte.
Emilia Pardo Bazán fue una mujer extraordinaria y una luchadora nata y de incomparable tesón. Llegó hasta donde se propuso por derecho propio, aunque le costara el doble de lo que le habría costado a cualquier hombre. La escritora, sin embargo, era muy consciente de que estaba abriendo camino, y por ello nunca dejó que su ambición flaqueara.
Su Pasión por la Lectura y la Biblioteca Personal
No cabe duda de que Emilia Pardo Bazán fue una prolífica escritora que cultivó en abundancia la novela, el cuento, el ensayo, el teatro y el periodismo, con incursiones en la biografía y la poesía. Pero no menos torrencial fue su pasión por la lectura, como evidencia su simpar biblioteca, una colección heterodoxa que refleja los variados gustos de la autora y un amplio conocimiento tanto de la tradición literaria como de las corrientes más innovadoras de su época; una biblioteca que acoge la misma diversidad de géneros y estilos que su propia obra, caracterizada por una evolución constante.
Como ella misma contó en sus Apuntes autobiográficos, su precocidad lectora se inició a los cuatro años, cuando ya leía de corrido, y a los ocho o nueve años era tan apasionada de las letras que se deleitaba con la Biblia, la Ilíada y se sabía de memora capítulos enteros del Quijote. No mucho más tarde, cuando empezó a estudiar en el colegio francés de Madrid, comenzó a familiarizarse con la literatura francesa, de tal manera que con catorce años y dominando a la perfección el francés, ya había leído a Alejandro Dumas, George Sand y Víctor Hugo. Esta afición siempre la acompañaría y haría que se convirtiera en una de las grandes difusoras de las letras galas en España, como algo más tarde sucedería con su fervor divulgador de los grandes novelistas rusos del siglo XIX.
También contribuiría a su formación lectora su biblioteca familiar, formada por su volteriano abuelo y su liberal padre; allí encontró obras de Plutarco y sobre la Revolución francesa, pero también novelas góticas y populares. Todavía siendo una niña, inició su afición por la poesía a través de las obras de Ercilla, Balbuena y especialmente Zorrilla. Después de su boda y de viajar por Europa, sus horizontes se ampliaron y además de introducirse en la literatura inglesa, lo que la llevó no solo a leer, sino incluso a traducir a Shakespeare y Byron, comenzó a interesarse por la filosofía a través del krausismo. De Platón a Descartes pasando por Kant y Spinoza, en poco tiempo se convirtió en una experta en la historia de la filosofía, hasta el punto de que decidió aprender alemán para poder leer en su idioma original a Hegel, puerta de entrada a la literatura alemana que la llevó a Schiller, Goethe o Heine.
Hasta este momento, y más allá de sus incursiones juveniles, no era muy aficionada a la narrativa, pero cuando descubrió el nuevo mundo que le ofrecía la novela, su inmersión en la prosa fue igual de apabullante. Sin embargo, aunque se sumergió en Manzoni, Walter Scott o Dickens, apenas leía a novelistas españoles. Solo después de descubrir la gran generación de autores formada por Valera, Alarcón, Pereda, Clarín y Pérez Galdós se atrevió a dar el paso lógico y convertirse ella misma en escritora con su primera novela, Pascual (1879), en la que se dejaba notar la influencia de la picaresca española. El siguiente paso en su evolución fue el conocimiento de la nueva literatura francesa, lo que la llevaría a leer las obras completas de Balzac, Flaubert, Zola o los Goncourt y que la marcaría profundamente, importando no sin polémica el Naturalismo a España.
Pero no hay que olvidar que la huella de los clásicos españoles, manifestada en su perpetuo reconocimiento de Cervantes, Lope o Calderón, siempre estuvo presente en su obra. Por otra parte, fue una gran admiradora de la literatura catalana y gracias a su conocimiento del idioma pudo leer los textos originales de Verdaguer, Víctor Català (Caterina Albert) o Rusiñol. Pero su afán lector no conocía fronteras: en su biblioteca se encuentran obras persas, croatas, holandesas… Tampoco hay delimitaciones cronológicas, y en ella se podían hallar desde clásicos grecolatinos hasta los autores más jóvenes y radicales. En cuento a los géneros, desde la religión hasta la ciencia, pasando por los libros de viajes o de cocina, ningún campo del saber parecía serle ajeno.
Especial atención dedicó a la literatura escrita por mujeres, lo que le llevó a reivindicar el papel de autoras como Fernán Caballero o George Sand, cuyos pseudónimos masculinos evidenciaban que la literatura femenina todavía estaba necesitada de reconocimiento. Se calcula que la biblioteca particular de Pardo Bazán pudo alcanzar los 20.000 volúmenes, una extraordinaria cifra que da cuenta de su casi inigualable labor bibliófila.
Ejemplos de Libros en su Biblioteca:
A continuación, se ofrece una selección de algunos de los libros más destacados de la biblioteca de Pardo Bazán, ejemplares de las mismas ediciones que poseía la autora coruñesa y que se encuentran en los fondos de la Biblioteca Nacional de España. Esta breve muestra dividida por materias puede ayudar a hacerse una idea de la riqueza de su colección y permitirá a los interesados guiarse por el catálogo de la BNE en la búsqueda de los mismos libros que disfrutó, consultó y cuidó Emilia Pardo Bazán. Como anexo, se ha incluido una muestra de la colección La Biblioteca de la Mujer, que editó la propia escritora.
Se iniciaba así una dilatada carrera literaria que, a lo largo de cincuenta y seis años, superó los ciento veinte títulos (de novelas, colecciones de cuentos o poemas, ensayos, conferencias, discursos, piezas teatrales, libros de viajes, folletos…), unos seiscientos treinta cuentos e incontables (entre dos mil quinientos y tres mil) artículos periodísticos.
En 1956, las herederas de Emilia Pardo Bazán (su hija y su nuera) firmaban en Madrid un documento de donación por el que, al fallecimiento de ambas, pasaría a ser propiedad de la Real Academia Galega el edificio que actualmente ocupa, en la Rúa Tabernas de A Coruña, con la condición de preservar la memoria de la escritora mediante la creación de un museo, el fomento de la publicación de sus escritos y la organización de actividades para el estudio y difusión de su obra. Al producirse en 1971 el fallecimiento de la última heredera, María de las Nieves (Blanca) Quiroga y Pardo Bazán, además de aquella donación, se hizo efectivo su testamento, que legaba a la RAG los derechos de autor de la escritora (vigentes hasta 2001), así como sus objetos personales, muebles y -acaso lo más importante- una abundante documentación, formada por borradores, manuscritos, pruebas de imprenta corregidas, recortes de prensa etc., que pasó al Archivo de la RAG.
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