San Fermín: Origen y Leyenda del Santo Patrono de Navarra
San Fermín, una figura clave en la historia y la tradición de Navarra, es celebrado cada año con las mundialmente famosas fiestas de San Fermín en Pamplona. Pero, ¿quién fue realmente San Fermín? Su historia está envuelta en leyendas y tradiciones que se entrelazan con la fe y la cultura de la región. A continuación, exploraremos los orígenes de San Fermín, su vida y su legado.
Orígenes y Leyenda
Algunos historiadores cuentan que San Fermín fue el hijo de un jefe romano que llegó a Pamplona (Pompaelo) hacia el siglo III y que fue convertido al cristianismo.
Otros hablan ya directamente de Honesto, enviado a Pompaelo por San Saturnino para evangelizarla. Al parecer, Honesto evangelizó al senador Firmo y a toda su familia, entre ellos a su hijo Fermín. Fue bautizado con sus padres por el propio santo en el lugar en el que hoy se conoce como 'Pocico de San Cernin', según explican desde Turismo de Navarra.
La historia del santo está rodeada de leyendas que hacen que sean varios los que ponen en duda su veracidad.
Según Goñi, San Fermín nació a mediados del siglo III en la romana Pompaelo, actual Pamplona, primogénito de un senador local, Firmo. Hijo de Firmo, un funcionario romano, y de Eugenia, noble matrona, Fermín nació en un ambiente todavía impregnado por el paganismo. No solo por el politeísmo romano, sino también por las creencias ancestrales que rendían culto a elementos de la naturaleza.
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En este contexto, la llegada del presbítero Honorato, enviado por el obispo san Saturnino desde el sur de la actual Francia, fue decisiva. Casualmente conocerán al sacerdote Honorato que les instruirá en la Fe, desde la más absoluta sencillez y entrega, y que había sido enviado por el Obispo Saturnino desde Las Galias. El propio Prelado irá con el tiempo a bautizar en Navarra a todos los que abrazaban el cristianismo.
Formación y Consagración
Sea como fuere, cuando Fermín cumplió diecisiete años comenzó a predicar por los alrededores. Fermín, su hijo, fue educado por Honesto y, cuando tuvo diecisiete años, comenzó a predicar por los alrededores.
Tras persuadir a los Firmo, Honesto volvió a Toulouse para informar a Saturnino de sus progresos. Éste decidió trasladarse a Pamplona, dónde convirtió en masa al pueblo pamplonica al cristianismo, incluyendo al joven Fermín. Convencido de haber hecho lo correcto al abandonar los dioses paganos, Firmo entregó a su primogénito a Honesto para que le formara en la doctrina cristiana.
Poco después de recibir el bautismo, Fermín partió a las Galias, donde se formó, fue ordenado sacerdote y, finalmente, consagrado obispo. Más tarde, a los veinticuatro, fue consagrado obispo por Honorato, que era prelado de Toulouse. Más tarde, a los veinticuatro, fue consagrado obispo en Toulouse y volvió a la ciudad que le vio crecer para quedar unido a su historia para siempre.
Misión y Muerte
San Fermín no se contentó con su tierra natal. Las crónicas lo sitúan en regiones tan diversas como Agen, Auvernia, Angers, Anjou y Normandía. Recién cumplidos los treinta años, Fermín abandonó su tierra por última vez para evangelizar las tierras de las Galias vecinas.
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Tras disfrutar de una temporada en su ciudad, el obispo pamplonés decidió volver a Francia: en un primer momento estuvo en Aquitania, Auvernia y Anjou; más tarde en Amiens. Allí visitó Agen y Anjou, y después Beauvais, a dónde se dirigió, según Goñi «con entusiasmo y gozo, dispuesto a padecer por Cristo habiéndose enterado de que Valerio, gobernador de los belovacos, perseguía a los cristianos y los martirizaba».
Incluso fue encarcelado en Beauvais, según algunas fuentes. En esta ciudad francesa se dice que bautizó a 3.000 personas, y fue allí donde acabó muriendo decapitado durante la persecución del emperador del Diocleciano.
El siguiente destino de San Fermín fue Amiens, dónde acabaría sufriendo martirio a manos de Sebastián, el gobernador de la provincia, quién, azuzado por la persecución religiosa contra los cristianos decretada por el emperador Diocleciano, mandó apresarlo y decapitarlo. «Ordenó sus soldados que lo prendieran y lo encerraran en la cárcel, indicándoles que lo decapitaran silenciosamente por la noche y que escondieran su cuerpo para que no lo encontraran los cristianos y le tributaran honores» escribe Goñi. Según el prefecto de liturgia, Sebastián tenía reservado al cuerpo del santo un destino cruel: «descuartizarlo y desparramarlo por los campos para que los cristianos no lo encontraran».
Y sería un neoconverso llamado Faustiniano quien recogería su cadáver, sepultándolo en la Iglesia que el propio Fermín mandó edificar. Durante su recorrido, sería detenido en Beauvais, muriendo decapitado en Amiens. Sus reliquias reposan entre Pamplona y Amiens. Su cuerpo fue sepultado en secreto por algunos cristianos, apareció siglos después, el trece de enero del año 615, en el episcopado de san Salvio, y fue trasladado a la cercana ciudad: unos magníficos relieves góticos del siglo XV, labrados en el trasaltar de aquella catedral que conserva los restos del santo, narran esta historia.
Reliquias y Culto
Años más tarde, en 1186, la historia cuenta que el obispo Pedro de París llevó de Amiens a Pamplona una reliquia de la cabeza del santo. Fue también en Amiens donde se inició el culto al santo pamplonica. En Pamplona el culto a la figura de San Fermín no llegaría hasta 1186, cuando el obispo Pedro de París recibió unas reliquias del cráneo del mártir.
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En Pamplona el culto a la figura de San Fermín no llegaría hasta 1186, cuando el obispo Pedro de París recibió unas reliquias del cráneo del mártir. Según Goñi, «la tradición habla del hallazgo de sus reliquias a comienzos del 615. Sin embargo, el culto al mismo pronto crecería en intensidad hasta el siglo XVII, cuando se inició una disputa entre seguidores de San Fermín y de San Francisco Javier, patrocinado por los jesuitas.
Este cruce de caminos entre las tierras de Aquitania y los fértiles campos del Ebro fue también el escenario del nacimiento de la fe cristiana en Navarra, sembrada por misioneros enviados desde las Galias.
San Fermín en la Actualidad
En la actualidad, San Fermín es copatrono de Navarra junto a San Francisco Javier. San Fermín es Patrono de Navarra junto a San Francisco Javier. El que muchos creen patrón de Pamplona es en realidad copatrono de Navarra junto a San Francisco Javier, y su celebración arraigó especialmente en la capital navarra porque la ciudad y el cabildo catedralicio se posicionaron como claramente "ferministas" en el pleito con los "javieristas" que enfrentó a instituciones y pueblos en el siglo XVII por la advocación de Navarra a uno u otro, cuestión que zanjó en 1657 el papa Alejandro VII declarándolos a ambos.
En cualquier caso, la fiesta se remonta a siglos antes, pues ya se celebraba cuando en 1186 el obispo de Pamplona Pedro de París recogió en Amiens las reliquias de San Fermín y dispuso que su fiesta el 10 de octubre tuviera igual rango que la de los apóstoles.
No solo por el politeísmo romano, sino también por las creencias ancestrales que rendían culto a elementos de la naturaleza. Precisamente se hacían ofrendas paganas en las encrucijadas de los árboles.
Como cristianos, estamos llamados a redescubrir al santo detrás de la fiesta. No se trata de apagar la alegría, sino de orientarla. San Fermín no es solo un motivo de orgullo cultural, sino una semilla de fe que dio frutos en circunstancias difíciles.
El testimonio de san Fermín se inserta en el gran camino de la santidad que la Iglesia propone a todos sus hijos. Como ocurre con todos los santos, su canonización pasó por un proceso que reconoce no solo su ejemplo de vida, sino también su intercesión tras la muerte. San Fermín nos enseña que la fe se vive con coraje, incluso si eso conlleva el martirio. Nos recuerda que toda tierra puede ser fecundada con el Evangelio si hay quienes se atreven a sembrarlo.
Hoy, 7 de julio, no solo celebremos a un personaje histórico ni nos quedemos en la superficie de una fiesta popular. Celebremos a un santo, a un pastor, a un mártir. Es sin duda uno de los santos más conocidos, sirvió de inspiración a un premio Pulitzer (A Hemingway en su novela «Fiesta») y las celebraciones que cada siete de julio le rinden tributo convocan a miles de corredores de todos los rincones del planeta.
Las Fiestas de San Fermín
San Fermín, una de las festividades más conocidas de España, celebrada en honor a San Fermín de Amiens, patrón de Navarra. La fiesta es mundialmente conocida por los encierros, eventos en los que los participantes corren delante de toros por las calles de la ciudad. Sin embargo, San Fermín es mucho más que los encierros; es una fiesta llena de cultura, tradición y celebración que atrae a miles de visitantes de todo el mundo.
El epicentro de las fiestas de San Fermín es Pamplona, capital de Navarra. Durante nueve días, esta ciudad del norte de España se transforma por completo para acoger a visitantes de todo el mundo. Las calles del casco histórico, especialmente el barrio de San Nicolás y la plaza del Ayuntamiento, se llenan de color, música y emoción.
San Fermín se celebra anualmente del 6 al 14 de julio. La fiesta comienza oficialmente al mediodía del 6 de julio con el lanzamiento del chupinazo desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona y concluye la medianoche del 14 de julio con el canto del "Pobre de Mí", una canción de despedida que marca el final de las festividades. Durante estos nueve días, la ciudad de Pamplona se llena de actividades, eventos y celebraciones en honor a San Fermín.
Uno de los símbolos más icónicos de estas fechas es el pañuelo rojo que los participantes llevan atado al cuello. Se dice que representa al martirio de San Fermín y se coloca justo después del lanzamiento del chupinazo. Llevarlo es una forma de identificarse con el espíritu de la celebración y formar parte de la comunidad festiva.
Eventos Destacados
- El Chupinazo: La fiesta comienza oficialmente al mediodía del 6 de julio con el lanzamiento del chupinazo, un cohete que se dispara desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona. Este evento marca el inicio de las festividades y reúne a una multitud en la Plaza del Ayuntamiento.
- Encierros: Uno de los eventos más emblemáticos de San Fermín son los encierros, que se celebran cada mañana del 7 al 14 de julio. Los participantes corren delante de los toros por un recorrido de 849 metros que va desde los corrales de Santo Domingo hasta la Plaza de Toros de Pamplona.
- Procesiones y eventos religiosos: El 7 de julio se celebra una procesión en honor a San Fermín, que recorre las calles del casco antiguo de Pamplona. Además, hay misas y otros actos religiosos durante toda la semana.
- Corridas de toros: Cada tarde, después de los encierros, se celebran corridas de toros en la Plaza de Toros de Pamplona, donde los toreros lidian con los toros que participaron en los encierros.
- Actividades culturales, gastronómicas y de ocio: Desfiles de gigantes y cabezudos, conciertos gratuitos, música en vivo en las plazas, espectáculos de fuegos artificiales, muestras de folklore navarro, exposiciones y visitas guiadas al recorrido del encierro.
Controversias y Debates Históricos
Pese a estos datos, los detalles que se conservan de su biografía aparecen entremezclados con retazos legendarios e incluso no son pocos los que se plantean si de verdad existió. Otros, sin embargo, encuentran motivos suficientes para defender que el santo vivió de verdad. «A pesar de que su existencia no puede testimoniarse con documentos históricos, no podemos concluir que San Fermín sea fruto de la devoción popular o de leyendas hagiográficas», explica Goñi en su texto. «Algún fundamento tuvieron aquellos cristianos de Amiens para atribuir como lugar de procedencia Pamplona, ciudad situada a mil kilómetros de distancia, al mártir y obispo, en lugar de permitir que alguna Iglesia de Francia pudiera apropiarse de un hijo tan ilustre».
Además, recuerda que «la diócesis de Pamplona cuenta actualmente con un obispo, que tuvo un antecesor, que a su vez sucedió a otro, y éste a otro. El Evangelio será predicado hasta los confines del orbe. Así lo dice el Señor a los discípulos.
Mucha gente ha oído hablar sobre San Fermín o, por lo menos, conoce su nombre gracias a las fiestas que se celebran en Pamplona en su honor. Pocos saben, sin embargo, que su historia, al igual que la de otros santos, es una leyenda que para muchos estudiosos carece de base histórica.
La leyenda nació hacia el siglo IX en la localidad francesa de Amiens, y desde allí llegó a Pamplona en el siglo XII, convirtiéndose en un santo de devoción para cientos de pamploneses.
Recientemente, una tesis elaborada por el historiador Roldán Jimeno, hijo del prestigioso historiador pamplonés Jimeno Jurío, ha refrendado la conclusión a la que llegaron en 1970 varios historiadores de la capital navarra y arqueólogos de Amiens: ambos investigaron por separado, y concluyeron que la historia de San Fermín no tenía base histórica alguna.
La leyenda de AmiensCuenta la leyenda que Firmus, un senador que vivía en tiempos de los emperadores Diocleciano y Maximiano, era gobernador general de la región y tenía un hijo llamado Fermín. Así se recoge en uno de los primeros textos que se conocen acerca de la leyenda de San Fermín, el del escritor Jacobo de Voragine titulado “La leyenda dorada” y que data de 1264.
Al parecer, Firmus confió la educación de su hijo Fermín al presbítero Honesto, quien envió a Fermín a realizar sus estudios a Toulouse y pidió al arzobispo de la localidad que lo ordenase sacerdote para que pudiese predicar la fe cristiana. Así lo hizo, y Fermín volvió a Pamplona con la misión de evangelizar, consagrado ya como obispo, donde permaneció hasta los 31 años, antes de marchar a las Galias.
Fermín primero estuvo en Agen, luego en la comarca de Beauvais y por último en Amiens donde, tras soportar la persecución romana, convirtió, según cuenta la leyenda, en tan sólo cuarenta días, a tresmil personas. Parece ser que a los gobernadores romanos no les hizo especial gracia y, tras detenerlo y encerrarlo en la cárcel, lo degollaron en secreto un 25 de septiembre, que es la fecha en la que se recuerda su martirio.
Esta leyenda recogida en el texto de Jacobo Vorágine data su origen en la Alta Edad Medía, en la localidad francesa de Amiens, capital de Picardía, situada a unos 150 km. de París. Aunque no existe una fecha exacta, los primeros datos históricos la sitúan en el siglo IX.
Por aquel entonces, tal y como nos cuenta el historiador Roldán Jimeno, “a la hora de elegir el santo que cristianizaría a la ciudad, era muy normal escoger un personaje extranjero que diese cierto toque exótico y relevante a la urbe. En Amiens escogieron a Fermín, porque era vascón y romano a la vez y les resultó bastante atractivo. A partir de entonces, construyeron una historia que ha ido variando con el tiempo, a medida que ha sido transmitida de generación en generación”.
La leyenda llegó a Pamplona por primera vez hacia el siglo XII, cuando el entonces arzobispo de Pamplona, Pedro de París, tuvo noticia de ella y trajo consigo una reliquia que fue depositada en el altar de la Catedral de Pamplona. Con el tiempo, el culto se fue extendiendo a toda Navarra.
Para los habitantes de Pamplona, que existiera un santo que, además, había sido el primer arzobispo de Pamplona, fue un auténtico hallazgo; cambiaron parte de la historia francesa adelantando la evangelización de la capital navarra al siglo I, dato que contradecía la fecha de la leyenda de Amiens, que la situaba en el siglo III.
Distintos cronistas navarros recogieron esta versión y la fueron adornando cada vez más. Con el paso del tiempo, el culto a San Fermín se fue acrecentando en las dos localidades, con particularidades locales. En el siglo XVIII se dieron a conocer “Las Actas Sinceras”, de Miguel Joseph de Maceda, que mostraban la versión pamplonesa de la leyenda.
Algún tiempo más tarde, cuando el texto llegó a Amiens, se suscitó una gran polémica respecto a la fecha, ya que la tradición pamplonesa decía que San Fermín había vivido en el siglo I, y la de Amiens, en el siglo III.
Ya en el siglo XX, en la década de los 70, el bibliotecario de la Catedral de Pamplona, José Goñi Gaztanbide, después de investigar sobre el tema llegó a la conclusión de que la historia de San Fermín era “legendaria e inverosímil”, ya que no disponía de base histórica alguna. Posteriormente, el historiador Jimeno Jurío realizó un exhaustivo trabajo de investigación que confirmó tales sospechas.
Por aquel entonces se creó cierto debate que no trascendió más allá del ámbito científico ,y más tarde otros autores dieron la razón a estos dos estudiosos. La reciente tesis de Roldán Jimeno ha vuelto a corroborar dichas afirmaciones. “Uno de los datos clave que ha ayudado a ver que se trataba, como en otras ocasiones, de una leyenda sin base histórica ha sido situar la historia en los siglos I (Pamplona) y III (Amiens). En el caso de Pamplona, la Cristianización no llegó hasta el siglo III, y en Amiens tuvo lugar, incluso, algunos siglos más tarde. Además, hasta el siglo XII no hay en Pamplona ninguna referencia clara respecto al santo”.
Junto a ello, el hecho de que San Fermín no tuviese ninguna iglesia, ni ermita a su nombre contribuyó a confirmar dicha teoría. “No es lógico que un arzobispo de una ciudad como Pamplona no registre ninguna iglesia o ermita a su nombre hasta el siglo XVII. En Pamplona, la primera iglesia que lleva su nombre se construyó en la Milagrosa, en la década de los años 50 del pasado siglo, y las primeras ermitas datan del siglo XVII”, afirma Roldán Jimeno.
A pesar de la crítica hagiográfica que realiza la Iglesia Católica durante el Concilio de Trento en el siglo XVI (en la que se pudo comprobar que la vida de varios santos carecía de fundamento histórico), la Iglesia todavía no se ha pronunciado respecto al santo navarro. “Ha habido varios santos que han sido declarados apócrifos por la Iglesia Católica como, por ejemplo, San Cristóbal, y el hecho no ha tenido demasiada trascendencia, aunque con otros, al tratarse de santos locales, como San Fermín, es la propia diócesis la que tiene que pronunciarse al respecto. Luego también está la respuesta de la gente”.
La Capilla de San Fermín
Desde el siglo XIV, existía una capilla dedicada a San Fermín. Era gótica y de reducidas dimensiones. En el siglo XVII, el Ayuntamiento, muchos ciudadanos de Pamplona y de otras partes de Navarra y América se involucraron en costear económicamente la construcción de un templo nuevo (el que ahora conocemos). Por ello, la gente de Pamplona y de Navarra consideran al santo y su capilla como una cosa casi suya, y así se ha transmitido de generación en generación.
La capilla de San Fermín está construida junto a la parroquia de San Lorenzo, al final de la calle Mayor de Pamplona. Para acceder a la capilla, hay que entrar por la puerta de la parroquia o por la calle San Francisco. La capilla de San Fermín se comenzó a construir en 1696 y se terminó de construir en 1717. El siete de julio de ese mismo año se inauguró. El arquitecto original es Santiago Raón, y su proyecto fue continuado por Juan de Alegría y Martín de Zaldúa, manteniendo el estilo barroco del proyecto original.
Una de las anécdotas más importantes sobre la capilla es que en el siglo XVIII, a resultas de varios pleitos entre el Ayuntamiento de Pamplona y la Obrería de San Lorenzo, se planteó la posibilidad de construir un nuevo templo en el lugar que actualmente ocupa el Paseo Sarasate. En el Archivo Municipal de Pamplona se guardan planos y bocetos de esta obra que nunca llegó a realizarse y que firma Juan Lorenzo Catalán.
En cuanto a lo que sí ocurrió de verdad en la capilla de San Fermín es que en 1800 se realizaron reparaciones urgentes a cargo de Santos Ochandategui, que le dieron el actual aspecto neoclásico, y de las que se hizo cargo el Ayuntamiento de Pamplona. En 1823, la linterna de la cúpula de la capilla tuvo que ser reconstruida tras la demolición e incendio posterior al bombardeo de Pamplona por parte de los ‘Cien mil hijos de San Luis’.
La efigie de San Fermín está alejada dentro de la capilla en un altar específico. El original tenía 17 metros de altura, pero fue sustituido por otro en 1819. Las esculturas y relieves que podemos ver ahora son de Anselmo Casanova, con proyecto de Pedro Onofre. Las vidrieras son obra de Mayer y están fabricadas en Londres.
La Corte de San Fermín
Esta asociación se fundó en 1885, en gratitud a los favores de San Fermín quien, según la tradición católica, protegió a la ciudad de Pamplona de varias epidemias que mermaron las poblaciones cercanas. Tiene su sede en el despacho parroquial de San Lorenzo, en la calle Mayor 74 de Pamplona, ya que el párroco siempre preside la junta de gobierno de la Corte que además integran un secretario, un tesorero y cuatro vocales. Su objetivo principal es mantener el culto (cristiano católico) y promover la devoción a San Fermín.
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