¿Dónde se sitúa la placenta? Ubicación y tipos

20.11.2025

La placenta es un órgano vital que se desarrolla durante el embarazo. Su función principal es proporcionar nutrientes y oxígeno al bebé en desarrollo dentro del útero.

Además, la placenta es responsable de secretar hormonas esenciales para el correcto desarrollo del embarazo. Por lo tanto, su papel es fundamental durante este período.

De hecho, los especialistas necesitan observar y controlar la placenta en cada revisión prenatal.

Lo normal es que la placenta se sitúe de tal manera que, después del nacimiento del bebé, se produzca su expulsión, un proceso natural del parto conocido como alumbramiento.

Una matrona auxilia este proceso y se asegura de que no queden restos placentarios dentro del útero, ya que esto podría causar complicaciones en el postparto.

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Ubicación normal de la placenta

Cuando la placenta comienza a formarse, se adhiere a la capa más interna del útero. Dependiendo de dónde se coloque, podemos definir la siguiente clasificación:

  • Placenta anterior: Se sitúa hacia delante, más cerca de la barriga.
  • Placenta posterior: Se ubica hacia atrás del útero, pegada hacia la espalda.
  • Placenta fúndica: Se sitúa en la parte más superior del útero.

Cualquiera de estas tres posiciones se considera normal durante el embarazo y no implica ningún control especial ni riesgos específicos.

Tipos de placenta que pueden generar complicaciones

Existen diferentes tipos de placenta que pueden presentar complicaciones durante el embarazo:

Placenta de baja implantación

Se inserta muy cerca del orificio cervical (por donde sale el bebé). Esta condición puede causar sangrados durante el embarazo, ya que los vasos sanguíneos pueden sangrar con mayor facilidad en esa zona debido a una inserción subadecuada y exceso de movimiento.

Placenta previa parcial

La placenta se implanta parcialmente sobre el orificio cervical interno, obstruyendo la salida del útero. Esta circunstancia tiene un efecto directo sobre el parto.

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Placenta previa total

La placenta cubre por completo la abertura del cuello uterino, impidiendo la salida del bebé. En estos casos, el parto vaginal no es una opción, y la cesárea es la única vía posible.

En líneas generales, se puede intentar un parto vaginal con una placenta de inserción marginal, pero se debe realizar una monitorización más estrecha de la evolución del parto. De hecho, tampoco es muy seguro plantear un parto vaginal.

La cesárea es la única vía posible, ya que el bebé no puede atravesar su propia placenta para nacer, pues está físicamente taponando la salida.

Otros tipos de placenta con anomalías

Existen algunas placentas, mucho más raras de ver, que presentan anomalías:

  • Placenta acreta: Se inserta demasiado dentro, en la capa interna del útero, y puede llegar a atravesarlo.
  • Placentas bilobuladas: Se encuentra dividida en dos.
  • Placentas circunvaladas: Se caracterizan por la unión de las membranas y una depresión central con zona anular blanquecina engrosada.

Habitualmente, el cordón umbilical se inserta en el centro de la placenta, pero a veces puede estar en un lateral (placenta con cordón de inserción marginal o placenta de raqueta) o en las membranas amnióticas (inserción velamentosa). Esto último puede suponer riesgos importantes, especialmente para el bebé.

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Tamaño de la placenta

La placenta va aumentando en tamaño según avanza la gestación. Sin embargo, su diámetro suele oscilar entre los 15 y los 25 centímetros (su tamaño medio es de 18,5 cm), con un espesor de 3 centímetros y un peso aproximado de unos 500 gramos.

La placenta grande se da en aquellos casos de eritroblastosis fetal (afección que hace que los glóbulos rojos de un bebé no sean los suficientes), sobrepasando el 50% del tamaño del feto.

Funciones de la placenta

La placenta es el órgano a través del cual el bebé obtiene el alimento y el oxígeno que necesita para vivir y crecer en el útero. Su labor es fundamental, pero las mujeres no sabemos demasiado de ella.

Se desarrolla de las mismas células provenientes del espermatozoide y el óvulo que dieron lugar al feto.

Existen distintos tipos de placenta entre los mamíferos, pero la humana es de tipo hemocorial (o discoidal), lo que quiere decir que el tejido fetal penetra el endometrio hasta el punto de estar en contacto con la sangre materna.

Se trata de un órgano compartido, tanto de la madre como del bebé, y a través de él circulan partículas de ambos en ambas direcciones.

Sirve de filtro, pero hay sustancias que consiguen penetrar en la placenta, como por ejemplo las drogas, por eso muchos medicamentos están prohibidos en el embarazo.

Tiene forma de galleta redonda y aplastada, es mucho más fina que otros tipos de placenta, puesto que sólo tiene tres capas (sincitiotrofoblasto, conjuntivo y endotelio vascular fetal).

El tipo de placenta y el grosor de la membrana o barrera placentaria están muy relacionadas con el paso de sustancias de la madre al feto, así, existe una clara relación, inversamente proporcional al grosor de la placenta, en el paso transplacentario de ciertas sustancias.

La madre proporciona al feto oxígeno, agua y principios inmediatos; y el feto cede a la madre el dióxido de carbono procedente de la respiración, y otros metabolitos (por ejemplo, la urea).

Funciones protectoras: permite el paso de los anticuerpos de la madre al feto, con mecanismos que previenen la aparición de daños oxidativos, el ataque de compuestos tóxicos, tanto endógenos como exógenos, etc.

La placenta además segrega sus propias sustancias para crear el mejor entorno para el feto hasta que esté listo para nacer.

La placenta es un órgano efímero, es decir que tiene una duración determinada, esto es lo que dura el embarazo. Por eso a medida que se acerca la fecha del parto es normal que la placenta comience a envejecer, ésto no quiere decir que deje de funcionar, hay placentas perfectamente funcionales en la semana 41 y en la semana 42, pero sí es cierto que a partir de la semana 40 hay que hacer controles más exhaustivos para asegurarse del buen funcionamiento de la placenta.

A través de la ecografía doppler se controlan las arterias umbilicales para asegurarse de que el flujo de sangre y por ende los nutrientes y el oxígeno están llegando adecuadamente al bebé.

La placenta penetra en el útero materno por lo que en el momento de su salida se produce una pérdida de sangre por los vasos sanguíneos maternos que quedan abiertos en la zona donde la placenta estaba anclada.

La placenta es un órgano que se crea única y exclusivamente para el embarazo, se une a la pared del útero y de ahí surge el cordón umbilical.

La placenta es el escudo protector de nuestro bebé. Tiene una importante función inmunológica frente a las infecciones y es capaz de filtrar la sangre con el fin de eliminar sustancias nocivas peligrosas para el bebé.

Tipos de placenta según su posición

  • Placenta normoinserta: Se inserta en la parte superior, lateral, delantera o trasera del útero.
  • Placenta previa total: La placenta cubre por completo la abertura del cuello uterino.
  • Placenta previa parcial: El cuello uterino está parcialmente taponado por la placenta.

Diagnóstico de la posición de la placenta

El ginecólogo es el que va a diagnosticar a través de una ecografía la posición de la placenta.

Es habitual que con una placenta previa con síntomas, tu ginecólogo te paute reposo absoluto en cama, o disminuir la actividad física a partir de la semana 20 e incluso evitar la práctica deportiva en muchas ocasiones.

En muchas ocasiones si se ha diagnosticado en el 1º o 2º trimestre puede que con el crecimiento del útero se desplace y suba hasta ser una placenta normoinserta.

Expulsión de la placenta

La placenta se expulsa después del nacimiento del bebé, en el periodo llamado 'alumbramiento'.

La placenta se desprende de la pared uterina y es expulsada junto con las membranas amnióticas.

Este proceso puede ocurrir entre 10 y 30 minutos después del parto, aunque en algunos casos puede tardar hasta una hora o más.

Para facilitar la expulsión de la placenta se hace un alumbramiento dirigido, que consiste en la administración de oxitocina una vez se ha desprendido el hombro anterior del feto.

Posteriormente a la expulsión fetal, el ginecólogo realiza una suave tracción del cordón umbilical para comprobar el desprendimiento de la placenta.

Es fundamental asegurar que la placenta se expulse completamente para evitar posibles complicaciones.

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