Los Dones del Espíritu Santo para Niños: Una Explicación Detallada

01.11.2025

Hay numerosas menciones a los Dones del Espíritu Santo en las escrituras sagradas, mayoritariamente en el Nuevo Testamento. Vosotros sabéis que el Espíritu Santo constituye el alma, la savia vital de la Iglesia y de cada cristiano: es el Amor de Dios que hace de nuestro corazón su morada y entra en comunión con nosotros. El Espíritu mismo es «el don de Dios» por excelencia (cf. Jn 4, 10), es un regalo de Dios, y, a su vez, comunica diversos dones espirituales a quien lo acoge.

La Iglesia enumera siete, número que simbólicamente significa plenitud, totalidad; son los que se aprenden cuando uno se prepara al sacramento de la Confirmación y que invocamos en la antigua oración llamada «Secuencia del Espíritu Santo».

Los dones espirituales son habilidades especiales que Dios nos regala a sus hijos para la edificación de su Iglesia y nuestra santificación. La tradición teológica cristiana, ha resaltado, desde hace mucho, el importante papel de los siete dones del Espíritu Santo en la santificación del alma.

En el camino a la Santidad, la iniciativa y la actividad principal es divina: por inspiración del Espíritu Santo. La respuesta del cristiano, en docilidad, para dejarse conducir por dicha divina inspiración, es el determinante para la propia santificación. Esto resulta en una maravilla, puesto que es Dios mismo quien ha enviado a Su Espíritu Santo para santificarnos. Así que tenemos lo necesario para alcanzar la santidad en la palma de nuestras manos.

Oremos juntos para que sea el Espíritu Santo quien ilumine nuestro camino, por medio de sus dones, y nos ayude a ser mejores cristianos, de la mano de Jesús y María.

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El Primer Don: Sabiduría

El primer don del Espíritu Santo, según esta lista, es, por lo tanto, la sabiduría. Pero no se trata sencillamente de la sabiduría humana, que es fruto del conocimiento y de la experiencia. En la Biblia se cuenta que a Salomón, en el momento de su coronación como rey de Israel, había pedido el don de la sabiduría (cf. 1 Re 3, 9). Y la sabiduría es precisamente esto: es la gracia de poder ver cada cosa con los ojos de Dios. Es sencillamente esto: es ver el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios. Esta es la sabiduría.

La sabiduría no es la cita de hechos. La sabiduría es un regalo que le permite a una persona entender las cosas desde el punto de vista de Dios. En otras palabras, la Sabiduría le permite a una persona reconocer la verdad.

Algunas veces vemos las cosas según nuestro gusto o según la situación de nuestro corazón, con amor o con odio, con envidia… No, esto no es el ojo de Dios. La sabiduría es lo que obra el Espíritu Santo en nosotros a fin de que veamos todas las cosas con los ojos de Dios. Y obviamente esto deriva de la intimidad con Dios, de la relación íntima que nosotros tenemos con Dios, de la relación de hijos con el Padre. Y el Espíritu Santo, cuando tenemos esta relación, nos da el don de la sabiduría.

El Espíritu Santo, entonces, hace «sabio» al cristiano. Esto, sin embargo, no en el sentido de que tiene una respuesta para cada cosa, que lo sabe todo, sino en el sentido de que «sabe» de Dios, sabe cómo actúa Dios, conoce cuándo una cosa es de Dios y cuándo no es de Dios; tiene esta sabiduría que Dios da a nuestro corazón. El corazón del hombre sabio en este sentido tiene el gusto y el sabor de Dios. ¡Y cuán importante es que en nuestras comunidades haya cristianos así! Todo en ellos habla de Dios y se convierte en un signo hermoso y vivo de su presencia y de su amor.

Y esto es algo que no podemos improvisar, que no podemos conseguir por nosotros mismos: es un don que Dios da a quienes son dóciles al Espíritu Santo. Dentro de nosotros, en nuestro corazón, tenemos al Espíritu Santo; podemos escucharlo, podemos no escucharlo. Si escuchamos al Espíritu Santo, Él nos enseña esta senda de la sabiduría, nos regala la sabiduría que consiste en ver con los ojos de Dios, escuchar con los oídos de Dios, amar con el corazón de Dios, juzgar las cosas con el juicio de Dios. Esta es la sabiduría que nos regala el Espíritu Santo, y todos nosotros podemos poseerla.

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El Segundo Don: Entendimiento

La comprensión es el segundo don del Espíritu Santo, y las personas a veces tienen dificultades para comprender (sin juego de palabras) cómo difiere de la sabiduría. Mientras que la sabiduría es el deseo de contemplar las cosas de Dios, la comprensión nos permite comprender, al menos de manera limitada, la esencia misma de las verdades de la fe católica.

El Tercer Don: Consejo

El don del consejo también se conoce como un don del juicio correcto. El consejo, el tercero de los Dones del Espíritu Santo, es la perfección de la virtud cardinal de la prudencia. La prudencia puede ser practicada por cualquiera, pero el consejo es sobrenatural. A través de este don del Espíritu Santo, podemos juzgar la mejor manera de actuar casi por intuición.

Consejo: nos ayuda a discernir qué tenemos que hacer en nuestros momentos de duda. Este Don nos ilumina para saber qué es lo que Dios quiere de nosotros.

El Cuarto Don: Fortaleza

El Don de la Fortaleza también se conoce como el del Valor. A través de este don, una persona ya no tiene miedo de defender a Dios y sus verdades.

Fortaleza: Nos ayuda a seguir los caminos de Dios, a pesar de nuestras debilidades humanas.

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El Quinto Don: Ciencia

El Don de la ciencia le permite a una persona comprender el significado y el propósito que Dios tiene para él y vivir de acuerdo con este significado. Se diferencia de la sabiduría en que es una acción, no solo un deseo de estar a la altura de los caminos de Dios.

Ciencia: es la capacidad de descubrir a Dios en todo lo creado; en la pequeñez y en la inmensidad. Además, nos ayuda a buscar la felicidad en la única fuente perpetua: Dios.

El Sexto Don: Piedad

La piedad, el sexto don del Espíritu Santo, es la perfección de la virtud de la religión. Aunque tendemos a pensar en la religión hoy como los elementos externos de nuestra fe, realmente significa la voluntad de adorar y servir a Dios.

Piedad: nos ayuda a intensificar nuestra relación con Dios, a través del buen trato a los demás.

El Séptimo Don: Temor del Señor

El Don del Temor del Señor pone a Dios en la perspectiva adecuada. Una persona con este don comprende la grandeza y la maravilla del Señor. Quieren servirle por quién es. Una persona con el don del temor del Señor comprende quiénes son y por qué están aquí en relación con Dios; En otras palabras, todo lo que son se debe a la maravilla, el amor, la gracia y la perfección de Dios. Dependen totalmente del Señor como un niño lo es para un padre. El don del temor del Señor es el comienzo de la sabiduría.

Temor de Dios: nos impulsa a temer ofender a nuestro Padre Creador, dejando de corresponder la forma en que Él nos ama.

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