Efectos Secundarios de la Amoxicilina en Niños

25.10.2025

Los antibióticos son uno de los tratamientos médicos más prescritos y ayudan a salvar vidas al ser eficaces en caso de infecciones bacterianas. Pero, como cualquier medicamento, pueden tener algunos efectos secundarios.

Los antibióticos son medicamentos recetados que ayudan a tratar las infecciones causadas por bacterias, tanto en niños como en adultos. Esto significa que los antibióticos únicamente funcionan, por tanto, para el tratamiento de infecciones bacterianas. De manera que no son útiles para las infecciones causadas por virus, que en la mayoría de los casos suelen incluir: resfriado común, mucosidad, tos, bronquitis y gripe.

Esto significa que no son útiles para tratar infecciones víricas, de manera que no es aconsejable la automedicación con este tipo de fármacos, puesto que si se toman cuando en realidad no es necesario, o se toman mal, pueden acabar causando una peligrosa resistencia a los antibióticos y ocasionar que, cuando verdaderamente se necesite consumirlos, no sean eficaces.

No obstante, una de las cuestiones que más preocupa a las mamás y a los papás a la hora de seguir un tratamiento antibiótico en sus hijos son los efectos secundarios y adversos que éstos podrían ocasionar en el pequeño.

Efectos Secundarios Comunes en Niños

La mayoría de los antibióticos suelen causar malestar estomacal, así como otros efectos secundarios gastrointestinales. Estos efectos pueden incluir desde náuseas a vómitos, pasando también por la diarrea. Algunos antibióticos, como por ejemplo podría ser el caso de las penicilinas (cuya administración es muy común en los niños), pueden causar un mayor malestar estomacal, en comparación con otros antibióticos.

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¿Qué podemos hacer?

Debes preguntarle al pediatra si el pequeño debe tomar el antibiótico acompañado de alimentos. Los efectos secundarios causados por la amoxicilina y la doxiciclina pueden reducirse si se consume algún alimento con ellos. Sin embargo, este consejo no funciona con todos los antibióticos. Es lo que sucede con la tetraciclina, que debe ser consumido con el estómago vacío.

¿Cuándo llamar al médico?

Si el antibiótico causa diarrea leve, ésta suele desaparecer una vez se deja de tomar el medicamento (por ejemplo, porque el tratamiento ha acabado). No obstante, cuando la diarrea es severa, puede causar: dolor abdominal, calambres, fiebre, náuseas y la presencia de moco o sangre en las heces. Estos síntomas pueden ser causados por un crecimiento excesivo de bacterias dañinas en los intestinos. Y, si aparecen, lo más adecuado es llamar al médico, o acudir a su consulta.

Fiebre Causada por Antibióticos

Aunque no lo creas, la fiebre es un efecto secundario muy habitual de muchos medicamentos, incluyendo también los antibióticos. Y puede presentarse como consecuencia de un efecto secundario negativo, o debido a una reacción alérgica. En cualquier caso, es más común con los siguientes antibióticos: minociclina, sulfonamidas, betalactámicos y cefalexina.

¿Qué hacer?

Si el pequeño tiene fiebre mientras toma el antibiótico es bastante probable que ésta tienda a desaparecer por sí sola. Pero si la fiebre no desaparece después de 24 a 48 horas, lo más aconsejable es preguntar al médico si es necesario tomar algún analgésico con el fin de reducir la fiebre.

¿Cuándo llamar al médico?

Especialmente cuando se presenta alguna erupción cutánea, dificultad para respirar, o si la fiebre es superior a los 40 ºC.

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Fotosensibilidad

La fotosensibilidad consiste en la sensibilidad a la luz ultravioleta del sol. Cuando se toma un antibiótico, como ocurre con la tetraciclina, es posible que el cuerpo se vuelva más sensible a la luz, lo que puede causar que la piel se vuelva más propensa a las quemaduras solares, o que la luz moleste más en los ojos. En cualquier caso, como ocurre con el resto de efectos secundarios, la fotosensibilidad suele desaparecer después de que el pequeño termine de tomar el antibiótico.

¿Qué hacer?

Durante el tratamiento antibiótico lo más común es que el niño, al estar enfermo, descanse en casa hasta que se recupere por completo. De no ser así, y si el pequeño se siente mejor (pero debe seguir con el tratamiento), entonces es necesario tomar algunas precauciones si empieza a salir a la calle. Lo más adecuado es utilizar un protector solar con protección UVA y UVB, y usar si es necesario un sombrero y gafas de sol.

Dermatitis del Pañal

La dermatitis del pañal suele ser un efecto secundario común que puede aparecer cuando el bebé o el niño pequeño sigue un tratamiento a base de antibióticos. Esta dermatitis puede hacer que la piel del bebé se enrojezca, escame y duela.

¿Qué hacer?

Si aparece dermatitis del pañal, lo más adecuado es cambiarlo más a menudo, y cambiarlo por otro nuevo apenas se encuentre mojado o sucio. Además, es recomendable limpiar suavemente el área del pañal con un poco de agua y jabón neutro, y secar luego la zona con una toalla suave (y sin frotar). Además, la vaselina o las cremas con óxido de zinc pueden ayudar a proteger la piel de la humedad, y aliviar los síntomas.

Sobredosis de Amoxicilina

Existe una sobreutilización a nivel comunitario de amoxicilina. Así lo corroboran datos proporcionados por el European Centre for Disease Prevention and Control relativos al consumo de antibacterianos sistémicos en la comunidad en Europa durante 2020 (España fue el sexto país europeo con mayor consumo de antibióticos). Como resultado de este uso excesivo, no solo aumenta el riesgo de selección de bacterias resistentes, sino también la probabilidad de intoxicación como consecuencia de errores en su dosificación o accidentes.

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En urgencias pediátricas, las consultas tras una posible intoxicación por cualquier causa suponen en torno al 0,3%, y dentro de las intoxicaciones farmacológicas, los fármacos más habituales son el paracetamol y los antihistamínicos (aproximadamente un tercio de las intoxicaciones medicamentosas).

Estudio unicéntrico observacional y retrospectivo, realizado en un hospital de tercer nivel, con una media anual aproximada de 50.000 urgencias pediátricas. Se seleccionaron los pacientes menores de 16 años atendidos en el servicio de urgencias pediátricas por sobreingesta de amoxicilina entre enero de 2011 y diciembre de 2021.

Durante el periodo de estudio, se atendieron en torno a 2.000 urgencias secundarias a intoxicaciones (0,35% del total de urgencias pediátricas). El 46% fueron secundarias a medicamentos. Un total de 17 pacientes (0,9%) consultaron por sobreingesta de amoxicilina. Dos fueron excluidos al no haber ingerido una dosis superior a la dosis máxima recomendada (ambos 50 mg/kg tras ingesta accidental).

La mediana de edad fue de 3,8 años (RIC 1,9), y el 80% (12/15) tenían entre 1 y 5 años. El 80% (12/15) recibieron una única dosis del fármaco. La mediana de tiempo de llegada a urgencias desde la sobreingesta fue de 2,1 horas (RIC 2,7). Todos los pacientes estaban asintomáticos, con exploración física normal. En 11 casos (73,3%) se contactó con el Instituto Nacional de Toxicología para asesoramiento.

Se realizó analítica sanguínea en 7 (46,6%); la dosis mediana de amoxicilina en este grupo (263,1 mg/kg; RIC 126,4) fue superior a la de aquellos en los que no se solicitó analítica (177,1 mg/kg; RIC 143,7), aunque sin diferencia estadísticamente significativa (p = 0,28). Ningún paciente presentó hepatotoxicidad, datos de insuficiencia renal o alteraciones electrolíticas.

Se administró carbón activado en 5 pacientes (33,3%). La mediana de tiempo desde la ingesta hasta su administración fue de 1 hora (RIC 1,2), y en ningún caso fue superior a 3 horas. Todos los pacientes fueron dados de alta (la paciente con intento autolítico fue valorada por psiquiatría durante su estancia, con alta posterior).

En nuestra serie de casos hemos analizado las manifestaciones clínicas y analíticas relacionadas con la sobreingesta de amoxicilina en pacientes pediátricos.

Los jarabes y suspensiones son la forma farmacéutica de elección en niños, gracias a sus ventajas (mayor biodisponibilidad, menor efecto irritante gástrico, fácil ingestión y dosificación). Sin embargo, presentan inconvenientes. La forma de presentación de amoxicilina más común en nuestro país es la suspensión de polvo seco (250 mg/5 ml). Esta preparación requiere un proceso de reconstitución que debe realizarse correctamente.

Berthe-Aucejo et al. analizaron los errores de reconstitución y preparación de los medicamentos orales líquidos administrados por los cuidadores a los niños, encontrando hasta un 46% de errores en la preparación de la amoxicilina. En nuestra serie, dos niños recibieron la dosis de amoxicilina directamente en forma de polvo sin reconstituir.

La sintomatología inicial esperable tras una sobreingesta de amoxicilina, en caso de producirse, es de perfil gastrointestinal (náuseas, vómitos y diarrea), pudiendo también presentarse a dosis terapéuticas. También se describe la posibilidad de nefritis intersticial, cristaluria y convulsiones tras una sobredosis (estas últimas tras altas dosis intravenosas o intraventriculares).

Algunos autores han descrito efectos adversos renales tanto con dosis adecuadas, como con sobredosificación superior a 500 mg/kg. Al igual que con otros antibióticos, se han descrito casos de formación de cristales en orina por amoxicilina. La morfología de estos cristales es característica, con forma de “aguja” o “manojos de trigo”.

Su presencia puede ser asintomática o cursar con dolor abdominal, lumbar o hematuria, con posible progresión hacia insuficiencia renal. Las consecuencias renales tras la ingesta de amoxicilina podrían ser debidas a su cristalización en los túbulos renales, por toxicidad celular directa o vasoconstricción por mecanismo de hipersensibilidad.

La aparición de insuficiencia renal se ha descrito en niños tras ingestas accidentales de grandes cantidades y en adultos con dosis altas intravenosas, aunque la frecuencia es muy baja. En un análisis retrospectivo sobre las ingestas notificadas al estadounidense National Poison Data System, de 14.717 exposiciones a amoxicilina en menores de 6 años, solo 5 (0,03%) sufrieron alteraciones renales, resolviéndose todas en menos de 3 días con sueroterapia únicamente. Además, en solo 2 casos estaba confirmada una ingesta superior a 250 mg/kg.

No hemos encontrado guías nacionales o internacionales para estos casos, probablemente debido al buen perfil de seguridad, y hemos observado una gran variabilidad en el manejo en urgencias.

La aparición tan esporádica de la sintomatología comentada y tras la ingesta de dosis muy diferentes sugiere un mecanismo idiosincrásico, difícil de anticipar.

La disparidad en cuanto a la realización de pruebas complementarias de nuestros casos pudo tener varias justificaciones. En primer lugar, la dosis recibida podría haber condicionado la solicitud de analítica sanguínea (la dosis ingerida en este grupo fue superior). A pesar de contactar en 11 casos con el Instituto Nacional de Toxicología, la actitud tampoco fue uniforme. Por último, nuestro servicio de urgencias no dispone de un protocolo de actuación específico para estas situaciones.

Las limitaciones principales de nuestro trabajo son el carácter retrospectivo y unicéntrico, junto al limitado número de pacientes. Por otro lado, tras la atención en urgencias, no se realizó seguimiento.

En conclusión, en nuestro estudio la sobredosificación de amoxicilina no se relacionó con la aparición de efectos adversos. La falta de protocolos de actuación favoreció la variabilidad en el manejo de estos pacientes.

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