¿El Criminal Nace o Se Hace? Un Análisis de las Teorías Criminológicas
La Criminología, desde sus inicios en el siglo XIX, ha buscado explicar los factores que influyen en la comisión de delitos. A través de la historia de la humanidad, siempre han existido criminales patológicos, tal vez no se catalogaban con los términos conocidos hoy en día, pero existían. Hay muchas formas de describir a un criminal, no importando cuál sea el término, la pregunta es ¿un criminal nace o se hace? Como definición podemos decir, que es la ciencia que estudia la relación entre el crimen y los trastornos psicológicos. Desde que nació esta ciencia, el objetivo principal era deducir si un criminal nace o se hace. Hay muchas teorías al respecto, unas más comprobables que otras, unas más ciertas que otras.
Los Primeros Enfoques: Cesare Lombroso y la Teoría del Criminal Nato
El primero en formular sus hipótesis fue Cesare Lombroso, considerado el padre de la Criminología. Lombroso, médico de profesión, estudió morfológicamente a varios de sus pacientes, la mayoría delincuentes. Estaba convencido de que la capacidad de delinquir residía en el cerebro y en su forma, que a su vez moldeaba el cráneo y hacía visibles las características delictivas. Fue defensor a ultranza de que el ser delictivo estaba un escalón por debajo en la evolución y eso se podía ver con los propios ojos. La forma de su cara también jugaba un papel importante en sus averiguaciones. Mantenía que “la nariz era frecuentemente achatada o respingada en los ladrones. Los asesinos, en cambio, suele ser aguileña como el pico de un ave de presa”. También puso especial atención en las orejas, ya que decía que “las orejas del criminal, muy a menudo, son de gran tamaño”.
Con este estudio se presentó por primera vez al criminal como un ser que nace así. Que lo lleva escrito en su propio ser, vamos.
Las teorías de Lombroso sirvieron para poner el foco de atención en la importancia de factores biológicos, sociales, económicos y psicológicos en la comisión de un delito. Aunque sus postulados estuvieron vigentes durante años, fueron superados en el siglo XX por los investigadores que desarrollaron la criminología moderna y fijaron sus estudios en la criminalización, el ambiente y cómo influye en el delincuente, además de en la víctima, a partir un enfoque de ciencia empírica y multidisciplinar.
Los 6 criminales de Lombroso
La obra de 1876, Tratado antropológico experimental del hombre delincuente de Cesare Lombroso, divide en seis categorías los tipos de criminales:
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- Criminal nato: Este tipo de delincuente tiene unos rasgos físicos concretos como un cráneo pequeño, la frente hundida o un abultamiento de la parte inferior de la cabeza. A nivel psicológico, destaca su carácter impulsivo, cruel, con falta de sentido moral e insensible.
- Delincuente loco moral: Físicamente, este criminal tiene un cráneo con una capacidad igual o superior a la normal, pero suele tener una mandíbula voluminosa. Los rasgos distintivos se encuentran sobre todo a nivel psíquico: personas antipáticas, egoístas, vanidosas e inteligentes, así como crueles e indisciplinadas.
- Delincuente epiléptico: Para Lombroso, la epilepsia es un rasgo de criminalidad y considera a los delincuentes que la padecen como más peligrosos que los locos morales. Vagos, destructivos, muy violentos y con tendencia al suicidio.
- Delincuente pasional: En este caso, Lombroso no fija rasgos físicos concretos, pero sí una horquilla de edad, entre los 20 y los 30 años. Más de un tercio de los delincuentes pasionales son mujeres, según el médico italiano. En general, muestran conmoción tras el acto criminal y tienden a confesar y suicidarse tras realizarlo.
- Delincuente loco: Este tipo de delincuentes son enfermos mentales que no son responsables de sus actos al carecer de capacidad de razonamiento. Hay tres tipos de delincuentes locos: el histérico, el alcohólico y el mattoide. Este último es el que delinque por impulso, cruzando la línea de la cordura y la locura.
- Delincuente ocasional: Lombroso divide esta categoría en tres subtipos:
- Pseudo-criminales: son aquellos que cometen delitos involuntarios y menores como pueden ser hurtos, incendios o actos en defensa del honor.
- Criminaloides: este tipo de personas tienen empatía y cometen delitos que no cometerían en una situación normal presionado por las circunstancias.
- Habituales o profesionales: son las personas que delinquen desde la infancia. Las circunstancias personales les impulsan a cometer más delitos hasta convertirse en profesionales.
La Influencia del Entorno Social
Las nuevas escuelas criminológicas introdujeron conceptos como lo social en la conducta de un sujeto criminal. No es que se desecharan los factores biológicos de una patada. Se seguían teniendo en cuenta, pero con un peso mucho menos mayor. Al principio de introducir lo social, es decir, las relaciones del individuo con el entorno, se pensaba que la capacidad para que una persona tuviera tendencias criminales era hereditaria. Se demostró mediante estudios sociales que en, por ejemplo, la delincuencia juvenil influía el medio en el que vivía la persona y el tipo de vínculo que llegaba a realizar con personas que también se inclinaban por el mismo camino.
Estas asociaciones, se alimentaban con reciprocidad y generaban individuos delincuentes. Por explicarlo de otro modo, uno no sabe robar un coche así porque sí, necesita que alguien lo enseñe a hacerlo y, además, que se genere en él la necesidad de cometer el acto. Esto llevó la delincuencia a otro plano y la concepción del delincuente cambiaba por completo.
Factores Familiares: la familia es muy importante en las primeras etapas de desarrollo de un individuo, sobretodo en la socialización. Va a depender mucho si es una familia numerosa, si hay ausencia de los progenitores, el estilo de crianza, si hay autoritarismo o permisividad, influye también el ambiente familiar. Factores Escolares: la escolaridad es muy importante, ya que es ahí donde se refuerzan los principios inculcados en el hogar. Además se adquieren y se conocen nuevas experiencias que influirán a lo largo de la vida. También se pueden adquirir malos hábitos o malas experiencias, como el fracaso escolar, competitividad, individualismo. Como vemos, tanto en el hogar como en la escuela, se entregan enseñanzas que marcarán la vida de la persona, tanto positiva como negativamente. Factores Ambientales: el ambiente en el que crece el individuo es muy importante, lo que antes se decía es que, a más clase social menos probabilidad de ser delincuente y fue demostrado con estadísticas. Por lo tanto, lo que se deducía era que en la clase social baja existían más delincuentes. Hoy se dice, que la influencia del ambiente en el criminal ocurre mediante su grupo de pares, en la familia, con los amigos. Medios de Comunicación: la información que entregan estos medios influye en la percepción de las personas en riesgo.
El Cerebro del Asesino: Los Estudios de Adrian Raine
Con la aparición de los escáneres por resonancia magnética, se podía medir la actividad cerebral en determinadas situaciones. El primer estudio fue realizado por el neurocientífico inglés Adrian Raine en California (EEUU). Raine analizó el cerebro de 41 asesinos que estaban recluidos en la cárcel. El resultado fue que el área prefrontal de su cerebro mostraba un funcionamiento muy bajo comparado con el de individuos normales. Ese área es la que controla los impulsos de matar a una persona durante un episodio de ira. El propio Raine lo definió como “el ángel guardián del comportamiento y sin él, el diablo toma el mando”.
El primero que le dio la razón fue Donta Page, un individuo que había matado de manera brutal a una joven de veinticuatro años. Estudiando acerca de su pasado, comprobó cómo había sufrido malos tratos siendo bebé. Su madre le pegaba con cables de electricidad, zapatos, revistas dobladas o cualquier cosa que tuviera a mano.
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Factores Genéticos y la Enzima MAOA
En 1993, se decidió investigar a una familia holandesa en la que todos sus miembros tenían comportamientos violentos. Tras quince años de comprobaciones, se llegó a la conclusión de que a todos sus miembros les faltaba un mismo gen. Un gen que producía una enzima llamada MAOA que es la encargada de regular los niveles de neurotransmisores involucrados en el control de los impulsos. Se estableció que las personas que carecían de dicho gen y, por lo tanto, de la enzima, estaban más predispuestas a desarrollar un comportamiento violento.
La activación de este gen, conocido como el gen del guerrero[6], depende de lo que ocurra durante la infancia. Si se carece de él o si presenta una actividad baja como consecuencia de una infancia marcada por el maltrato, la tendencia al crimen se acentúa.
Factores Genéticos: ciertos comportamientos antisociales tienen una base genética.
La Interacción de Factores Biológicos y Sociales
En 2005, el científico James Fallon comparaba unas tomografías de asesinos con muestras propias que tenía en su laboratorio. Lo curioso, era que, aunque las comparaba sin nombre, todas ellas eran de miembros de su familia. Incluido él. Cumplía todos los requisitos para ser un asesino violento según estas hipótesis. Pero él no era. Una vez más se demostró que faltaba algo más. Es aquí donde de nuevo entra lo social.
Entre un 10% y un 15% de las personas nace con una tendencia biológica a la violencia; en los demás casos, esta se explica por factores sociales. Somos biología, pero también somos cultura: la educación ayuda al cerebro a reconfigurar las ideas y los sentimientos que inducen a la violencia.
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El Asesino Nace y Se Hace: Una Conclusión Multifactorial
Todo esto nos lleva a una conclusión. El asesino nace y se hace. Queda así respondida la pregunta que durante tanto tiempo se hizo el hombre. En España no hace falta irnos demasiado lejos para comprobar que el segundo factor es tan importante como el primero. Al fin y al cabo, respondían de la única manera que habían vivido. De todas formas, hemos visto los casos en los que un maltrato infantil ha derivado en un comportamiento criminal violento (ojo, que hemos matizado que no todo acaba así); pero no hemos visto si han surgido asesinos de extrema violencia sin haber pasado por todo eso. La respuesta es sí.
Un caso concreto que me viene a las teclas es el de Jeffrey Dahmer, más conocido como “El Carnicero de Milwaukee”. Resumiendo mucho, mató a diecisiete personas. Pero no sólo eso, abusó de menores, practicó la necrofilia y el canibalismo. Casi nada. Bien, pues en el caso de Dahmer su infancia se podría relatar como idílica. Con unos padres que lo adoraban, de niño no le faltó de nada. Además, recibió una educación muy correcta. Quizá el hecho que lo desestabilizó fue que su padre, debido a su trabajo, era trasladado constantemente y eso hacía que el niño se descolocara, pero lo cierto es que el factor del maltrato desaparece aquí por completo. Encontrar los factores que llevaron a Jeffrey a cometer tales actos nos llevaría un buen rato, pero aquí lo que importa es que no todo sigue siempre una lógica tajante. Mucho menos cuando abordamos los comportamientos anómalos de un ser humano. Y es que la mente es algo complejo y fascinante.
La neuróloga Debra Niehoff afirma que la violencia es el resultado de un proceso de desarrollo, una interacción entre el cerebro y el entorno. Si una persona cree que el mundo está en su contra y reacciona de forma exagerada a cada pequeña provocación, estas reacciones violentas irán más allá de su capacidad de control, porque está en modo de supervivencia. Por lo tanto el “cóctel criminal” está formado por factores neurológicos, psicológicos, una predisposición genética a la violencia y una infancia traumática. Biología más factores sociales y entorno. Lo que nos falta en este coctel, es saber “cuánta biología y cuanto entorno” debe mezclarse para que surja un depredador mortal.
Ojalá algún día podamos dar una respuesta cien por cien completa sobre qué lleva a un asesino a serlo. Por ahora, tendremos que conformarnos con lo que tenemos.
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