Cary Grant: El nacimiento de una leyenda del cine
Corría el año 1904 cuando, en Bristol (Inglaterra), el 18 de enero nació Archibald Alexander Leach. Aunque la historia de este hombre no comenzaría a escribirse hasta el año en que cumplió los 27. Fue entonces cuando puso rumbo a Estados Unidos, su patria de adopción hasta el fin de sus días, cambió su nombre por el de Cary Grant y pasó a convertirse en una de las estrellas más valiosas de todo Hollywood.
117 años después de su nacimiento, el actor sigue siendo no solo una leyenda del cine; también un icono de estilo. "El único hombre al que había amado" el mismísimo Alfred Hitchcock protagonizó algunas de las películas que ya forman parte de la historia. En La fiera de mi niña, Historias de Filadelfia, Mr. Lucky o Charada compartió cartel con las estrellas femeninas del momento, desde Audrey Herpburn, hasta Marlene Dietrich, pasando por Marilyn Monroe, Grace Kelly o Rita Hayworth.
Nunca ganó un Oscar. Ni falta que le hizo pues fue la estrella mejor pagada del Hollywood de la época y el hombre con más estilo de todos los tiempos. Se dice que el personaje de James Bond se inspira en parte en su innata elegancia y su sentido del humor agudo e inteligente. Desde luego que nadie ha llevado el esmoquin como él. Pero no solo eso, Cary Grant es el mejor referente de estilo en lo que a elegancia se refiere.
La década de los 40 en la que el traje de chaqueta y el sombrero eran de obligada etiqueta, favorecieron a ese halo de sofisticación y elegancia que siempre acompañó al actor. Una clase que no le abandonaba en sus citas más informales. Los pequeños detalles como los pañuelos de bolsillo o las bufandas, no faltaban en sus conjuntos.
Un estilo de plena actualidad que repasamos en el 29 de noviembre, aniversario de su muerte, a través de unas fotos que son pura inspiración, independientemente del año en el que las mires.
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El estilo inigualable de Cary Grant
A continuación, exploraremos algunos de los elementos clave que definieron el estilo de Cary Grant, demostrando por qué sigue siendo una fuente de inspiración en la moda masculina.
1. Con cazadora de cuero
Una imagen que no desentonaría para nada en cualquier catálogo de 2020 es esta en la que vemos a Cary Grant con cazadora de estilo aviador y pantalones de talle alto y corte recto.
2. El look perfecto para todo
Cary Grant ya sabía en 1935 cuáles eran las claves para un look infalible: un traje de chaqueta de corte impecable y un jersey de cuello vuelto. Nada más. Y nada menos.
3. La bufanda
Debería reivindicarse el uso de una buena bufanda como requisito de estilo imprescindible. Aquí una razón evidente para hacerlo y el ejemplo de cómo llevarla.
4. La americana de cuadros
Viendo esta imagen de Cary Grant resulta bastante evidente lo importantísimo que es tener en el armario una chaqueta de cuadros potente.
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5. Perfecto hasta sin calcetines
Sí, sabemos que en este mismo instante estás buscando prendas del estilo para copiar este look de Grant: americana, chaleco, camisa, pantalones de cuadros anchos y unos zapatos de cordones para llevar sin calcetines.
6. El abrigo con cinturón
El abrigo XL con cinturón al más puro estilo batín o cómo convertirlo en la pieza más especial de tu armario de invierno según Cary Grant.
7. En plan casual
En 1955 Cary Grant seguía siendo igual de elegante aunque se atrevía con looks más informales como este con camisa y pantalón en tonos tostados y mocasines a juego.
8. Sobresaliente en estilo
Viendo esta imagen resulta fácil adivinar por qué Cary Grant fue (y es) uno de los hombres más elegantes de la historia. Dicen que el personaje de James Bond se inspiró en él y nosotros creemos que el irresistible Don Draper de Mad Men, también.
9. Con camiseta de rayas
En Atrapa a un ladrón de Alfred Hitchcock pudimos disfrutar de los looks más relajados de Cary Grant. Conjuntos en negro o este con jersey de rayas finas nos daban otra imagen del siempre elegante actor.
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10. Una americana especial
Hazte con una americana que tenga un diseño especial y triunfarás. Palabra de Cary Grant.
11. La importancia del batín
Cary Grant nos recuerda en esta escena lo importante que es ir bien vestido cuando uno está en su casa. Es hora de rescatar el elegante batín de la época, ¿no crees?
12. Sí a la raya diplomática
Que todo hombre debería de tener un buen traje de raya diplomática es otra de las lecciones de estilo que Cary Grant nos deja.
13. El polo de rayas
El estilo marinero de una camiseta de rayas es algo que nunca pasará de moda y que combina con todo, tal y como nos muestra Grant en esta imagen de 1936.
14. El traje de color claro
Al más puro estilo Gran Gatsby, Cary Grant borda aquí el look de traje de chaqueta en color claro. Los zapatos blancos con puntera oscura son para nota.
15. Siempre de actualidad
Otra imagen que demuestra que el estilo de Cary Grant es eterno. “Cary Grant es el cielo al que todas las mujeres aspiraban”, afirmó en una ocasión la crítica de cine Pauline Kael.
El hombre detrás del mito
En sus más de 70 películas a lo largo de 4 décadas -entre ellas, clásicos como La pícara puritana, Encadenados, Atrapa a un ladrón, Tú y yo y Charada-, Grant fue, en palabras de Kael, “la pareja de nuestros sueños, no asexuado, pero sí sexy con una elegancia civilizada, sexy con misterio”.
Dyan Cannon, su cuarta esposa, coincidía con ella: “Cary Grant era glamour. Cary Grant era encanto. Cary Grant era clase, inteligencia, refinamiento… Cary Grant hizo de los modales, la cortesía y el estilo algo tan excitante como Humphrey Bogart una buena pistola".
Pero todos estos grandes superlativos le salieron muy caros al hombre al que sus padres llamaron Archie Leach, que trabajó sin descanso por estar a la altura de la imagen que tan concienzudamente creó él mismo. “El entusiasmo era un ingrediente importantísimo en la composición de Cary, y destacaba especialmente esa faceta en presencia de sus amigos. El otro lado era tan misterioso como la cara oculta de la luna", contaba su gran amigo, el actor británico David Niven.
Una tríada de libros relativamente recientes nos ayudan a desentrañar el misterio de la compleja figura detrás del hombre perfecto de mitad del siglo XX: Cary Grant: A Brilliant Disguise ("Cary Grant: un disfraz brillante", de Scott Eyman (2020), Dear Cary: My Life With Cary Grant ("Querido Cary: Mi vida con Cary Grant"), de Dyan Cannon, y Good Stuff: A Reminiscence of My Father, Cary Grant ("De lo bueno lo mejor: Un recuerdo de mi padre, Cary Grant") de Jennifer Grant, ambos de 2011.
“Es un personaje completamente inventado y yo estoy interpretando un papel. Uno que llevo mucho tiempo interpretando, pero de ninguna manera soy Cary Grant, en realidad. En una coasión, un amigo me dijo que siempre quiso ‘ser Cary Grant’, y yo le respondí 'pues ya somos dos", decía el propio Grant.
Un chico de Bristol
Parece sacado de un cuento de Dickens. Archibald Alexander Leach nació el 18 de enero de 1904 en la gélida y gris Bristol, en Inglaterra. Su padre, Elias, era un prensador de sastre alcohólico que iba siempre hecho un pincel. Su madre, Elsie, era una mujer hermosa, controladora y de nervios delicados que tenía completamente asfixiado a su hijo.
“Jamás viví un solo momento feliz junto a ellos mientras vivimos bajo el mismo techo. Eso es un hecho. Es la verdad", recordaba Grant, según Eyman.
En 1915, Elias internó a Elsie en el lúgubre manicomio estatal de Fishponds por su supuesta inestabilidad mental. Elias no le contó nunca qué le había sucedido a su madre a su hijo de 11 años, dando pie a que el pequeño Archie diera por hecho que, o bien había muerto o le había abandonado. Tal y como era de esperar, la desaparición de Elsie marcó profundamente al pequeño Archie
“Me lavaba constantemente, un hábito que arrastré hasta bien entrada la edad adulta con la creencia subconsciente de que, si me frotaba lo suficiente por fuera, tal vez podría limpiarme por dentro”, recordaba el actor.
Archie, tremendamente necesitado de cariño, no tardó en encontrar la calidez que buscaba en un teatro de su localidad, en el que se convirtió en el chico de los recados y donde halló una alegre familia adoptiva a la que aferrarse. En 1918, el joven se hizo aprendiz de la compañía Bob Pender Troupe y poco después dejó atrás Bristol, recorriendo el circuito del vodevil en calidad de saltimbanqui.
Pero su pasado sórdido le dio alcance en 1936, cuando su padre moribundo se puso en contacto con la joven estrella hollywoodiense en alza, ya conocida como Cary Grant, para que volviese a Bristol. Una vez allí, no solo le dijo que su madre estaba viva, sino que seguía languideciendo en un hospital psiquiátrico. Ese mismo año le dieron al fin el alta. Grant, siempre desesperado por la aprobación de su distante madre, la mantuvo hasta su muerte, en 1973. “¿Cree que le quiere?", le preguntó Cannon en una ocasión. Grant respondió: “Creo que quiso a Archie”.
El hombre ideal
Si bien en ocasiones peca excesivamente de verborrea psicológica, algo a lo que era muy aficionado el propio Grant, Brilliant Disguise de Scott Eyman es una excelente narración imparcial de la vida de Grant, y en particular de sus primeros años de penurias como acróbata, titiritero y cómico en los últimos días de gloria del vodevil.
En 1920, Leach se marchó a Nueva York para hacer una gira con Bob Pender y sus saltimbanquis. Eyman pinta el retrato de un joven observador y curioso que supo empaparse de las enseñanzas de colegas tan brillantes como el diseñador Orry Kelly, George Burns, Gracie Allen, Jack Benny, y Faye Wray.
“Cuando empecé era muy consciente de mi falta de formación. No quería que se notase, así que me inventé un acento… el resto se lo robé a Noel Coward".
A finales de la década de 1920, el increíble atractivo de Leach y su elegante encanto le valieron sus primeros papeles en varios espectáculos de Broadway. En 1931 llegó a Hollywood y cambió su nombre por el de Cary Grant. "Nunca antes había visto un actor más nervioso e inquieto", recordaba Jimmy Stewart, su coprotagonista en Historias de Filadelfia, citado por Eyman.
Cuando no estaba trabajando, el económicamente parco Grant se pasaba el tiempo probando las últimas tendencias de bienestar, leyendo libros de autoayuda y entreteniendo a sus amigos con sus consejos y preocupaciones interminables.
Sus relaciones con sus primeras tres esposas (entre ellas, la heredera marcada por la tragedia Barbara Hutton) y aventuras con Ginger Rogers y Sophia Loren a menudo se complicaban por sus problemas de abandono y obsesión por el control y la perfección.
La extraña pareja
Cuando Dyan Cannon, una efervescente starlet de espíritu libre, le conoció a finales de 1961, él ya era una superestrella bronceada con una larga carrera a sus espaldas -además de sacarle tres años a su padre-.
“Ni había ni he visto a nadie que irradie tal belleza masculina, propia de una deidad. Dio un paso adelante, tendiéndome la mano. Apenas pude respirar", contaba la propia Cannon.
Si Brilliant Disguise es una biografía analítica y directa, entonces Dear Cary no son sino unas memorias emotivas, íntimas y llenas de espontaneidad, una suerte de novela de crecimiento escrita por la espiritual y excéntrica Cannon, estrella de filmes como El cielo puede esperar, Bob, Carol, Ted y Alice y El fin de Shelia.
Los dos congeniaron rápidamente gracias a su sentido del humor y curiosidad por lo espiritual, y ella fue objeto de una auténtica ofensiva por parte de Grant, que desplegó con ella todos sus encantos. En una carta abierta dirigida que le dedica al final del libro, Cannon recuerda una escena en los inicios de su relación que parece sacada de una de las películas de Cary:
“¿Sabes cómo me siento con respecto a ti, Dyan?" “No estoy segura de saberlo”, respondí. En ese preciso instante, te dejaste caer como una secuoya, aterrizando de cara sobre el frío asfalto. Después giraste despacio la cabeza y me miraste, diciendo: “¡Loco de amor! ¡Así me siento, Dyan, hasta la médula!”.
Pero a medida que Cannon fue presionando a un reticente Grant para que se casara con ella, su temperamento nervioso fue manifestándose cada vez más. La noche en que finalmente le propuso matrimonio, un aterrorizado Grant estrelló su Rolls Royce contra una columna, antes de huir del apartamento de ella y volver para llevarla a tomarse un helado de regaliz. De camino a casa, al fin le propuso matrimonio:
Frenó en seco, se paró en medio de la calle, dio un manotazo al volante y dijo: “Maldita sea, Dyan, ¿quieres casarte?”. Ahí sí que ahogué un grito. Incluso con el molesto coro de bocinas atronando a nuestro lado, no pude apartar mis labios llenos de regaliz de los suyos".
Matrimonio tortuoso
No obstante, para Cannon, su alocado romance con una marcada diferencia de edad pronto se convirtió en tragedia. Tras su matrimonio en 1965 (ella tenía 28 años, él 61) y el nacimiento de su hija, Jennifer, un año después, Grant se retiró para ejercer de padre de familia. El aumento de su presencia se convirtió en una pesadilla para ella: su marido criticaba constantemente su aspecto, su manera de criar a su hija e incluso la manera en que "trataba" a los pomos de las puertas. Comenzó a temer los recortes de autoayuda de revistas y periódicos que él le iba dejando constantemente en su mesilla de noche, consciente de que más tarde la interrogaría al respecto.
Aunque en última instancia su testimonio fuese generoso e indulgente, Cannon no tuvo problemas en revelar el brutal "lado oscuro" de Grant al que se refería Niven. Frío, manipulador y distante, todo lo que Grant había amado de la extravagante Cannon, a la que se refería como una "niña boba", ahora parecía repugnarle. Su obsesión por los beneficios para la salud del LSD, de la que Cannon participaba a regañadientes, empeoró aún más sus desavenencias. También empezó a purgarse las comidas, desarrollando un trastorno de conducta alimentaria en su intento por controlar algo en su vida.
Los problemas alcanzaron un punto de no retorno durante un fin de semana en Las Vegas, donde la pareja asistió a la fiesta del aniversario de Rosalind Russell y su marido, Frederick Brisson, repleta de grandes estrellas. Grant se enfureció cuando vió a Cannon jugando echando una inocente partida a los dados con su buen amigo Frank Sinatra. Cuando el colérico Grant le espetó que recordase "con quién estaba", Cannon le respondió que sentía que estaba al borde de sufrir un colapso. Así de cruel fue la contestación de Grant: “Entonces, ¿a qué esperas a tenerlo? Puede que sea algo positivo”.
Finalmente, Cannon dejó a Grant y su tormentoso divorcio se formalizó en 1968. Cannon, traumatizada, ahogó sus penas en pastillas y alcohol y pasó un tiempo internada en un hospital psiquiátrico.
Queridísima Jennifer
“Desde el principio, papá estuvo a mi lado, tan fiable como el amanecer. Demostró todo su amor y no se guardó nada. Mi padre siempre estuvo ahí, tanto en los detalles cotidianos como en los momentos más memorables en mi vida. Eso no significaba que estuviese siempre contento conmigo, pero estuviese feliz o no, nunca se alejó si podía evitarlo”, cuenta su hija Jennifer en sus memorias.
Resulta interesante que se publicasen en el mismo año las memorias de Cannon y las de su hija Jennifer, considerando las facetas tan radicalmente distintas que muestran de Grant (si bien Cannon admite de buen grado que Grant era un padre muy cariñoso). Good Stuff: A Reminiscence of My Father, Cary Grant ("De lo bueno lo mejor: Un recuerdo de mi padre, Cary Grant") es un libro tierno y hermoso que nos presenta a un padre cariñoso con un "estilo de vida feliz", que adoraba a su Jennifer casi hasta rozar la obsesión.
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