Juanita Reina: Un Ícono de la Copla Nacida en 1925

05.11.2025

Juana Reina Castrillo, conocida artísticamente como Juanita Reina, nació el 25 de agosto de 1925 en la calle Parras, del barrio de La Macarena en Sevilla. Este evento marcó el inicio de una vida que se convertiría en un símbolo de la cultura andaluza y española.

La Revista Escaparate se une a la celebración del centenario de su nacimiento, reconociendo una vida dedicada al arte y a la difusión cultural.

Infancia y Primeros Pasos en el Mundo del Espectáculo

Juanita Reina había nacido en el sevillano barrio de La Macarena el 25 de agosto de 1925 mientras su padre, Miguel, estaba en la guerra de Marruecos. Dolores, su madre, dio a luz a 15 niños de los que sobrevivieron nueve. Tras el fallecimiento de los dos primeros, con seis meses y siete años respectivamente, Juanita -que había sido la tercera en nacer- se convirtió en la mayor de los hermanos. Ser la primogénita de una familia tan numerosa como la suya colocó mucho peso sobre los hombros de la niña.

En la biografía que María Jesús Pérez Ortiz le dedica, titulada Juanita Reina: un estilo, una época (Arguval Editorial), la autora detalla cómo la infancia de la futura estrella consistió en gran medida en dedicarse a las tareas del hogar: “Cuando su madre llegaba del trabajo, su hacendosa y disciplinada hija ya le tenía arreglada la casa. Juanita siempre fue consciente desde muy pequeña de la lucha que tenía su madre con tantos hijos”.

En los descansos de aquellos cuidados prematuros, Juanita disfrutaba acompañando a su abuelo al cine. Allí se quedaba embobada viendo a Greta Garbo o a Imperio Argentina. Después, cuando llegaba a casa, se encerraba en el baño a repetir los diálogos frente al espejo mientras soñaba con ser como ellas. Se sentía inclinada hacia la interpretación, pero fueron sus dotes para la canción las que primero suscitaron interés. Era habitual que cantara para las vecinas, que muchas veces le ofrecían algún dulce a cambio de escucharla.

Lea también: Crónica Social según Rosa Villacastín

Tomó la comunión, continúa contando su biógrafa, con un traje prestado. Ya adolescente, Juanita tuvo su primera bata de cola. Se la cosió una vecina llamada Carmen que la apoyaba en su empeño de ser cantante. El vestido, de percal, era blanco y estaba cuajado de lunares azules. Sería el primero de muchos.

Desde muy joven mostró su talento para el cante. Con tan solo 13 años debutó en el Teatro Cervantes y, pocos años después, ya protagonizaba películas como 'La blanca paloma' (1942) y 'Canelita en rama' (1943). Su trayectoria en el cine incluyó títulos emblemáticos como 'Lola la Piconera' (1946) y 'La Lola se va a los puertos' (1947), que la consolidaron como mito del folclore español.

A los once años, comienza a cantar en su barrio, en bautizos, casamientos y fiestas familiares. La primera vez que cantó ante el público, contando trece años y sin saberlo su padre, fue en el Teatro Cervantes, en una función matinal organizada por Educación y Descanso. La llevó una vecina, actuando en el coro, que interpretaba la popular zarzuela La Rosa del Azafrán. Entonces, realiza una turné por toda Andalucía, con más de cincuenta representaciones, obteniendo tan clamoroso éxito, que marcha seguidamente a Barcelona con un buen contrato, para actuar de fin de fiesta en el cine Edén, interviniendo también en los bolos de numerosos cines catalanes, en los que, tras terminar en el antiguo Rigat, el mejor salón barcelonés de espectáculos de la época.

Con el primer contrato llegó también la grabación de su primer disco, en La voz de su amo, cobrando veinticinco duros por cara, impresionando en él las ya populares canciones de espectáculo (La niña blanca y Los Churumbeles). Y ya, el salto a Madrid, que ansiaba ver la actuación de la joven cancionista Sevillana, y en donde tenía contrato para rodar su primera película. Pero al llegar a la capital de España, se encontró con que estaba anunciada -sin el permiso previo- en cierto espectáculo.

Posteriormente actúa en el Teatro Poliorama, cosechando también nuevos éxitos. En 1940, conoce en Barcelona al famoso representante Palmita -descubridor de Gracia de Triana y de Lola Flores-, que también fue su descubridor, y que igualmente se mostró admirablemente con la tonadillera. Al poco tiempo de conocerla, le regaló una participación de lotería con la buena fortuna de que les tocó. Entonces, marcharon a Sevilla a ver a su madre, con numerosos regalos. Palmita gozaba de excelente amistad con el director cinematográfico Florián Rey, organizando una fiesta en el chalet de Florián, para presentar a la canzonetista Sevillana. Y de esta reunión festiva surge la primera película: La Blanca Paloma, rodada en 1941 y estrenada el siguiente año.

Lea también: Antonio Machín: El rey del bolero

Confundida entre el resto de muchachas del coro -como en su día hiciera, por ejemplo, la Fornarina, que también debutó como corista antes triunfar en solitario como cupletista-, Juanita Reina se subió a un escenario por primera vez. Poco después logró convencer al director de actuar en solitario en el fin de fiesta. Interpretó -aclara Pérez Ortiz- la canción Salomé, originalmente compuesta para Pastora Imperio.

Esta zambra, cuajada de tópicos orientalistas, revisitaba el mito bíblico de aquella princesa que pidió a Herodes, a cambio de un sensual baile, la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja de plata. “Baila y ríe, Salomé, bajo la luz de la luna, que ya que tuyo no fue, no será para ninguna”, decía la letra recordando el despecho que había motivado la venganza. Salomé era una femme fatale con todas las de la ley, una digna predecesora de la Carmen de Merimée en el noble oficio de ejercer de perdición de los hombres y reflejar los más atávicos terrores a la sexualidad femenina. Muchas cupletistas y folclóricas encarnaron de alguna manera este arquetipo, alentándolo tanto con la manera de presentarse en escena como con los destellos que de su vida privada llegabam al respetable. Nada más lejos del caso de Juanita Reina.

Es más que probable que la oposición inicial de la familia a su vocación artística se debiera precisamente al temor de que acabara engrosando las filas de esa feminidad fatal. La moral sexual de las artistas era habitualmente puesta en entredicho y la de folclórica no parecía la mejor carrera para una jovencita de orden, de ahí que Juanita debutara a escondidas. Sin embargo, no pudo evitar que los rumores llegaran a su padre. Una noche, sin decirle nada, él se presentó en el teatro para verla cantar y comprobó con sus propios ojos el incipiente éxito de su hija. Miguel comprendió que frenarla era tratar de poner puertas al campo y desde ese día la acompañó en todo momento, convirtiéndose en su más fiero guardián.

Ascenso a la Fama y Consolidación como Estrella

La carrera de Juanita no tardaría en despegar. A principios de los años cuarenta ya triunfaba con sus primeras películas: La blanca paloma (Claudio de la Torre, 1942) y sobre todo Canelita en rama (Eduardo García Maroto, 1943), donde compartía pantalla con la mismísima Pastora Imperio. También sobre los escenarios despuntaba con un espectáculo teatral inicialmente titulado Variedades pero que acabaría siendo rebautizado como Los Churumbeles en honor al número musical más celebrado.

Cuentan que cuando el rapsoda González Marín lo vio no pudo evitar exclamar: “¡Menudo grano le ha salido a la Piquer!”. Por aquel entonces Juanita no tenía ni 20 años, mientras que Conchita no solo venía triunfada de Broadway sino que llevaba tiempo señoreando las tablas españolas sin que nadie, según ella, “le pisara el poncho”. A la pregunta de si tenía rivales, solía responder: “No, lo que he tenido han sido muchas imitadoras”. En una ocasión le preguntaron por Juanita Reina y contestó, no sin cierto desdén, que “le tenía simpatía porque era buena hija de familia”.

Lea también: Un vistazo a la carrera del Rey James

Sin ser ni mucho menos el único en hacerlo, Terenci Moix reconocía en sus Suspiros de España que esa joven Juanita Reina era “ya un mito de alcance nacional y la única tonadillera que podía dar motivos de preocupación a toda una Piquer”. La rivalidad estaba servida. En 1992 durante una entrevista a Rocío Jurado para el programa La copla tiene memoria de Radiolé, el periodista y escritor Manuel Román, gran conocedor de este género, se refirió -como venía siendo habitual- a una cantante como “Juanita” y a la otra como “Doña Concha”. La Jurado, que también había tenido sus más y sus menos con la valenciana, le respondió entre risas: “Será Juanita y Conchita o Doña Juana y Doña Concha, digo yo”. Sin atisbo de duda, Juana Reina también se ganó con su brillante trayectoria un “doña” que, sin embargo, parecía casar menos con su carácter afable y cercano.

En 1943 estrenó Solera de España, un espectáculo creado a su medida por Antonio Quintero, Rafael de León y Maestro Quiroga que contaba con temas como Tabaco y seda, Callejuela sin salida o Ni hablar del peluquín. Este tanguillo constituye uno de los primeros registros de esa expresión popular. La canción contaba con tono humorístico la historia de un hombre mayor que estrenaba peluquín para cortejar a una mujer más joven. Ignorar la evidente existencia del postizo era uno de los muchos esfuerzos que tenía que hacer la muchacha para casarse con el señor, de ahí el repetido consejo de “ni hablar del peluquín”. Solera de España tuvo un éxito tan atronador que al año siguiente Juanita Reina estrenó un renovado espectáculo llamado Solera de España nº 2 y así continuó año tras año hasta llegar al nº 6.

Ya todos los años iba presentando Juanita un espectáculo nuevo, como Cuento de María Millones, La rosa eterna. En 1944, interpretó la artista una nueva película, rodada en Sevilla y en Madrid, y que según Jordi Bas, fue un paso en falso en la carrera cinematográfica de Juanita Reina: Macarena, con Miguel Ligero y A. En 1947 se estrenó una importante película en la filmografía nacional: La Lola se va a los puertos, basada en la obra teatral de los hermanos Machado y dirigida por Juan de Orduña, y en la que Juanita Reina interpreta un destacado papel junto a Manuel Luna y Jesús Tordecillas.

El éxito obtenido por Juanita Reina en Lola la Piconera no le acompaño en ese comedio folklórico, dirigida por José G. Maeso, titulada Sucedió en Sevilla, en 1955, segunda versión de La Blanca Paloma, en la que la tonadillera compartía los principales papeles con Alfredo Mayo, como galán, María Piazzai y Marco Davó.

Pero fue en los escenarios donde alcanzó su máxima plenitud, interpretando de forma memorable canciones de los maestros Quintero, León y Quiroga, con títulos inmortales como 'Francisco Alegre', 'Capote de grana y oro', 'Dolores la Golondrina' o 'Callejuela sin salida'.

Profundamente vinculada a Sevilla y a la Hermandad de la Macarena, de la que fue camarera de honor, la artista encarnó una manera de entender la copla como expresión de la memoria popular andaluza.

Matrimonio y Vida Familiar

El 15 de julio de 1964 contrae matrimonio, en la Basílica de Ntra. Sra. De la Esperanza Macarena, con el bailaor flamenco Federico Casado, Caracolillo, oficiando la ceremonia religiosa el Cardenal arzobispo de Sevilla, Dr. D.

Alentada por su padre, seguía una disciplina de trabajo férrea. Su sobrina, Charo Reina, recuerda que Juanita “evitaba hablar durante el día y dormía con un pañuelo de seda natural al cuello para cuidar sus cuerdas vocales. El padre de la artista se opuso en un principio a la relación y le impuso al pretendiente tres años de espera sin verla para probar que sus intenciones eran buenas. Se dice que durante la prohibición se dejaban furtivas cartas de enamorados detrás del camarín de la Macarena. Precisamente en esa basílica se casaron tiempo después entre un gentío que los jaleaba. Rafael de León contó su historia de amor en la copla En el último minuto que cantaba la propia Juanita: Si en la época lo más frecuente era que la mujer abandonara el mundo laboral al contraer matrimonio, la singular posición social y económica que ocupaban las folclóricas hacía que en su caso a menudo sucediera al revés. Muchas veces eran los maridos quienes daban un paso atrás para apuntalar las carreras de ellas.

La cantante y activista feminista Alicia Murillo comenta a este respecto que “estos hombres no tuvieron más remedio que claudicar al feminismo de una forma práctica sin saber qué era el feminismo”, debido tanto al éxito económico de ellas como a sus fuertes personalidades. Federico, señala Murillo, “no es que viniera deconstruido de antes, eso fue cosa de Juanita. Él quiso quitarla de los teatros pero ella (cuentan que con ternura y firmeza) le dijo que eso no podía ser. Digamos que Juana tuvo arte para explicarse y él supo entender bien”. “Ha demostrado quererte, te tiene como tú te mereces ¡Un aplauso para Caracolillo!”, le dijo Lola Flores a Juanita Reina cuando compartieron escenario en 1985 en el teatro Álvarez Quintero de Sevilla.

Tan solo un año después del enlace entre Caracolillo y Juana Reina nació Federico Casado, el único hijo de la pareja, muy implicado en la puesta en valor del legado de sus padres. Recuerda a su madre como “una mujer muy humilde, entregada a su familia. Era muy buena cocinera y le encantaba la naturaleza, se embelesaba con una flor, con el cielo, con el sol...”.

Últimos Años y Legado

A partir de los años 70 Juanita Reina disminuyó sus espectáculos para centrarse cada vez más en su familia. En 1978 intervino en el programa Cantares de Lauren Postigo y más adelante, ya en 1989, en Las coplas de Carlos Herrera. El broche de su carrera fue participar, junto a Imperio Argentina, Nati Mistral, Rocío Jurado y María Vidal en el espectáculo Azabache con motivo de la Expo de Sevilla de 1992.

Solo siete años después, el 19 de marzo de 1999, Juanita Reina falleció. Fue enterrada en el Cementerio de San Fernando de su Sevilla natal, donde la despidieron varios miles de personas.

Su hijo, Federico Casado Reina, afirma: “El centenario del nacimiento de mi madre significa mucho para mí. De todas formas, yo a mi madre siempre la tengo presente; no por el hecho de que haya una efeméride determinada va a tener más o menos importancia.” Añade: “El centenario de su nacimiento significa un proyecto de vida, una trayectoria artística que ha sido impresionante. Juanita Reina fue una pionera, y su impacto en el género de la copla es innegable.

“Decir copla es decir Juanita Reina. Mi madre ha sido una de las figuras más importantes, por no decir la más importante en España en los años 50. Fue casi la creadora de un género. Su presencia en el escenario era magnética.

Federico Casado Reina la describe como: “una artista arrolladora, con un temperamento tremendo.” Pero, más allá del espectáculo, Juanita Reina era “el ser humano más entrañable, empático y divertido que te puedas encontrar. Una madre excepcional y que siempre ha estado muy pendiente de su familia.

Para Patricia del Pozo, consejera de Cultura de la Junta de Andalucía: “Me faltan frases para definirla, no hay palabras. Grande de la copla española, artista universal de la calle Parras. Delicia de mujer. Ejemplo del talento andaluz. Juanita Reina llevó el nombre de Sevilla por todo el mundo, siempre con el barrio de la Macarena en su corazón.

El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, destaca: “Juanita Reina es un símbolo de Sevilla que llevó a su ciudad por todo el mundo. Su profunda devoción a la Hermandad de la Macarena fue una constante en su vida.

José Antonio Fernández Cabrero, Hermano mayor de la Macarena, subraya: “La Hermandad de la Macarena que hoy conocemos no se podría explicar sin esta mujer y artista. Juana Reina es un modelo a seguir para todos los macarenos, una hermana y una devota ejemplar, que demostró a lo largo de toda su vida el inmenso amor a nuestra Hermandad y a Nuestros Sagrados Titulares; en ella encontramos en plenitud los valores que definen esa manera de estar en el mundo que llamamos ‘ser macareno’”.

La cantante Pastora Soler asegura: “Juana Reina ha sido la creadora de las coplas más importantes de nuestra música. Dando a cada una de las obras que llegaban a su voz y a su figura la mayor elegancia, gracia y sentimiento.

El público, como señala su hijo: “no es que la recuerde, es que nunca la ha olvidado, en Sevilla y, yo creo, en casi todos los puntos de España.

En la casa donde vivió casi 40 años con sus padres y sus ocho hermanos, ya artista reconocida, Juanita Reina se levantaba a las doce y no hablaba en todo el día. Chasqueaba los dedos si quería llamar a alguien. Así lo contaban dos hermanas suyas, Lola y Tere, en un programa hace unos años. Por eso conservó la voz hasta el final de sus días, explicaban.

Del hotel al teatro y del teatro al hotel, iba celosamente guardada por su padre, Miguel, que dirigía su compañía artística.

Juana -que estuvo a punto de morir de una pulmonía a los cuatro años, según su biógrafa, María Jesús Pérez Ortiz- sacó de pobre a toda la familia, como de niña le había pedido a la Macarena, la Esperanza del barrio donde nació en Sevilla, el 25 de agosto de 1925, hace justo un siglo. La promesa fue cumplida con creces: la Virgen de la iglesia de San Gil estuvo siempre en la nómina de la empresa -con un nombre sin apellidos, Macarena- y la peluca que lleva hasta hoy es del pelo natural que le donó Juanita Reina.

«Me gustaba mucho cantar de pequeña y lo que quería era ganar mucho dinero», dijo ella misma en una entrevista en 1989. Quedó impresionada una vez que su padre, entonces pescadero en el mercado de Feria, no tuvo dinero para ir a comprar la mercancía a la lonja del Barranco, y la caterva de niños -en total tuvieron 15 pero seis se les murieron- no tomó en todo el día más que café solo y un trozo de pan con manteca colorá.

Si podía ir al cine, era trajinándose -son sus propias palabras- a su abuelo Enrique, padre de su madre, «que tenía perritas». Así fue anhelando parecerse a Imperio Argentina, a Greta Garbo. Para imitar a Estrellita Castro, de muy niña, le cortó un ricito a su padre mientras dormía y se lo pegó con una horquilla. «Me metía en el cuarto de baño sola y repetía los diálogos, y a veces se me ponían los ojos llenos de lágrimas», contaba también. Y hay que creerla: nadie ha llorado como ella -el rímel no miente- cuando se apagan las cinco farolas de la vereíta verde.

Como la Cenicienta, cuando todos dormían, la niña Juana cosía junto a su vecina Carmen su primer traje de gitana y debutó con 13 años a espaldas de su padre. Cuando don Miguel se enteró, antes de decirle nada, compró una entrada. Enseguida le reconoció el talento y pidió al tío Francisco 25.000 duros para montar un espectáculo. En dos años, hubo dinero para pagar al pariente y dejar la pescadería.

El Legado Musical y Artístico

No fue la primera cantante de copla, pero sí la número uno. No tenía el cosmopolitismo de Imperio Argentina -con quien compartió escenario en aquel Azabache del dorado 1992- ni el perfeccionismo de doña Concha Piquer -fue completamente autodidacta-, pero a todas las superó como actriz. Porque la copla se cantaba en los teatros. Su voz de contralto, con su particular coloratura, tampoco se parecía a la de sus antecesoras. Y, sobre todo, fue la más elegante al pasear el escenario. Como un torero.

Si copla y toros son espuma y arena es fundamentalmente por ella: ahí están Capote de grana y oro, Francisco Alegre o Madrina. Aún más: si copla y Juanita Reina son uno fue porque muchas de las más famosas -Callejuela sin salida, Tengo miedo, Yo soy esa o, su favorita, Y sin embargo te quiero- se escribieron para ella. Fue para quien más canciones compuso ese trío virtuoso formado por Rafael de León, Antonio Quintero y Manuel Quiroga. Canciones eternas, decía ella, «que faltaré yo y faltarán las que nazcan y se seguirán cantando». Amplió como ninguna todo ese universo de putas, cornudas y borrachas -retratadas como nunca antes y nunca después, con verdad, naturaleza humana y poesía- que conforma la copla.

Era portentosa interpretando un pecado que no había vivido y la más verosímil cantando a las solteronas (Dicen, Compuesta y sin novio, Soltera yo no me quedo). Porque Juanita, candelita de oro puesta en un altar, no se casó hasta los 39 años, con un bailaor de su compañía al que sacaba ocho y por el que estaba loca, Federico Casado Caracolillo. «Sin decirnos nada, na más que con la mirada, ya nos queríamos», contaba de cuando se enamoraron, durante el espectáculo Sevilla, trono y tronío. A condición de dar su mano, el padre les impuso tres años de férreo noviazgo, sin verse siquiera. Y así Juanita cantaba años después En el último minuto, ese traje que le hicieron León y Solano: «Con desesperación buscaba dueño y soñaba la cárcel de unos brazos». La formalísima Juana, ya mayor, se deshacía en deseo al pronunciar «tu boca con la mía».

Fue madre de un único hijo -el psicólogo Federico Casado Reina- ya con 40 años. Los espectáculos disminuyeron. Su nueva vida coincidió con la decadencia de la copla -más que por cualquier otra razón, con gracia observó Pive Amador, porque Elvis Presley nació un año antes que Marifé de Triana-. Después de casarse, resumían sus hermanas, «quiso estar en su casa». Verdad y naturaleza humana. Ante las arremetidas del público contra Caracolillo, al que reprochaban excesivo celo, ella defendía: «Yo trabajo lo que quiero, no censuren a mi marido, él no tiene la culpa, la culpa la tengo yo».

Los obituarios traían que se la llevó, el día de San José de 1999, una insuficiencia respiratoria. En realidad murió de un cáncer que le habían detectado un año antes, un «bichito» que le encontraron después de sentirse mal en una boda. Sus hermanas contaron que ella nunca supo lo que tenía. «Murió santamente, como vivió, de la mano de su marido y de su hijo». Otra letrilla resume la rectitud de su vida: «Puedes morirte por dentro pero que nadie lo vea».

Tabla Resumen de Datos Clave

Dato Descripción
Nombre Completo Juana Reina Castrillo
Nombre Artístico Juanita Reina
Fecha de Nacimiento 25 de agosto de 1925
Lugar de Nacimiento Barrio de La Macarena, Sevilla
Fecha de Fallecimiento 19 de marzo de 1999
Cónyuge Federico Casado "Caracolillo"
Hijo Federico Casado Reina
Género Musical Copla

tags: #en #que #año #nació #Juanita #Reina

Publicaciones populares: