Santa Teresa de Jesús: Biografía y Legado

24.09.2025

Teresa Sánchez Cepeda Dávila y Ahumada, conocida como Santa Teresa de Jesús, nació en Ávila el 28 de marzo de 1515, y falleció en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582. Fue la sexta de los doce hijos que tuvo Alonso de Cepeda en sus dos matrimonios.

Primeros Años y Vocación

Hija de Alonso Sánchez de Cepeda y de Beatriz de Ahumada, Teresa fue nieta de un rico mercader de Toledo que, debido a su condición de judeoconverso, sufrió el acoso de la Inquisición a finales del siglo XV. Condenado por el Santo Oficio, tuvo que marchar a Ávila para iniciar una nueva vida.

Beatriz de Ahumada enseñó a su hija a leer y la aficionó a los libros de caballerías. El temperamento imaginativo de la niña se manifestó ya a los siete años, cuando convenció a su hermano para marchar a tierra de moros a sacrificarse por Cristo; su tío los detuvo en un puente cerca de Ávila.

A los 16 años era una muchacha hermosa, amiga de galas y afeites y apasionada de las novelas de evasión. Tuvo entonces amores con un joven que le presentó una prima, pero su padre se opuso a esta relación y decidió internar a su hija en el convento de Nuestra Señora de Gracia.

En noviembre de 1535, Teresa abandonó en secreto la casa paterna para ingresar al Convento Carmelita de la Encarnación en Ávila. Carmelita a los 20 años en el Monasterio de la Encarnación de Ávila, allí permanecerá por veintisiete años, hasta el 24 de agosto de 1562, cuando comienza la reforma del Carmelo para volver a los orígenes, fundando el Monasterio de San José de Ávila, primero en la reforma.

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En agosto de 1539 sufrió un paroxismo, estuvo cuatro días sin conocimiento y quedó al borde de la muerte, pero se repuso.

Experiencia Mística y Reforma Carmelita

En los 26 años siguientes fue una monja más de la Encarnación. Al principio se contagió del ambiente mundano que reinaba en el convento, donde eran usuales las visitas externas y cundían chismes y envidias. Los consejos de sus confesores no la consolaban. Hasta que en 1555, cuando tenía 40 años, una imagen de Cristo llagado y la lectura de las Confesiones de san Agustín produjeron su «conversión».

Poco después escuchó al Espíritu Santo que le decía: «Ya no quiero que tengas conversación con hombres, sino con ángeles». Su exaltación religiosa se tradujo, entre 1559 y 1561, en verdaderas experiencias místicas, que aparecen descritas detalladamente en su autobiografía.

Estos arrobos causaron inquietud en Ávila, en unos años marcados por el miedo a la herejía. Los confesores de Teresa dudaron de las visiones y comunicaciones que mantenía con Cristo; algunos incluso le recomendaron que desconfiase de ellas, pues podían ser cosa del demonio. Sus paisanos lanzaron contra ella vidriosos dicterios: la creían endemoniada, cuchicheaban que era una nueva Magdalena de la Cruz.

Al mismo tiempo, Teresa estaba cada vez más convencida de la necesidad de reformar la vida conventual y restaurar la primitiva regla carmelita. Así, una tarde de septiembre de 1560, estando reunida con sus amigas en su celda, decidió fundar un nuevo monasterio de monjas «a manera de ermitañas». El proyecto fue considerado un desatino por las autoridades eclesiásticas y civiles.

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La patente que el padre Juan Bautista Rubeo, general del Carmelo, le otorgó en 1567 para que creara cuantos monasterios quisiera en cualquier lugar del reino de Castilla fue el punto de partida de su titánica labor fundacional.

Tras permanecer en ese primer convento cinco años, su peregrinar de fundadora se sitúa entre 1567 y 1582. Impresiona la relación de las fundaciones de Carmelos reformados, y saber que todas -menos Caravaca y Granada- son obra directa suya: Ávila 1562, Medina del Campo 1567, Malagón 1568, Valladolid 1568, Toledo 1569, Pastrana 1569, Salamanca 1570, Alba de Tormes 1571, Segovia 1574, Beas de Segura 1575, Sevilla 1575, Caravaca 1576, Villanueva de la Jara 1580, Palencia 1581, Soria 1581, Granada 1582 y Burgos 1582.

A ellos hay que añadir los dos de frailes en cuya fundación intervino: Duruelo (donde en 1668 comenzó la reforma de los frailes) y Pastrana.

Obras Literarias

Amante de la lectura desde su niñez, escribe algunos libros como clarificación de su conciencia ante sus confesores o para ayudar en el camino espiritual, a petición de sus superiores y de sus hermanas. El Libro de la Vida es una radiografía en su vivencia interior en busca de Dios. En esta búsqueda se agarra a Cristo en su humanidad como medio para unirse a Dios. El Camino de Perfección es un libro de formación para la primera generación de las carmelitas descalzas, sobre todo de cara a la oración y la vida comunitaria. El Castillo Interior o Las Moradas es la narración del proceso de su experiencia mística, centrada en Cristo y en el Misterio de la Trinidad. Por otro lado, en las Fundaciones cuenta la historia anecdótica, externa y personal, de los monasterios que fundó.

Canonización y Legado

Santa Teresa fue beatificada el 24 de abril de 1614, canonizada el 12 de marzo de 1622. Pablo VI también la declaró Doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970.

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En sus escritos sobre este tema, narra sus experiencias personales con gran claridad merced a una visión profunda y a su capacidad de análisis. No tuvo ninguna intención de fundar una escuela, en el sentido literal del término, y no existe vestigio alguno en sus escritos de algún tipo de influencia del Areopagita, ni de las escuelas de mística patrística o escolástica, como se puede ver entre otros, en los místicos dominicos alemanes, sino que eligió un camino intensamente personal, siempre pendiente de las experiencias propias.

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