Enfermedades Posparto en Vacas: Causas, Síntomas y Tratamiento
La transición de la gestación a la lactación representa el punto más crítico en el ciclo productivo de las vacas lecheras. Los desafíos para la vaca durante la transición son muy importantes porque tienen lugar numerosas y simultáneas adaptaciones.
Hipocalcemia: Fiebre de la Leche
En el siglo XVIII, el diagnóstico de la hipocalcemia en ganado vacuno, también conocida como fiebre de la leche, se basaba principalmente en la observación de los síntomas clínicos. Los veterinarios de la época identificaban la enfermedad a través de signos como la falta de apetito, la disminución de la temperatura corporal, la apatía y la dificultad para defecar y orinar, que son característicos de la fiebre de la leche subclínica.
Denominamos hipocalcemia clínica de la vaca aquella en la que el paciente se encuentra ya en el suelo y es incapaz de levantarse, se corresponde con la segunda y tercera fase de la enfermedad. Anteriormente hemos hablado de la hipocalcemia clínica, pero la realidad es que esta enfermedad está relativamente controlada. Sin embargo, la hipocalcemia subclínica, aquella que no produce signos clínicos y que se manifiesta solamente con un nivel de calcio en la sangre por debajo de 2,2 mmol/L -las vacas sanas tienen más de 2,3 mmol/L y las vacas caídas por hipocalcemia clínica suelen tener menos de 2 mmol/L- sigue siendo el objetivo de muchos grupos de investigación.
En primer lugar, porque afecta entre el 21 % y el 72 % del rebaño, de cuatro a quince veces más que la hipocalcemia clínica. En segundo lugar, porque, aunque como su nombre indica no produce signos clínicos, sus secuelas son bien conocidas ya que empeoran la salud predisponiendo a sufrir retención de placenta, metritis, cetosis, desplazamiento de abomaso o mastitis entre otras muchas enfermedades. También produce una disminución de la producción láctea, tanto de manera directa como indirecta a través de las enfermedades que ocasiona. Así mismo, causa una disminución de la fertilidad, de nuevo, de manera directa e indirecta a través de las enfermedades y la pérdida de peso que ocasionan. Y como resultado de todo lo anterior, incrementa el porcentaje de desecho involuntario.
Gracias a un trabajo de Jessica McArt y Rafael Neves, de la Universidad de Cornell en Nueva York y de la Universidad de Purdue en Indiana respectivamente, publicado en 2020, se ha visto que existen cuatro tipos de vacas en lo que a los niveles de calcio en sangre durante el posparto se refiere. Los dos primeros grupos, las normocalcémicas y las hipocalcémicas transitorias, se agrupan bajo la denominación de eucalcémicas, o sea, que se considera que tienen el calcio sanguíneo bien. Entonces vemos cómo la hipocalcemia posparto no tiene porqué ser siempre igual y ni siquiera problemática ya que las vacas hipocalcémicas transitorias son saludables y las más productoras del rebaño.
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Tratamiento de la Hipocalcemia
En la actualidad, la presentación normal es la de viales de medio litro (hay alguno de tres cuartos de litro) de gluconato de calcio con concentraciones variables que van del 16 % al 45,8 %. Para alcanzar esos 10,5 g de calcio con un vial de 500 ml, la concentración justa sería del 23 %. De cualquier manera, la infusión de calcio intravenosa da lugar a una subida inmediata del calcio sanguíneo muy superior a la fisiológica, seguida de una respuesta orgánica a ese exceso de calcio que hace que los niveles bajen de nuevo en unas 12 horas o menos y, consecuentemente, en un porcentaje alto de casos, la vaca recaiga de nuevo.
El calcio oral, administrado tras el tratamiento intravenoso o en el parto y 24 horas después, sirve como tratamiento complementario de la hipocalcemia clínica, como tratamiento terapéutico en la primera fase de la hipocalcemia -antes de que la vaca esté caída- y también como profilaxis posparto de la hipocalcemia. La dosis de calcio oral debe ser de 40 a 55 g a ser posible en forma de sales ácidas como el cloruro y el sulfato o el formiato de calcio porque tienen mayor y más rápida biodisponibilidad.
Ante la presencia de una vaca con fiebre de leche y tumbada, se debe administrar solución de Ca por vía intravenosa.
Prevención de la Hipocalcemia
Si a la vaca seca la aportamos mucho Ca, la absorción activa desaparece ya que no la necesita y al parto tarda 48 horas en activarse. Uso de sales aniónicas, que van a dar condiciones de acidez, que aumenta la solubilidad del Ca y su absorción, manteniendo un DCAD -100 -150.
Mastitis
La mastitis es una enfermedad que provoca grandes pérdidas económicas, tanto para el productor como para la industria lechera, porque disminuye la secreción láctea y deteriora la calidad de la leche; mientras que la eficiencia reproductiva al ser alterada afecta la producción láctea y la continuidad de la producción. Esta enfermedad además de causar una disminución en la producción y en la calidad de la leche, también es causante del aumento en los costos de producción por el tratamiento (medicamentos y asistencia profesional) y pérdidas por descartes prematuros.
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La relación entre la mastitis y el rendimiento reproductivo de la vaca lechera se encuentra relacionada con la alteración en la duración del ciclo estral y la disminución en la duración de la fase lútea en vacas que padecen mastitis clínica. Se sabe que la incidencia de mastitis clínica al comienzo de la lactancia redujo el rendimiento reproductivo al aumentar el parto al primer intervalo de inseminación, el parto al intervalo de concepción y disminuir la tasa de concepción en la primera inseminación (Bouamra et al., 2017).
La eficiencia reproductiva es uno de los factores más importantes asociados con la rentabilidad de la granja lechera y se ve afectada negativamente por enfermedades como la mastitis. La aparición de mastitis se ha asociado con un aumento de días hasta la primera Inseminación artificial, un aumento de los servicios por concepción, aumento de días abiertos, mayor incidencia de pérdida de embarazo, y la disminución de los embarazos en la primera Inseminación artificial (Fuenzalida et al., 2015). Del mismo modo, las vacas con Infección intramamaria, presentan un mayor número de servicios por concepción (S / C), y un intervalo más largo desde el parto hasta el primer servicio (CFS) o desde el parto hasta la concepción (CC) que el de las vacas sanas.
La elevación en la temperatura corporal y nivel de cortisol relacionada a la mastitis también impiden el desarrollo embrionario temprano y/o el curso de preñez en el primer trimestre. Con respecto a la hipertermia, es conocido que es causa de muerte embrionaria, principalmente en las primeras etapas de desarrollo del embrión.
Impacto de la Mastitis en la Reproducción
Cuando la mastitis clínica se produce alrededor del tiempo de la inseminación artificial (IA), disminuye la probabilidad de concepción, efecto que es más severo si el microorganismo que la ocasiona es Gram -. Además, se observó un aumento del número de servicios cuando la IA fue realizada durante la estación de mayor calor, y en vacas afectadas por retención de placenta (Pedroso y Roller, 2016).
La pérdida de la gestación se ha relacionado con la mastitis clínica como consecuencia de endotoxinas o respuestas inflamatorias en el crecimiento folicular, el desarrollo embrionario o la supervivencia del cuerpo lúteo (CL). La inducción de mastitis clínica con Escherichia coli o Streptococcus uberis en vacas lecheras aumentó la concentración de PGF 2α en sangre, y citocinas proinflamatorias en leche, citocinas (particularmente IFN-γ, factor de necrosis tumoral α e IL-1β) y PGF2α puede causar luteólisis y, posteriormente, interrupción del embarazo en vacas lecheras.
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Indicadores Reproductivos
Los índices reproductivos son indicadores del desempeño reproductivo del hato. Los índices se calculan cuando los eventos reproductivos del hato han sido registrados adecuadamente. Estos índices nos permiten identificar las áreas de mejoramiento, establecer metras reproductivas realistas, monitorear los progresos e identificar los problemas en estadios tempranos.
Los principales indicadores utilizados normalmente para definir el estado reproductivo de un hato son: el intervalo entre partos, los días abiertos, la tasa de concepción, el número de servicios por concepción, el intervalo entre servicios, la eficiencia en la detección de calores, los días entre el parto y la primera inseminación, el número de vacas en calor antes de los 45-60 días postparto y la edad al primer parto, entre otros.
La eficiencia reproductiva de un animal a lo largo de su vida está determinada por la edad a la cual tiene su primera cría y por el intervalo entre cada parto subsecuente. Es el periodo transcurrido entre un parto y otro en la misma vaca. Se calcula contando los días a partir de la fecha del último parto a la fecha del parto inmediato anterior, lo óptimo es tener un periodo interparto de 365 días, este indicador influye en el número de partos en la vida productiva.
Es el número de inseminaciones necesarias para que una vaca quede gestante, este parámetro se calcula al dividir el número de vacas gestantes. Se considera como aceptable de 1.5 a 1.8 servicios por concepción, depende entre otros factores de la eficiencia en la detección de estros, calidad del semen, técnica de inseminación, manejo del semen, así como reabsorciones embrionarias, etc.
La mastitis y el proceso inflamatorio específico y común que la acompaña, provocan una serie de cambios sistémicos tales como disminución de la motilidad del rumen, depresión general, taquicardia, disminución de los niveles de hierro y zinc, y aumento de la temperatura corporal, estos síntomas son la respuesta del organismo a la ocurrencia de mastitis clínica o subclínica.
Durante una infección en la glándula mamaria, hay un aumento en la cantidad de leucocitos en circulación, lo que produce citocinas proinflamatorias. Estas citocinas pueden afectar la composición del líquido folicular (FF), el desarrollo de ovocitos y la expresión de genes específicos en los ovocitos y en las células del cúmulo.
Infecciones Uterinas
Las infecciones uterinas son frecuentes en las vacas durante el periodo de postparto y causan graves pérdidas económicas, debidas a: bajadas de la producción, trastornos de la fertilidad, predisposición a sufrir otras enfermedades (DAI, cetosis), aumento de los costes de tratamiento y descarte de animales.
Ambiente Uterino Durante la Gestación
Durante la gestación de la vaca el útero permanece en reposo mientras el ternero se desarrolla, aunque se va dilatando. Gracias a las membranas que rodean al feto y a que el cuello del útero está cerrado y sellado por un tapón mucoso, tanto el útero como el ternero están protegidos de las infecciones.
Al final de la gestación, cuando el ternero ya está desarrollado, el útero empieza a sufrir contracciones que duran hasta el parto, momento en el que son más intensas y sincrónicas para expulsar al ternero. Después del parto sucede la involución uterina. Durante las 6 semanas siguientes el útero se contrae y recupera su tamaño original, expulsando la placenta y los restos de líquidos o loquios. Si se retrasa la involución uterina, por una retención de placenta, un parto distócico, una hipocalcemia, cetosis o cualquier otra enfermedad del postparto, la vaca tiene más riesgo de sufrir una infección del útero.
Inmunidad de la Vaca Durante el Periparto
El periparto es la fase más delicada del ciclo productivo de la vaca. Durante las tres semanas previas al parto y las tres semanas posteriores la vaca atraviesa cambios intensos que reducen la efectividad de su sistema inmunitario. Esto se debe a las fluctuaciones hormonales, al propio estrés causado por el parto y el comienzo de la lactación, y a la acción de las enfermedades propias del periparto, si se presentan. La elevación del cortisol que se produce durante el parto es la principal responsable de la bajada de las defensas de la vaca.
De este modo, el periparto es un momento muy delicado en el que el manejo y la alimentación de la vaca juegan un papel esencial para prevenir enfermedades metabólicas y enfermedades infecciosas, entre ellas las infecciones uterinas y la mastitis.
Causas de las Infecciones Uterinas
El origen de la aparición de infecciones uterinas en la vaca durante el postparto es doble. Por una parte, la menor eficacia del funcionamiento del sistema inmunitario en este momento la predispone a sufrir infecciones. Por otra parte, al abrirse el cuello del útero para permitir la salida del ternero, se produce una oportunidad para que entren las bacterias causantes de las infecciones uterinas. Después del parto es normal que se produzca cierta contaminación del útero, pero si la vaca está sana suele ser capaz de eliminarla durante las dos o tres primeras semanas del postparto a la vez que sucede la involución uterina.
Sin embargo, si se dan algunas de estas condiciones, solas o combinadas, aumenta el riesgo de que la vaca padezca una infección uterina:
- Un manejo inadecuado hace que aumente el estrés durante el periparto, y por tanto el efecto del cortisol es mayor y la inmunosupresión en la vaca es más intensa.
- Condiciones poco higiénicas durante el parto: si el parto tiene lugar en un sitio muy contaminado, hay más peligro de que entren bacterias al útero y se produzca una infección.
- Retención de placenta.
- Traumatismos del útero durante el parto: si se produce una distocia, es decir, un parto dificultoso porque el ternero se queda atascado y es necesario asistir al parto o realizar una cesárea, si se trata de un parto múltiple o la vaca sufre un prolapso del útero.
- Trastornos metabólicos y nutricionales.
Tipos de Infecciones Uterinas
Al infectarse por bacterias, los tejidos del útero se inflaman y el estado general de la vaca puede verse afectado. Dependiendo de la profundidad y la gravedad de la infección, podemos diferenciar varios tipos de infecciones uterinas:
- Endometritis: se trata de la inflamación de la membrana que recubre el interior del útero, el endometrio, debida a una infección. Como no afecta a las capas más profundas se considera más leve y muchas veces pasa desapercibida sin causar síntomas. Puede provocar infertilidad en la vaca, afectando de forma negativa al rendimiento reproductivo y a la producción de leche.
- Metritis: la inflamación afecta a todo el útero, incluyendo las capas más profundas. La causa más habitual también es infecciosa, aunque en este caso suele estar asociada a traumatismos en la pared del útero, como en el caso de una distocia.
- Cervicitis: en este caso, la infección e inflamación solo afectan al cuello del útero.
- Piometra: cuando se ha producido una infección en el útero, pero el cuello se ha cerrado, se acumula pus en su interior ya que no se puede drenar. Esto hace que la infección sea más complicada de combatir y además existe riesgo de perforación del útero y peritonitis.
Tratamiento de las Infecciones Uterinas
El tratamiento de las infecciones uterinas en las vacas depende del tipo de infección y su gravedad. Algunos casos de endometritis leves se tratan con inyecciones de prostaglandinas que provocan que la vaca vuelva a salir en celo, y el nuevo ciclo contribuye a superar la infección. Otros casos más graves, como las metritis en las que el estado de la vaca está muy afectado, requieren tratamiento con antibióticos inyectables, uterotónicos y tratamiento de soporte para otros síntomas como la fiebre y la toxemia asociadas.
Para los casos de endometritis más graves, metritis, retención de placenta, piometra y otras infecciones de útero, está indicado el tratamiento local con una solución intrauterina como Utersol 8500 UI/ml, un producto registrado a base de gentamicina. La gentamicina es un antibiótico de la familia de los aminoglucósidos que tiene amplio espectro de acción y es eficaz frente a las bacterias que causan las infecciones uterinas de forma más frecuente. Al aplicarla en el interior del útero mantiene concentraciones eficaces durante más de 6 horas.
Se recomienda hacer un uso responsable de los antibióticos para prevenir la aparición de resistencias.
Otras Enfermedades Comunes
Todos sabemos que las vacas recién paridas son las más delicadas del rebaño. Las tres cuartas partes de los problemas médicos que sufren nuestras vacas ocurren durante el primer mes de paridas. Aquí se incluyen los partos distócicos; las enfermedades metabólicas como la retención de placenta, la hipocalcemia, la cetosis, las indigestiones o las dilataciones de cuajar; y los problemas infecciosos como la metritis, la mastitis o las neumonías.
A las enfermedades anteriores, denominadas en términos médicos enfermedades clínicas porque el paciente presenta síntomas evidentes de enfermedad, hay que añadir las enfermedades subclínicas. Son aquellas en las que la vaca no presenta síntomas de enfermedad, pero sí alteraciones detectables por medio de análisis laboratoriales. La metritis puerperal puede llegar a afectar hasta el 40% de las vacas y va a dar lugar a una menor producción de leche, un aumento de la infertilidad y de la probabilidad de que la vaca sea enviada al matadero. El diagnóstico se hace detectando por palpación rectal un útero agrandado y por exploración vaginal observando un flujo uterino muy fluido, grisáceo y maloliente.
Diagnóstico Temprano
Para solventar el problema del diagnóstico temprano, tanto de las enfermedades clínicas como las subclínicas, los veterinarios ofrecieron a los ganaderos la posibilidad de servicios extra, programas de diagnóstico clínico y laboratorial que permitían el tratamiento temprano a las vacas que lo necesitasen. Se trataba de que durante los 10 o 14 primeros días posparto las vacas fueran exploradas diariamente. Con todo lo anterior completado se hacía el diagnóstico temprano y se trataban las vacas.
Factores de Riesgo y Manejo
Las vacas alrededor del parto, tanto en preparto como en posparto, son extremadamente sensibles a cualquier disminución del tiempo que pasan comiendo o descansando. Disminuciones de tan solo media hora hacen que se incrementen los problemas metabólicos como la cetosis y con ello se cause una inmunodepresión que predispone a problemas infecciosos como la metritis, los cuales, a su vez, de nuevo, agravan los metabólicos.
Tecnología al Rescate
Afortunadamente la tecnología acude en la ayuda al ganadero. Hace tiempo que disponemos de robots y salas de ordeño informatizadas que avisan al ganadero de las vacas que tienen descensos en la producción de leche y ello permite que nos centremos solo en ellas y no en todas las vacas del corral. Pero los collares de monitoreo más avanzados tienen una función aún mejor que la de detectar animales enfermos, ¡avisan cuándo hay problemas en todo el corral!
Pueden detectar una disminución general de la rumia como sucede cuando hay un cambio de ración o de materias primas problemático, cuando hay un aumento del número de animales en el corral que acarree estrés social o aumentos de la temperatura ambiente que originen estrés por calor. Cuando alguna de esas circunstancias es detectada, especialmente en el corral de preparto, nos va a permitir adoptar medidas correctoras tempranas, tanto individuales como de grupo, que nos hagan adelantarnos a los problemas y con ello tener inicios de lactaciones sin enfermedades y, por ende, más productivas.
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