Lactancia Materna y Prevención de Enfermedades Respiratorias en Lactantes

26.10.2025

El esfuerzo investigador destinado a demostrar los efectos beneficiosos que la leche humana proporciona para su especie sigue siendo muy importante y continuamente se publican trabajos que hacen referencia a nuevos descubrimientos sobre los beneficios potenciales de la lactancia materna sobre la salud.

Entre los profesionales que trabajan en este campo, existe un amplio consenso que la leche humana y la lactancia materna constituyen la mejor elección para el recién nacido en relación a su crecimiento y desarrollo, proporcionando asimismo una disminución significativa del riesgo de diversas enfermedades agudas y crónicas.

Específicamente en el ámbito de las enfermedades infecciosas, el efecto beneficioso de la lactancia materna, ya sea disminuyendo la incidencia o severidad de los cuadros, se ha demostrado para gastroenteritis aguda, infección respiratoria, otitis media, bacteriemia, meningitis bacteriana, infección del tracto urinario y botulismo.

A pesar de las mejoras constantes que la industria alimentaria infantil ha incorporado en las fórmulas de lactancia artificial, estas últimas aún distan mucho de ser similares a la leche humana.

Esto no significa, sin embargo, que estas diferencias sean fácilmente medibles y que puedan demostrarse divergencias significativas del efecto beneficioso de la lactancia materna sobre determinadas variables. Asimismo no resulta difícil comprender que las diferencias a favor de la lactancia materna pueden no ponerse de manifiesto en determinados ambientes (países desarrollados, si lo que se mide es disminución de la mortalidad) y sí en otros en los que debido a las deficientes condiciones sanitarias y ambientales ponen de manifiesto diferencias entre lactancia materna y artificial en términos de mortalidad por gastroenteritis aguda.

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La leche humana desempeña un destacado papel como nutriente óptimo para el recién nacido y el lactante pequeño (hasta los 12 meses de vida)1. La lactancia materna (LM) parece conferir protección inmunológica frente a las infecciones y los procesos alérgicos, y puede reducir la incidencia de enfermedades infecciosas en la infancia2. El amamantamiento promueve los factores bioactivos, hormonas, factores de crecimiento, nutrientes específicos y factores estimulantes de la flora bacteriana, y produce la maduración de la mucosa gastrointestinal3.

Además, los niños con LM se exponen menos a los antígenos de la dieta complementaria o externa. La protección de la LM se extiende incluso después de finalizarla3. Recientes publicaciones aportan evidencias de los beneficios de la LM en la protección inmunológica3 y se asocia con tasas más bajas de hospitalización2. En países en vías de desarrollo4 hay pocas dudas sobre su eficacia para disminuir la incidencia de estos procesos. Sin embargo, cuando estas investigaciones se realizan en países desarrollados, los resultados son contradictorios4.

En el año 1989, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la UNICEF hicieron una declaración conjunta para fomentar la LM. Estos organismos internacionales declaran que la LM forma parte natural e ideal de la alimentación del lactante y constituye una base biológica única para el desarrollo del niño5. La Asociación Española de Pediatría aconseja la alimentación del niño con LM durante el primer semestre de vida y recomienda la puesta en marcha de programas para fomentarla6.

A pesar de las recomendaciones de los expertos5-8, su prevalencia en niños menores de 4 meses sigue siendo baja en muchos países europeos10. Como sucede en nuestro país, estudios recientes revelan unas tasas bajas de LM: aunque cerca del 90% de las madres la empiezan, al mes sólo continúa un 30%; a los 3 meses más de la mitad de los niños toma lactancia artificial y a los 6 meses sólo un 10% mantiene la LM8. Un reciente informe del comité LM de la Asociación de Pediatría Española presenta un ligero aumento en el número de madres que lactan a sus hijos6.

La finalidad del presente estudio es analizar si hay relación entre en LM y el mayor protección ante infecciones agudas respiratorias y digestivas en niños de 0-12 meses de vida atendidos en el Programa del Lactante Sano de un centro de salud.

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Material y Métodos

Se realizó un estudio observacional analítico de casos y controles en el Centro de Salud de Ciudad Jardín (Alicante, área de salud 18). La población de estudio estaba constituida por todos los niños de 0-12 meses nacidos entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 1998 que tenían historia clínica en el centro de salud y habían sido seguidos por el Programa del Lactante Sano (n = 190).

El cálculo del tamaño muestral se realizó considerando un riesgo alfa de 0,05 y un riesgo beta de 0,20, una hipótesis unilateral, una proporción de exposición a la lactancia en el grupo de casos del 48% y una proporción en el grupo de controles del 71%, con una potencia suficiente para detectar una odds ratio (OR) de 0,4. Aplicando la fórmula de Lilinfield18 modificada para grupos con tamaño desigual, se precisan 48 sujetos en el grupo de casos y 96 sujetos en el grupo de controles (n = 144).

Se realizó un muestreo aleatorio simple a partir del listado de las historias incluidas en el Programa del Lactante Sano de los niños nacidos durante el año 1998. Se excluyeron las historias que no cumplían los criterios de inclusión requeridos para el estudio, hasta completar el tamaño muestral necesario.

El factor de estudio corresponde al tipo de lactancia: LM exclusiva (LMEX), LM combinada con fórmula (LMIX) o lactancia artificial (LA). La duración de la lactancia se recogió en meses (variable cuantitativa).

La variable de respuesta fue la presencia de infección respiratoria o digestiva. Los criterios diagnósticos de los procesos infecciosos fueron los siguientes: respiratorios (faringoamigdalitis, bronquitis, otitis y neumonía) y digestivos (gastroenteritis); la presencia o ausencia de infecciones respiratorias (IR) y las infecciones digestivas (ID) se recogieron como variables categóricas (cualitativas).

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Resultados

El 50,7% (73) era varón. Hubo un 33% (n = 48) de controles y un 67% (n = 96) de casos.

Tipo de Alimentación

El 60,4% (n = 87) de los recién nacidos inicia LM exclusiva (tabla 1), pero sólo el 28,5% (n = 41) recibe al menos 3 meses de LM. El porcentaje de niños con lactancia desciende en los sucesivos trimestres, de forma que al inicio del cuarto trimestre sólo la recibe el 15,3% (n = 22) y al final del año el 13,9% (n = 20) de los niños.

La media ± desviación estándar (DE) de meses con LM exclusiva es de 3,3 ± 4,2. Si se incluyen tanto la LM exclusiva como la mixta, el 72,9% (n = 105) de los recién nacidos inicia este tipo de alimentación, la mantiene el 40,6% (n = 58) en los 3 primeros meses, el 27,7% (n = 40) llega al cuarto trimestre y sólo el 26,3% (n = 38) la recibe durante todo el primer año. La media de meses con LM exclusiva o mixta es de 5,16 ± 4,7.

La lactancia artificial presenta los porcentajes complementarios de la LM (exclusiva o mixta). Así, un 27,1% (n = 39) de las madres opta por dar desde el nacimiento lactancia artificial. Al inicio del segundo trimestre, el 59,4% (n = 86) de los niños recibe esta modalidad. Al inicio del cuarto trimestre, el 72,3% (n = 104) se alimenta con lactancia artificial.

Infecciones Respiratorias y Digestivas

Respecto de las IR, al menos el 79,2% (n = 114) padeció alguna en el primer año. El segundo trimestre de vida es el que presenta la mayor proporción de IR (50%; n = 72), mientras que en el cuarto se observa la menor (25%; n = 36).

Las ID fueron muy poco frecuentes. Sólo el 14,6% de los niños padeció alguna durante el primer año de vida y únicamente se contabilizó un total de 21 episodios.

Al analizar la asociación entre LM de 3 o más meses y presencia de enfermedad infecciosa respiratoria durante el primer año, se observa una OR de 0,81 (IC del 95%, 0,40-1,63) (tabla 2).

En el segundo trimestre se observa una OR de 0,346 (IC del 95%, 0,161-0,744), con una asociación estadísticamente significativa entre ambas variables (tabla 3). Por tanto, en el segundo trimestre, la LM es un factor protector para las IR en una relación 1/2,89. Los niños no alimentados con LM tienen una probabilidad casi 3 veces superior de padecer IR.

Al analizar la correlación entre la duración de la LM y el resto de las variables estudiadas (edad, peso, talla) no se encontró significación estadística. Se aplicó un modelo multivariable de regresión logística sin que éste fuera significativo.

Los estudios de casos y controles20 presentan una ventaja importante: el grado de información que ofrecen y el tiempo que se precisa para obtenerla permiten estudiar a un gran número de casos de una enfermedad en poco tiempo, mientras que en un estudio de cohortes es necesario mucho tiempo para que unos pocos desarrollen la enfermedad. Además, permiten estimar el riesgo de padecer una enfermedad en relación con una exposición y evaluar varios factores de riesgo simultáneamente.

Por sus características, los estudios de casos y controles son utilizados en la valoración de medidas preventivas cuando, por razones éticas o logísticas, los ensayos clínicos no se pueden realizar19. Por su eficiencia en tiempo y coste, se decidió elegir este tipo de estudio para realizar nuestro trabajo. También hemos tenido en cuenta las posibles limitaciones que presenta.

Tabla 1: Tipo de Alimentación al Inicio del Estudio

Tipo de Lactancia Porcentaje (%) Número de Niños (n)
Lactancia Materna Exclusiva (LMEX) 60.4 87
Lactancia Mixta (LMIX) 12.5 18
Lactancia Artificial (LA) 27.1 39

Respecto de los resultados obtenidos, al revisar la bibliografía observamos que en países con un sistema de salud poco desarrollado, como en Filipinas, la LM tiene un efecto protector importantísimo, pues disminuye el número de muertes por infecciones15. En otro estudio de casos y controles14 realizado en Brasil en niños < 1 año sobre el efecto de la LM en los ingresos hospitalarios por neumonía se evidencia que los que no recibieron LM (sólo lactancia artificial) tenían 17 veces más probabilidad de ser ingresados por esta causa que los alimentados con LM.

En Estados Unidos, Leventhal et al2 realizaron un estudio de casos y controles emparejados, en niños de 3 meses de edad, para determinar si la LM protege de las infecciones. Se obtuvo una OR de 0,50 (IC del 95%, 0,32-0,77), lo que indica que la LM es protectora. Pero este efecto desapareció al estratificar según la gravedad de la infección. Estos datos sugieren que la LM protege más del ingreso hospitalario que de las infecciones2.

Parece, pues, que hay datos recientes a favor de que la LM no confiere protección generalizada, sólo en los casos más graves15 o en períodos concretos del primer año de vida23,25,26, al igual que ocurre en nuestro estudio.

En nuestro trabajo, en ... La evidencia científica demuestra que la leche materna reduce el riesgo de hospitalización por infección respiratoria en un 57%

Los especialistas de Vithas Las Palmas recuerdan que lactancia materna tiene un impacto profundo en la composición microbiana de la vía respiratoria superior del niño. Por eso, como demuestra la evidencia científica, la leche materna reduce el riesgo de hospitalización por infección respiratoria en un 57%, sin cambiar este efecto protector con la edad.

La leche materna previene la incidencia de infecciones respiratorias, como el virus sincitial respiratorio; principal causa de la bronquiolitis y de hospitalización en el primer año de vida. Por eso, desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Asociación Española de Pediatría (AEPED) recomiendan que la alimentación de los recién nacidos sea a base de leche materna durante los seis primeros meses de vida.

“La evidencia científica demuestra que la lactancia materna reduce el riesgo de hospitalización de recién nacidos por infección respiratoria en un 57%, sin cambiar este efecto protector con la edad”, explica la Dra. Pilar Bas, neonatóloga de la unidad materno infantil de Vithas Las Palmas.

De hecho, de acuerdo con varios estudios, la severidad de la bronquiolitis, esto es, la estancia de una posible hospitalización, así como el requerimiento de oxígeno, se reduce hasta un 74% en aquellos recién nacidos que han sido amamantados con leche materna exclusivamente durante 4 meses, en comparación con los bebés que no recibieron sólo fueron parcialmente amamantados o no mediante este método.

Esto se debe a que la lactancia materna “reduce los niveles del microbiota causante de diferentes enfermedades respiratorias infecciosas; pues tiene un impacto profundo en la composición microbiana de la vía respiratoria superior del niño”, tal y como como señala la Dra. Pilar Bas.

Expertos, sociedades y organizaciones médicas de todo el mundo aseguran que la lactancia materna es buena tanto para la madre como para el bebé . Por poco que amamantes, nos dicen, aunque sea por un breve espacio de tiempo, el recién nacido ya está adquiriendo grandes beneficios. Oligosacáridos, lactoferrina, lisozimas e inmunoglobulina son algunos de los principales componentes que convierten la leche materna en un auténtico superalimento para todos los bebés, pero, sobre todo, para los bebés prematuros .

Una de las últimas cosas que sabemos con respecto a ella, es que puede disminuir la incidencia de enfermedades respiratorias en recién nacidos, como puede ser el virus sincitial respiratorio (VRS) , principal causa de la bronquiolitis y de las hospitalizaciones durante el primer año de vida de un niño. De hecho, ha tenido en jaque a los médicos de Atención Primaria y Servicios de Urgencias, que han visto cómo este invierno se disparaban los casos en consulta.

Por ello, no es de extrañar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Española de Pediatría (AEPED) recomienden que la alimentación de los recién nacidos sea a base de leche materna durante, al menos, los seis primeros meses de vida.

La leche materna no es un fluido estéril, nos explica la doctora, “sino que está compuesta de una gran cantidad de bacterias comensales y probióticas para el intestino inmaduro de un bebé, constituyendo uno de los pilares fundamentales de la microbiota intestinal que irán desarrollando”. Esta colonización intestinal de microorganismos (que son todos ellos beneficiosos) desplaza a bacterias que potencialmente pueden ocasionar infecciones, como las que estamos viendo últimamente, el estreptococo A o la E. Coli .

Por tanto, los efectos beneficiosos de la leche materna en la microbiota intestinal han sido ampliamente estudiados durante años y están ya más que constatados. La microbiota respiratoria, por el contrario, “ha sido objeto de estudio mucho más tardíamente, pero la evidencia científica actual nos asegura que está constituida por virus y hongos que, junto con un sinfín de bacterias, juega un papel fundamental como barrera frente a patógenos externos”, nos explica. De esta forma, nos ayudaría también a luchar contra las infecciones, en este caso, respiratorias. Y si la leche materna nos ayuda con la primera, también lo hace con ésta a la que, además, “se le atribuye la maduración del sistema inmunitario pulmonar y la capacidad de adaptación en caso de infección”.

Esto es algo que se ha constatado, como hemos dicho, recientemente, gracias a varios estudios en los que se observa cómo la severidad de la bronquiolitis (es decir, la estancia de una posible hospitalización y el posible requerimiento de oxígeno) “ se reduce hasta en un 74% en aquellos recién nacidos que han sido amamantados con leche materna exclusivamente durante cuatro meses , en comparación con los bebés que no recibieron leche materna o tuvieron una lactancia mixta”.

Pero, ¿cuál es el motivo? “La leche materna reduce los niveles de la microbiota causante de diferentes enfermedades respiratorias infecciosas al tener, como hemos explicado, un impacto profundo en su composición”. Ahora bien, cuando los estudios hablan de enfermedades infecciosas respiratorias, “se centran en la neumonía, bronquitis y bronquiolitis principalmente”.

Pero no solo es aplicable para las enfermedades infecciosas respiratorias, sino que la lactancia materna, nos explica la doctora, se demuestra que tiene “un efecto protector frente a otro tipo de patologías, como las otitis medias recurrentes y también protege a los bebés frente a la diarrea”. A largo plazo, por otro lado, “los niños no amamantados padecen con más frecuencia dermatitis atópica, alergia, asma, enfermedad celíaca e, incluso, obesidad y diabetes”.

“Es un fluido dinámico que, en el caso de los bebés prematuros, presenta una composición diferente a la leche de madres que dan a luz a bebés a término, con una mayor concentración de proteínas, sodio, grasas y aminoácidos libres”, nos explica la doctora.

Por ello, en el caso de estos bebés, “la leche destaca por sus componentes -entre los que destacan oligosacáridos y un sinfín de proteínas como la lactoferrina, lisozimas e inmunoglobulina-, pero también por la proporción adecuada de caseína y seroproteínas, lo que supone una mejor digestibilidad y vaciamiento gástrico, logrando que toleren las tomas por vía oral antes que los prematuros alimentados con leche de fórmula”.

Las recomendaciones nutricionales propuestas por la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación resaltan la importancia de establecer una dieta saludable sostenible basada en la lactancia materna desde el nacimiento hasta los seis meses1. Esta alimentación asegura el desarrollo adecuado del lactante y ofrece muchos beneficios2.

Durante los primeros años de vida, las enfermedades alérgicas son cada vez más frecuentes, especialmente las alergias alimentarias4. La leche humana se considera una fuente de nutrición óptima para el lactante2. Es una solución inmunológicamente compleja con un contenido dinámico que favorece tanto el crecimiento y el desarrollo como la salud del lactante5.

En el momento del nacimiento, el sistema inmunológico del recién nacido está desarrollado por completo. Se ha demostrado que el nivel de oligosacáridos de la leche humana está estrechamente relacionado con la inmunomodulación en el neonato y, consecuentemente, con el desarrollo de enfermedades.

La leche materna incluye componentes que pueden resultar clave en la prevención del desarrollo de enfermedades alérgicas2,11,12. Al mismo tiempo, las bacterias beneficiosas que se encuentran en la leche materna son una de las posibles causas de prevención de las enfermedades alérgicas en el lactante6.

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