Análisis de la Experiencia de Ser Mujer en el Tiempo de Despentes

24.11.2025

A Virginie Despentes (Nancy, 1969) puede endilgársele el tópico aquel de que “no deja indiferente a nadie” y no por tópico impedirá que le encaje como un guante. Es posible que en el mundo ideal de la directora y escritora francesa sus libros y sus películas no levantaran la más mínima polvareda, pero no es menos cierto que en ese mundo no harían falta agitadores de la realidad, espejos que, como el de Despentes, nos pusieran frente a frente con las miserias y contradicciones de nuestro ser, nuestro existir.

Para Virginie el objetivo se alza diáfano ante ella: destruir cualquier concepción, cualquier conducta aprendida sobre el género; la masculinidad, la feminidad, los roles que la sociedad imprime en el ADN de unos y otras han de saltar por los aires para dar paso a un nuevo orden. Uno nuevo y mejor, a ser posible.

Virginie Despentes y la ruptura de los estereotipos de género

Con su última película, Bye Bye Blondie, pendiente de estreno en nuestro país, Despentes anda ya encerrada a cal y canto dando forma a su próximo lanzamiento editorial. Antes de que corriera hasta el abismo del folio en blanco quisimos dar rienda suelta a un intercambio de cavilaciones con la ideóloga de Teoría King Kong.

Once años entre ‘Fóllame’ y ‘Bye bye Blondie’. En esta última has trabajado con Beatrice Dalle, Emmanuelle Béart… De entrada parece un proyecto mucho menos marginal. Fóllame era una película barata si la comparamos con el cine comercial, pero en realidad la productora era más importante que la de Bye Bye Blondie, más grande.

Son proyectos diferentes pero que tienen algo en común: se trata de hacer películas que no estén sometidas a la propaganda de género. Los personajes femeninos no hablan ni actúan como si tuvieran que demostrar su feminidad y los masculinos son tratados como normalmente se las trata a ellas; son secundarios.

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La industria del cine se basa sobre todo en contarnos qué es lo que está bien y qué es lo que está mal respecto al tema del género; las películas nos enseñan cómo ser mujer o cómo ser hombre. Por eso la mayoría de directores, productores, distribuidores, críticos, etcétera, etcétera, son hombres. Lo que me interesa como directora, pues, es salirme de ese corsé. Mujeres airadas, zorras, viejas, mujeres altas, mujeres solteras… Esos son los personajes que me interesan.

La representación lésbica en el cine y la controversia

‘Bye Bye Blondie’ narra una relación lésbica, que es lo que ha hecho de ‘La vida de Adèle’ el boom de la temporada. ¿Ser mujer y homosexual es un doble handicap? En Bye Bye Blondie el tabú más importante que trato de romper no es necesariamente esa historia de amor lésbico, sino trabajar con actrices sin necesidad de que se desnuden, porque en una película como ésta es lo que se espera.

Se espera de mi cine, pero también de ciertas actrices jóvenes que se supone que deben andar siempre enseñando su cuerpo. Es como el peaje que tienen que pagar para estar en el cine: tienen que enseñarlo todo. Pues aquí tienes una comedia lésbica que no se la pondrá dura a los hombres. Porque está claro cuál suele ser el leit motiv de hacer películas sobre lesbianas: ponérsela dura a los tíos hetero.

En ese aspecto la película de Kechiche es propaganda comercial pura y dura. El mensaje está claro: sí, las lesbianas son mujeres normales, ¡que se abran de piernas y nos pongan cachondos! Pero hay análisis más positivos que se pueden hacer de La vida de Adèle, como que es siempre una buena noticia poder ver a dos mujeres besándose. No se hacen muchas películas sobre tíos homosexuales.

El cine y la literatura: terrenos diferentes

Una directora de cine tiene el derecho a rodar lo que le dé la gana, pero más le vale cruzar los dedos si pretende encontrar financiación y salas que proyecten sus películas si no se ciñe a la propaganda que te comentaba. Esto quizá explique por qué hay tantas directoras no heterosexuales que sin embargo siguen contando historias sobre gente hetero. O por qué es tan difícil dar con películas sobre mujeres que sean verdaderamente radicales.

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Con las escritoras es distinto. Desde Violette Leduc, en la posguerra, que no podía publicar nada, hasta nuestros días con Jelinek, Kathy Ackers, Annie Erneaux y tantas otras, las cosas han cambiado, eso hay que reconocerlo. Pero no podemos decir que exista igualdad, ni remotamente. Siempre es más difícil que las escritoras aparezcan en los tratados de literatura; es más fácil dejar de lado a determinada autora. Así que el trabajo que hacen no recibe el mismo trato que el de los hombres.

Volviendo a tu pregunta, sí, la mayoría de los personajes femeninos son representaciones de fantasías creadas por y para hombres. Yo no considero que mi trabajo sea extremo. No concebimos Fóllame, por ejemplo, como una película extrema; estábamos haciendo una película punk, no esperábamos una reacción tan bestial.

Fóllame no es ni más ni menos extrema que muchas otras películas underground, a excepción hecha de que se trata de dos mujeres que llevan armas y nunca se someten a la autoridad o al control de los hombres. Cuando co-dirigía Fóllame nunca pensé en cómo la encajaría un tipo de mediana edad que ama la ópera y sólo lee literatura rusa del siglo XIX; pensaba que su público sería gente a la que le gustan Dead Kennedys, Crass, las primeras películas de Abel Ferrara.

Nuestra intención era seducir a ese tipo de público, no sacar de sus casillas al amante de la ópera. Bye Bye Blondie es más de lo mismo desde ese punto de vista: no pensé en cómo reaccionaría la comunidad heterosexual, pensaba en las lesbianas y en qué pocas películas divertidas y positivas se hacen cuyas protagonistas sean lesbianas, con su final feliz y sin hacer juicios de valor sobre la sexualidad.

El escándalo y la visión del artista

De todas formas, no me da miedo el escándalo. Aprendes mucho sobre la profesión cuando te ves enredada en un escándalo, pero no conviene repetir la ‘operación’ demasiado a menudo porque entonces puede que todo se venga abajo y acabes resentida y frustrada. A largo plazo ese tipo de energía te desgasta. ¿Hay artistas que utilizan el escándalo por el escándalo? Que buscan ante todo el shock, no tanto el mensaje.

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Artistas con una visión, si quieres, hedonista o superficial de los extremismos. Podríamos hablar de John Waters, G.G. Yo no calificaría a Waters de hedonista o superficial. También puedes interpretar sus películas como manifiestos de supervivencia. Si no encajas en ninguno de los estereotipos que están bien vistos en Estados Unidos, si eres gordo, o fea, si eres ‘basura blanca’, o una ninfómana, puede que necesites películas como las de John Waters en las que prima la incorrección.

La verdad es que no soy una especialista en ese tipo de material. Soy demasiado mayor como para pasarme noches enteras viendo películas de terror o cosas muy extremas, sin embargo me gusta cuando me cuesta encajar un libro o una película, cuando me siento amenazada por mi propia reacción. Cuando Kechiche llegó a Cannes con La vida de Adèle muchos periodistas franceses dijeron (antes de ver la película): “Este será el típico escándalo del año en Cannes”.

¿Escándalo? Sólo porque dos chicas tienen una historia de amor. Nadie diría que La vida de Adèle es escandalosa si fuera una película sobre heterosexuales. A Bye Bye Blondie le pusieron el cartelito de “prohibida a menores de 12 años”, lo que quiere decir que no pueden pasarla por televisión antes de medianoche. En la película no hay violencia, no hay crudeza de ningún tipo… Lo que censuran es que dos mujeres se besen.

Entonces, ¿dónde está el escándalo? ¿acaso las lesbianas se besan en Bye Bye Blondie o en La vida de Adèle porque quieren que el público católico se rasgue las vestiduras? Desde luego que no. Tú escribes una historia y después es la gente a la que esa historia ni les va ni les viene la que se escandaliza. ¿Es Saw extrema? Quizá lo sea si nunca has visto una película de terror en tu vida. Por lo demás, es sólo eso, una película de terror para la gente a la que le gusta ese tipo de cine. Están preparados para lo que se les viene encima. Es una cuestión de códigos.

Reflexiones sobre el arte y la censura

Así que me da igual si en una película o en un libro hay material extremo. Si una película hace que te replantees tus sentimientos, o si un libro te hace pensar… De eso se trata, ¿no? Lo que más me cabrea es que ya nadie quiere financiar proyectos que sean radicales. Hoy en día ni John Waters ni Almodóvar podrían hacer películas como las que hacían al principio. Se nos ha impuesto el cine familiar, y a muchos no nos interesa ver películas que podrías ver con niños, queremos ver películas adultas.

El día que hablaron de autocensura en el colegio, tú no estabas en clase. ¿Cómo se sobrepone uno a la certeza de que eso que estás escribiendo va a cabrear a mucha gente? Es que quien tenga ese tipo de dudas lo que debería hacer es no dedicarse a escribir. Puede que cuando acabas un libro pienses en esos a los que puedes hacer daño, a los que estás atacando, pero mientras lo estás escribiendo se supone que debes estar concentrada y tener las ideas claras.

Qué quieres expresar, qué es eso que te avergüenza y qué quieres poner en palabras, qué es lo que te provoca rabia… No puedes pensar en el impacto que va a tener lo que escribes mientras lo estás escribiendo. Ya es una tarea bastante dura escribir, porque nunca llegas a plasmarlo todo como querrías, como para encima llevar todo ese ‘equipaje’ extra. Y tu reputación no debería preocuparte mientras escribes o diriges una película.

El odio, la ira y la lucha por la igualdad

Virgine Despentes cabrea a esa gente que hace que Virgine Despentes escriba las cosas que escribe. ¿Esto es una paradoja? No creo que debas escribir ‘contra’ nadie. Eso es hacer propaganda; significa que estás antes al servicio de un poder concreto que tratando de conectar con la complejidad del mundo. Yo me dirijo a la gente que creo capaz de entender lo que digo, gente con la que comparto sentimientos. Existe el lector perfecto: el que tienes dentro de tu cabeza y de tu corazón mientras escribes.

Pero cabrear a otra gente… Eso es distinto. Todo el mundo cabrea a alguien. No creo que ni Britney Spears, ni Rihanna o Miley Cyrus traten de cabrear a nadie, y aun así lo hacen. Es parte de su trabajo. Incluso Matt Damon o J.K. Rowling tienen enemigos. Para no provocar reacción alguna en nadie lo mejor que puedes hacer es quedarte en tu casa, no decir nada (ni siquiera en internet) ni tratar de expresar nada. A la gente le encanta odiar a tal cantante, a tal escritor, a esa actriz, a ese director. Mostramos nuestra hostilidad y no tiene ninguna consecuencia. Es una forma sencilla de definir tu personalidad.

Es cuando tratas temas importantes o controvertidos cuando llegan las consecuencias: el aborto en España, las políticas económicas en Francia, los bancos, el medio ambiente. Los políticos, esos sí que son un escándalo; los que destruyen la vida de mucha gente a diario. Y preferimos centrarnos en Justin Bieber, y odiarle, o en David Lynch. Es más seguro odiarles a ellos. Odio, esa es otra palabra que te encasquetan a menudo cuando tratan de definir lo que haces. Y el odio es una energía muy poderosa. Ahora bien, ¿se puede colmar el odio?

Te preocupas demasiado por lo que dicen de mí. (Risas) A mí me da igual. Aunque eso no quiere decir que desprecie a esa gente. No es obligatorio leer mis libros ni ver mis películas. Aquí estriba la diferencia entre lo que yo hago y lo que hacen los políticos. Si comparas mi trabajo con los grandes éxitos de Hollywood de los últimos años… A su lado soy la emperatriz Sissy brincando por un campo de amapolas. Y desde luego lo que yo hago es ‘paz y amor’ comparado con las políticas del FMI. Mi trabajo es puro amor comparado con la forma de gobernar de Rajoy.

En mis primeros libros y mis primeras películas lo que hay no es odio, es ira. La ira y la violencia no es algo que yo buscara, es algo que se me impuso, y me llevó mucho tiempo cambiar mi forma de pensar. No me siento culpable por estar llena de ira cuando era joven. Sigo pensando que era la respuesta adecuada a este sistema en que vivimos, por la poca libertad y dignidad que me dejaba.

Las mujeres somos tan agresivas y sentimos tanta ira como cualquiera, porque estamos sometidas a las mismas humillaciones y frustraciones. Esa imagen de la mujer como alguien amable y cariñosa, como buena esposa y madre atenta… Eso es basura. Claro que nos cabreamos. No nos faltan motivos. Desde luego que no. No te gusta que juzguen tu obra como la obra de una mujer. Pero, ¿puede un hombre reflejar la complejidad femenina?

No creo en eso de la complejidad femenina. ¿Eso sería lo contrario de la masculinidad? Yo pienso en la gente, sin más. En personas. Unas son más listas, otros son más pacientes, hay quien anda muy confundido por la vida… No veo que eso tenga relación con los genitales. No veo a las embarazadas como criaturas misteriosas que vagan por el mundo sin que la gente sepa lo que sienten. Se expresan en los mismos términos que todo el mundo, y son capaces de compartir sus experiencias. Y la propia experiencia del embarazo cambia radicalmente de una mujer a otra. Todo esto de que se geste una vida en la barriga es fascinante, pero no hay ningún misterio.

Eso sí, si las mujeres escribieran sobre el embarazo los críticos no se tomarían esos libros en serio. Bueno, yo a las mujeres no les digo nada, no les pido nada. Yo soy tratada como mujer, y no hay alternativa. De ahí es de donde nació King Kong Theory. Preferiría no estar en el equipo femenino pero, ¿tengo alternativa? Una actitud crítica puede ser de mucha ayuda cuando te definen y te tratan como a un ciudadano de segunda clase.

El feminismo y la cultura pop

El Feminismo es un movimiento muy joven. La cultura pop lleva más de 15 años haciendo referencias constantes a la prostitución o al porno. Se visten como putas, bailan como strippers, tienen la actitud de estrellas porno… Supongo que fue Madonna la que lo inició todo, y después Britney Spears, Christina Aguilera, Beyoncé, Paris Hilton… La inmensa mayoría de las estrellas pop van por ese camino. ¿Vuelven a ganar los hombres?

Bueno, Miley Cyrus no sólo pone cachondos a los hombres, también pone cachondas a las niñas. Si tienes diez años, pues sí, es posible que quieras ser esa puta sexy que hace temblar el planeta con sus caderas. Es más emocionante que ser la típica mamá preparando bizcochos en la cocina. Pero las cosas con las que sueñas cuando eres una niña no tienen mucho que ver con lo que luego vas a ser de adulta. Todos cambiamos.

El problema que yo le veo a esto es que se sigue enseñando a las chicas que lo más importante del mundo es complacer a los hombres. No es lo peor a lo que las niñas están expuestas. Lo peor es que se les inculca la idea de que a muchas se nos mata simplemente por ser mujeres. Se nos mata en la calle, en la casa, cuando salimos a correr, en el bosque… Vayas donde vayas, hagas lo que hagas, eres una víctima en potencia. Te pueden atacar sólo porque eres mujer.

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