Eva Luna Comió Placenta: Beneficios y Riesgos de la Placentofagia

01.12.2025

Evaluna y Camilo, una de las parejas con más renombre en el ámbito internacional, dieron la bienvenida a su hija Índigo el pasado mes de abril. Desde entonces, han compartido con sus seguidores detalles sobre su experiencia como padres. Recientemente, Camilo reveló en una entrevista que Evaluna consumió su placenta después del parto.

Últimamente, no son pocas las famosas que han reconocido haberse comido sus placentas después del parto. Algunos ejemplos de famosas que han llevado a cabo esta práctica recientemente son la cantante Evaluna, esposa de Camilo; Kim Kardashian, Jennifer López o Juana Repetto. Todas ellas han reconocido haber realizado esta práctica tras dar a luz. El parto de Índigo, el bebé de Camilo y Evaluna, ha vuelto a poner en el centro de la polémica un acto que llevan siguiendo algunas personalidades famosas desde algunos años: comerse la placenta.

Pero... ¿por qué lo hacen? En primer lugar hay que decir que no es algo extraño en el reino animal, los camellos, las llamas o los mamíferos marinos lo hacen. Aunque no están probados, dicen que se produce mejora en la lactancia, el aumento de la energía o menor índice de depresión Se supone que entre sus beneficios están la prevención del dolor del postparto, la mejora de la lactancia, el aumento de la energía y menor riesgo de sufrir depresión o una especial vinculación con el bebé, así como una mejora de la piel de la madre.

¿Qué es la Placentofagia?

La placentofagia es la ingesta de la placenta por parte de la madre después del parto. Aunque la placentofagia es un instinto maternal bastante común entre los mamíferos no humanos, la placentofagia humana, comer la placenta para ingerir hormonas es más polémico. Esta práctica se ha venido recomendado desde el año 1500, cuando en China se mezclaba con leche humana para tratar el agotamiento.

Entre las diferentes modalidades para la ingesta está la deshidratación y posterior conversión en cápsulas, la cocción o la maceración con hierbas. Algunas mujeres también la ingieren cruda. Los mamíferos se comen la placenta cruda, pero es cierto que en humanos esto no es tan común.

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Sin duda, la placentofagia -que así es como se llama esta rara experiencia culinaria- no es apta para todos los bolsillos. Convertir en cápsulas una placenta puede costar hasta 400 euros y, para ello, hay que cocer, deshidratar y moler este órgano.

Beneficios Alegados de la Placentofagia

Quienes se meriendan la placenta sostienen que ayuda a combatir la depresión post parto y ayuda a la lactancia. Algunas mujeres han declarado la ausencia de efectos negativos al consumir su placenta. Anemia prevenida o curada, recuperación acelerada, apego con el bebé, mejoría de la duración y calidad del sueño.

La investigación ha reportado beneficios potenciales para la placentofagia en mamíferos no humanos, tales como mejora en la unión entre la madre y la cría, aumento neuroquímico del umbral dolor y mejora del comportamiento maternal.

Riesgos Asociados con la Placentofagia

Sin embargo, esta práctica podría ser mortal para el bebé, a pesar de los rumores sobres sus beneficios. Lo cierto es que no hay ninguna evidencia científica que demuestre todos estos supuestos beneficios. Una investigación publicada en 'American Journal of Obstetrics and Gynecology' asegura que no se ha encontrado ninguna evidencia científica sobre los beneficios de comerse la placenta.

Además, alertan de los posibles riesgos que tiene esta práctica, ya que la placenta actúa como un filtro para absorber y proteger al feto en desarrollo de las toxinas y contaminantes. Los posibles peligros de ingerir la placenta fueron uno de los temas de los que más se habló en el conocido ‘Informe Doulas’ que presentó el CGE. En su estudio hablan de varios riesgos:

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  • Riesgo potencial de exposición del bebé a infecciones de transmisión vertical (a través de la lactancia).
  • Riesgo de que la madre desarrolle un tromboembolismo debido al contenido de estrógenos de este órgano o a su acumulación de metales pesados y toxinas ambientales, los cuales pueden llegar a ser venenosos para la mujer y su hijo.

Una vez son expulsadas, es fácil encontrar que las placentas contienen bacterias que pueden llegar a ser peligrosas para la salud si se consumen. La placenta no es estéril y hay elementos como el selenio, cadmio, mercurio y plomo, que junto con bacterias, han sido identificados en tejidos de placenta tras el parto. Se ha expresado preocupación por el riesgo de contagio de enfermedades tales como SIDA, hepatitis y otras enfermedades transmitidas por la sangre.

Clark, que es profesora de Psiquiatría de la Escuela de Medicina Feinberg, de la Universidad de Northwestern, en Chicago, se interesó en este tema tras recibir a algunas pacientes que le preguntaban si la ingesta de placenta podría interferir en su tratamiento antidepresivo. Después de realizar esta investigación, publicada en la revista Archives of Women’s Mental Health confirma que la placentofagia supone un riesgo desconocido para las mujeres y para los hijos que son amamantados.

De acuerdo a ellas se posiciona la doctora especialista en ginecología y obstetricia Silvia Campos Pereiro, ginecóloga y obstetra en el Hospital Vithas Madrid Aravaca, quien en declaraciones directas a Ser Padres asegura que "no existe ningún ensayo de calidad que soporte la creencia de los beneficios de la placentofagia y, por el contrario, sí que existen casos reportados de infección derivada de su consumo".

Hace algunos años emitieron un comunicado desaconsejando por completo esta práctica después de que un bebé de apenas semanas se infectase con estreptococo del grupo B a consecuencia de que su madre había tomado la placenta en cápsulas: se lo trasladó a través de la leche materna, que estaba infectada por esta bacteria. La aleta se realizó después de que hubo un caso de un recién nacido lactante que se infectó del estreptococo del grupo B después de que la madre tomó píldoras de placenta y se contagió por esta vía. Se cree que la leche materna estaba infectada por la bacteria estreptococo del grupo B que la madre contrajo al ingerir su placenta infectada. El estreptococo del grupo B puede causar enfermedades graves en los recién nacidos.

En España, en el año 2015, el Consejo General de Enfermería publicó el llamado "Informe Doulas", en el que se alertaba de las prácticas que llevaban a cabo estas mujeres que promovían el parto en casa y otras prácticas como comer la placenta, que podían ser causantes de graves riesgos para la salud del bebé y la madre.

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Preparación y Consumo de la Placenta

Después del parto, una forma de preparar la placenta para ingerirla es colocarla dentro de una cápsula, que es como una píldora. Para crear la cápsula, se vaporiza y deshidrata la placenta, o bien se la procesa cruda. Es un procedimiento que ronda los 400 euros y, puede llevar riesgos, como el de no filtrar bien los residuos.

La forma más conocida es la que siguió la mayor de las Kardashian: someter a la placenta a ciertos tratamientos de desinfección y deshidratación para, posteriormente, encapsularla y tomarla de esta manera durante tres veces al día hasta terminar.

Sin embargo, estas preparaciones no eliminan por completo las bacterias y virus infecciosos que podría contener la placenta. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU han advertido acerca del riesgo que supone ingerir cápsulas de placenta.

Alternativas a la Placentofagia

"Creo que la placentofagia en humanos se ha hecho popular en los últimos tiempos más por lo que representa la placenta como órgano de unión entre el bebé y la mamá, que por el simple hecho de comérsela", asegura la doctora Campos Pereiro a este medio. "En este sentido me gustaría destacar que existen otras formas de honrar a la relación entre placenta y unión que no implican riesgos para la salud".

Habla, por ejemplo, de enterrar la placenta en la tierra, pintarla para plasmar un dibujo con su forma y otras alternativas que te contamos en este artículo. La asociación sin ánimo de lucro El parto es nuestro recoge en su página web que en la sociedad malaya es costumbre enterrar la placenta en el jardín de casa porque se considera parte del recién nacido.

Disparidad Legal en Europa

En lo que refiere a esta práctica, en Europa hay disparidad legal. En Francia, por ejemplo, está prohibido. Tras el parto deja de ser propiedad de la madre y, o se destruye como material de riesgo biológico o se emplea para la investigación, previa autorización escrita.

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