Federico García Lorca: Vida y Obra de un Poeta Inmortal
En la parte occidental de la comarca de la Vega de Granada, la población granadina de Fuente Vaqueros vio nacer el 5 de junio de 1898 a uno de los poetas más brillantes de la historia de España: Federico García Lorca. El autor español más celebrado del siglo XX, símbolo de todos los desaparecidos en la Guerra Civil española y cuyos restos, más de 80 años después de su muerte, aún permanecen en una fosa común.
Federico García Lorca, uno de los poetas más insignes de nuestra época, nació en Fuente Vaqueros, un pueblo andaluz de la vega granadina, el 5 de junio de 1898, el año en que España perdió sus colonias. Su madre, Vicenta Lorca Romero, había sido durante un tiempo maestra de escuela, y su padre, Federico García Rodríguez, poseía terrenos en la vega, donde se cultivaba remolacha y tabaco. Era ésa una casa de pueblo, bien acomodada. Más tarde, aun después de haber viajado mucho y haber vivido durante largos períodos en Madrid, Federico recordaría cómo afectaba a su obra el ambiente rural de la vega: Amo a la tierra. Me siento ligado a ella en todas mis emociones. Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra. Los bichos de la tierra, los animales, las gentes campesinas, tienen sugestiones que llegan a muy pocos. Yo las capto ahora con el mismo espíritu de mis años infantiles. En sus poemas y en sus dramas se revela como agudo observador del habla, de la música y de las costumbres de la sociedad rural española.
En la parte occidental de la comarca de la Vega de Granada, la población granadina de Fuente Vaqueros vio nacer el 5 de junio de 1898 a quien sería el autor de grandes obras de la literatura española como El Romancero Gitano y Poeta en Nueva York, en poesía, y Bodas de Sangre y Yerma, en teatro.
Primeros Años y Formación
El traslado de la familia del campo a la ciudad afectó profundamente a Federico. En 1916 o 1917, cuando empezaba a interesarse por la literatura, redactó un largo ensayo autobiográfico en el que evocaba Fuente Vaqueros, aquel pueblecito muy callado y oloroso de la vega de Granada. El pueblo está rodeado de chopos que se ríen, cantan y son palacios de pájaros y de sus sauces y zarzales que en el verano dan frutos dulces y peligrosos de coger. Al aproximarse hay gran olor de hinojos y apio silvestre que vive en las acequias besando al agua. En estas páginas autobiográficas intentó captar sus experiencias en la escuela, los juegos con los amigos, el ambiente de su casa y su asombro ante las desigualdades sociales; como recordó en una entrevista: Mi infancia es aprender letras y música con mi madre, ser un niño rico en el pueblo, un mandón. Como resultado de su nueva vida en Granada experimentó una sensación de ruptura con aquel pasado en el campo y, desde el umbral de la adolescencia, exclamó: Hoy de niño campesino me he convertido en señorito de ciudad [...] Los niños de mi escuela son hoy trabajadores del campo y cuando me ven casi no se atreven a tocarme con sus manazas sucias y de piedra por el trabajo. ¿Por qué no corréis a estrechar mi mano con fuerza? ¿Creéis que la ciudad me ha cambiado? No... Vuestras manos son más sanas que las mías. Vuestros corazones son más puros que el mío. Vuestras almas de sufrimiento y de trabajo son más altas que mi alma. Yo soy el que debiera estar cohibido ante vuestra grandeza y humildad.
Durante su adolescencia, Federico García Lorca sintió más afinidad por la música que por la literatura. De niño le fascinó el teatro, pero estudió también piano, tomando clases con Antonio Segura Mesa, ferviente admirador de Verdi. Su primer asombro artístico surgió no de sus lecturas sino del repertorio para piano de Beethoven, Chopin, Debussy y otros.
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El ambiente intelectual que rodeaba al joven estudiante era de una riqueza sorprendente para una ciudad provinciana. Matriculado en la Universidad de Granada en 1914, el joven Lorca estudió las carreras de Filosofía y Letras y Derecho, y fue en esta época cuando se unió, junto con otros jóvenes intelectuales, a un centro de tertulias -cuna de ilustres personajes, algunos de ellos ya destacados artistas y otros que llegarían a ser reconocidos en distintas disciplinas como la poesía, la literatura, el periodismo, las artes, la política o la música- llamado El Rinconcillo. En la tertulia llamada «El Rinconcillo», del animado café Alameda, García Lorca se reunía con frecuencia con un grupo de jóvenes de talento que llegarían a ocupar puestos importantes en el mundo de las artes, la diplomacia, la educación y la cultura.
Con Domínguez Berrueta hicieron Federico y sus compañeros una serie de viajes de estudios a Baeza, Úbeda, Córdoba y Ronda (junio de 1916); a Castilla, León y Galicia (otoño del mismo año); otra vez a Baeza (primavera de 1917); y un último viaje a Burgos (verano y otoño de 1917). Estos viajes pusieron a Federico en contacto con otras regiones de España y ayudaron a despertar su vocación como escritor. Fruto de ello sería su primer libro de prosa, Impresiones y paisajes, publicado en 1918 en edición no venal costeada por el padre del poeta. No se trata de un simple diario de sus excursiones, sino de una pequeña antología de sus mejores páginas en prosa.
Con la publicación de Impresiones y paisajes y la muerte de su profesor de música al año siguiente, el aprendiz de músico entró, en palabras suyas, en el reino de la Poesía y acabé de ungirme de amor hacia todas las cosas. En el otoño de 1918 confesaría: Me siento lleno de poesía, poesía fuerte, llana, fantástica, religiosa, mala, honda, canalla, mística. ¡Todo, todo!
La Residencia de Estudiantes en Madrid
Primavera de 1919. Fue Fernando de los Ríos quien, al fin, tuvo que convencer a los padres del poeta para que le dejaran salir de Granada y seguir con sus estudios en la Residencia de Estudiantes de Madrid, dirigida por Alberto Jiménez Fraud. Fundada a semejanza de los colleges de Oxford y Cambridge, la Residencia de Estudiantes representaba, en aquel entonces, un punto de contacto importantísimo entre las culturas española y extranjera. Aquel hervidero intelectual supuso un excelente caldo de cultivo para el desarrollo del poeta. Su vida en «la Colina de los Chopos» le dio una nueva visión de la responsabilidad del artista frente a la sociedad y reforzó su amor por la cultura, desde la clásica a la popular española. Así, entre 1919 y 1926, Federico conoció a muchos de los más importantes escritores e intelectuales del país. En la Residencia se hizo amigo de Luis Buñuel, de Rafael Alberti o de Salvador Dalí. Además, gracias a la muy activa política cultural de Jiménez Fraud, pasaron por allí numerosos conferenciantes, científicos, músicos y escritores extranjeros: Claudel, Valéry, Cendrars, Max Jacob, Marinetti, Madame Curie, H. G.
La Residencia de Estudiantes de Madrid, a la cual se trasladó en 1919, era en aquel entonces un hervidero intelectual. Por ella pasaron figuras de la talla de Albert Einstein, John Maynard Keynes o madame Curie, personajes que influyeron enormemente en la formación intelectual de Lorca. Según palabras de su amigo Adolfo Salazar, conocer a Luis Buñuel, Rafael Alberti o Salvador Dalí supuso para Federico huir del tedio intelectual que tanto odiaba.Por la Residencia de Estudiantes de Madrid pasaron figuras de la talla de Einstein, Keynes o Madame Curie, que influyeron enormemente en Lorca
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Los dos primeros años de Federico en la capital (1919-1921) constituyeron una época de intenso trabajo. Sus caminatas por la ciudad, sus visitas a Toledo con Pepín Bello, Buñuel y Dalí, sus encuentros con directores teatrales -como Eduardo Marquina o Gregorio Martínez Sierra- y con la vanguardia -los ultraístas, Ramón Gómez de la Serna o el creacionista Vicente Huidobro-, aún le dejaron tiempo para terminar y publicar su Libro de poemas, componer las primeras Suites, estrenar El maleficio de la mariposa -que fue un fenomenal fracaso- y elaborar otras piezas teatrales. No perdió tampoco la oportunidad de conocer a Juan Ramón Jiménez, a quien acudió con una carta de presentación de Fernando de los Ríos en 1919: Ahí va ese muchacho lleno de anhelos románticos: recíbalo usted con amor, que lo merece; es uno de los jóvenes en que hemos puesto más esperanzas -y a la que respondió Juan Ramón de esta manera: Su poeta vino y me hizo una excelentísima impresión. Con aquella visita se inició una amistad duradera, y la correspondencia de Lorca deja claro que Juan Ramón -generoso mentor de todos los poetas jóvenes de aquel entonces- tuvo una influencia decisiva en su visión del quehacer poético.
Primeras Obras y Regreso a Granada
En 1921, Lorca publicó Libro de poemas y estrenó su primera obra teatral, El maleficio de la mariposa. Libro de poemas contiene versos seleccionados, con la ayuda de su hermano Francisco, de todo lo que había escrito desde 1918. Algunos de ellos giran alrededor de la fe religiosa, tema al que había dedicado cientos de páginas en prosa y en verso. Otros tratan del anhelo del poeta de unirse con la naturaleza o de recuperar una infancia perdida. Cuando se publicó este libro, en mayo de 1921, Federico ya se había entregado a otros proyectos y volvió a Granada ilusionado con la composición de sus Suites.
En mayo de ese año, regresó a Granada donde conoció al famoso compositor Manuel de Falla, con quien emprendió varios proyectos en torno a la música y el cante jondo. El entusiasmo señalado por Juan Ramón le llevaba hacia el estudio del folclore: títeres, cante jondo, la canción popular. Falla se había trasladado a Granada a mediados de septiembre de 1920, y en el verano de 1921 se instaló en el Carmen de Santa Engracia, próximo a la Alhambra, donde Federico le visitó con frecuencia. Entre los primeros en dar al compositor la bienvenida a Granada, en 1920, estuvo el grupo de jóvenes amigos que se reunía en el café Alameda de la plaza del Campillo, y que formaba la ya citada tertulia de «El Rinconcillo». La vida granadina de Federico a partir de 1920 o 1921 giró, pues, alrededor de esos dos focos culturales: Falla y los integrantes de «El Rinconcillo». Estos últimos intentaban dar nuevo brío a la vida cultural de la ciudad, defendiendo aquella parte del patrimonio artístico que pudiera orientar a las nuevas generaciones en su rebelión contra el «costumbrismo» y el «color local», y asustando a la «Beocia burguesa», en palabras de Mora.
El día de Reyes de 1923, Falla interpretó una adaptación lorquiana de un cuento andaluz atribuido a Cervantes llamado La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón así como El Misterio de los Reyes Magos, un auto sacramental del siglo XIII.
Algunos de los proyectos apenas transcendieron el ámbito local, como, por ejemplo, la colocación de azulejos conmemorativos en honor a los «viajeros europeos ilustres» que habían contribuido al conocimiento de Granada en el extranjero. Promovido por Falla, Lorca e Ignacio Zuloaga, y apoyado por el Ayuntamiento de Granada, aquel concurso tenía varios objetivos: marcar la diferencia entre el cante jondo -de orígenes antiquísimos, según Lorca y Falla- y el cante flamenco -creación, según ellos, más reciente-; ganar respeto para el cante jondo como arte; preservarlo de la adulteración musical y de la amenaza de los cafés cantantes y la ópera flamenca; premiar a los cantaores no profesionales, y demostrar la influencia que habían tenido el cante, el baile y el toque jondos no sólo en la música española, sino también en la francesa y la rusa. El concurso fue un atrevido intento de conectar el arte musical de Andalucía con el arte «universal».
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Otro fruto de su interés por el cante jondo fue su segundo libro de versos, Poema del cante jondo, escrito en 1921 y publicado una década más tarde. En este libro, como en sus Suites, Lorca explora las posibilidades de la secuencia de poemas cortos. El poeta acariciaba la idea de crear con el compositor gaditano un teatro ambulante, Los Títeres de Cachiporra, que sería comparable, en su tratamiento estilizado del folclore, a los Ballets Russes de Diaghilev, con los que Falla había colaborado. En casa del poeta ofrecieron ambos, a sus familiares y amigos, un espectáculo inolvidable de títeres en la festividad de los Reyes Magos de 1923, en el que, con Falla al piano, estrenó Federico La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón y se interpretó -«por primera vez en España», según Federico- La historia del soldado de Igor Stravinski. Fiesta en que se reunían, pues, lo tradicional (La niña... La amistad de Falla seguiría orientando a Federico García Lorca a la hora de reconciliar las nuevas corrientes estéticas con las formas populares.
García Lorca y Salvador Dalí
En abril de 1925, desde la Residencia de Estudiantes, Federico anunció a sus padres que había recibido una invitación para pasar la Semana Santa en Cadaqués con su amigo Salvador Dalí: Dalí me invita espléndidamente. He recibido una carta de su padre, notario de Figueras, y de su hermana (una muchacha de esas que ya es volverse loco de guapas) invitándome también, porque a mí me daba vergüenza de presentarme de huésped en su casa. Pero son una clase de familia distinta a lo general y acostumbrada a vida social, pues esto de invitar gente a su casa se hace en todo el mundo menos en España. Dalí había ingresado en 1922 en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y vivía en la Residencia, donde había trabado amistad con el poeta granadino. Durante cinco años, desde 1923 hasta 1928, los mundos artísticos de Dalí y de Federico se compenetraron hasta tal punto que Mario Hernández ha hablado, con razón, de un período daliniano en la obra del poeta, y Santos Torroella, de una época lorquiana en la del pintor. En sus discusiones en Madrid y Cadaqués, y en un riquísimo epistolario que se ha conservado sólo en parte, los dos amigos abordaban cuestiones estéticas de hondo interés para ambos. Juntos exploraron la pintura y la poesía contemporáneas y el arte del pasado.
Su gran amistad con el pintor Salvador Dalí le llevó a Cadaqués en 1925 y en 1927. Estas estancias marcarían profundamente la vida de ambos, como se aprecia en la obra Oda a Salvador Dalí, publicada por Lorca en 1926. Dalí consiguió incluso que Lorca se iniciara en la pintura y presentase su primera exposición en la Sala Dalmau de Barcelona en 1927.Las dos estancias que Lorca pasó en Cadaqués junto a Dalí, en 1925 y 1927, influyeron enormemente en la vida de ambos
Cuando Federico preparaba su tragedia Mariana Pineda, en la que intentaba captar la historia de la heroína granadina en bellas «estampas» románticas, le pidió a Dalí que diseñara el decorado para su estreno en Barcelona (1927). Dalí alentó al granadino en su esfuerzo por comprender la pintura moderna (véase su conferencia «Sketch de la nueva pintura») y lo animó como dibujante, reseñando su primera exposición, en el verano de 1927, en las Galeries Dalmau de Barcelona; Y fue Federico, sin duda, quien más animó a Dalí como escritor. De la mano de Dalí pudo adquirir Federico un conocimiento más profundo del arte popular y culto de Cataluña, región por la que sentiría siempre gran afecto.
La Generación del 27
Mientras Federico descubría el mundo cultural de Cataluña, los poetas españoles estaban a punto de rescatar y celebrar a un poeta barroco cuya estética -originalidad de la metáfora, esplendor sintáctico y léxico- les impresionaba hondamente. Luis de Góngora y Argote (1561-1627) dejó huella en la poesía de García Lorca -por ejemplo, en «La sirena y el carabinero» y en algunos de los romances gitanos-, y la celebración de su tricentenario sirvió para aunar a los poetas españoles en lo que algunos de ellos empezaron a llamar una «generación». El cri de guerre inicial lo lanzó Gerardo Diego en un ensayo titulado «Escorzo de Góngora». Desde Valladolid, en febrero de 1924, Jorge Guillén acusa recibo de ese ensayo y de este nuevo «contemporáneo»: Aunque esto de las generaciones es casi un mito, y casi una tontería, sin embargo, siento cada día más vivamente la convivencia con mis verdaderos contemporáneos. Sí, creo en la contemporaneidad de los espíritus. Leyendo, atisbando su Góngora, me siento tan aludido que ¿cómo no expresarlo, cómo no sacar esta alusión a evidencia amistosa? [Correspondencia. Pedro Salinas, Gerardo Diego, Jorge Guillén (1920-1983), edición de José Luis Bernal, pp.
Dos años más tarde, Lorca envió a Guillén las primicias de un hermoso ensayo suyo leído como conferencia en febrero de 1926: «La imagen poética de don Luis de Góngora», donde expresaba la imponderable grandeza del poeta cordobés. Según Lorca, Góngora armonizaba mundos diversos gracias a su uso de la mitología, dominó como nadie el mecanismo de la metáfora y de la inspiración, y su lenguaje cayó sobre la lengua española como un rocío vivificador. En diciembre de 1927, en el Ateneo de aquella ciudad, el grupo formado por el propio Lorca, Alberti, Cernuda, José Bergamín, Juan Chabás, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Mauricio Bacarisse, comunicó a un público entusiasta una nueva visión no sólo de Góngora sino de su propio arte frente al de las generaciones anteriores. En la más sustanciosa y sabia de esas intervenciones, Dámaso Alonso pidió una completa revisión de los valores de la literatura pretérita. El viaje en tren de Madrid a Sevilla fue narrado graciosamente por Jorge Guillén en una serie de cartas a su mujer, Germaine Cahen (editadas por Biruté Ciplijauskaité): Es absurdo -escribe Guillén-. Los actos oficiales -dos veladas literarias y un banquete en la venta de Antequera- fueron conmemorados en la prensa sevillana de aquel entonces.
Crisis y Viaje a Nueva York
Lorca obtuvo un gran éxito con su obra Canciones, pero la publicación de su obra Primer romancero gitano provocó en Lorca una crisis muy profunda. Se le tachó de costumbrista y defensor de los gitanos, recibiendo duras críticas incluso por parte de sus amigos Buñuel y Dalí. El poeta conoció a Dalí durante su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Su gran amistad con el pintor le llevó a Cadaqués en 1925 y en 1927. Estas estancias marcarían profundamente la vida de ambos. Con el tiempo, el Romancero Gitano se ha convertido en una de sus obras más aclamadas. Sin embargo, en el momento, su publicación provocó en Lorca una crisis muy profunda.
El éxito crítico de Canciones (1927) y el éxito popular de Primer romancero gitano, publicado en julio de 1928, dejó descontento a Federico García Lorca, que, en cartas a sus amigos en el verano de 1928, confesaba estar atravesando una gran crisis sentimental, una de las crisis más hondas de mi vida. [Cartas a Sebastià Gasch y a José Antonio Rubio Sacristán, agosto de 1928].
Para dar un giro a su vida y cambiar de aires, Lorca se embarcó en el Olympic rumbo a Nueva York, donde llegó en 1930. Describió la ciudad como un lugar "de alambre y muerte", y se vio sorprendido por la economía capitalista y el trato dado a los afroamericanos. Sus experiencias le llevaron a escribir Poeta en Nueva York, donde buscó expresar "la esclavitud dolorosa del hombre y la máquina juntos". Esta obra no se publicaría hasta cuatro años después de su muerte.
Para dar un giro a su vida y cambiar de aires, Lorca se embarcó en el Olympic con rumbo a Nueva York, donde llegó en 1930. Sus experiencias le llevaron a escribir Poeta en Nueva York, donde buscó expresar "la esclavitud dolorosa del hombre y la máquina juntos".
Regreso a España y Muerte
En 1931, Lorca escribió Bodas de Sangre, la primera parte de una trilogía. Una tragedia en verso y prosa inspirada en un crimen real que tuvo lugar en 1928 en la localidad de Níjar, en la provincia de Almería. En 1934 escribió Yerma, la segunda parte de la trilogía.
Tras una estancia en Buenos Aires, Lorca regresó a España en 1934, donde la situación política era insostenible y se respiraba un clima prebélico que hacía presagiar el estallido de una guerra civil. Mientas el mundo entero admiraba a Lorca como "el Homero español", las críticas hacia él se recrudecieron en el contexto de tensión previo al conflicto, y aunque se resistió a la presión de sus amigos para afiliarse al Partido Comunista, sufrió las arremetidas de los conservadores por su amistad con personalidades abiertamente socialistas como la actriz Margarita Xirgu. La popularidad de García Lorca y sus numerosas declaraciones contra las injusticias sociales le convirtieron en un personaje incómodo para la derecha.
A pesar de la protección que le ofrecieron México y Colombia, Lorca prefirió volver a Granada con su familia ya que la situación en Madrid era cada vez peor, e incluso sopesó la posibilidad de encontrar refugio en la zona republicana o en casa de su amigo Manuel de Falla. Tanto que, cuando la guerra ya estaba a punto de estallar y podía haberse refugiado en latinoamérica, prefirió volver a Granada con su familia. Finalmente, el poeta decidió refugiarse en casa de los padres de su amigo Luis Rosales, donde el 16 de agosto de 1936 fue detenido por Ramón Ruiz Alonso, un ex diputado de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), que había denunciado a Lorca ante el gobernador civil de Granada José Valdés Guzmán. Lorca se refugió en casa de los padres de su amigo Luis Rosales, y allí fue detenido el 16 de agosto de 1936
Lorca era consciente de la terrible situación en la que se encontraba. El poeta fue trasladado al Gobierno Civil y después a la localidad de Víznar, y dos días después, en la madrugada del 18 de agosto de 1936, fue fusilado en el barranco de Víznar, a pocos kilómetros de la capital granadina, en la conocida como "carretera de la muerte". Su cuerpo, que jamás se recuperó, descansa en una fosa común anónima, posiblemente cerca del mismo lugar de su muerte. Según el historiador e hispanista Ian Gibson, Valdés consultó a Queipo de Llano qué debía hacer con él, y este dio la orden de ejecución con la siguiente frase: "Dale café, mucho café".
A día de hoy la muerte del poeta aún suscita numerosas preguntas. Últimamente han surgido algunas teorías, como la planteada por el investigador Miguel Caballero Pérez, que postula que en la muerte de García Lorca estarían directamente implicadas las familias Roldán y Alba, enfrentadas con el padre del poeta por viejas rencillas relacionadas con el reparto de unas tierras compradas a medias.
Estilo Literario
Federico García Lorca tenía un estilo muy característico. Al autor granadino le encantaba hacer uso de potentes recursos como la metáfora y las imágenes para representar las ideas y transmitir ciertos conceptos en sus trabajos literarios. Muchos de los símbolos que utilizaba tenían que ver con el tema de la muerte, aunque los significados, que no eran nada fáciles de interpretar, solían variar de una obra a otra.
Lorca era un experimentado escritor y podía adaptarse con facilidad a las nuevas tendencias o movimientos literarios, aunque prefería incluir elementos tradicionales en sus trabajos los cuales demuestran los vastos conocimientos culturales y literarios que poseía. Estos elementos tradicionales no consisten, sin embargo, en reproducir las formas literarias clásicas, sino en tratar los aspectos más tradicionales de la vida, las gentes y el país en el que había vivido. Por ejemplo, la música y las canciones populares son elementos que solían aparecer en su poesía.
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