Federico Jiménez Losantos: Biografía y Trayectoria

25.10.2025

Federico Jiménez Losantos nació en Orihuela del Tremedal (Teruel) el 15 de septiembre de 1951. Hijo de un zapatero y una maestra, a los diez años ganó una beca y realizó el bachillerato con J. A. Labordeta y J. Sanchís Sinisterra.

En 1971, se trasladó a Barcelona para continuar sus estudios universitarios, licenciándose en Filología Hispánica con una tesis sobre Ramón del Valle-Inclán.

Inicios y Evolución Profesional

Durante el franquismo, colaboró con el PCE y militó brevemente en Bandera Roja. En la Barcelona de los setenta, estudió psicoanálisis con Oscar Masotta y fundó y dirigió Diwan (1978-1981) con Alberto Cardín y Javier Rubio.

En 1978, ganó el I Premio de Ensayo El Viejo Topo, con La cultura española y el nacionalismo. Sin embargo, su editorial se negó a publicar Lo que queda de España (1979), primer libro de crítica a la política lingüística en Cataluña y a la izquierda sumisa al nacionalismo.

Desde entonces, es uno de los intelectuales y periodistas españoles más influyentes y discutidos: jefe de Opinión de Diario 16, columnista de ABC y El Mundo, comentarista de Antonio Herrero en Antena 3, director de La linterna y La mañana en la COPE y creador del grupo Libertad Digital: La Ilustración Liberal, LibertadDigital.com y esRadio, donde dirige Es la mañana de Federico.

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Libertad Digital

LA ILUSTRACION LIBERAL: Revista de pensamiento trimestral que aparece en marzo de 1999 y de la que es director. Recogemos aquí el primer artículo, de Federico Jiménez Losantos, en este periódico digital: «Libertad y política»Este primer número de "Libertad Digital" sale a la luz, es decir, a la red, en la recta final de una campaña electoral que, desde el punto de vista liberal y ciudadano, está resultando una verdadera estafa.

Enfrascados en una discusión meramente administrativa y en un recuento de promesas aritméticas, si algo brilla por su ausencia en el debate a propósito de la campaña es precisamente la política. Ni la situación calamitosa de la Justicia, ni el desastre de la Educación, ni la menguante libertad periodística, ni la concentración bancaria, ni las gravísimas amenazas para la Nación y la Constitución han merecido a los candidatos la décima parte de interés que una subida de mil pesetas a los pensionistas.

Tal parece que PP y PSOE, con el apéndice de IU, quieren convencernos de que es posible una campaña electoral sin debate de ideas. Lo negamos. En una sociedad democrática, sin ideas no hay política.

Obras Publicadas

Ha publicado los poemarios Diván de Albarracín, Poesía perdida (1969-1999) y La otra vida. Sus libros de historia y política o antologías de artículos son siempre grandes éxitos: La dictadura silenciosa, Contra el felipismo, La última salida de Manuel Azaña, Los nuestros, Con Aznar y contra Aznar, De la noche a la mañana.

La dictadura silencionsa (1993) ha constituído un éxito sin precedentes en el ensayismo político español (trece ediciones en ocho meses) con gran repercusión nacional e internacional; seguido por el Contra el Felipismo. Crónicas de una década (1993) con cinco ediciones en dos meses. Otras obras suyas son el libro de poemas Diván de Albarracín (1982) o el ensayo Por la Europa de la libertad (1990). Ha publicado también las antologías sobre Manuel Azaña: Ensayos (1982) y Discurso (1983) -Editorial Alianza Editorial- y La última salida de Manuel Azaña (Ed. Planeta).

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Vida Personal

Federico Jorge Jiménez Losantos (Orihuela del Tremedal, Teruel; 15 de septiembre de 1951) lleva 45 años con María, tienen dos hijos.

Este viernes, Bertín Osborne mostró el lado más humano del director y presentador del programa radiofónico Es la mañana de Federico. Jiménez Losantos es capaz siempre de sorprender. No hay más que recuperar cómo recuerda el día que se casaron don Felipe y doña Letizia: "En la boda de los príncipes de Asturias, me tocó detrás de Pau Gasol y me tapó la lluvia. Estábamos Gabilondo, Luis del Olmo, Carlos Herrera y yo.

Federico Jiménez Losantos recibió un sonoro zasca de su mujer, María Prado. El periodista, que actuaba de anfitrión, y preparó la comida al invitado, Bertín, eligió una ensalada de garbanzos con ventresca para recibir al presentador, una receta que aprendió durante sus años en la comuna.

"Yo te tengo que decir, Bertín, que eso de que haya cocinado.. No digo que no lo haga nunca, pero no es el talento que más ha desarrollado de los muchos que tiene", espetaba María, reprochando a su marido que no se ponga el delantal más a menudo.

Federico Jiménez Losantos será el invitado de Bertín Osborne en 'Mi casa es la tuya' del 24 de enero. En su entrevista con el presentador descubre al público sus facetas menos conocidas. Sus orígenes, su vida personal, su trayectoria profesional, y sus seres más queridos. Una de ellas es su mujer, María Prado, que le acompaña en este esperado encuentro televisivo.

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Durante su encuentro con Bertín en 'Mi casa es la tuya', se pudo apreciar la diferencia entre las personalidades de cada uno. María Prado es una apasionada de la política española, aunque en un nivel más moderado en comparación con su marido. María Prado es una mujer muy prudente y reconoce que, a pesar de que tiene las mismas inquietudes que su marido, no comparten la misma efervescencia que tanto caracteriza al periodista.

Fue en 2018, en una entrevista con Rosa Villacastín, cuando reveló cómo es su media naranja: "Es una mujer muy equilibrada, cuidadosa, educada, de una familia socialista pero católica y ha criado a mis dos hijos estupendamente bien". Además, es la persona a la que más admira.

David Jiménez Torres

A David Jiménez Torres (Madrid, 1986) le intrigó hace unos años la ambigüedad, la polisemia y las contradicciones que entrañaba la condición de intelectual. Es más, su propia definición. Como fruto de esa curiosidad comenzó a leer e investigar sobre el tema. El resultado es el libro La palabra ambigua. Los intelectuales en España (1889-2019), publicado por Taurus.

El ensayista, hijo del periodista Federico Jiménez Losantos, ha publicado también novelas -Cambridge en mitad de la noche (Entre Ambos, 2018)- o ensayos -El mal dormir (Libros del Asteroide, 2022)- y compagina su tarea con la docencia de Historia en la Universidad Complutense de Madrid. De formación anglosajona sabe combinar la erudición académica con la divulgación cultural en un libro que repasa un asunto controvertido como es el papel de los intelectuales en la política y en la sociedad españolas.

Jiménez Torres concede especial atención a los dos periodos del siglo XX en los que los intelectuales tuvieron más protagonismo, como fueron el periodo republicano de los años 30 y la transición democrática de los 70 y 80. El hilo conductor de su libro se refiere a la dificultad de definir qué es un intelectual o qué rasgos caracterizan a un intelectual.

Después de escribir un libro donde destaco la ambigüedad y la polisemia de la palabra, resultaría muy contradictorio que me definiera como intelectual. Ahora bien, a partir de la idea de alguien cuyo trabajo es estudio e investigación, podríamos utilizar el término en mi caso. Pero mientras tengo clara mi función como profesor frente a los alumnos o mi función como autor frente a los lectores, dos dedicaciones muy concretas, introducir la palabra intelectual no añade nada a lo que hago.

No existe, pues, una definición de consenso. Al mismo tiempo se trata de un concepto incoherente. Por ello entre las citas del libro incluyo una de la película Amanece que no es poco (José Luis Cuerda, 1989) donde, en el tono surrealista del filme, un labrador afirma: “Yo es que he pensado que a mí también me interesaría ser intelectual. ¿Por qué existe esa ambigüedad tan grande sobre el concepto de intelectual?

Algunos conceptos amplios y polisémicos suelen ser ambiguos. Por ejemplo, la libertad. En cualquier caso, el tema me interesó mientras estaba preparando mi tesis doctoral en Inglaterra sobre la figura de Ramiro de Maeztu, que escribió mucho sobre los intelectuales. Eran los años inmediatamente posteriores al 15-M, movimiento que criticó con fuerza a los que llamaban intelectuales del régimen del 78.

Es cierto que me influyó un libro sobre los intelectuales británicos escrito por Stefan Collini, un profesor de Cambridge. En su ensayo mantenía que los intelectuales británicos nunca habían sido tan decisivos ni tan influyentes en la sociedad como los franceses. Esa actitud la calificaba Collini como la tesis de la ausencia. Cuando me puse a pensar en el caso español, observé que había aquí opiniones parecidas. Pero en nuestro país somos más proclives a una tesis de inferioridad, de irrelevancia, con respecto a Francia.

Tendemos a valorar que en algunos periodos, el rol de algunas figuras intelectuales ha sido importante a la hora de cambios sociales. Por poner dos ejemplos: ¿Unamuno fue un personaje influyente en la década republicana? Está claro que las dos personas que cita tuvieron influencia en esas épocas. Sin embargo, la madre de todas las dudas radica en cuánto influyeron. Es algo, por supuesto, inverificable. Sea como sea, creo que la influencia de un personaje como Miguel de Unamuno no fue una condición suficiente para provocar un cambio de régimen, ni mucho menos.

Siempre se cita el famoso artículo de José Ortega y Gasset en El Sol, El error Berenguer, como el texto que derribó a la monarquía. Pero de ninguna manera llegó la República como consecuencia de ese artículo. ¿Podríamos decir que la República significó el periodo de auge de los intelectuales, cuando muchos de ellos ocuparon el poder?

Digamos que ese acceso de algunos intelectuales a puestos en el Gobierno se produjo en un momento muy concreto de cambio de régimen. Conviene remarcar que ellos formaban parte de una élite previa a la caída de la monarquía. De todos modos, tampoco fueron aceptados unánimemente y ese auge coincide, por otra parte, con una mayor virulencia de los discursos anti-intelectuales.

En España las dictaduras siempre odiaron a los intelectuales. La edad de oro de esa persecución la encontramos en la dictadura de Primo de Rivera, entre 1923 y 1930, y en el primer franquismo. Cabe recordar que los militares sublevados en 1936 culparon siempre a los intelectuales de haber traído la República y de haber provocado la guerra. De hecho, estigmatizaron a ese colectivo. Pero no conviene perder de vista que el discurso anti-intelectual no solo estuvo instigado por las derechas autoritarias. Las izquierdas también lanzaron esos mensajes, como los anarquistas durante la guerra cuando no se fiaban de los intelectuales o los consideraban un lastre para la revolución.

Da la impresión de que la sociedad siempre pide a los intelectuales que opinen, que participen en la vida pública, que sean faros. Es cierto que se plantea una exigencia social para que se pronuncien los intelectuales en muchos momentos. Pero resulta que la gente les pide cosas contradictorias. Por un lado, existe hoy el anhelo de contar con figuras fiables y de referencia que orienten a la opinión pública. Por otra parte, muchos sectores también critican la figura del todólogo en las tertulias, aquellos que se atreven a opinar de cualquier tema.

Otra época importante en relación con los intelectuales fue la Transición. ¿Cree que su papel fue notable a la hora de formar una conciencia democrática? Es cierto que mucha gente percibió que los intelectuales tuvieron influencia en la creación de esa conciencia democrática. De hecho, un dirigente comunista y cristiano como Alfonso Comín defendió que la conquista de la democracia había sido un largo camino que se había iniciado en las fábricas, las universidades y los sectores intelectuales.

La presencia social de los intelectuales se va apagando una vez el país consolida la democracia. ¿Su labor ya no era necesaria? Bueno, podemos observar que los intelectuales ya no ejercen esa especie de misión de dar voz a la oposición porque esa tarea ya la cumplen los políticos elegidos en las urnas, el Parlamento o los medios de comunicación en una sociedad libre. Quizá resulte paradójico que revistas como Triunfo o Cuadernos para el Diálogo, tan prestigiosas y necesarias en una dictadura, cerraran en los primeros años de democracia.

Usted ha escrito novela, ensayo, es profesor y columnista de prensa. ¿De dónde viene tanta versatilidad? Tengo una amiga políglota a la que le encanta aprender nuevos idiomas por lo que significa de reto. Me pasa algo parecido con los distintos tipos de escritura, que tienen códigos y estilos muy diferentes. En realidad, como lector me gustan muchos géneros y, por tanto, me apetece cultivarlos también como escritor. Lo considero un desafío. Por otra parte, también me gusta la docencia, esa relación larga y profunda con los estudiantes.

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