Fernando Martín: Biografía de un Ícono del Baloncesto Español
Fernando Martín fue un apolo apabullante que logró lo que sólo logran los únicos: trascender a su deporte ejercido, en su caso el baloncesto. De modo que más allá del baloncesto estuvo el gran Fernando, hasta hoy. De modo que su gloria es deportiva, ... pero es mucho más que una gloria deportiva.
Primeros Años y el Flechazo con el Baloncesto
Fernando era un portento físico, un 'Tarzán' que podría haber sobresalido en casi cualquier deporte que se hubiera propuesto. Empezó con el balonmano, aunque desde bien pequeño destacó en la natación, en el Club Jiménez. Era, por supuesto, la estrella del equipo en su colegio.
Fue el entrenador del equipo de baloncesto, Mariano Bartivas, el que le captó para las canastas cuando conoció de sus virtudes. Eran comienzos de 1978, tenía ya 15 años y fue un flechazo, aunque al principio le costara adaptarse a los pasos: en apenas dos años estaría jugando en la elite.
Trayectoria Deportiva
Estudiantes
En el verano del 78, Martín se convierte en jugador colegial, donde viviría una corta pero intensa etapa en la que, lo fundamental, se desarrolló como jugador de baloncesto. "Recuerdo su llegada al Ramiro. Pensé: 'Qué pájaro, cómo progresa'", rememoraba Pepu Hernández.
En su primer curso, fue campeón de España júnior en Mataró, sorprendiendo a todo el país, pues aún no era tan conocido. Aunque ya debutó con el primer equipo en la 79/80, su consolidación llegó en la siguiente temporada, protagonizando uno de los momentos más dulces en la historia del club.
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Con Chus Codina en el banquillo y un quinteto mítico (Vicente Gil, Charly López Rodríguez, Del Corral, Slab Jones y el joven Martín), fueron subcampeones de Liga con un baloncesto veloz y creativo que aún se recuerda. Siendo todavía jugador de Estudiantes, se produjo su debut con la selección española.
Fichaje por el Real Madrid
El primer interesado en llevarse a Fernando fue el Joventut de Manel Comas. Después llegaron las potentes ofertas de Barcelona y Madrid. "Fue un objetivo claro y rápido", confesó Lolo Sainz.
La firma con los blancos, que tuvieron que pagar un traspaso de 13 millones de pesetas, se produjo el 24 de junio de 1981: un contrato de tres temporadas por nueve millones. Martín llegó a la vez que Mirza Delibasic y, sin tiempo de adaptación, se fueron con el equipo a Sao Paulo para disputar el Mundial de clubes.
En su primer curso conquistó la primera de las cuatro ligas de ese periodo inicial de blanco, en el que sumaría también dos Copas y una Recopa.
Selección Española
Martín ya disputó los Europeos júniors de 1979 y 1980. En el primero, en Damasco, con Aíto García Reneses en el banquillo, conquistaron el bronce. En Celje, con Ignacio Pinedo, fueron cuartos tras perder contra la Bulgaria de Glouchkov.
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Su debut oficial con la absoluta de Díaz Miguel, con quien mantendría una permanente relación de amor-odio, se produjo el 13 de mayo de 1981, en un partido de preparación contra Francia. En el Europeo de ese verano en Checoslovaquia, de nuevo cuartos, se recuerda su tapón a Tachenko.
Antes de Los Ángeles, Martín disputó el Mundial de Cali (de nuevo 4º), recordado por la primera victoria oficial ante EEUU (con 26 puntos del pívot) y el Europeo de Francia, en el que conquistaron la plata tras ganar a la URSS de Sabonis en semifinales. Sólo la Italia de Riva y Meneghin apartó del oro.
Los Ángeles 84
Al gran momento del baloncesto español Fernando Martín llegó tras un calvario de meses con su maltrecha espalda. Un trabajo concienzudo junto a Paco Binaburó le permitió rendir en Los Ángeles, donde la selección iba a protagonizar la primera gran gesta de su historia. Aquella victoria contra Yugoslavia en semifinales (74-61) que luego cantaran Los Nikis desató un 'boom' nunca antes visto.
En el Fórum de Los Ángeles, con medio país trasnochando por el deporte de las canastas, la EEUU de Michael Jordan y Pat Ewing impuso la lógica, aunque la plata era ya una cumbre en sí misma. Tras los Juegos, el pívot ya sólo disputaría dos torneos más con España y ambos algo decepcionantes.
En el Europeo de 1985 en Alemania sólo pudieron acabar en cuarta posición tras caer con Checoslovaquia. Junto a Valters, Petrovic, Schrempf y Sabonis, Martín completó un quinteto ideal legendario. La despedida (pues su marcha a la NBA le impedía seguir vistiendo la camiseta nacional, según las reglas de la época) le llegó en el Mundial patrio del 86, un quinto puesto que era mucho menos de lo esperado. En total, 86 partidos y dos medallas de plata.
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NBA
Desde bien pronto la mejor liga del mundo echó el ojo a aquel fenómeno español. Los Lakers le enviaban cartas y durante los Juegos de Los Ángeles, Jerry West le telefoneaba. Pero a los angelinos se le adelantaron los Nets en el draft de 1985 (puesto 38).
Todo estaba dispuesto aquel verano para el gran salto tras una Summer League en Priceton en la que terminó de convencer a la franquicia de Nueva Jersey. Esa oportunidad, quizá más propicia que la que iba a tener después en Portland, no se concretó por los problemas con su agente (Lee Fentress).
Ese verano iba a ser el búlgaro Glouchkov el primer extranjero no formado en la NCAA que disputara la NBA (Suns). Ya con Miguel Angel Paniagua y tras completar en Loyola Marymount el campus de los Blazers, Fernando firma con los de Oregon. Cumplía su gran ilusión, aunque fuera perdiendo dinero.
Un 31 de octubre de 1986 un español debutaba en la NBA. En lo deportivo, su estancia en Portland no cumplió sus expectativas. Entre lesiones y la falta de valentía de Mike Schuler, un entrenador novato en un equipo con aspiraciones, apenas tuvo oportunidades. Ni siquiera cuando se lesionó San Bowie: los Blazers optaron por fichar en un traspaso a Kevin Duckworth, quien le iba a romper la nariz en un entrenamiento.
Vuelta al Madrid
Las propuestas que había para continuar en la NBA (principalmente de los Spurs) fueron echadas por tierra por el lockout de aquel verano. Así que Martín regresó al Madrid con un contratazo. "Yo pensaba que no iba a volver tan pronto", reconoció Lolo Sainz, que recibía a su estrella con "un poquito menos de ambición deportiva".
Ese curso levantaron la Korac, tomando revanchas pasadas con la Cibona y perdieron la ACB contra el Barça ya de Norris. El americano iba a ser uno de los grandes nombres propios del final de la carrera de Fernando. El otro, el de Drazen Petrovic.
Petrovic
El genio de Sibenik había sido la gran bestia negra del Real Madrid a principios de los 80. Por su legendarias provocaciones y por las recurrentes derrotas blancas contra la Cibona, especialmente dolorosa la de la final de la Copa de Europa de 1985 en Atenas (36 puntos de Drazen). Así que su llegada a Chamartín desató la polémica.
"Fue complicado. Nos había hecho mucho daño en el pasado. Era un chico joven, rebelde. Pero creo que hizo lo imposible por ser bien acogido", reconoce Sainz, a quien tocó lidiar con dos de los egos más grandes de la historia del baloncesto. Petrovic aterrizó en octubre, tras los Juegos de Seúl.
Y en noviembre ganaron la Copa al Barça en La Coruña. Aunque el momento cumbre de sus tiranteces, el contraste entre el liderazgo coletivo del español y el individualismo del balcánico, llegó en la inolvidable final de la Recopa contra el Snaidero Caserta.
Mientras Martín jugó con un dedo de la mano roto, Drazen firmó uno de los partidos de su vida (62 puntos), lo que levantó ampollas. Después, perderían la ACB contra el Barça, en la famosa Liga de Neyro. Con tres años más de contrato, Petrovic abandonó a la carrera el Real Madrid en agosto de 1989, rumbo a los Blazers. Le bastaron 61 partidos de blanco para ser leyenda del club.
Audie Norris
El americano, que también tenía pasado en los Blazers, aterrizó en España en 1987 y sus duelos con Martín se iban a convertir en historia viva del baloncesto español. A punto de firmar con el Real Madrid un año antes, el pívot se vistió de azulgrana tras pasar por el Benetton de Treviso, un anti Martín por su potencia física, aunque llegara con problemas de rodilla.
Sus choques en la pintura, puro ardor, resultaron únicos. Una rivalidad de golpes, agarrones, codazos y miradas furtivas, como si la pintura fuera un reducto precioso que defender con la propia vida. Un batalla que engrandecía a ambos. Y fuera de la cancha, una vez acababa el duelo, ambos mantuvieran el honor y las formas.
"Hay pocas cosas que haya tenido tan claro en mi vida como que yo quería estar en Madrid para su entierro", cuenta Norris, cuya presencia en el pabellón de la Ciudad Deportiva, junto a sus compañeros del Barça, resultó emocionante. El último partido en el que estuvieron cara a cara había sido poco antes, el 17 de octubre de 1989, en el Palacio.
Vida Personal
La glosa de su figura pública pide citar los nombres de Petra Sonneborn , y de Ana Obregón , dos mujeres en la biografía de un gigante, cada una a su manera. Petra fue una resonante modelo alemana, que enviudó al morir Fernando en aquel accidente de juventud.
Petra es la madre del único hijo de Fernando, Jan , que también se ha dedicado con mérito y afán al baloncesto, donde su padre dejó alto, o altísimo, el linaje, con bordadura de oro. Jan no había cumplido los cinco años cuando murió su padre.
Relación con Ana Obregón
"Nuestros ojos nos anclaron el uno al otro. Y para siempre. Nunca había creído en los flechazos... y, sin embargo, lo que sentimos Fernando y yo fue un flechazo desde el primer momento (...). Todo mi cuerpo se estremeció cuando me besó. Fue intenso, pasional. Al tener sus labios junto a los míos, sentí que besaba la vida y que sus labios serían los últimos que besaría jamás".
Así relata Ana Obregón en sus memorias cómo fue el inicio de su relación con Fernando Martín, de cuya muerte en accidente de tráfico se cumplen hoy, en el peor año para la presentadora al perder en el pasado 14 de mayo a su hijo Álex, de 31 años.
En explícitos pasajes, la actriz describe profusamente cómo fueron sus cuatro años de relación. “Sentí que alguien, por fin, me quería de verdad”, aseguraba en una de las páginas sobre el deportista, al que conoció cuando trataba de labrarse una carrera en Hollywood, que abandonó por él.
“Porque me enamoré, y cuando tenía a la mejor agencia de allí y una serie a punto de empezar, me pudo el corazón y volví”, afirmaba en una entrevista con Vanitatis. Una decisión profesional de la que sigue sin arrepentirse: “Para nada. Los años que pasé con Fernando no me los quita nadie. ¿Para qué me hubiera servido quedarme allí haciendo una película? Los recuerdos no me los quita nadie. Los recuerdos de amor y de cariño son mejor que ninguna serie en América”, nos contaba entonces.
En una reciente entrevista para '¡Hola!', la primera tras la muerte de su hijo, Ana declaraba que "yo también perdí a Fernando Martín, que fue el amor de mi vida en plan pareja. Alessando lo sabe. Alessandro es la persona más importante del mundo porque me ha dado lo más importante de mi vida, pero sabe que mi gran amor fue Fernando Martín".
Sin embargo, la presentadora concluía que "no es lo mismo perder un amor que perder un hijo. Porque un amor es sustituible, aunque sea por un simulacro de amor, pero un hijo, no"
Por su parte, la bióloga, siempre ha mantenido que su historia con el jugador de baloncesto no fue una simple relación esporádica, sino que Fernando Martín fue el verdadero amor de su vida, y desvela en sus memorias algunos de los episodios que vivió con éste y lo hace con pelos y señales.
"Nuestros cuerpos eran dos imanes que se atraían en silencio. Se paró el tiempo. Pude sentir cómo me acariciaba el alma, con pasión y dulzura. Nos amamos toda la noche y toda la noche él me miró con esos ojos alumbrados por la luna que yo había buscado tanto tiempo...Sentí que alguien, por fin, me quería de verdad. 'Quiero que seas la madre de mis hijos. Sé que serás la mejor madre del mundo' (...). Y yo, Fernando. Quiero ser la madre de tus hijos. No quiero separarme de ti nunca más".
Disputa Familiar sobre la Relación
La familia del fallecido baloncestista Fernando Martín está muy disgustada con las inminentes memorias de Ana Obregón, Así soy yo, que verán la luz el próximo martes, sobre todo después de comprobar que, tal y como desgrana esta misma semana la revista Hola, la actriz dedica gran parte de su autobiografía a la relación que mantuvo en el pasado con el jugador.
Según ha podido saber Vanitatis, el entorno del que fuera una de las grandes promesas del basket está harto de que la actriz utilice, cada cierto tiempo, el nombre de Fernando Martín para reaparecer en televisión y revistas. Ya lo hizo hace unos meses cuando se introdujo en La Caja, donde desnudó su alma para recordar gran parte de su pasado, un gesto que molestó sobremanera a la familia de Martín, especialmente a sus padres, al igual que su participación en el programa Más allá de la vida o aquellas fotografías en las que aparecía la bióloga visitando la tumba del que fuera su pareja.
Los más allegados aseguran que el gran amor de Fernando Martín no fue Ana Obregón, sino Blanca Suelves, con la que mantuvo una larga y estable relación y que posteriormente contraería matrimonio con el duque de Alburquerque, mientras decidía permanecer al margen de toda esta historia y optaba así por un perfil bajo en términos mediáticos.
El Trágico Final
Accidente
La temporada 89/90 había comenzado con cambios en el Madrid, sin Petrovic y sin el eterno Lolo Sainz en el banquillo, a quien sustituyó George Karl. Fernando jugó su último partido el 14 de noviembre, ante el Grupo IFA Granollers.
El accidente en la M-30 ocurrió horas antes del encuentro en el Palacio ante el CAI -que lógicamente se suspendió-, aunque Martín, que se estaba recuperando de una tendinitis, no iba a jugar. Su muerte fue un shock en el país.
Madrileño de Conde de Orgaz, hijo de Ricardo y Carmen, miope, tercero de cuatro hermanos, mal estudiante, deportista multidisciplinar tan diestro en el ping pong como en la natación (campeón de Castilla), antes de probar el baloncesto se desempeñaba en el equipo de balonmano en los Maristas de San José del Parque; amante del flamenco (su grupo favorito era Triana), de la naturaleza, de la escalada en la Pedriza, la velocidad, los veranos familiares en Benidorm y Delibes.
Fernando Martín fue un icono de los 80, un competidor como no se recuerda ("Hoy no me he levantado para perder" era una de sus recurrentes frases), un Neil Armstrong a la española, que se dejó la vida en una fría y para siempre gris tarde en la M-30, un 3 de diciembre de hace 30 años. Nadie olvida lo que estaba haciendo ese día que se fue la estrella y nació el mito.
Un exceso de velocidad en la M-30 madrileña acabó con su vida. Sólo tenía 27 años.
El fallecimiento de Fernando Martín causó un gran impacto en la sociedad española de los 80. España perdía a uno de sus grandes ídolos del deporte. Un gran profesional del basket, un jugador excepcional que fue parte del Estudiantes y que incluso llegó a fichar en la NBA.
Legado
Dicen que un hijo siempre se parece a un padre, pero esta vez el tópico se queda corto. Es el vivo rostro de un gran jugador que desapareció tristemente dejando huérfano su dorsal número 10 en el Real Madrid.
Ahora, Jan Fernando Martín pasea, con su 2,02 de estatura y sus 95 kilos, ese mágico número por las canchas con inusual desparpajo para su corta edad. Con sólo 17 años ya es un líder, y las comparaciones son inevitables.
Allá adonde va él le precede la figura de Fernando Martín, el carismático jugador de baloncesto al que un accidente de coche cercenó su vida en diciembre de 1989. Se habla de él como si fuera un clon. Que si tiene el mismo físico que su padre. Que si las mismas maneras dentro de la cancha. Incluso, el joven ya se está ganando la misma fama que su progenitor de preservar su vida privada.
Sin embargo, Jan, pese a las constantes comparaciones, asegura no sentirse presionado. Hace cuatro años que comenzó para él una nueva vida. Pensó que quería dedicarse al baloncesto, y después de militar algún tiempo en el Maccabi Haifa, un equipo de Israel, se vino a vivir a España con sus abuelos y su tío Antonio, para que le ayudasen en su futura carrera.
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