Historia de la Virgen del Camino y su Fertilidad

26.10.2025

Como ha sucedido con los caminos de la Historia, forjada a base de las vivencias de sus moradores en las distintas épocas para trazar su cultura y vida, el Camino de Santiago ha perdurado a lo largo de casi dos mil años con sus mágicas historias, leyendas y mitos, que hoy en día siguen más vivos que nunca. Algunas de ellas inverosímiles, eso sí, pero que han pasado de generación en generación por el boca a boca de sus antiguos moradores y que suponen una de las razones por la que esta Ruta Jacobea se encuentra llena de “espiritualidad”. A todos nos gusta soñar y creernos estas historias que ahora lector, va a disfrutar, con un paseo literario por esas historias que perviven hoy por este Camino Francés a su paso por tierras castellano y leonesas, adentrándonos en tres provincias, Burgos, Palencia y León.

Burgos

Nuestra primera parada nos lleva hasta Belorado, la segunda localidad burgalesa por la que discurre el peregrinaje. Aquí subyace una curiosa leyenda atribuida a San Vítores, patrón de la localidad. Este santo, dicen que fue apresado en su día, allá por el año 800, y que fue decapitado por los sarracenos. Su cabeza caía al suelo y de su cuerpo comenzó a surgir abundante leche y sangre que dieron vida a secos matorrales. La tradición cuenta también que con su propia testa entre sus brazos, siguió predicando hasta convertir a la fe cristiana a sus verdugos.

En el Monasterio de San Juan de Ortega nos espera el milagro de la luz, que se puede disfrutar de él durante los equinoccios de primavera y otoño. Un rayo de sol penetra por una pequeña ojiva abierta en un muro de la iglesia para posarse en uno de sus capiteles recreando el misterio de la Encarnación, dos milenios después. San Juan de Ortega, era conocido como el santo de la fertilidad y a él acudían numerosos matrimonios que no podían tener hijos a buscar el milagro. Hay muchos mitos en relación a este santo como la pareja irlandesa con un hijo mudo que llegó hasta el templo y allí en el sepulcro había unas mujeres ofrendando unas manzanas a San Juan. Al verlas, el niño les pidió una de viva voz.

Nuestra siguiente parada nos lleva hasta a Catedral de Burgos, que este año vive su VIII Centenario de vida. Casi nada. Una de sus capillas alberga al Santo Cristo de Burgos. Son millares de peregrinos que aseguran que les crece el pelo y las uñas. Y que suda sangre. Y en este templo se halla enterrado el héroe legendario, don Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como El Cid, que también fue en su tiempo un peregrino más, como aquel romance que dice así: “Ya se parte don Rodrigo, que de Vivar se apellida, para visitar Santiago, donde va de romería”.

Y nuestro último destino en tierras burgalesas nos lleva hasta Castrojeriz, donde dicen que se apareció la Virgen. Allí en la colegiata de Nuestra Señora del Manzano, a su entrada se pueden ver las huellas de cuatro herraduras que aseguran pertenecieron al caballo blanco de Santiago, tras dar un salto para marcar el lugar exacto donde apareció la Virgen.

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Palencia

Cambiamos de provincia y nos adentramos en Palencia. Un paraje sin igual y salpicado de numerosas y coquetas iglesias románicas, que esconden, como no podía ser de otra forma sus propias historias legendarias. En Villalcázar de Sirga se venera una talla gótica en piedra policromada, la Virgen de las Cantigas, que el propio rey Alfonso X dejaba constancia: “Esto foi en aquel tempo, que a Virgen comecou, a facer en Vila-Sirga, miragres, porque sanou, a muitos d’enfermidades, et mortos ressocitou...”.

Un peregrino fue acusado de robar una piedra destinada a la construcción del templo, por lo que fue condenado a morir ahorcado. La Virgen apareció y le colocó la famosa piedra bajo sus pies, logrando salvar, nunca mejor dicho, su cuello.

En Carrión de los Condes, nos topamos de nuevo con El Cid, donde en Robledo de Corpes fueron afrentadas sus hijas como bien dice el cantar. Aquí aparece Santiago apóstol que provocó una estampida de toros bravos. Y en el convento de Santa Clara se recuerda a la madre Luisa de la Ascensión, quien fue procesada y absuelta por la inquisición y que tras morir, realizaba unos cuantos prodigios.

Otra de las leyendas en estos lares tiene como protagonista la Iglesia de Belén. Allí, se dice que los cristianos engañaron a los musulmanes para su toma y escondieron a sus guerreros en carros de carbón para reconquistar el lugar. Esa es la razón, señalan los lugareños, por la que aparecen dos carros en el escudo de Carrión de los Condes.

León

Nuestra primera parada, ya en León, nos lleva hasta Sahagún. Se dice que aquí, el rey Alfonso VI recurría a la prueba del fuego para instaurar el nuevo rito de la Iglesia, en latino o el mozárabe. Por lo cual, el monarca arrojó al fuego un par de misales y vio como ambos ardían. “Allá van leyes do quieren reyes”, se dice que exclamó. Y a esta localidad se recuerda aún al “peregrino perezoso”, que dijo que hasta aquí había llegado su caminata. Pero quedó deslumbrado por una bella zagala a la que siguió deslumbrado, Y cuando desaparecía y el desistía en continuar volvía a aparecer, y de esta guisa llegó hasta tierras compostelanas.

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Ya en la capital nos topamos con la figura de San Isidoro, cuyos huesos fueron traídos por Fernando I desde Sevilla y para ello mandó construir un panteón real en la basílica que lleva su nombre. Se cuenta que al Santo no le placía en demasía que se le molestara en su sueño eterno y que una vez que los lugareños sacaron sus huesos para acabar con una sequía que asolaba la comarca, las reliquias del Santo multiplicaron su peso, obligando a los portadores a devolver a San Isidoro a su lugar de reposo.

Y cerramos nuestro relato en Hospital de Órbigo, donde aparece el caballero leonés don Suero de Quiñones, cuyas hazañas fueron alabadas por el propio Don Quijote de la Mancha. Pues este caballero derrotó durante un mes a más de 300 caballeros venidos de toda Europa que querían cruzar el puente de la localidad.

La Virgen del Camino y la Tribu Yaqui

Raquel Padilla, profesora investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, está especializada en los orígenes del pueblo indígena Yaqui. Durante sus investigaciones descubrió la relación que existía entre este pueblo indígena y la Virgen del Camino, una devoción que mantienen desde que el jesuita Tomás Lizásoain llegará al territorio de los Yaquis a evangelizar. Hay una devoción muy importante en la denominada tribu Yaqui a la Virgen del Camino.

El Padre Tomás fue misionero con los yaquis y fue misionero en Bácum, que es el pueblo donde está la devoción a la Virgen del Camino. Es gracias a los misioneros y a pesar de ellos. Es muy interesante ver como la devoción irrumpe por las condiciones en las que se vio la salida de Tomás Ignacio Lizásoain de México. Nada más llegar al territorio yaqui llevó la pequeña talla de la Virgen que hoy conservan. Cuando los jesuitas son expulsados del país, los yaquis toman el control de su religiosidad y todo lo que habían aprendido de los jesuitas lo asumen como suyo y lo transforman.

Tanto es así que la devoción a la Virgen del Camino ahora es yaqui, vino de España pero es una devoción yaqui porque le dieron un toque muy distinto e incluso cambiaron la fecha de la celebración. Ellos celebran esta fiesta de la Virgen del Camino el 1 y 2 de julio, coincidiendo con la fiesta de Santa Isabel y con el periodo de aguas, de lluvias.

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En 1868 hubo una masacre del ejército contra los yaquis en la iglesia de Bácum, donde murieron unas 400 personas. Quemaron la iglesia con los yaquis dentro y un grupo de yaquis, que sobrevivió, puso a salvo la imagen de la Virgen. Este grupo huyó a la sierra y allí escondió la talla. Todos los años, un grupo de 8 o 10 yaquis, que son los únicos que saben dónde está la Virgen, la bajan de la sierra Bacatete al pueblo de Bácum. Van fuertemente armados custodiando a la Virgen.

Toda la comunidad está esperando ansiosa a que llegue la Virgen, pero con miedo. Miedo a que se la roben, no tanto por el valor económico sino por lo que significa para la resistencia yaqui y por el cariño que le tienen. Cuando llega al pueblo la reciben los matachines, que son danzantes de la Virgen, y se deposita en la iglesia, donde celebran una Misa, celebrada por el maestro de la iglesia yaqui y concelebrada por un sacerdote.

Es una talla de madera de pequeño tamaño, del siglo XVIII, que los yaquis revisten con falditas, blusas y mantos blancos y muchos collares de chaquiras y listones de colores. La revisten tanto porque cada prenda es una manda que se está pagando, una promesa que se le ha hecho a la Virgen. Al final lo único que la comunidad ve es una carita recubierta de ropas.

La Virgen del Puy

Situado a media ladera de uno de los montes que rodean Estella, El Puy es una atalaya a cuyos pies se extiende la ciudad. La Virgen del Puy eclipsó al resto de las imágenes marianas que se veneraban en la ciudad. La Virgen del Puy es la decana y, desde mediados del siglo XVII, coincidiendo con la construcción del templo barroco y el sitio de Fuenterrabía, su patrona. A partir de entonces la devoción aumentó, y su fiesta, que se celebraba el 8 de septiembre, en 1655 se trasladó al primer sábado de agosto para hacerla coincidir con las Fiestas de la ciudad. Desde 1856, su fiesta se celebra con gran solemnidad el 25 de mayo, día del año 1085 en que se tomó Toledo.

Si cogemos las fechas históricas al pie de la letra, la Virgen del Puy, milagrosamente aparecida en 1085, es anterior a la ciudad, cuya fundación -más bien repoblación- se hace coincidir con el año en que se le otorgó el Fuero (1090). Esta aparente contradicción se debe a que antes de esa fecha ya existía una agrupación espontánea de mercaderes francos cobijados al amparo del castillo existente en el roquedo que hoy se conoce como La Cruz de los Castillos. Lo cierto es que el primer documento que cita a la Virgen del Puy es de 1171.

Según la tradición, en esta arca gótica fue encontrada la virgen (en realidad, es el arca-expositor en la que hasta el siglo XVII se guardó la imagen). En el anverso se representa la escena de la Anunciación, y en reverso, los Apóstoles.

Según cuenta Francisco de Eguía y Beaumont en su "Estrella Cautiva o Historia de la Ciudad de Estella", fechada en 1644, los pastores de Abárzuza vieron que unas estrellas se posaban a la entrada de una gruta cerrada de matorrales. Al repetirse el fenómeno las noches siguientes, se acercaron y encontraron una imagen de la virgen. Avisaron a los clérigos de su pueblo; estos lo comunicaron al obispo de Pamplona, quién avisó al rey Sancho Ramírez, el cual se hallaba en el cerco de Toledo. Regresó rápidamente el monarca, ordenó que la Virgen se bajara a la iglesia de Lizarra, pero a unos veinte metros la imagen se inmovilizó y no consiguieron que avanzara. Comprendiendo que el deseo de Ntra. Sra. era permanecer en el lugar en que había aparecido, junto a la gruta se construyó una capilla y una casa para el rey y para los peregrinos.

Sea como fuere, desde aquél momento Estella ha sido una de las estrellas más brillantes del Camino de las Estrellas, conocido también como Camino Francés, o Camino de Santiago. El nuevo santuario se convirtió en un importante centro de peregrinación al que acudía la gente en busca de milagros. Estos fueron numerosos.

Los numerosos peregrinos ocasionaban cuantiosos gastos, y la capilla había quedado pequeña. Para solucionar el problema, en 1174, el obispo de Pamplona, Pedro de París, donó la iglesia a los "Sesenta de Santiago", cofradía de carácter no exclusivamente religioso compuesta por personas de origen francés. Esta cofradía fue disuelta por el rey en 1323; renació cinco años más tarde; volvió a ser disuelta en 1346, pero la orden quedó sin efecto al subir al trono un nuevo monarca. Lo cierto es que ambas cofradías han sido recuperadas: la de Ntra. Sra. del Puy, en 1945; la de los Sesenta de Santiago, nombre del coro que participa en las celebraciones de la Basílica del Puy, en 1999.

El deseo de la Virgen de permanecer en el lugar de la Aparición, se lo tomaron los estelleses tan a pecho que hasta 1631 no la movieron del altar. Ese año, para conjurar una epidemia de cólera que asolaba la ciudad, se bajó en rogativa, pernoctando tres noches en cada una de las tres parroquias principales, lo que hizo que la epidemia cesara. Desde entonces, hasta 1900 bajó en 22 ocasiones (20 de ellas coincidieron con pestes y otras calamidades, y las otras dos, con la celebración del 8 Centenario, en 1885, y con el robo del niño, en 1900), pernoctando siempre a la parroquia de San Juan, en la que llegaba a permanecer varios meses. En septiembre de 1946, con motivo de la coronación de Ntra. Sra. la Real, de Pamplona, fue la primera y única vez que salió de la ciudad.

Desde fecha antigua, a lo largo del mes de mayo también subían los vecinos de casi todas las calles y barrios de Estella. Eran las barriadas: el sábado correspondiente, precedidos de un pregonero tocando el tambor, subíamos caminando al Puy. Después de asistir a la Salve se repartía pan, vino y queso, y se terminaba la fiesta con una gran hoguera. Al día siguiente, domingo, subíamos a misa, y después el prior del barrio ofrecía pastas y mistelas. De todas las barriadas, sólo se celebra la de la plaza de Santiago, la de la calle Calderería, y la de la calle del Puy. También hacen romería los pueblos de la comarca.

En romerías que están datadas desde finales del XVI, vienen los de Villatuerta y Arandigoyen y, en reconocimiento de la relación que tuvo San Veremundo con la Virgen del Puy, los alcaldes de Estella y Villatuerta intercambian sus varas de mando. Vienen los de Abárzuza, cuyos pastores encontraron la imagen. También lo hace el valle de Allín y algunos pueblos del valle de Yerri.

En 1640, un ladrón se apoderó de las joyas de la Virgen y huyó. No fue muy lejos: a unos veinte pasos lo detuvo una fuerza misteriosa, y a la mañana siguiente, al ser descubierto, la Justicia le cortó las manos, y atadas por un cordel las colocó en un poste de madera que en 1866 se sustituyó por la columna de piedra que hoy recuerda el milagro. Cuando en 1964 se derribó el humilladero de la Virgen del Camino, se esculpió la imagen de piedra que está sobre la citada columna.

Pero el milagro más trascendente se produjo en septiembre de 1638. Durante la defensa del famoso sitio de Fuenterrabía, cientos de estelleses fueron destinados a combatir en la parte más peligrosa. Preocupados por su vida, se encomendaron a la Virgen, la cual se les apareció y les prometió que todos regresarían sanos y salvos a la ciudad, lo cual se cumplió. Dos años más tarde, en recuerdo de aquel hecho, Juan de Aguirre y Gamarra, padre de la que empleó todos sus bienes en levantar el convento de Recoletas, costeo el crucero de la iglesia barroca. Y la ciudad, agradeciendo que todos sus vecinos volvieran vivos, la nombró su patrona y desde entonces su devoción aumentó.

Tabla resumen de las advocaciones Marianas mencionadas

Advocación Localización Características Relación con la Fertilidad
Virgen del Camino Bácum (México), Nagore (España) Talla de madera del siglo XVIII, vestida con ropas y ornamentos. Devoción transformada por el pueblo Yaqui, fiesta relacionada con el periodo de lluvias.
Virgen del Puy Estella (España) Imagen milagrosamente aparecida en 1085, patrona de la ciudad. Importante centro de peregrinación, rogativas para buenas cosechas.
Virgen de las Cantigas Villalcázar de Sirga (España) Talla gótica en piedra policromada, venerada por sus milagros. No especificado en el texto.

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