Nacimiento de Flamencos: Un Espectáculo de la Naturaleza
Cada año, tras unas semanas de incubación, se da la bienvenida a las primeras crías de flamenco. El equipo de Zoología espera que sean cerca de una decena de nacimientos.
Incubación y Preparación del Entorno
Año tras año, la incubación de estos huevos es posible gracias al trabajo del equipo de cuidadores, quienes, tras identificar los cortejos entre flamencos, trabajan diariamente para acondicionar el suelo de la instalación. A través de estas labores que mañana tras mañana desarrollan, preparan la playa para transformarla en una especie de cenagal de agua salobre. Durante todo el periodo de incubación, sus cuidadores respetan su proceso natural.
El Proceso de Eclosión
El proceso de eclosión de los pequeños flamencos puede tardar hasta cuarenta y ocho horas. Comienzan picando el cascarón del huevo poco a poco hasta romperlo. Un gran esfuerzo que provoca la extenuación de los polluelos. Esta debilidad los lleva rápidamente a consumir el que es conocido como ‘vitelo’ que encuentran en sus huevos, para más tarde con una primera alimentación que les garantiza sus progenitores con una sustancia hiperproteica llamada comúnmente como “leche de buche”.
La "Leche de Buche": Un Alimento Especial
“Esta es de color rojo intenso debido a la alta cantidad de carotenos, muy parecido al color de la sangre. Tal es el parecido que incluso, a veces, si al polluelo se le escurre por un lado del pico mientras los padres lo alimentan, puede llegar a asustar. De momento, los polluelos se mantendrán en el nido de tres a cuatro días, en algunos casos incluso una semana. Cuando llega el momento de abandonarlo, inician una ruta de exploración por la colonia de flamencos y pueden observarse formando pequeñas guarderías vigiladas por los adultos.
Desarrollo de los Polluelos
Los polluelos se mantendrán en el nido de tres a cuatro días, en algunos casos incluso una semana. Durante todo este tiempo y hasta alcanzar la madurez reproductiva, irá cambiando no solo el color de las plumas, sino el de sus patas. Su estatura también sirve de orientación a veterinarios y cuidadores para sospechar la juventud del ave, además de su sexo. La hembra suele tener un tamaño menor que los machos, aunque no es un aspecto determinante.
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Torrevieja: Un Refugio para Flamencos
En Torrevieja ya es una realidad que se repite año tras año. Lo que durante décadas fue conocido por su actividad salinera, hoy también es un refugio inesperado para la vida salvaje. La laguna ha conseguido algo extraordinario: convertirse en uno de los pocos lugares de la Comunidad Valenciana donde el flamenco común cría con éxito.
Desde 2020, año en el que se produjo la primera anidación coincidiendo con las restricciones más duras de la pandemia, el fenómeno se repite. Aquel silencio humano, casi absoluto, creó las condiciones perfectas. Les gustó. Volvieron. Y desde entonces, los flamencos han encontrado aquí un lugar seguro para criar. Este año, según informan desde Proyecto Mastral, ya ha nacido más del 60 % de las puestas.
El flamenco común (Phoenicopterus roseus) no elige cualquier sitio para criar. Necesita tranquilidad, seguridad, y un entorno donde pueda alimentarse bien. En otras palabras: si vuelve, es porque se siente en casa.
Crían en una mota de tierra estrecha que separa la laguna de Torrevieja y que, por su ubicación y forma, es inaccesible para los depredadores. Eso lo cambia todo. Allí, lejos de perros, gatos o humanos pesados y curiosos, las aves incuban con calma. Además, se han habituado al paso de las barcazas cargadas de sal que navegan muy cerca del lugar de cría. El ruido, la actividad industrial, la maquinaria… no las altera. Ya han aprendido que no representa una amenaza.
Importancia Ecológica
Ver nacer flamencos no es solo una curiosidad bonita. Es también una señal positiva de salud ecológica, algo cada vez más escaso. Este humedal, que forma parte del Parque Natural de las Lagunas de La Mata y Torrevieja, ofrece el equilibrio justo entre agua, sal y alimento. Y las aves lo saben.
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Las crías nacen grises, esponjosas, casi como pequeños peluches. Pero con el tiempo, y gracias a una dieta rica en carotenoides (los mismos pigmentos que dan color a las zanahorias), sus plumas se irán tiñendo de rosa. Así, poco a poco, se irán convirtiendo en los icónicos flamencos que conocemos. Es un proceso lento, pero fascinante. Como la naturaleza misma.
La reproducción exitosa del flamenco en Torrevieja comenzó en 2019, y desde entonces ha ido a más. Este año, según los expertos, podría ser el de mayor número de nacimientos. ¿Por qué? Porque las condiciones han sido ideales: ni demasiada sequía, ni lluvias torrenciales que alteren los nidos. Un equilibrio delicado que, cuando se da, lo cambia todo.
Lo que está ocurriendo en Torrevieja es una historia de resiliencia. De cómo un espacio natural que muchos daban por perdido, se ha convertido en refugio para una de las aves más emblemáticas del Mediterráneo. Y también de cómo, a veces, la naturaleza responde cuando se le deja espacio para respirar.
El Color Rosado de los Flamencos
Los flamencos son aves zancudas y reconocibles por su color rosado. Sin embargo, su plumaje es blanco cuando nacen. Existe una explicación científica a este cambio y a los distintos tonos que muestran estos animales.
Las aves de esta especie abandonan el cascarón con plumas blancas y las que les van saliendo son grises, indica National Geographic. También pueden mostrar algunas marrones. Solo se vuelven rosas cuando son adultos y esto se debe a lo que comen. Conforme van creciendo y van alimentándose, van consiguiendo ese color rosa a través de la alimentación. Se alimentan con su pico en forma de plátano, filtrando en el agua bacterias, crustáceos y algas".
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Dichos productos son la base de su dieta y tienen carotenos, un pigmento que se puede encontrar en los seres vivos que hacen la fotosíntesis. Son sustancias químicas que acaban cambiando su aspecto: "Cuanto más rosas o rojos son esos alimentos, de color más rosa o rojizo se vuelven los flamencos... Podemos decir que de lo que se come, se cría".
Los tonos que se pueden ver en estos animales dan pistas sobre su estado de salud: un flamenco bien alimentado tiene un plumaje entre rosa y rojo, mientras que uno enfermo o con problemas nutricionales presenta un color más pálido y cercano al blanco.
La Cría en Mundomar
Mundomar está de enhorabuena por la llegada de una cría de flamenco, la primera de su historia. Los padres del recién nacido pertenecen a un grupo de flamencos que fue cedido, hace unos años, por un zoológico español. Desde su llegada, el personal de Mundomar se afanaron en recrear su hábitat para garantizar su bienestar. Los flamencos ponen un único huevo que incuban y cuidan en igualdad de condiciones, tanto la hembra como el macho. Además, construyen su nido valiéndose de barro y elementos naturales que encuentran en su entorno.
El tono rosado de los flamencos es un rasgo muy característico en esta especie. Sin embargo, no nacen así ya que dicha tonalidad la adquieren de los alimentos que consumen, los cuales contienen restos de crustáceos. Este cambio en el plumaje se puede apreciar perfectamente en la nueva cría de Mundomar, la cual es de color blanco pero que adquirirá ese mismo tono rosado de sus padres al alcanzar la edad adulta.
La Leche de los Flamencos y Otras Aves
Los mamíferos no somos los únicos animales capaces de producir fluidos con los que alimentar a nuestras crías. Puede que llamarle “leche” sea impreciso, pero su función es prácticamente idéntica. La realidad, es que somos los únicos animales que amamantan a su descendencia por el simple hecho de que solo nosotros tenemos mamas. De hecho, si nos ponemos estrictos hay mamíferos que tampoco no amamantan, como ornitorrincos y equidnas, que simplemente “sudan” la leche desde la raíz de algunos de sus pelos.
La sustancia que secretan los flamencos (Phoenicopterus) cumple todas esas cualidades. Si alguna vez te has fijado en un flamenco te habrás dado cuenta de que tienen un pico realmente extraño. Por lo general la parte inferior del pico de los pájaros es más fina que la superior y se mueve con mayor libertad, como ocurre con los maxilares de la mayoría de los mamíferos. Sin embargo, los flamencos han invertido el juego. La parte superior de su pico es mucho más fina y es la que se abre y cierra para dejar que entre el alimento.
La solución que por ensayo y error ha encontrado la naturaleza no es otra que leche. Esta se produce a través de unas glándulas repartidas por todo su largo esófago, de tal modo que el polluelo la ha de beber del pico de sus padres, porque efectivamente, tanto machos como hembras producen leche. Y aunque parezca mentira, los flamencos han condicionado su campo visual empeorando su capacidad de ver lo que tienen al frente a cambio de poder apuntar al pico de sus polluelos. En cualquier caso, es cierto que no contiene lactosa, el azúcar característico de la leche de los mamíferos, pero sus cualidades nutricionales no se quedan atrás.
Leche Roja
La cantidad de proteínas y azúcares de la leche de flamenco es comparable con la nuestra y eso es suficiente para el polluelo. Pero hay más, porque junto con estas sustancias que la componen también se secretan células sanguíneas, glóbulos rojos transportadores de oxígeno y blancos, encargados de defendernos contra potenciales infecciones. Sumándose a estos están los anticuerpos, producidos precisamente por algunos de esos glóbulos blancos y que, aunque no son absorbidos por la cría, sí protegen su tracto digestivo de infecciones mientras su sistema inmune no termina de madurar. Finalmente, se escapan otro tipo de células, bacterias que colonizarán el intestino del “bebé” flamenco para ir formando su microbiota, popularmente conocida como “flora bacteriana”. Esta evitará que otras bacterias “malignas” infecten sus mucosas.
El motivo de que sea roja es el mismo por el que los flamencos en sí muestran colores que van del rosa al rojo intenso es otro muy distinto. Los flamencos recién nacidos son grises y el verdadero color de los adultos es blanco. Quienes contienen el pigmento rojizo no son ellos, sino los crustáceos de los que se alimentan. Estos, como las zanahorias o los tomates, producen carotenoides, unas moléculas que cuando nosotros consumimos en exceso también nos pueden volver naranjas. Dichos pigmentos colorean las plumas de los adultos, se secretan a la leche y a su vez a través de una glándula en su piel que usan para embadurnarse el cuerpo como si quisieran darse una segunda capa de color.
Palomas y Pingüinos
Al pensar en flamencos da la sensación de que la leche de ave es algo exótico, lejano, pero posiblemente ya haya ocurrido cerca de ti, porque las ciudades están llenas de palomas (Columbidae). No obstante, hay varias diferencias, porque su leche ha evolucionado de forma tan independiente a la de los flamencos como a la nuestra. En el caso de las palomas, no está producida por ninguna glándula, sino por las células que componen las paredes de su buche, una cavidad en el esófago que les ayuda a almacenar alimento. De hecho, esta sustancia es conocida como “leche de buche”.
El tercer y último ejemplo de aves lactantes se encuentra algo lejos de todo, concretamente en la Antártida. Hablamos del pingüino emperador (Aptenodytes forsteri). De nuevo, las casualidades de la evolución han hecho que desarrolle leche por motivos propios. En las duras condiciones en las que viven, no es fácil traer un polluelo al mundo. El huevo siempre ha de estar acompañado para que no se congele, protegido entre las patas y un emplumado pliegue en la piel de su padre. Este lo incubará sin apenas moverse durante los 34 días que tardará en eclosionar. Mientras tanto, la madre parte mar adentro para alimentarse todo lo que pueda y así volver bien nutrida para cuidar a su retoño. Sin embargo, la pesca no siempre es fácil y el huevo podría abrirse antes de tiempo, dejando al polluelo al cuidado de un padre que no podría abandonarle para traerle alimento. Y ese es el motivo por el que los machos producen leche, para nutrir a sus crías a costa de sus propias reservas corporales en caso de que la madre tarde en traer la primera cena. Desde ese momento la leche dejará de tener utilidad y los padres se turnarán para salir de pesca hasta que el polluelo se independice.
Pingüinos, palomas y flamencos producen sustancias muy diferentes, y teniendo en cuenta que han evolucionado de forma independiente, parece lógico que se parezcan en poco más que en su función. No obstante, la bioquímica de estos animales tiene preparada una sorpresa. Es posible que hayas escuchado que los humanos y otros mamíferos empezamos a producir leche cuando una hormona llamada prolactina alcanza niveles relativamente altos. Pues bien, los tres tipos de aves ven desencadenada su lactación con esa misma hormona. Todos ellos han “diseñado” sistemas de producir sustancias nutritivas para sus vástagos con necesidades y métodos muy distintos ¿cómo es posible que el primer paso de la producción de leche sea tan parecido entre todos nosotros?
En este caso, la prolactina tiene otras funciones relacionadas con la reproducción por lo que sus niveles suelen estar elevados en el momento adecuado, cuando puede haber crías en camino. Por supuesto que esto no lo explica todo, pero nos ayuda a entender un poco mejor que algunas casualidades evolutivas no son tan casuales.
QUE NO TE LA CUELEN:
- Aunque varias especies de aves pueden producir leche los mecanismos que emplean son bastante distintos.
- La rojiza leche de los flamencos no se debe a las células sanguíneas que contienen.
- Aunque la leche de flamenco contiene pigmentos el plumón del polluelo no se colorea de inmediato. Su plumaje y sus patas tardarán en tomar color, siendo indicadores de su madurez sexual.
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