Crisis de los 7 Años en Niños: Características y Cómo Afrontarla
A lo largo de la etapa infantil, los niños pasan por varias fases, incluyendo la crisis de los 2 años y otras más. Entre estas crisis se encuentra la de los 7 años, que a veces, y dependiendo de cada niño, también puede manifestarse a los 6 años.
¿En Qué Consiste la Crisis de los 7 Años?
La crisis de los 7 años no es más que una fase del desarrollo evolutivo en la que los niños empiezan a construir una personalidad e identidad propia. Se trata de una fase completamente normal en el desarrollo de la personalidad de los niños. A esta edad, el cerebro de los pequeños experimenta grandes cambios que repercuten en las conductas que adoptan.
En primer lugar, los niños y niñas que experimentan la crisis de los 7 se rebelan contra la autoridad, ya sea padre, madre, tutor, maestro o todos. Lloran y se enfadan con mucha facilidad sin motivo aparente. Se quejan de que lo que se les pide no es justo y que no se les presta suficiente atención. Se vuelven más serios, se muestran rebeldes y dominantes e inventan excusas.
Características de Esta Fase del Desarrollo
Como ya hemos visto, la crisis de los 7 años se puede considerar una fase de reafirmación de personalidad. Al cumplir los 7 años, los pequeños tienen la necesidad de experimentar el mundo por su cuenta y desarrollan un mayor grado de autonomía e independencia. Esto hace que quieran afianzar su propia personalidad e identidad para diferenciarse, así, de las demás personas.
El cerebro de un niño está en constante crecimiento y maduración. De hecho, a los 7 años, alcanza, aproximadamente, el tamaño del cerebro de un adulto. Pero, además, llegada esta edad, se completa el proceso de mielización y se producen importantes cambios a nivel físico, psicológico y social. Es decir, a los 7 años, los pequeños se hacen mayores y comienzan un intenso y largo camino hacia la pubertad.
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Por tanto, es de esperar que a esta edad los comportamientos de los niños se vean alterados. Pero no hay de qué preocuparse, pues forma parte del crecimiento normal infantil. Se trata de una fase que, comúnmente, se conoce con el nombre de crisis de los 7 años.
En la etapa que abarcan estos años comenzarán la educación primaria y te pedirán más y más libertad para buscar su lugar en el mundo. Además, ya son capaces de relacionarse socialmente mejor y también de hablar mejor. En reglas generales comenzarán a revelarse contra las normas y los límites impuestos en casa (pueden comenzar las palabrotas y los insultos como forma de expresar su enfado) o tienen cambios bruscos de humor: de repente están felices y, de repente, se enfadan descomunalmente.
A los 7 años los niños dejan atrás su etapa egocéntrica y el pensamiento mágico, y se inician en la etapa de las operaciones concretas. Es habitual que pasen de la risa al llanto con facilidad. Es crucial que las madres y los padres entiendan que, en la mayoría de los casos, estos comportamientos no son indicativos de rebeldía ni suponen un trastorno negativista desafiante, sino que se trata de una expresión natural del desarrollo de la individualidad y de la propia madurez.
Cómo Afrontar la Crisis de los 7 Años
Antes de todo, tenemos que mantener la calma para poder afrontarlo con más facilidad y sin alterarnos. Los tenemos que escuchar y sobre todo apoyarlos en estos momentos. Tenemos que empatizar con esta etapa. Ser constantes y coherentes con lo que se les pide o en el caso de si los regañamos o los llamamos la atención por su comportamiento. Adaptar los límites y las normas a su edad. Continuar con los hábitos diarios.
Si tu hijo o hija se encuentra ahora mismo en plena crisis de los 7 años, el principal consejo que ofrecen los expertos es armarse de paciencia, empatizar y entender que no le ocurre nada grave. De esta forma, será más fácil acompañarlo en este periodo de transición.
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Una vez más, la empatía será la mejor ayuda para los padres. Recordarán al pequeño los límites y las normas de casa, de una manera cariñosa, y también el por qué se pusieron. Se intentarán introducir hábitos y rutinas que les ayuden y, sobre todo, ser muy constantes y mostrar autoridad.
Para abordar la crisis de los 7 años, la comunicación familiar abierta y efectiva resulta esencial. Es importante crear un espacio seguro donde los niños se sientan cómodos compartiendo sus pensamientos y sentimientos. Escuchar activamente y validar sus emociones ayuda a fortalecer el vínculo afectivo entre padres e hijos.
Aunque ya no sean tan pequeños, los niños siguen necesitando límites claros y consistentes para crecer seguros y confiados. Los progenitores deben marcar reglas comprensibles y explicar las razones que hay detrás de ellas, para que sus hijos comprendan la trascendencia de las normas y aumente su sentido de la responsabilidad.
Los padres deben fomentar la autonomía de los niños con tareas acordes a su edad, y proporcionarles oportunidades para que tomen decisiones dentro de los límites apropiados. Esto les va a permitir entrenar importantes habilidades y sentirse más seguros en su capacidad para manejar responsabilidades.
Los cambios en el desarrollo cognitivo a los 7 años vienen también acompañados de una significativa evolución en el aspecto psicomotor. A esta edad disfrutan corriendo, saltando, escalando y poniendo a prueba sus límites físicos. Potenciar el juego y las actividades al aire libre les ayudará a liberar energía y favorecer la exploración, creatividad e interacción social.
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En este periodo de búsqueda de independencia, reconocer y elogiar los logros de los niños, por pequeños que sean, va a fortalecer su autoestima y seguridad en sí mismos, lo que a su vez ayuda a sentar las bases para un desarrollo emocional y social sólido a lo largo de la infancia.
Asigna tareas que pueda realizar para que su sentido de responsabilidad aumente. De manera adecuada, permite que libere energía y tensiones practicando algún deporte que le agrade. Elogia constantemente sus esfuerzos y buen comportamiento, ya sea mediante miradas, gestos o palabras. Proporciona explicaciones sobre lo que puede y no puede hacer, así como por qué no es seguro que realice cierta labor. Ante las rabietas, las actitudes rebeldes o agresivas reacciona con calma. Evita los gritos, amenazas y castigos desproporcionados ya que esto solo escalará la violencia y empeorará la situación. Escucha a tu hijo y trata de empatizar con él y con su situación.
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