La Función Paterna en el Psicoanálisis: Un Análisis Detallado

27.12.2025

La función paterna, dentro del vocabulario psicoanalítico, adquiere un significado distinto al comúnmente atribuido. Para el psicoanálisis, esta función facilita la separación entre lo biológico y lo pulsional, promoviendo así el acceso a lo simbólico. Se trata de una función afectiva y sociocultural, de carácter real y simbólico, que trasciende las acciones individuales de un padre.

Es importante destacar que la función paterna no requiere ser ejercida necesariamente por el padre biológico. Lo esencial es que se cumpla el objetivo de esta función: transmitir al hijo la idea de que no puede serlo todo para la madre, negándole la exclusividad.

Historicidad de las Figuras del Padre

La función paterna constituye un epicentro crucial en la estructuración psíquica del sujeto. El hecho de que el hombre no pueda gestar un embarazo le otorga un rol de interlocutor en el eje diádico madre-hijo. La función del padre se basa en separar a la madre del hijo, permitiendo que el niño deje de ver a la madre como un objeto de deseo y que la madre deje de ver al hijo como "falo".

Desarrollo de la Función Paterna a lo Largo de la Vida

Desde Canvis, exploraremos la historia del paciente y todas sus etapas de desarrollo serán importantes para poder construir el contexto. Por este motivo, para Canvis es importante explicaros la importancia que tiene la función paterna durante el desarrollo del niño o niña:

  • Desde el nacimiento: La madre y el padre deben presentar un modelo de identificación para la niña o niño. Deben ir de la mano en las decisiones y deben participar ambos en los cuidados del pequeño desde un principio.
  • Durante el primer año de vida: Para que el padre pueda elaborar su posición femenina, debe realizar tareas que están relacionadas socialmente con las mujeres (no debería ser así) como puede ser cambiar los pañales, cuidarlo afectivamente, darle de comer, etc.
  • Durante el segundo año de vida: El rol del padre debe ir destinado a que el niño y la madre se puedan separar y no dependan tanto el uno del otro. Una manera de conseguir está separación será a través del juego. El padre debe proponer juegos y resolver la relación diádica con la madre. De esta manera, el niño podrá construir un vínculo a través del juego y separarse en un entorno de confianza de la madre.
  • Etapa escolar: El padre debe tomar un rol importante, tiene que estar implicado en el proceso educativo de su hijo, mostrando interés y ayudándole siempre que sea necesario.
  • Adolescencia: En esta etapa es importante que el padre aprenda a tolerar la frustración. La frustración que genera ver que el hijo va ganando autonomía y ya no lo necesita tanto. Durante estos años, la función paterna tendrá que ser capaz de tolerar los cuestionamientos que lleguen por parte del hijo y entenderlos. Será importante entender que el crecimiento del hijo conlleva la caída del padre, habrá que saber tolerarlo, aceptarlo e incluso potenciarlo.

Así pues, vemos como el padre tiene un papel muy relevante a lo largo del proceso evolutivo del niño o la niña, su presencia es muy importante y el rol que tiene que ejecutar, aún más. En los primeros años de vida, la madre y el padre tienen mucha responsabilidad, son las dos personas que más tiempo deben pasar con el recién nacido, y tiene que ser un tiempo de calidad.

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La Voz Interior y la Influencia de los Padres

Si eres adulto, sabrás que tenemos una voz interior con la que a veces tenemos conversaciones, que nos lleva la contraria, que nos hace hacer ciertas cosas cuando haríamos las contrarias, etc. ¿Sabes de dónde sale esta voz? Está voz también tiene su propia personalidad y ha sido una personalidad construida. Concretamente, el 50% de tu voz interior se construye durante los primeros 6 años de vida.

Los materiales con los que se construye son: la manera en cómo nos hablaban nuestros padres, como se comportaban entre ellos y como hablaban de nosotros. Luego, el otro 25% de nuestra voz interior se forma de los 6 a los 12 años y se fundamenta en cómo nos habla y nos trata nuestro entorno. Por esto, los padres tienen que estar atentos en la etapa escolar y mostrarse como una pata fundamental de ayuda hacia sus hijos. Si estos tienen problemas en la escuela, se debe escuchar al hijo y contenerlo y recogerlo emocionalmente. Se tiene que sentir acompañado, aunque a veces su comportamiento dificulte esta conducta.

Desde Canvis, consideramos que potenciar la aceptación de uno mismo y la autoestima es vital para el éxito terapéutico.

Estabilidad Emocional y la Función Paterna

La estabilidad emocional de los hijos depende mucho de la estabilidad emocional que tengan los padres. Es importante conocer las emociones para saber identificarlas y entenderlas en nosotros mismos y en los demás. De esta manera, podremos gestionar mucho mejor los estímulos externos, lo que nos venga del mundo exterior a nosotros. Poder tener una buena gestión de las emociones nos ayudará a afrontar des de la estabilidad situaciones que antes nos podían activar de manera poco funcional.

El rol de la madre tiene importancia, pero el del padre también. La función paterna si no está bien ejercida puede ser un factor de riesgo para el hijo, pero si está bien ejercida puede ser un factor de protección, más si el soporte emocional es de calidad.

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El Padre y su Función en Psicoanálisis

Para Freud la función paterna es una función que censura el incesto, regula el deseo de las pulsiones sexuales existentes en el niño y entre madre-hijo. Freud señala, que luego del Edipo otras figuras en la sociedad asumirán el papel de representantes de la ley, la moral, y la protección. Desde la perspectiva Freudiana el Complejo de Edipo remite a un proceso inconsciente que se establece a partir del nacimiento en relación con su madre y el padre progresivamente aparece a modo de figura de autoridad, limitando tal relación. Tal proceso concluye en el marco de las identificaciones.

Siguiendo a Freud, el psicoanálisis lacaneano también categoriza lo paterno como función. Pero munido de la lingüística y de las matemáticas, va más allá. La función Paterna como concepto matemático. El psicoanálisis lacaneano, realza lo paterno como función matemática, función que implica un lugar vacío, porque lo matemático como lo Real, impide incurrir en significaciones morales, éticas, religiosas o ideológicas. Estrictamente hablando el padre para el psicoanálisis es un significante, es decir, se sitúa a nivel simbólico. De hecho hay distintas significaciones según las culturas (padre biológico, avunculado: costumbre donde el hermano de la madre ocupa un lugar de privilegio en el sistema de parentesco o en la crianza de los hijos, abuelo, padrastro, organizaciones sociales o religiosas, etc.).

El Nombre del Padre crea la función del padre. Resulta crucial no confundir la falta o no adquisición del Nombre del Padre con la carencia paterna biográfica. Ya que no se trata de la presencia o ausencia del personaje padre en la realidad; en el complejo de Edipo puede constituirse incluso aunque el padre no esté ahí. Porque lo central en el Edipo es que el sujeto experimente que está excluido de una relación: lo fundamental es que entre en la triangularidad, y que ceda la relación dual madre niño.

No se exalta del padre su abnegación, su amor, sus tareas, los roles, sus desenvolvimientos, obligaciones o a todas aquellas responsabilidades inherentes al cuidado y protección del hijo; porque para el psicoanálisis, el padre no es un personaje real, papá, padrastro, tío, abuelo, rey, sino una metáfora. El padre es un significante que viene a ocupar y sustituir el lugar de otro significante. Aquella incógnita que había en el lugar del deseo de la madre ¿Qué desea mamá?, es reemplazado por la Ley de la prohibición incestuosa. Y es por eso, que el padre para el psicoanálisis, no es un ideal sino una necesidad de la cadena significante, es un significante privilegiado.

Ese lugar del padre sólo tiene sentido si se conserva vacío, en tanto significante que puede ser recubierto por múltiples significaciones. Por ende, ese lugar puede ser ocupado por cualquier persona, independientemente de su sexo anatómico o identidad de género. En palabras más univocas, cuando en psicoanálisis hablamos de función paterna, nos referimos a que un tercero fue capaz de incidir limitando el deseo todopoderoso y arbitrario de la madre, según el niño, pudiendo escindir aquella unidad diádica que inicialmente formo la madre y el infante. Disensión altamente positiva porque logra transmitir la ley desde Otro, por fuera a la madre. La función paterna es efectuada por un tercero que generalmente es el padre, pero puede ser ejercido por cualquier personaje, incluso por una institución.

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Lo importante, es que ese tercero/a, sea altamente significativo para la madre, solo por ello, esa madre deja de completarse con ese infante y se torna deseosa nuevamente. Con esa función, digamos el personaje del padre, sea consciente o no, provoca el clivaje necesario de esa unidad madre niño, permitiendo la internalización de la Ley y el proceso de identificación.

La función paterna como límite, como transmisora de la ley y desde el Otro puede provenir de diversas fuentes. Incluso una idea, como Dios o Patria, o una institución, como la Iglesia, o el Estado, pueden cumplir adecuadamente esa función. La función paterna es altamente ordenadora, permite el ingreso del niño en la cultura, más allá del deseo arbitrario y ambiguo de la madre. La función paterna añade un referente, un otro. Tal función provoca una desambiguación psíquica del infante que redunda en que el niño pueda pensar coherente, con criterio de realidad e integrado a la cultura.

Las fallas menores, que son universales, en esa función paterna, permiten la estructura del Edipo y la neurosis. La ausencia o la existencia de una falla severísima de dicha función, (forclusión del Nombre del Padre) propician las psicosis.De la Función del Padre, pensado psicoanalíticamente, obtenemos todos aquellos valores para vivir y cuidarnos en sociedad. Así que valga el homenaje a todos los que ocupan ese sitio.

Funciones Parentales: Materna y Paterna

Dentro de las denominadas funciones parentales en la crianza de un niño. Se combinan dos tipos de funciones: materna y paterna, que no necesariamente van ligadas siempre a la misma persona, ni a un sexo en particular. Se trata del rol que una persona en una relación de asimetría con un niño/a está en disposición de desempeñar.

La función paterna no necesariamente necesita de un hombre para ser ejercida, es indistinta en cierta medida del sexo de quién la opera. Por ello, puede estar presente en familias compuestas únicamente por una mamá en solitario o viuda, sin que eso genere afectación en el saludable desarrollo psíquico del niño. También puede darse el caso contrario, en dónde existiendo un padre en lo real, no se cumple esa función que permite al niño humanizarse como sujeto psíquico.

La función paterna opera desde antes del nacimiento y va acompañando todo el desarrollo del niño en su primer tiempo de infancia, y adolescencia. La función no va ligada al progenitor o a los lazos sanguíneos o legales de filiación, sino que se trata de quién la encarnar, como lo vemos desde hace décadas presente en gran número de padres adoptivos.

A medida que se avanza en la obra de Lacan, se observa con mayor nitidez la diferencia entre lo que es la función paterna y un padre, la persona del padre. En el escrito De una cuestión preliminar, ya se podía ver cómo el NP es compatible con la ausencia de un padre real, entendiendo como tal al padre que se tiene. Y a la vez, cómo la presencia de un padre (real), no garantiza en absoluto que haya una función paterna, como se muestra claramente en el caso del Presidente Schreber y también en Joyce.

Es en la última sesión del Seminario X de la angustia, cuando por primera vez Lacan introduce el plural al hablar del NP. Y lo hace al anunciar el tema del Seminario del próximo año: Los nombres del padre. Cuando lo anuncia, se está desmarcando de Freud.

Según Lacan el padre freudiano interviene de forma mítica como “aquel cuyo deseo sumerge, aplasta, se impone a todo lo demás”, y Lacan se pregunta si no habrá en ello una contradicción respecto de lo que se observa en la experiencia, ya que ésta nos muestra que es algo diferente lo que se produce, que es más bien la “normalización de un deseo en las vías de la ley”. Y añade que “en la manifestación de su deseo, el padre por su parte, sabe a qué “a” se refiere dicho deseo”.

Así que el padre, contrariamente al mito religioso, no es causa sui, sino un sujeto que ha ido lo suficientemente lejos en la realización de su deseo como para reintegrarlo a su causa, cualquiera que ésta sea, a lo que hay de irreductible en la función del “a”. No coloca al padre como excepción, ni tampoco en una posición superior respecto de su prole, sino que, como dirá más adelante, el padre, al igual que el hijo, está castrado. Entonces, se trata de un padre que, a pesar de su castración, encuentra una solución que podemos llamar sinthomática, en la cual, su deseo apunta a un “a” fijado. Es decir, que con ello muestra la dirección de su deseo.

Entonces no es el padre quien impide un goce, sino que hay un goce que es imposible ( el goce del Otro). Y el padre, mediante un objeto al cual dirige su deseo, es decir, por medio del tratamiento que le da a la castración, mediante lo que después en RSI llamará su síntoma, encuentra una solución, una suplencia. Solución a lo que más adelante formulará como “la relación sexual no existe”. Por otra parte es conveniente recordar que Lacan separará radicalmente la castración del padre.

La cuestión del nombre toma relevancia en Lacan en los años 60, y va en paralelo con un cambio respecto del estatuto del significante, que llega finalmente a tener el estatuto de letra. Cambio que también irá de la mano de un cambio en cuanto a la consideración del síntoma, entendido éste como goce de una letra en el inconsciente; letra que no tiene sentido.

En la única sesión del seminario sobre los nombres del padre (20-11-1963), Lacan nos recuerda que Freud coloca en el centro de su doctrina al mito del padre, y nos dice que si la praxis y la teoría del psicoanálisis están detenidas hoy es por no haber osado ir más lejos que Freud acerca de esta pregunta.

Si seguimos este hilo que se sigue desde el final del Seminario X, nos encontramos con ese breve texto: Dos notas sobre el niño” (¿26-9-1968?, meses antes de dar comienzo al seminario XVI). En el que hablando de la familia conyugal, dice que lo fundamental en ella es: “lo irreductible de una transmisión”. Dicha transmisión la plantea como necesaria para “la constitución subjetiva”, y la vincula a una condición absoluta: “la relación con un deseo que no sea anónimo”. No habla de padre y madre sino de las funciones del padre y de la madre. Se trata aquí de la ley de la castración. Un vector entendido como agente que transporta o dirige algo de un lugar a otro. Es decir, algo que conduce y lo hace con una orientación.

A partir de los años 70, Lacan establece una relación entre lo que es función de anudamiento y la función padre. Así por ejemplo, en L’Étourdit (Julio 1972), empieza su texto definiendo lo que es el decir: “que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha (entendre)” (…) “El decir se demuestra por escapar de lo dicho”. Se infiere. Para que haya dichos (p.22), hace falta “que se diga” (que es el acto del decir), o sea, hace falta el decir. No hay que confundir los dichos con el decir, aunque, “lo dicho no anda sin el decir”. El decir es otra cosa. Es un acto, y por lo tanto, ex-siste o no. No pertenece a la dit-mension de la verdad. [La ronda de los discursos sitúan los lugares con que se cerca este decir, y lo cercan como Real, o sea, con lo imposible. Imposible que se anuncia como NRS. (p.24)]

Lacan plantea que una demostración de cómo el decir se escapa de lo dicho es mediante el “dire que non”. En francés esto puede sonar a “decir que no”, pero también a “decir que nombra”. Decir que no al registro de la verdad (Colette3). El olvido del “que se diga” es lo que permite hacer como si la Ley se formulara desde ninguna parte. Permite olvidar que la misma Ley está sujeta a un decir: el decir que nombra: el dire que nom.

Esto le llevará más adelante en el Seminario RSI a plantear que el padre no es un significante sino un decir. [Es decir que este planteamiento de Lacan, cuestiona los enunciados de la Ley.] Lacan sin duda está todo el rato jugando con el equívoco de la homofonía, para poner de relieve que no se trata del “no” prohibitivo del padre como se lo ha considerado desde Freud, ni tampoco el no que corrige o contradice. Entonces, la función del padre es la de nombrar, por eso en la lección del 18-3-1975 de RSI lo escribirá así: “nhommer”, que es una condensación entre homme y nommer. Es decir, que la nominación hace al hombre. Este salto respecto del padre planteado en términos de función nominación, de anudamiento, implica una caída del privilegio del padre., ya que el padre no es indispensable para que haya anudamiento. El-nombre-del-padre nombra. Lacan lo escribe con guiones para marcar la doble dirección, pues se refiere a cómo el nombre, la nominación hace nombre del padre, y por otra parte, se refiere a que el nombre del padre también nombra. Es decir, que una nominación hace de nombre-de-padre. Por ejemplo, Dios será un nombre-del-padre, uno de los nombres posibles. No es tanto que el padre nombre, sino más bien que el decir del nombre es padre.

En el Edipo, aunque Freud no lo sepa, ubica al padre en un agujero. El agujero que en la estructura es la represión primordial. La nominación NP está condicionada por el agujero de lo S debido a que no hay Otro del Otro. Esto se podría considerar como la forclusión generalizada de lo S, y que en Subversión del sujeto se refería a ella como la inherencia de un -1. Es de ahí, de ese agujero, que se escupe un nombre como lo hace el volcán con la lava. Agujero de donde emerge el decir de un nombre.

Paso muy por encima el Seminario XX donde de alguna manera, lo que plantea en relación a la función del padre ya lo había planteado en las Dos notas sobre el niño, salvo que ahora lo sitúa en relación a la lógica planteada en las fórmulas de la sexuación.

-Vayamos entonces al Seminario XXII RSI, que es donde encontramos la expresión “cuidado paternal” en la lección del 21 enero 1975. Como decía al principio del trabajo, Lacan separa lo que es la función paterna de la presencia de Un padre, de la persona que es padre. De manera que se puede prescindir del padre y que sin embargo la función paterna esté presente. Luego eso quiere decir, que la cosa no pasa por Un padre. De ahí que no hará falta llamarla función paterna sino función anudante o nombrante: anuda lo R a lo S y a lo I. Esa función es una función síntoma. Dicha función no pasa por la transmisión del patronímico.

Para entender en consiste esto, vayamos a la clase del 21-1-1975. Es importante seguir el hilo de esta lección. Entonces, justamente después de hablar del síntoma como función, habla de Un padre de esta manera: “no tiene derecho al respeto si no (ni) al amor, más que si el dicho amor y el dicho respeto está père-versement orientado, es decir, hace de una mujer el “objeto a” que causa su deseo. Pero lo que ésta una mujer a-coge de ello no tiene nada que ver con la cuestión. De lo que ella se ocupa es de otros “objetos a” que son los hijos, junto a los cuales interviene el padre excepcionalmente en el buen caso, para mantener la represión en el justo mi-dieu (muy cerca del mi-dire- Mi dieu: medio dios) la versión que le es propia por su perversión, única garantía de su función de padre, la cual es la función de síntoma tal como las escribí. Para eso, allí es suficiente que sea un modelo de la función. Esto es lo que debe ser el padre en tanto que no puede ser más que excepción (…) Poco importa que tenga síntomas si añade a ellos el de la père-version paterna, es decir, que su causa sea una mujer que él haya conseguido para hacerle hijos, y que a éstos lo quiera o no, les brinde un cuidado paternal. La normalidad no es la virtud paterna por excelencia, sino solamente el justo mi-dios, o sea, el justo no-decir (non dire), a condición de que no sea demasiado transparente ese no-decir. Es decir, que no se vea inmediatamente de qué se trata en lo que él no dice (…) Nada peor que el padre que profiere la ley sobre todo. No hay padre educador sobre todo, sino más bien rezagado respecto de todos los magisterios”.

En esta cita extensa, se ve cómo Lacan apunta a lo que sería la posición libidinal del padre, esto es a lo que se refiere cuando dice “hace de una mujer la causa de su deseo”. Recordemos cómo ya apuntaba a esto en la última clase del Seminario de la Angustia: [“en la manifestación de su deseo, el padre sabe a qué “a” se refiere dicho deseo (…). “ El padre es un sujeto que ha ido lo suficientemente lejos en la realización de su deseo como para reintegrarlo a su causa (…)].Además en esa cita de RSI añade lo siguiente, que a esa mujer “la hace suya para tener hijos a quienes brindará cuidado paternal lo quiera o no”. Por cuidado no me parece que se refiera a los cuidados del orden de las necesidades de los niños.

Vemos que Lacan está planteando la función del Padre como función síntoma. Hace de una mujer su síntoma, es decir, aquello que suple la relación sexual que no hay, y hace conjugar dos nominaciones: “tú eres mi mujer, y “tú eres mi hijo(a)”. El cuidado paterno es la nominación. Lo que Lacan llama “el decir de nominación”. Hay una doble nominación: tú eres mi mujer, y tú eres mi hijo. Así que para un hombre, una mujer puede ser un síntoma, pero esto no es generalizable, y además hay más síntomas que logran suplir la NRS. El NP como metáfora, versión de Lacan del Edipo freudiano, es un síntoma entre otros.

Plantea que el NP como un 4º redondel. Primero parte de la idea de que los tres redondeles R, S, I están desanudados, siendo el 4º redondel el que anudaría esas tres consistencias independientes. El NP es una manera de anudarlas, dejando abierta la cuestión de que haya otras maneras de hacerlo. Reduce el NP a dar un nombre a las cosas, [“con todas las consecuencias que eso comporta, por ejemplo hasta en el gozar”. Se está refiriendo aquí a lo que previamente se había referido en la clase del 21 Enero.]

En la clase del 11 marzo (p. 121) de RSI dirá que el prototipo de NP es Dios. Algo similar dirá en el siguiente seminario del Sinthoma: “la hipótesis del ICS, como subraya Freud, solo puede sostenerse si se supone el NP. Suponer el NP, ciertamente es Dios.

Podemos pensar que este hombre se desajustó de manera importante en un momento de su vida. No pudo sostener lo que había emprendido, y que tiene un fenómeno alucinatorio en su cuerpo justo cuando va a suicidarse: la corriente y la voz que le habla. A partir de ese momento hace un retiro espiritual. Después, vuelve a la iglesia y ocurre el milagro de la reactivación, va a Jerusalén y comienza su labor humanitaria. Podemos plantear que para este sujeto, Dios, a modo de cuarto nudo, hace las veces de NP, consiguiendo con ello reanudarse, y con una función borromea.

Después en la clase del 15-4-1975, “Cuando yo digo NP, eso quiere decir que puede haber como en el nudo borromeo, un número indefinido. Ese es el punto vivo, y es que ese número indefinido, en tanto que están anudados, todo reposa sobre uno en tanto que agujero (…). Habrá que esperar al Seminario XXIII para que plantee que el padre es sinthoma: aquello que permite anudar las tres consistencias R.S, I, de manera que si se corta alguna de ellas no se deshaga el nudo. Es sinthoma porque con su decir, nombra (a la descendencia sobre todo). Aún más, que el decir que nombra es padre.

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