El caso de Gabriel Cruz: Crimen, conmoción y consecuencias legales

02.11.2025

El asesinato del niño Gabriel Cruz, ocurrido en febrero de 2018 en una finca de Rodalquilar, en Almería, es uno de los casos que más repercusión mediática y conmoción han provocado en España por la intensa búsqueda inicial del niño, y la gravedad de los hechos por los que la autora confesa del crimen, Ana Julia Quezada, ha sido condenada a prisión permanente revisable.

Desaparición y búsqueda de Gabriel Cruz

Gabriel Cruz desapareció el 27 de febrero de 2018, cuando se encontraba de vacaciones escolares por el puente del Día de Andalucía en casa de su abuela, en la localidad almeriense de Las Hortichuelas, dentro del parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Después de comer, el pequeño se marchó a jugar a casa de unos familiares que se encontraba ubicada a tan solo 100 metros de la casa de su abuela, pero nunca llegó.

Eran alrededor de las 18:00 de la tarde cuando sus padres se dieron cuenta de que Gabriel había desaparecido y, al no localizarlo, dieron aviso a las autoridades. Los padres de Gabriel, que estaban separados pero mantenían muy buena relación entre ellos, no creían que Gabriel hubiese decidido ir al monte solo ni que se hubiera podido despistar porque conocía bien la zona y era un trayecto muy corto. La principal hipótesis era que Gabriel podía haber sido secuestrado, así que los operativos de búsqueda revisaron sin descanso los alrededores de la localidad.

Desde la alerta por desaparición hasta que la Policía localizó el cadáver transcurrieron doce días en los que se movilizaron más de 1.500 profesionales de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y unos 2.600 voluntarios.

Ana Julia Quezada: La principal sospechosa

En un primer momento se puso el foco mediático sobre una expareja de la madre de Gabriel que tenía una orden de alejamiento, pero los investigadores mantuvieron desde el principio la sospecha sobre Ana Julia Quezada, de 44 años y de origen dominicano, quien en el momento de la desaparición de Gabriel mantenía una relación sentimental con el padre del niño, Ángel Cruz. Durante la búsqueda de Gabriel, Quezada aparecía públicamente ante los medios de comunicación junto a su pareja y, a menudo, simulaba estar preocupada y compungida.

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Ella era la única persona, junto con la abuela de Gabriel, que había estado con el niño antes de la desaparición, pero preparó una coartada para excusarse. Quezada dijo que le había pedido al pequeño que la acompañase hasta una finca familiar situada en Rodalquilar, Níjar, porque tenía que hacer allí una reforma y le prometió que lo devolvería pronto a casa para que pudiese visitar a sus primos, como tenía planeado.

Los indicios clave que llevaron hasta ella

Los agentes llevaban tiempo sospechando de Quezada por varios motivos:

  • El primero, que fue ella la persona que encontró el 3 de marzo una camiseta del niño en una depuradora que ya había sido registrada oficialmente durante la búsqueda. Pero, además, la camiseta estaba seca y no tenía signos de deterioro, pese a que el terreno estaba mojado porque había llovido.
  • El segundo indicio era que la mujer se había negado a entregar a la Policía su teléfono móvil, alegando hasta en dos ocasiones que lo había perdido.
  • Y, por último, la sobreactuación de Quezada ante los medios de comunicación, cuando intentaba restar importancia al hallazgo de la camiseta o cuando daba besos a su pareja delante de las cámaras.

El hallazgo del cadáver

Los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil siguieron cada día los pasos de Quezada y el 11 de marzo, tras tenderle una emboscada en complicidad con el padre de Gabriel, descubrieron que la mujer llevaba el cadáver del niño en el maletero de su coche. Los agentes la vieron en una finca familiar introduciendo el cuerpo del menor, envuelto en una manta, dentro de su vehículo.

Lo acababa de desenterrar y se dirigía a la vivienda que compartía con Ángel en Vícar, a más de 40 kilómetros de distancia, donde finalmente pudieron interceptarla. Dos días después, Ana Julia confesó el crimen. La autopsia del cadáver de Gabriel reveló que el menor murió estrangulado el mismo día de la desaparición y que había sido golpeado. El cuerpo tenía restos de tierra.

La versión de la acusada

En su declaración ante el juez, Quezada aseguró que cuando estaba en la finca con Gabriel vio al niño coger un hacha en el jardín y que ella le pidió que la dejase porque podía hacerse daño. Entonces, él entró a la casa y le espetó que se callara, que "siempre tenía que decirle lo que tenía que hacer", y la insultó diciéndole que era una "negra fea", dijo la acusada. También señaló que forcejeó con el pequeño para quitarle el hacha "taponándole la boca a la vez para que se callara y no le insultara, que le apretó la boca y la nariz", pero que ella no quería "hacerle daño a Gabriel ni a nadie". Se dio cuenta más tarde de que ya no respiraba, según aseguró ante el juez.

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En su último turno de palabra, la autora confesa del crimen pidió perdón a los padres del niño y a la suya propia. "Quiero pedir perdón a mi hija y a mi familia, y a todo el que se haya podido sentir mal por lo que hice", dijo entre sollozos ante el tribunal.

El juicio, los recursos y la condena

La sentencia condenatoria de la Audiencia de Almería, ratificada por el TSJA y confirmada por el Tribunal Supremo, determinó que Gabriel había accedido la tarde del 27 de febrero de 2018 a acudir con Quezada a la finca familiar de Rodalquilar donde, "consciente de su superioridad" con respecto al niño por la diferencia de edad y de complexión, le provocó la muerte de manera "intencionada, súbita y repentina".

Un criterio ratificado por el TSJA al afirmar que "la acusada aprovechó, por un lado, la inferioridad física de la víctima y, por otro, preparó un modo de ejecución de su plan criminal que neutralizaba la eventual defensa natural de un niño de ocho años". Además, consideró que "neutralizó las escasas defensas de la víctima" y que entra en juego la prisión permanente revisable".

El TSJA sí estimó parcialmente el recurso de apelación interpuesto por la defensa de Quezada, por lo que la absolvió de dos delitos de lesiones psíquicas. No obstante, mantuvo la condena a dos años y medio por los dos delitos contra la integridad moral de los padres del menor. Al mismo tiempo, el TSJA rechazó la nulidad del juicio, solicitada tanto por la defensa como por la acusación particular y confirmó la prisión permanente revisable para Ana Julia Quezada.

El proceso judicial en la Audiencia de Almería terminó, tras siete días sesiones de vista oral con las declaraciones de múltiples testigos, con la deliberación del jurado popular que halló a Quezada culpable de asesinato con alevosía. La acusación particular, ejercida por los padres del niño pidió la repetición del juicio, finalmente desestimada, al considerar que la presidenta del tribunal, Alejandra Dolero, "entró a dar opinión" cuando instruyó al jurado popular sobre la agravante de ensañamiento y la prueba pericial que avalaba su existencia.

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La repercusión mediática del caso

El caso de la desaparición y asesinato de Gabriel Cruz causó una fuerte conmoción en la sociedad. Dos días antes de que apareciese el cadáver del pequeño, tuvo lugar una manifestación en Almería capital para apoyar a los familiares y pedir el regreso del niño. Como sus padres habían contado que a Gabriel le gustaban los peces y que de mayor quería ser biólogo marino, el símbolo del pez fue protagonista de toda la movilización social y llenó las ventanas de colegios y centros públicos. También inundó durante días las redes sociales, que recogieron numerosas muestras de afecto.

En poco tiempo se constituyó la llamada 'Marea de buena gente' que arropó a los padres durante toda la búsqueda: conocidos, desconocidos, cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y medios de comunicación estuvieron junto a los padres de Gabriel con la esperanza de que pudiesen encontrar con vida al "pescaíto", como lo llamaban cariñosamente. Por otro lado, el caso reavivó el debate sobre la prisión permanente revisable, condena que finalmente se impuso, dado que la víctima es menor de 16 años.

Irregularidades en la cárcel de Brieva

Un juzgado investiga a varios funcionarios de prisiones que trabajan en la cárcel de mujeres de Brieva, en Ávila, donde Ana Julia Quezada cumple condena por el asesinato de Gabriel Cruz, 'el pescaíto'. Los trabajadores públicos habrían facilitado un teléfono móvil a la asesina a cambio de mantener relaciones sexuales con ella, y con ello habrían cometido delitos de cohecho y abuso de función pública. Con ese dispositivo y la ayuda de la actual pareja de la presidiaria, también interna del centro, se habrían grabado además relaciones sexuales que comprometen a los funcionarios. Con esos vídeos se habrían llevado a cabo varios chantajes.

Los hechos representan tal gravedad que Susanna Griso, en base a las informaciones publicadas por el periódico 'El País', expresaba lo siguiente: "Relaciones sexuales con funcionarios y con un cocinero de la cárcel, utilizaba los vídeos para chantajear a la dirección porque quería ser trasladada a una cárcel de Barcelona. ¿Esto qué es?".

La misma madre de Gabriel, Patricia Ramírez, hace aproximadamente un año denunciaba públicamente en el Senado que en el centro penitenciario de Ávila se producían "una serie de hechos penales de gravedad".

"Un poder de sugestión casi diabólico"

Los colaboradores de 'Espejo Público' se manifestaban sorprendidos por el intento de chantaje, que buscaría lograr un traslado de Ana Julia a una prisión de Barcelona a cambio de ocultar los hechos. También porque la madre tuviera conocimiento de las irregularidades.

La capacidad para seducir y convencer a los funcionarios en beneficio propio también causaba estupefacción entre los presentes en plató. El periodista Juan Soto Ivars subrayaba la capacidad de la asesina para embaucar a los que la rodean: "Dentro de la cárcel es tan buena manipulando, tiene tal habilidad, tal poder de seducción, que consigue que los funcionarios y la gente de prisiones, que está curtida, caiga en la trampa".

"No importa el niño muerto"

Susanna Griso resaltaba que Patricia, madre de Gabriel, es sin duda otra gran víctima del crimen, momento que Soto Ivars aprovechaba para exponer otro asunto que ella había denunciado con anterioridad.

A parte de puntualizar que la actualidad nos brindaba la oportunidad de analizar el comportamiento de una "perfecta manipuladora", Soto Ivars por su parte ponía el foco en un asunto que lleva tiempo reivindicando: "¿Sabéis que el caso de Gabriel no cuenta en las estadísticas, porque no es violencia vicaria?".

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