Ha Nacido un Salvador, que es Cristo el Señor: Significado y Reflexión

31.10.2025

El Evangelio de Lucas narra un evento trascendental: el nacimiento de Jesús en Belén. Este acontecimiento, situado en un contexto histórico preciso, marca el cumplimiento de las profecías y la llegada del Salvador al mundo.

El Contexto Histórico y Geográfico del Nacimiento

Lucas sitúa el nacimiento de Jesús en «un tiempo que se puede determinar con precisión» y en «un entorno geográfico indicado con exactitud», de modo que «lo universal y lo concreto se tocan recíprocamente» (Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 2012, 77). Desde el punto de vista de la fe cristiana, lo importante es el acontecimiento del nacimiento de Jesús en Belén. En cambio, las condiciones históricas en las que nació Jesús son menos importantes.

El hecho de que Jesús nazca en Belén, es decir, en la ciudad de David, demuestra que es descendiente de David y cumple la profecía de Miqueas de que el Mesías saldría de Belén. El hecho de que Jesús nazca en tiempos de César Augusto vincula este nacimiento con el imperio romano y con el hombre más poderoso de su tiempo - el emperador César Augusto -, a quien se concedió el título de Salvador del mundo.

El Censo de César Augusto

Lucas explica este hecho por la llamada de César Augusto a hacer un censo de todo el imperio: «En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria.

Lucas prosigue: «Cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David» (Lc 2,3-4). José emprende el camino a Belén para ser censado «junto con María, su esposa, que estaba embarazada».

Lea también: Manzanilla y bebés: ¿es seguro?

El Nacimiento en la Humildad de un Pesebre

El acontecimiento del nacimiento de Jesús se expresa en muy pocas palabras: «Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue (Lc 2,6-7).

Lucas explica que la razón por la que el niño Jesús fue colocado en un pesebre fue que para José y María «no había lugar para ellos en el albergue» (en tô katalumati) (Lc 2,7). Lo que Lucas quiere subrayar es que, a pesar de los esfuerzos de José por encontrar un lugar más acogedor, el nacimiento del Mesías, el Hijo de Dios, tuvo lugar en la incomodidad y la estrechez, en la humildad y el ocultamiento: en una condición que marcaría toda la vida de Jesús y formaría parte de su misterio.

El Anuncio a los Pastores: Un Mensaje de Alegría y Salvación

En las cercanías de Belén, unos pastores velaban de noche por su rebaño contra los ladrones. Fue en una de estas vigilias nocturnas cuando un ángel del Señor se les apareció y la gloria del Señor los envolvió en luz. Les invadió un gran temor, pero el ángel les dijo: «“No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

El primer anuncio del nacimiento de Jesús se da a un campamento nocturno de pastores. Muchos piensan que la elección de los pastores como primeros destinatarios del anuncio del nacimiento de Jesús se debe a la condición humilde y despreciada de los pastores en el mundo judío, ya que Dios elige a los pobres y despreciados para enriquecerlos con sus dones.

A continuación, les da el anuncio, que será motivo de «gran alegría» - ¡alegría mesiánica! - para ellos y para todo el pueblo, al que está destinada la salvación: «Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor». El énfasis del anuncio se pone en la función que el recién nacido tendrá que cumplir, pero que ya comienza «hoy», ya está presente. Porque es el Salvador (sôtèr) y, al mismo tiempo, el Cristo (Mesías) y el Señor (Kyrios). Su mesianidad y señorío serán de orden salvífico, y la salvación que trae - como mesiánica y divina - será definitiva.

Lea también: Alivio de Cólicos en Recién Nacidos

De pronto, al ángel que anuncia el nacimiento de Jesús se le une una multitud de ángeles: alaban a Dios por su «gloria», es decir, por su poder, por su esplendor, por su bondad para con los hombres, a los que Dios, al dar a Jesús, da la salvación, y su alabanza alcanza los cielos más altos, es decir, el mundo celestial donde Dios habita.

A los pastores no sólo se les anuncia el nacimiento de Jesús, también se les da una «señal» para encontrarlo: «encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre». En efecto, llenos de alegría, los pastores van a Belén para ver el acontecimiento que el Señor les ha dado a conocer, buscan y encuentran al niño, acostado en un pesebre, con su madre María y José. Una vez que lo han visto, cuentan lo que el ángel les ha dicho del niño, asombrando a todos los que les oyen.

María: Guardando el Misterio en su Corazón

Y mientras ellos regresan a su rebaño glorificando y alabando a Dios por lo que han visto y oído, María, por su parte «conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19). Así, a la alegría de los pastores se contrapone la «meditación» de María sobre el «misterio», desconcertante para ella: un «misterio» sobre el que no terminará de meditar hasta el momento de la Resurrección. Sólo entonces, de hecho, se revelará el «misterio» de una vida que comienza en un pesebre y termina en una cruz.

José y María son fieles a la Ley judía, que exigía circuncidar al niño a los ocho días de nacer. Y, en efecto, Jesús es circuncidado; pero lo que más importa a María es poner al niño el nombre que el ángel le señaló: Jesús.

La Presentación en el Templo y el Reconocimiento del Mesías

Lo que cuenta para Lucas es la «presentación» de Jesús: «Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor» (Lc 2,22). La «presentación» del niño Jesús al Templo de Jerusalén recordaba al pequeño Samuel «presentado» por sus padres a Elí y «entregado al Señor» por su madre Ana «por todos los días de su vida» (1 Sam 1,25-28). De igual modo Jesús es consagrado a Dios.

Lea también: ¿Problemas de popó en tu recién nacido?

El anuncio celestial hecho a los pastores de que en la ciudad de David ha nacido el Salvador y Mesías para ellos y para todo el pueblo, recibe ahora una confirmación en el Templo de Jerusalén, es decir, en el lugar más sagrado de Israel: esto le da el máximo valor; tanto más cuanto que la confirmación procede del Espíritu Santo, que habla por medio de dos profetas: Simeón y Ana.

El Significado Profundo del Nacimiento de Jesús

El anuncio de los ángeles a los pastores El Evangelio de Lucas cuenta que había pastores en aquella región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y un ángel del Señor se presentó ante ellos, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y temieron con gran temor. Pero el ángel les dijo: “No temáis, porque he aquí os doy buenas nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor. Y esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Este niño nacido pobre en Belén traerá la paz. Jesús es nuestra paz y la fuente de nuestra alegría. Él es nuestra esperanza, como dice el Evangelio. En Navidad Dios nace en la humildad.

En este primer día del año celebramos la Octava de la Natividad del Señor-a los ocho días circuncidaron al niño y le pusieron por nombre Jesús, que significa Dios es salvación- (Ev) con la solemnidad de la maternidad divina de la Virgen María. De ella nació el enviado por Dios, el Hijo (cf. 2 Lect), la segunda Persona de la Santísima Trinidad, hecho hombre, por lo que puede ser proclamada con toda propiedad como Madre de Dios y Madre de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo (cf. De).

Jesucristo es Salvador para todo el mundo. Así se expresa en el relato evangélico que nos presenta a unos gentiles -los magos de Oriente- que guiados por la luz de la fe representada por la estrella, adoraron al niño que estaba con María, su madre. Y le ofrecieron oro, como rey; incienso como Dios; y mirra como hombre que habría de sufrir para salvarnos.

El Padre, en el bautismo de Cristo en el Jordán, quiso revelar solemnemente que él era su Hijo amado, su predilecto (cf. Co y Ev). En él se cumple la profecía de Isaías: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo».

El misterio de la encarnación constituye el centro de nuestra celebración de Navidad. El constituye el objeto esencial de la fiesta. San Juan lo declara así en el prólogo de su evangelio con una afirmación impresionante: «La palabra se hizo carne y habitó en medio de nosotros…» (1,14). No se conmemora precisamente el nacimiento de Jesús en Belén, ni las circuntancias del nacimiento, ni los acontecimientos que lo rodearon. El misterio subyacente, el misterio de Dios hecho hombre, es más bien el que reclama nuestra atención y compromete nuestra fe en la liturgia de la navidad.

Navidad debería ser un tiempo de escucha orante de la Palabra. Dios nos habla en todos los tiempos, pero con poder especial en estas fechas. Nos habla, y debemos escuchar con atención creciente.

Los ángeles anunciaron a los pastores: «Os ha nacido un salvador que es el Cristo Señor en la ciudad de David» (Lc 2,11). Se proclama su función y misión desde el mismo momento de su aparición en la tierra. ¡Con cuánta frecuencia se aplica a Cristo el título «Salvador» y la palabra «salvación» a su obra!

La verdadera finalidad de la venida de Cristo al mundo no fue la de enseñar y ser luz para los hombres, sino la de redimir a la humanidad.

Los pastores dicen literalmente: “Vayamos a ver esta palabra que se ha verificado y que el Señor nos ha manifestado” En hebreo, la expresión DABAR puede significar al mismo tiempo palabra y cosa (acontecimiento), generado por la palabra. La palabra de Dios tiene fuerza creadora. Cumple lo que dice. En la creación dijo Dios: “¡Hágase la luz! ¡Y la luz se hizo!” (Gén 1,3).

El nombre de Jesús es Cristo, que significa Ungido o Mesías. Jesús es el Mesías esperado. Un tercer nombre es Emmanuel, que significa Dios con nosotros (Mt 1,23).

Por eso el Ángel les anuncia: “no temáis”, advirtiéndonos que de ahora en adelante ese Dios, es un Dios que podemos ver visibilizado en el pesebre junto a María y José.

Reflexiones Finales

El nacimiento de Jesús es un misterio de amor y humildad. Dios se hace hombre para salvarnos, ofreciéndonos la posibilidad de participar plenamente de su divinidad. La Navidad nos invita a acoger este don con gratitud, a vivir en paz y a compartir el amor de Dios con todos.

tags: #ha #nacido #un #salvador #que #es

Publicaciones populares: