La historia de los hijos ilegítimos de Alfonso XII y Elena Sanz

18.12.2025

El Tribunal Supremo admitió una demanda de paternidad contra el rey Juan Carlos I interpuesta por la belga Ingrid Sartia, que reclama ser hija del anterior jefe del Estado. El lector podrá pensar que se trata de un momento único en la historia del país. Que nunca antes el Alto Tribunal había juzgado la paternidad, o no, de un monarca español sobre un hijo bastardo, o no.

Se equivoca. El Tribunal Supremo ya celebró entre 1907 y 1908 un juicio para dictaminar si Alfonso Sanz y su hermano, Fernando Sanz, eran hijos de Alfonso XII. Pero no porque la demanda de Alfonso Sanz fuera falsa sino porque para establecer una filiación legítima era necesaria el reconocimiento expreso por parte del padre.

En este caso, de Alfonso XII, quien falleció en 1885 y, por tanto, no pudo pronunciarse sobre el asunto ni dejó escrito documento alguno con tal voluntad. Alfonso Sanz presentó en abril de 1908 una demanda para que se le reconociera como hijo natural de Alfonso XII.

En esta obra aparece reflejado con numerosas fuentes a documentos de la época la relación amorosa que el monarca español Alfonso XII mantuvo con una de las cantantes de ópera más famosas de la historia de España: Elena Sanz. De hecho, la obra detalla como Isabel II, la reina madre, se refería a Elena Sanz como "mi nuera ante Dios".

El idilio entre ambos arrancó entre la muerte de María de las Mercedes y el nuevo matrimonio de Alfonso XII con María Cristina de Habsburgo-Lorena, quien trató por todos los medios de alejar a su marido de Elena Sanz. La nueva reina consiguió su propósito, pero ya era tarde. Según detalla la obra, la relación entre Alfonso XII y Elena Sanz trajo al mundo a dos hijos varones: Alfonso y Fernando Sanz y Martínez de Arrizala. El primero nació en París el 28 de enero de 1880. Alfonso XII ya estaba casada con la reina María Cristina. El segundo de ellos nació en Madrid el 28 de febrero de 1881. La relación entre Alfonso XII y Elena Sanz, según la documentación de la época, "era conocida por todos".

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La reina María Cristina, "ante esta situación conocida por todos", consiguió que Elena Sanz y sus hijos abandonaran España y se afincaran en París, donde se mantuvieron por medio de una pensión que les entregaba el rey, a través de terceras personas.

La muerte de Alfonso XII y el acuerdo económico

La muerte de Alfonso XII el 25 de noviembre de 1885 complica la situación de los hijos de Elena Sanz y dejan de recibir la pensión por parte de la Casa Real. No obstante, la situación se resolvió mediante un acuerdo, auspiciado por Salmerón, entre la Casa Real y Elena Sanz mediante el cual el Intendente de la Casa Real se comprometía a invertir un capital, no inferior a 500.000 francos, en valores públicos, para procurar una renta a los hijos de Elena Sanz mientras fueran menores; de manera que podían obtener los valores al llegar a la mayoría de edad.

A cambio, Elena Sanz se comprometía a no realizar reclamación alguna sobre su filiación y entregaba cartas y documentos que guardaba del rey Alfonso XII. El capital fue invertido en títulos de deuda pública quedando el resguardo del depósito en poder de Prudencio Ibañez Vega -banquero de Isabel II-, quien se encargó de obtener las rentas que se produjeran y entregarlas a Elena Sanz.

El problema con el depósito y la reclamación de paternidad

El problema llegó cuando Alfonso y Fernando alcanzaron la mayoría de edad y reclamaron, por tanto, los valores a Prudencio Ibañez. Sin embargo, los mismos ya no estaban ni en el banco depositario ni en poder del banquero, a pesar de que éste había ido presentando liquidaciones periódicas a los hermanos Sanz, en las que hacía constar la existencia del depósito y su rendimiento. "Ante los tribunales franceses se entabló un pleito, en el que Prudencio Ibáñez fue condenado a la entrega del depósito referido", señala la obra. Sin embargo, el banquero no pagó dejando a los hijos de Elena Sanz sin el dinero que la Casa Real había establecido por su silencio.

Tras estos acontecimientos, Alfonso Sanz presentó en abril de 1908 una demanda para que se le reconociera como hijo natural de Alfonso XII. Sanz reclamaba el derecho a usar los apellidos paternos, a percibir alimentos desde la muerte de aquel Monarca y a la legítima herencia que le concedía la ley.

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El Supremo desestimó la demanda y condenó a Alfonso Sanz a pagar las costas del juicio. El dictamen sí fue más previsible para el lector: el Tribunal Supremo desestimó la demanda. El Supremo lo rechazó y lo condenó a pagar las costas del juicio.

La relación de Alfonso XII con Elena Sanz a través de cartas

La cantante de ópera Elena Sanz siempre fue muy especial para el rey Alfonso XII. Entre otras cosas, porque le dio dos hijos varones, Alfonso y Fernando Sanz y Martínez de Arrizala, el segundo de los cuales, a diferencia del primero, sí fue concebido mientras el monarca estaba casado con la reina María Cristina. La mejor prueba de ello es la fecha de nacimiento de Fernando Sanz inscrita en el Registro Civil de Buenavista: 25 de febrero de 1881.

Pero ninguno de estos requiebros, provenientes de tres hombres que ya lo habían visto casi todo, podía compararse con las cartas íntimas que escribió Alfonso XII a su amada; cartas que comprometían su reputación de hombre casado, por muy rey que fuese. En ellas, Alfonso XII suspiraba, rendido, ante su diva: «Tú estás que te hubiera comido a besos y me pusiste Dios sabe cómo...». También ejercía de padre, interesándose por «los nenes» y preguntando a su madre, coloquialmente, si necesitaba más «guita».

Uno de esos increíbles billetes amorosos que conservaba como el más preciado tesoro la nieta de su regio autor, María Luisa Sanz de Limantour, cuando la entrevisté para componer mi libro Elena y el Rey, publicado en 2014, reza así: «Idolatrada Elena: Cada momento te quiero más y deseo verte, aunque esto no es posible en estos días. No tienes idea del recuerdo que dejaste en mí. Cuenta conmigo para todo. No te he escrito por falta de tiempo. Dime si necesitas “guita” y cuánta. A los nenes un beso de tu, Alfonso».

Pero hay más: «Elena mía: Qué retratos y cómo te los agradezco. El chico hace bien en agarrarse lo mejor que tiene y por eso me parece le va a gustar tocar la campanilla... Tú estás que te hubiera comido a besos y me pusiste Dios sabe cómo... Daría cualquier cosa para veros. Mas no es posible».

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Y más aún: «Idolatrada: Perdona si no soy siempre gentil; si anoche te hice tanto sufrir. En el pecado llevo la penitencia, pues varias veces me he despertado pensando en ti y lleno de remordimientos. De diez menos cuarto a diez y media te verá con sumo gusto mañana domingo, tu Alfonso».

Y ya el sumun: «Idolatrada Elena: Mucho gusto he tenido en verte todos estos días en las funciones y siempre que puedo te miro y se me van los ojos tras de ti y tras de ellos. Mi corazón y mis sentidos. Ayer te vi en tu ventana. Mil besos de tu invariable, A.».

La herencia y el futuro incierto de los hijos

La inesperada muerte del rey Alfonso XII, con tan sólo veintisiete años, le impidió dejar atada su última voluntad. El monarca falleció así angustiado por el incierto porvenir de sus «otros hijos», abandonados en manos de la providencia. Excluidos de su testamento, Alfonso y Fernando Sanz no se beneficiaron así finalmente de la póliza de seguro contratada por su padre con La Previsión por valor de 500.000 pesetas de la época. Quedó estipulado que el dinero debía satisfacerse a los veinte años de la firma del contrato, o inmediatamente después de la muerte del regio asegurado, como así sucedió.

Elena Sanz y Alfonso XII

Elena Sanz ha sido objeto en tiempos recientes de algunos trabajos de variada índole. No obstante, ya adquirió notoria celebridad en vida y su figura fue inmortalizada en Cánovas (1912), el último de los Episodios Nacionales que escribió Galdós. El escritor canario habla con admiración y cariño de Elena Sanz, resaltando su belleza, talento y bondad. Según Galdós, en París “el pueblo la titulaba, con sobrada razón, la madre de los pobres”.

Formada en el Colegio de las Niñas de Leganés, el apoyo de Isabel II le permitió estudiar en el Real Conservatorio de Madrid. De hecho, fue la propia reina, quien posteriormente se referiría a ella como “su nuera ante Dios” según Galdós, la que hizo que su hijo conociese a la cantante.

En 1872, aprovechando que Elena Sanz iba a actuar en Viena (a cantar, entre otras óperas, La favorita), la depuesta monarca le pidió que visitara a su hijo, quien estudiaba a la sazón allí.

Los hijos de la pareja

Elena Sanz tuvo dos hijos con el monarca, Alfonso (1880) y Fernando (1881), quien ganaría una medalla de plata en ciclismo en los Juegos Olímpicos de París de 1900, representando a Francia. En ese país se instaló Elena Sanz tras la muerte de Alfonso XII, en 1885, quien nunca reconoció a sus hijos.

La regente María Cristina decidió retirar la cuantía asignada a Elena Sanz y a sus hijos. La ya exsoprano, en una dificultosa situación económica, reunió todo el material a su disposición para demostrar que Alfonso y Fernando eran hijos del monarca fallecido y, por lo tanto, Borbones.

El litigio llegó hasta el Tribunal Supremo español y fue narrado en toda la prensa nacional. La sentencia fue un tanto ambigua y compró la versión entonada desde Casa Real: no se negaba la presunción de que Alfonso fuese hijo del monarca fallecido, pero tampoco se podía confirmar de forma categórica. Los análisis de ADN todavía no existían.

De hecho, la Constitución vigente de 1876 declaraba que "el rey no puede tener más hijos que los que le nacen dentro del matrimonio", con expresa mención de que "no se consiente la injerencia de seres extraños". Un rocambolesco episodio de la historia de la Monarquía española.

Alfonso XII fue padre de tres hijos que no nacieron de su relación con su esposa, María Cristina de Habsburgo: Alfonso y Fernando Sanz y Martínez de Arrizala, nacidos en 1880 y 1881, fruto de su relación con la cantante de ópera castellonense Elena Sanz, y Mercedes Basáñez, nacida en 1885 e hija de la esposa de un diplomático uruguayo en España.

Su esposa, María Cristina de Habsburgo, apodada Doña Virtudes, era conocedora de esta paternidad de su marido fuera de su matrimonio. Sin embargo, cuando Alfonso XII murió, ella se negó a continuar pagando cualquier tipo de manutención a estos hijos ilegítimos del rey, una decisión que enfureció tanto a Elena Sanz que esta utilizó unas cartas que conservaba de su amante para chantajear a la Casa Real.

Años después, en 1908, Alfonso Sanz y Martínez de Arrizala, uno de los hijos de Alfonso XII y Elena Sanz, decidió, a los 28 años de edad, llevar su caso a los tribunales para que se le reconociera como hijo del ya fallecido rey.

Su hermano Fernando, que destacó en el ciclismo de finales del XIX y participó en los Juegos Olímpicos de París de 1900, sí era un hijo considerado bastardo porque nació cuando Alfonso XII ya estaba casado con María Cristina. Pero el caso de Alfonso era distinto, ya que cuando nació, Alfonso XII aún no había contraído matrimonio, por lo que se le podía considerar un hijo natural, no bastardo, aunque nunca fuera reconocido por su padre. Por esta circunstancia, se sintió legitimado para presentar su demanda a los 28 años.

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