María Estuardo: Una Vida Trágica y el Legado de Sus Hijos

22.11.2025

Coronada reina de Escocia con apenas seis días, María Estuardo es uno de los personajes más enigmáticos y apasionantes de su tiempo. Su vida y sus desdichas han suscitado la curiosidad de multitud de estudiosos. Educada en Francia, refinada, culta y hermosa, su adhesión al catolicismo en la turbulenta época de las revueltas protestantes, la complicada política sucesoria en Inglaterra, así como la fragilidad política del reino de Escocia la convirtieron en una traidora intrigante y en una santa de la Iglesia católica al mismo tiempo. La figura de María Estuardo ha fascinado a la historia, a la literatura, al cine, a la moda y ahora también a la joyería.

La historia de María Estuardo ha alimentado la inspiración de numerosas figuras. Su vida (y su muerte por orden de su prima Isabel I de Inglaterra) es una sucesión de tragedias, intrigas, conspiraciones y luchas de poder, religiosas y políticas.

La única hija legítima de Jacobo V y su segunda mujer, María de Guisa, que antes de casarse con el rey escocés había rechazado al inglés Enrique VIII, solo tenía seis días cuando se convirtió en reina de Escocia, y 15 cuando, por su matrimonio con Francisco II, fue brevemente reina de Francia hasta la repentina muerte de su marido.

El Regreso a Escocia y los Segundos Matrimonios

Volvería a una Escocia protestante a pesar de las reticencias ante una joven católica educada en el extranjero en un contexto histórico muy complejo, y a casarse. Buscó un marido que le supusiera alguna ventaja política. Contempló al archiduque de Austria, a un conde inglés -se dice que amante de la reina británica-, a un poeta francés… Pasó por el altar por segunda vez con su primo hermano Enrique Estuardo, Lord Darnley, con la necesaria dispensa papal, aunque sin la aprobación de la reina inglesa, enfurecida por el matrimonio viendo en la unión entre su primo (también de la reina inglesa) y María I una fuente de conflictos en torno a su posición y el codiciado trono inglés.

Pero María se enamoró del lord de la Casa Estuardo, no solo veía en él -como pensaba la monarca inglesa- una fórmula para sentarse en su trono. Con él tendría a su único hijo, Jacobo -VI, rey de Escocia-.

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Sin embargo, las cosas no iban bien entre ellos. Unos meses antes de que el niño naciera, estando ella embarazada, Darnley mandó asesinar en su palacio, por celos y delante de la reina, a su secretario italiano, David Rizzio. El matrimonio estaba roto. Se barajó el divorcio, pero terminaría de otra manera, tan macabra como marca la línea de la historia. Instalado a las afueras de Edimburgo, una explosión de pólvora acabó con su casa y con su vida.

La muerte de Enrique Estuardo no fue un accidente, sino un asesinato, supuestamente orquestado por James Hepburn que, sin embargo, fue absuelto, y unos meses después se casó con la viuda -tras secuestrarla-para el escándalo de media (o casi toda) Europa, incluida la reina de Inglaterra.

El Exilio y la Ejecución

Por supuesto, no fueron felices y comieron perdices -cosa que en esta historia pasó en muy contadas ocasiones-. Los nobles escoceses se sublevaron contra ella (y su marido) por considerarla incapaz para gobernar, la obligaron a abdicar en su hijo de solo un año y la apresaron. Logró escapar y huyó a Inglaterra buscando la protección de su prima Isabel I, y el trono que reclamaba y que muchos consideraban que le pertenecía.

Vista como una amenaza, la reina la confió en castillos y palacios durante casi dos décadas y, sin estar del todo de acuerdo, la declaró culpable de un complot para destruirla, algo que María I siempre negó. Fue decapitada en el castillo de Fotheringhay a los 44 años. Se dice que la mañana de su ejecución, María Estuardo vestía de negro con un crucifijo en una mano y un rosario alrededor de la muñeca. Bajo el traje llevaba un vestido rojo, el color de los mártires católicos. El verdugo tuvo que asestarle tres golpes para matarla.

La Vida de María Estuardo en Detalle

En 1586, María Estuardo llevaba casi dos décadas encerrada, y estaba desesperada. Se había visto obligada a huir de Escocia para salvar su vida, y se había refugiado en Inglaterra, en un principio, bajo la protección de su prima, la reina Isabel I. Pero este refugio se convirtió en una prisión.

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Isabel veía a María como una amenaza para su poder, y la retuvo prisionera durante dieciocho largos años. Pasado ese tiempo, María ya había perdido toda esperanza de recuperar su corona o de que su prima la liberase. Pero no iba a rendirse.

Ella creía en su derecho a reinar, así que decidió que, si no podía ser reina de Escocia, lo sería de Inglaterra. Ahora sí, Isabel tenía motivos para preocuparse.

El Comienzo de Su Reinado

María Estuardo era la única hija legítima del rey Jacobo V de Escocia, y llegó al mundo justo a tiempo para evitar una crisis sucesoria: seis días después de su nacimiento, el 8 de diciembre de 1542, su padre murió, y ella se convirtió en reina de Escocia.

La madre de María, la noble francesa María de Guisa, fue nombrada regente, y tomó las riendas el país por su hija mientras ella era niña. Cuando María tenía cinco años, su madre la envió a vivir a la corte francesa, con su propia familia y con el rey Enrique II y su esposa, Catalina de Médici. Aunque el matrimonio estaba acordado desde hacía años y era un movimiento político para unir Escocia y Francia, lo cierto es que los dos adolescentes se tenían verdadero aprecio. Pero su inocente alegría no duraría mucho.

La Rivalidad con Isabel I

El mismo año en que María se casó con el delfín francés, subió al trono de Inglaterra la que sería conocida como “la reina virgen”: Isabel Tudor. Isabel ya no tenía hermanos, así que la siguiente en la línea sucesoria era la propia María, que era prima suya.

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En la Inglaterra de esta época, el conflicto entre protestantes y católicos estaba muy vivo, y parte de la comunidad católica consideraba a María la heredera legítima del trono. Esto se debía a que Isabel era hija del rey Enrique VIII y de su segunda esposa, Ana Bolena.

Enrique VIII había roto con la iglesia católica de Roma y fundado la religión anglicana para poder divorciarse de su primera esposa, Catalina de Aragón, y casarse con Bolena. Pero muchos católicos no aceptaban esta maniobra. Para ellos, el matrimonio del rey con Bolena era inválido, y, por tanto, su hija Isabel era ilegítima: la odiaban, igual que habían odiado a su madre.

Esto hacía de María la única reina legítima para los católicos. Y ellos no eran los únicos que la querían ver en el trono de Inglaterra. El rey Enrique II de Francia (suegro de María) era muy consciente del valor de la chica en el tablero de coronas de la época, y también reclamó el trono de Inglaterra para ella. La rivalidad entre María e Isabel empezó en este momento, y no desapareció jamás.

Reina Consorte y Viudez

Un año después de la boda de María y Francisco, el padre de él murió. El chico se convirtió entonces en Francisco II de Francia, y María, en su flamante reina consorte. El futuro de la pareja parecía prometedor, pero las cosas se torcieron muy pronto.

Seis meses después de subir al trono, Francisco, que siempre había tenido una salud débil, contrajo una infección de oído. La infección derivó en un absceso cerebral que provocó la muerte del jovencísimo rey. María y Francisco no habían tenido hijos (de hecho, se cree que nunca llegaron a consumar el matrimonio); así que el hermano menor de Francisco, Carlos, lo sucedió, y María quedó viuda con solo dieciocho años.

Afligida y abrumada por la situación, María estaba en una situación vulnerable: sin marido, no tenía nada que hacer en la corte francesa. Su suegra, Catalina de Médici, también era viuda, y creía que dos reinas viudas eran demasiadas para una corte, así que ordenó que María volviese a Escocia.

El Retorno a Escocia y las Dificultades

De vuelta en su tierra natal, en 1561, María se dio cuenta de que la corte escocesa era muy diferente a la francesa, y de que no estaba preparada para hacer frente a los problemas que la esperaban allí.

Inicialmente, la relación entre María, reina de Escocia, e Isabel, reina de Inglaterra, fue muy cordial. En un mundo de hombres, el hecho de que dos mujeres jóvenes reinasen en la misma isla era un hecho excepcional. Quizá por eso, las dos sintieron la necesidad de acercarse la una a la otra y estrechar lazos de amistad. Incluso se referían la una a la otra como “hermana”.

Pero lo cierto es que tenían caracteres muy diferentes: Isabel, de veintisiete años, había conseguido subir al trono de Inglaterra tras una vida de amenazas, intentos de asesinato e incluso encarcelamiento; era una superviviente, una mujer dura y astuta que podía ser encantadora o cruel.

En cambio, María, de dieciocho años, había sido reina casi desde su nacimiento, había crecido en el lujo de la corte francesa, y había aprendido a divertirse y disfrutar de la vida sin demasiadas preocupaciones.

Era cautivadora, pero también impaciente, impulsiva y volátil. Estas no eran las características ideales para una reina del silgo XVI. Los miembros de la corte escocesa la veían como inestable y peligrosa a la hora de llevar las riendas del reino; un reino que era el suyo, pero que le era totalmente ajeno.

María era católica, pero en su ausencia Escocia se había convertido al protestantismo. Esto, sumado a su educación francesa, hacía que muchos la viesen como a una reina forastera de religión extraña. Los nobles escoceses eran difíciles, y estaban más preocupados de enriquecerse que de apoyar a la corona.

A pesar de las dificultades, María hizo un buen trabajo durante los primeros años de su reinado, y consiguió algunos avances importantes para su país. Pero su ambición la hizo mirar al sur: su mayor deseo era ser nombrada sucesora de su prima Isabel, y convertirse en reina de Escocia e Inglaterra. Y así se lo hizo saber. Las dos primas, que nunca se habían visto en persona, estaban en contacto por correo.

En sus cartas, María (que escribía en francés) le pedía a su prima que la nombrase sucesora. Pero Isabel veía en las aspiraciones de María una amenaza, así que evitaba darle una respuesta directa: Isabel creía que, si la hacía heredera, sus enemigos católicos podrían asesinarla para tener una reina católica cuanto antes.

El principal consejero de Isabel, Lord Burghley, era quien más alimentaba su preocupación. Burghley estaba obsesionado con que María era un peligro para ella, y le insistía en que lo mejor era quitársela de en medio. María era consciente de esto, e intentaba convencer a Isabel de su buena fe e insistía en que acordasen una visita para conocerse en persona por fin.

Pero Isabel prefería evitarlo: las historias sobre el encanto y carisma de María habían llegado a sus oídos, y no quería arriesgarse a caer en su hechizo; no quería que le gustase. Así, las dos reinas sabían de su desconfianza mutua, pero la disimulaban bajo un manto de falsa amistad, y se enviaban cartas llenas de palabras cariñosas y regalos caros.

El Matrimonio con Darnley y la Semilla de la Destrucción

En 1565, María decidió casarse con su primo, el conde de Darnley, del que estaba locamente enamorada; tanto, que se dijo que estaba embrujada. Si este matrimonio le daba un hijo varón, esto podía posicionarla mejor como heredera de la corona inglesa, ya que Isabel no tenía interés en casarse.

Además, Darnley también pertenecía a la familia Tudor, y seguía a María de cerca en la línea sucesoria. Esto no gustaba nada a Isabel: una pareja católica en el trono de Escocia podía atraer el apoyo de Francia y España, los principales enemigos de Inglaterra. Isabel no podía permitirlo de ninguna manera. Con esto en mente, aconsejó a su prima que se casase con Lord Robert Dudley, un noble inglés con el que ella misma había compartido un amor platónico.

Isabel estaba dispuesta a que María se casase con él, porque sabía que él siempre le sería leal a ella, a Isabel. Y no era una simple sugerencia: le dijo que sus posibilidades de heredar la corona de Inglaterra dependían en gran parte de con quién se casase. María se sintió insultada.

No estaba dispuesta a casarse con el hombre al que su prima había rechazado, incluso si esto la alejaba del trono de Inglaterra. Resuelta a decidir sobre su propio futuro, María se casó con Darnley sin el permiso de Isabel… y plantó la semilla de su propia destrucción.

El Desastroso Matrimonio y el Asesinato de Rizzio

Tras su boda, María era feliz: tenía al hombre que quería -que además era católico-, y su derecho al trono de Inglaterra era todavía más sólido. Pero su marido pronto demostró no ser la persona con la que ella había soñado. Darnley era violento, alcohólico y depravado, y le fue infiel a su esposa desde el principio.

Los nobles escoceses lo odiaban; lo veían incompetente, débil y afeminado, todo lo contrario de lo que deseaban de un rey. María pronto se dio cuenta del terrible error que era aquel matrimonio. Cuando se supo que ella estaba embarazada, empezaron a correr rumores de que el padre era un cortesano italiano, David Rizzio.

Al enterarse, Darnley y varios nobles asesinaron a Rizzio ante los ojos de María. Le propinaron cincuenta y seis puñaladas y lo dejaron tirado en un charco de sangre, a los pies de la reina. Entonces, ella decidió que ya había tenido suficiente.

El que un día había sido su principal aliado y su mayor esperanza, ahora era su peor enemigo. María detestaba a su marido, y temía que intentase deshacerse de ella para reclamar el trono de Inglaterra para él. Entonces, pidió ayuda a la única persona que podía pararle los pies: su prima Isabel.

La decisión de María de casarse con Darnley contra los deseos de Isabel había dañado mucho su relación. Pero, a pesar de todo, cuando Isabel supo del sufrimiento de su prima, se apiadó de ella. Según la propia Isabel, si ella se hubiese visto en la situación que vivió María “hubiese cogido el puñal de mi marido y lo hubiese apuñalado con él”.

Isabel veía Darnley como un ser despreciable, e intentó consolar a su prima, pero lo cierto es que no hizo nada por defenderla. En 1566, María dio a luz a un niño, Jacobo. Era una muy buena noticia, pero no fue suficiente para aliviar el calvario de la reina. Seguía estando sola y desamparada. Entonces, buscó refugio en otro hombre; un hombre peligroso que la acercaría todavía más al abismo.

El Matrimonio con Bothwell y la Caída del Poder

Para escapar de la infelicidad de su matrimonio, María se echó a los brazos de James Hepburn, el cuarto conde de Bothwell. Bothwell se había ganado la confianza de la reina tras el asesinato de Rizzio, y su relación era cada día más próxima. Él le ofrecía protección, pero no lo haría gratis. En la noche del 9 de febrero de 1567, una explosión redujo a llamas y escombros una casa de las afueras de Edimburgo.

La víctima principal fue Lord Darnley. El rey estaba allí alojado esa noche, y su cuerpo fue encontrado semidesnudo y estrangulado cerca de la casa; esto parece indicar que intentó escapar tras la explosión, y fue asesinado en su huida. La opinión pública señaló inmediatamente a Bothwell y a la reina como responsables del regicidio.

María aseguró a Isabel en una carta que no tenía nada que ver con la muerte de su marido, y que la lamentaba más que nadie. En cuanto a Bothwell, en cambio, muchos historiadores creen que, efectivamente, fue él quien planeó el asesinato del rey. Poco después, el hombre se cobró el favor que le había hecho a la reina: la tuvo secuestrada durante doce días, y algunos creen que la violó para forzarla a casarse con él.

La boda se celebró en una noche de mayo de 1567 -solo tres meses después de la muerte de Darnley-. La pareja tenía tan pocos apoyos, que solo asistieron a la ceremonia un puñado de personas. Cuando Isabel de Inglaterra recibió la noticia, no podía creer que su prima hubiese cometido la torpeza de casarse con el hombre al que toda Gran Bretaña acusaba de haber matado a su marido, el rey de Escocia.

Entonces, Lord Burghley -el consejero de Isabel- y los nobles escoceses acusaron a María y a su nuevo marido de adulterio y asesinato, y los declararon “moralmente indispuestos” para gobernar. La nación escocesa había sido deshonrada por su propia reina, que, a ojos de los ciudadanos, era una adúltera asesina. Era el principio del fin para María.

El 15 de junio de 1567, el ejército de los nobles escoceses y el de la reina se desplegaron en un campo cercano a Edimburgo. Pero las tropas de ella se negaron a luchar. Entonces, María entendió que estaba perdida, y se rindió a cambio de que dejasen escapar a su marido. Bothwell huyó a Noruega, y María fue exhibida por las calles de Edimburgo como un trofeo, al grito de:“¡Que la quemen! ¡Que la maten! ¡Que la ahoguen!”.

La Huida a Inglaterra y el Arresto

Mientras Escocia se sumía en el caos, en Inglaterra, Isabel I estaba indignada por lo que le habían hecho a su prima María. Ella creía firmemente en la autoridad de los reyes, y rechazaba las leyes que habían minado la soberanía de María. Isabel llegó incluso a amenazar a los nobles escoceses con declararles la guerra por su atrevimiento.

La respuesta de los nobles escoceses fue despojar a María de su estatus y derechos, encerrarla en una torre en la minúscula isla escocesa de Loch Leven, y obligarla a abdicar en favor de su hijo Jacobo, que entonces tenía un año. María no lo vería nunca más.

Desesperada y aterrorizada, la reina sin reino consiguió fugarse de su presidio y huir a Inglaterra para buscar la protección que su prima Isabel le había ofrecido en sus cartas. María creyó sinceramente que Isabel quería ayudarla, y le tomó la palabra. Pero, una vez más, se equivocó.

María Estuardo esperaba ser recibida en Inglaterra como una reina. Pero, en lugar de eso, Lord Burghley la puso inmediatamente bajo arresto domiciliario. El consejero de la reina Isabel continuaba creyendo que María era peligrosa, y estaba dispuesto a hacer todo lo posible por eliminarla. María pidió a Isabel una visita.

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