Hijos Ingratos: Causas y Consecuencias

03.11.2025

En prácticamente todas las familias hay momentos en los que los adolescentes retan a los padres y no aceptan los límites y las normas que se les exigen. Un libro que narra auténticos dramas: casos que este magistrado ha visto a lo largo de su carrera y que, reconoce, van más allá del mundo del derecho.

Un libro que brinda herramientas para educar, poner límites y facilitar la comunicación con los jóvenes. Un desafío que, por más difícil y complejo que parezca, resulta posible para las familias. Alejandro Schujman, licenciado en Psicología, expone los diferentes conflictos que hoy atraviesan los adolescentes y, por consecuencia, sus padres.

¿Qué significa que un adolescente no responda el teléfono a sus padres?

¿Quiere decir que pasa de ellos, que es ingrato, que no los tiene en cuenta? ¿Hasta qué punto es un problema? ¿Se puede solucionar? El ser poco cariñoso se relaciona con el ciclo vital que el adolescente está viviendo.

Razones por las que los adolescentes no responden el teléfono:

  • Hablar por teléfono les causa ansiedad: Se ha demostrado que las personas nacidas después de 1981 han perdido el hábito de interactuar en directo (prefieren el chat, los audios, etc.) y que el hecho de responder a una llamada les genera ansiedad (porque no saben si se van a enfrentar a una situación incómoda, porque no pueden reflexionar tanto sobre lo que van a decir…)
  • Sienten las llamadas como una intromisión: La costumbre de no tener interacciones en directo hace que los chicos y chicas jóvenes sientan las llamadas como una intromisión en su vida, una falta de respeto por su tiempo.
  • Piensan que no confías en ellos: Sí, es verdad: salvo que venga de una familia con un estilo parental negligente, lo cierto es que cualquier chico o chica de 12, 14, 17 años considera que sus padres le controlan demasiado.
  • A veces es un mal momento: Y es que, a veces, sencillamente la llamada llega en un mal momento: tu hijo o tu hija necesita privacidad.

¿Es necesario llamar tanto a tu adolescente?

Lo sabes: la adolescencia se caracteriza por la necesidad de “dejar atrás” la casa. Y, si bien es cierto que en ese dejar atrás todavía nos necesitan, la realidad es que con los adolescentes es mejor estar presente de forma discreta que imponer nuestra presencia.

Así que te invitamos a reflexionar sobre los verdaderos motivos por los que llamas a tu hijo adolescente: porque en ocasiones la llamada responde a una necesidad adulta que se camufla como responsabilidad parental. Una confusión en la que tienen mucho que ver las heridas de la infancia.

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Motivos por los que los padres llaman:

  1. Llamo porque necesito saber que está bien: Si tu hijo está dando sus primeros pasos hacia la autonomía y necesita supervisión, la presencia es mejor que el móvil.
  2. Llamo porque le echo de menos: Esto sucede normalmente cuando se van varios días. Y es normal echarles de menos pero también es normal que, para los adolescentes, el estar sin los padres sea “liberador”.

Cómo actuar cuando los adolescentes no contestan el teléfono

Teniendo en cuenta todo lo anterior, lo primero es apuntar que hay dos actitudes que deberían evitarse cuando los hijos no responden al teléfono:

  • El victimismo: A nadie le gusta llamar por teléfono y encontrarse reproches del otro lado (“no me tienes en cuenta”, “estoy aquí sufriendo”…).
  • El enfado: El enfado es otra manifestación de un apego inseguro.

Consejos para que tu hijo adolescente conteste al teléfono:

  1. Dile a tu hijo claramente cómo te sientes cuando no te contesta: Díselo en un momento de calma, sin enfados ni chantajes: que sientes miedo de que le haya sucedido algo.
  2. Escucha sus motivos: A veces, cuando hablamos con adolescentes, no escuchamos porque ya tenemos nuestras respuestas pensadas de antemano.
  3. Estableced unas normas sobre cuándo debe coger el teléfono: Unas normas generosas y verdaderamente acordadas, en las que también tú te comprometas (a llamar menos, a contestar sus llamadas y mensajes) y en las que tengáis en cuenta las necesidades de ambas partes.

¿Son necesarias las consecuencias?

El asunto de las consecuencias debe debatirse en familia. Pero cuida que sean consecuencias lógicas y conocidas de antemano, no castigos arbitrarios.

El fenómeno de la sobreprotección actual de padres a hijos

Usted destaca en el libro el fenómeno de la sobreprotección actual de padres a hijos. Sí, la ley sobreprotege en el ámbito de la herencia y de la economía familiar, porque el legislador ha sido muy cuidadoso; ha habido un interés por dejar salvaguardado el negocio familiar a las otras generaciones.

La transmisión de valores

Pero, desde mi punto de vista, lo que ha fallado de una manera más notable es la transmisión de valores. El respeto hacia los padres se ha ido diluyendo.

El distanciamiento entre padres e hijos adultos

Define como de “epidemia” el distanciamiento entre padres e hijos adultos. Se ha puesto de manifiesto. El problema de las residencias sin las condiciones mínimas estaba; lo que pasa es que nos hemos dado cuenta ahora. ¡Como juez yo he visitado algunas en las que me he echado las manos a la cabeza! Para muchos hijos, la residencia ha sido una forma de quitarse el problema.

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En España todavía está muy arraigado el tema de la legítima, que es una parte del patrimonio que, en el momento del fallecimiento, necesariamente tiene que ir a los hijos.

Conflictos Familiares y la Justicia

Cuando se intentan comprender los conflictos familiares desde la perspectiva de la justicia, es decir, desde el esquema que los legisladores han previsto para el funcionamiento de esta institución tan importante en la vida social, la primera conclusión que se extrae es la del cambio tan drástico que se ha producido en un corto plazo de tiempo en sus fundamentos y en su función social.

Los valores propios de la familia tradicional, como el del respeto reverencial a los padres por parte de los hijos, el de la solidaridad económica intrafamiliar, o los deberes éticos de socorro mutuo, están siendo desplazados por un sistema de relaciones libre en el que surgen conflictos de muy diversa índole que difícilmente pueden ser solucionados por una legislación que contemplaba una realidad diferente.

Aun cuando en nuestra sociedad la mayor parte de los descendientes mantienen los vínculos afectivos y de respeto y consideración hacia sus progenitores, el sistema de vida egoísta y competitivo en el que estamos inmersos ha fomentado también los instintos egoístas en muchos hijos.

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