La Historia del Enterrador de Paterna: Un Legado de Memoria y Resistencia

21.11.2025

La historia del silencio, la muerte, la amargura, el olvido y el dolor caben en apenas 15 metros cuadrados, unos cuantos objetos que golpear cuando llega el enfado, dos líneas temporales y una sola voz, la del actor Pepe Zapata en su obra El enterrador. En la cara, tierra y hollín; en las manos, fuerza y entereza; en los ojos, compasión y ternura. Así se presenta este personaje, que son dos, que mira como si lo hiciera el mismo Leoncio Badía Navarro, aquel vecino de Paterna obligado a enterrar el cuerpo de casi 2.500 republicanos como él.

Cuando lo hizo, hace más de nueve décadas, sabía que llegaría el momento de excavar en la fosa, cerrar la herida. Ese momento es ahora. No hay telón, la obra ya está abierta. Zapata-Enterrador aparece con una camiseta blanca de tirantes y un pantalón de pana algo desvencijado. Sus pies lucen unas alpargatas que apenas los recubren. Va de un lado a otro, nervioso, tiene que estar todo listo para la función. En realidad, lo que Zapata-Nosotros hace en El enterrador es una suerte de metateatro. Mientras se prepara una potencial actuación, él ya está actuando frente al público.

Todavía no se ha escuchado la cuestión que vertebra la escena, pero algunos ya la intentan descifrarla: “¿Qué debemos hacer los vivos?”.

Leoncio Badía Navarro: El Hombre Detrás del Mito

Leoncio Badía Navarro existió. Existió y mucho. Al regresar a Paterna -antes se había desplazado a Barcelona- le pegaron una paliza, lo detuvieron y un juicio sumarísimo sentenció la pena de muerte; algo que nunca llegó a ocurrir. A día de hoy, su entorno desconoce por qué razón esquivó el destino que sí vivieron muchos de sus compañeros; una salvación que le permitió continuar su camino hasta que falleció a los 83 años. El franquismo llegó a condenarle a la pena de muerte, de la que se salvó. Cuando regresó a su pueblo, en tierras valencianas, nadie le daba trabajo. Era un apestado por haberse declarado republicano. Solo encontró uno: enterrar los cadáveres asesinados en el cementerio de Paterna, el paredón de España, durante unos cuatro años y medio.

Allí, con meticuloso cuidado, limpiaba cuerpos como el suyo, con rostros como el suyo, con ilusiones como las nuestras. Después los dejaba en su fosa común correspondiente y apuntaba lugar y estrato preciso. Llegaría el momento de sacarlos. “Yo también estoy desobedeciendo la ley, tu familia sabrá dónde estás”, declama Zapata-Enterrador durante su interpretación. “Es mi victoria, es mi venganza”, añade más tarde. Hay una voz que se apaga Pide justicia, pero que la justicia sea en este mundo, no en el del más allá. Y la pide también para su madre, el propio Zapata-Nosotros interpretándose a sí mismo, hablando con ella, con una voz que se apaga.

Lea también: Aborto Espontáneo: Caso Clínico

El juego que el actor lleva a cabo entre el presente y el pasado encuentra su solidez en la memoria y el olvido. Una madre que se extingue lentamente sin necesidad de morir, una generación que se pierde, unas palabras que ya nunca volverán. Y eso, en el escenario, cobra un cuerpo que se yergue y sulfura, que llora y se apena, que monologa con uno mismo mientras dialoga con la sociedad.

"Yo sé que la memoria histórica tiene una limitación temporal, que son tres generaciones. Ahora vemos cómo la primera de ellas desaparece, y es la que mejor guarda ese recuerdo”, comenta el propio Zapata-Nosotros a El Salto a su paso por el Teatro del Barrio, en Madrid. Él se empapó de todo ello. Tanto, que ahora le exudan por las manos historias infinitas que intenta dar vida en las tablas: “He incorporado muchas vivencias basadas en hechos reales más allá de la de Leoncio. Ha sido un trabajo enorme de escucha y de recabar testimonios”.

Así pues, se presenta un enterrador resiliente, que es capaz de afrontar una tragedia absoluta, incluso truculenta. “Él piensa en cómo mantener su dignidad y la de los demás, cómo trabajar por un futuro mejor y por la libertad, y encima en silencio. Cuando dejó de ser enterrador y tuvo otras ocupaciones, guardó su historia con un silencio sepulcral”, añade Zapata-Nosotros. Lo hace, además de apuntando su ubicación exacta, guardando algunos objetos de ellos para su posible identificación posterior: plumas de escribir, petacas, meceros, botones. Hasta mechones de pelo si era muy característico.

El Legado de Leoncio: Ayuda a las Familias y Reconocimiento

El perdón no fue sinónimo de libertad: al conversar con el alcalde sobre su búsqueda de trabajo, este lo envió al cementerio municipal, algo que Maruja Badía, hija de Leoncio, define como un castigo. Fue entonces cuando comenzó su labor de ayuda a las familias para identificar a sus seres queridos, arriesgando su propia vida con tal de dignificar el honor de los que ya no estaban. "Colocaba a los fusilados en una posición digna y recortaba todo lo que los pudiese identificar, como botones o trozos de tela. Lo ponía en cestas porque él sabía hacerlas y, cuando venían los familiares a preguntar, les enseñaba los objetos que había guardado y les decía dónde estaban enterrados", explica la hija del enterrador.

"Cuando sabía el nombre, cogía una botellita y lo escribía dentro. Entonces, la ponía junto al cuerpo. Pensaba siempre en el futuro, por si con el tiempo podían descubrir quién era", añade. También era recurrente, cuando le era posible, ir por la noche al cementerio acompañado de los familiares. Maruja Badía recuerda el caso de Peset Aleixandre, pues su padre lo lavó, lo puso en una caja y quedó con sus hijos a las tres de la madrugada. De esta forma, evitó que lo enterrasen en la fosa común con el resto de víctimas.

Lea también: El significado oculto de "La Nena"

A pesar de que no le contaba ni a ella ni a sus hermanos sus jornadas diarias, compartió con ellos el que fue el episodio más duro que jamás vivió: "Una de las veces que le tiraron una saca, mi padre vio que un señor se movía, cogió una manta y lo tapó. Se acercó al cura, a ver si le tocaba el corazón, y le dijo 'Esto es un milagro, está vivo después de los tiros, lo tenemos que salvar'. El cura sacó una pistola de su sotana y le dijo que si no quería acabar como él, se fuese", relata con tristeza. No pudo hacer nada por él. Todas estas acciones se han visto reflejadas en las exhumaciones realizadas en el cementerio de Paterna.

Tal y como explica Alejandro Calpe, miembro fundador de Arqueoantro -asociación encargada de las excavaciones, que también ha trabajado en las fosas de Llíria-, los arqueólogos y arqueólogas han encontrado cuerpos colocados intencionadamente en una posición digna, hecho que plasma la voluntad y el respeto del enterrador. Aun así, para Calpe, lo más destacable es la ayuda brindada al guardar los retales y a la hora de informar sobre los paraderos: "Intentó ayudar a las familias dentro de sus posibilidades, dependiendo de cómo pudiese gestionar cada momento hacía una cosa u otra", declara. A parte de la supervisión, la complejidad recaía en la elevada cifra de personas a las que daba sepultura diariamente, ya que en los primeros años del franquismo es cuando se produjo la práctica totalidad de los fusilamientos.

Son muchas las familias que han agradecido la labor de Leoncio porque gracias a él han podido avanzar en la búsqueda de sus allegados. En muestra de agradecimiento, el municipio instalará en breves una estatua en modo de homenaje en una plaza que ya ha sido bautizada con su nombre, en las inmediaciones del cementerio. También ha recibido la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana.

Estos gestos de agradecimiento llenan de orgullo a Maruja Badía, que lucha por difundir la historia de su padre a toda la población a través de manifestaciones, entrevistas y charlas. La historia de un hombre apasionado de la lectura que soñó con ser profesor, defendió sus valores hasta su muerte y vivió sin miedo, protegiendo a su familia.

Hasta no hace demasiado, a Leoncio Badía solo le recordaban las personas para las que su figura fue fundamental: su familia y las de los fusilados a los que enterró en el cementerio de Paterna al concluir la Guerra Civil. A día de hoy, la historia del sepulturero que dejaba unos pequeños frascos con el nombre de los represaliados junto a sus cadáveres para que su identidad no se perdiera, es conocida e incluso reconocida con una escultura frente al camposanto paternero y una Alta Distinción de la Generalitat.

Lea también: El Tambor Sonajero: Historia y Origen

El Enterrador Trascendiendo al Mundo de la Cultura

De un tiempo a esta parte, además, el enterrador de Paterna ha trascendido al mundo de la cultura en forma podcast, de proyecto fotográfico («Un acto de amor», de Pablo Chacón), de obra teatral (El enterrador, de Gerard Vázquez y Pepe Zapata), de novela gráfica (El abismo del olvido, de Paco Roca y Rodrigo Terrasa) e incluso de canción («Leoncio Badía», de Futuro Terror).

Rock con Carga Política

«Los tengo que enterrar solo por ser de los suyos», canta el grupo valenciano en su último disco, en alusión al hecho de que Badía fue salvado del fusilamiento a cambio de ocuparse de los cadáveres de los «rojos» asesinados en el Paredón de España. «A mí la memoria histórica siempre me ha interesado -señala Jose Pazos, el compositor del tema-. Pero no fue hasta que una amiga me contó la historia de Leoncio cuando supe de su existencia, investigué y me flipó».

"Nos quieren olvidar / olvidan que somos muchos / testigo de su sufrimiento / identificaré sus restos", dice el tema. En los menos de dos minutos y medio que dura la canción, Futuro Terror le da a «Leoncio Badia» toda la carga política posible. «Para mí es algo fundamental porque la derecha es experta en aludir a lo sentimental para despojar el contenido político de historias como esta o como la de Miguel Hernández o la de Antonio Machado». La banda considera haber cumplido el objetivo de «dignificar» el recuerdo de Leoncio cada vez que algún fan se les acerca agradecido por haberles descubierto su historia.

El Abismo del Olvido

Cuando el single se publicó en septiembre de 2023, Pazos se enteró de que no eran los únicos, de que Paco Roca y el periodista Rodrigo Terrasa preparaban también un cómic en el que Leoncio era uno de los protagonistas. Terrasa había conocido la historia del enterrador en 2013 como un personaje que aparecía «de refilón» en el recuerdo de Pepica Celda, la anciana que aquel año consiguió depositar los huesos de su padre, fusilado en 1940, junto a los de su madre.

«Los arqueólogos me contaron cómo les había llamado la atención la aparición de esas botellas con los nombres de los fusilados, el orden con el que estaban depositados en la fosa común…». Terrasa supo pronto que las historias de Pepica y Leoncio reunían los ingredientes perfectos para un cómic de Paco Roca. Pero cuando en 2021 ambos se reunieron con Maruja, la hija del enterrador, y esta les contó cómo era su padre, tuvieron claro que ya no había vuelta atrás para El abismo del olvido.

«A nivel narrativo, Leoncio era un regalo», explica Terrasa. «Nos encontramos con un hombre apasionado por la filosofía y la astronomía, que enseñaba a leer a la gente más pobre y que arriesgó su vida para que no se olvidara la de los demás».

Más Allá del Héroe

Pero a los autores les preocupaba que el recuerdo de Maruja estuviese demasiado idealizado y que el héroe fuese «demasiado perfecto». Durante la investigación, al mismo tiempo que se encontraban con hijas y viudas que se acercaban a Maruja para darle las gracias por los actos de su padre, también les llegaron los testimonios de familiares que aseguraban que el enterrador les cobraba 25 pesetas por dejarles adecentar a sus muertos.

«Eran testimonios difíciles de verificar, pero nos interesaba meter algún claroscuro en el relato», reconoce Terrasa.

El Legado Perdurable

El texto que enfrenta Zapata-Nosotros huye del panfletismo barato. Aquí hay sitio para todos, nos guste o no, aunque no todos quieran tener su sitio. “Evidentemente, el personaje tiene un posicionamiento político. De todas formas, no es monolítico, sino que duda, se plantea cosas, evoluciona a lo largo del espectáculo. Sobre todo porque se encuentra con certezas que no se esperaba, y esos vericuetos del personaje son un regalo para mí como actor”, se explaya el intérprete.

Por el momento, la apuesta ha sido ganadora. A El enterrador le espera una gira repleta de paradas por la geografía española, incluso cruzarán el charco para llegar a Chile.

“No solamente nos convocan desde la programación teatral habitual, sino que también estamos descubriendo nuevas líneas que nos hacen especial ilusión, como los centros de enseñanza, los museos, espacios de memoria y patrimoniales…”, comenta al respecto Zapata-Nosotros, a quien le sorprende que hasta los cementerios tengan su propia programación cultural. De esta forma, será más fácil llegar a las nuevas generaciones, uno de los principales objetivos que el actor se había establecido desde el principio.

En cambio, el Zapata-Enterrador sigue en la escena. No se le escucha pero se le siente. Nos repite esa pregunta martillo: qué debemos hacer los vivos. Quizá no exista la respuesta. Quizá no haya una fórmula secreta.

Tal y como él mismo dijo una vez, "el odio no lleva a nada bueno, pero esta barbarie no la podemos olvidar".

tags: #historia #del #enterrador #de #paterna

Publicaciones populares: