Ricardo Arjona: La Historia Real Detrás de "La Nena"

26.10.2025

¿Les ha ocurrido alguna vez que han disfrutado tremendamente de algo pero no entienden muy bien por qué?

Cualquier comportamiento, situación, obra de arte, expresión o avenida estúpidamente trazada que los haya fascinado pero sin poder desgranar los motivos por los que haya sido así.

Pues yo sí, y demasiadas veces.

Hay obviedades que son tan universales que son difíciles de poner en duda, como que Japón, Italia y Alemania funcionan permanentemente en un nivel aparentemente inalcanzable de sordidez.

Pero, por el contrario, cuesta más el poder identificar aquellos indicios más sutiles aunque figuren al alcance de la mano, donde la vicisitud demora en ponerse en evidencia.

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Que, para el contexto referencial-espacial-temporal-socio-político-lingüístico de los distintos autores del blog, vendría ser todo lo que habla español (y portugués acaso, pero aún no es hora de liarnos) pero no es peninsular.

Pero si evaluar la vicisitud y la sordidez desde ESPPPPPPPPPPPPAÑA requiere un blog entero, hacerlo desde AMEEEEEEEEEEEERICAAAAAAAA (entonado con la pasión con la que lo hace Perales… o mejor aún, como Nino Bravo) podría llevar también igual (o probablemente mayor) cantidad de espacio y tiempo.

Una de las cosas con las que nunca pude estar de acuerdo fue con el tratamiento que Arjona recibió en el único post en el que se hizo presente.

Porque para el latinoamericano con tales ínfulas, Arjona es el anatema supremo del mal gusto.

Claro que uno no nace entendiendo eso.

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De niño te pueden agradar Mujeres o Historia de Taxi porque son distintas y suenan en las radios del corazón.

De adolescente, toparse con el Santo Pecado y encontrarlo una obra maestra.

Y luego llegas a la universidad y te encuentras con que la mitad de las personas lo condenan por hortera y ridículo.

Pero uno no lo comprende.

Cuesta sangre, sudor y lágrimas defenderlo, y se hace peor cuando aparecen las acusaciones de plagios cutres y de copia barata, de la mano de las canciones sobre la menstruación.

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Pero se resiste, y en el camino se encuentra a otras (pocas) entidades valiosas que lo defienden con la misma pasión.

Mi humilde contribución a una futura ampliación de la Lista de Discos con Valores (si me hacen caso, claro. Lo dudo).

Como dice Paco Fox con las películas: los discos hay que escucharlos.

Sobre todo éste.

Hasta que uno descubre Vicisitud y Sordidez.

Lo lee, lo relee, y eventualmente llega a la conclusión que uno es sórdido.

Y que ciertas personas que conoces también.

Casi todas ellas defienden a Arjona.

Entonces buscas la referencia a Arjona en el blog, que en algún lado debe de estar, y te das cuenta que la única que hay no sabe a nada porque sencillamente sus canciones no han cruzado el charco con la gloria que deberían.

Y te duele.

La OVRA de Arjona es demasiado extensa y grandiosa como para caber en un apartado como éste, y el chiste del post es que sea tan introductorio como lo es el primer dedito sondeador en el orto antes de un anal doble.

¿Qué canción escoger?

Pues una de sus grandes glorias.

Aunque no sea de las más conocidas, definitivamente es de las que mejor refleja su grandiosidad.

Una que rebosa de rimas grandiosas, recursos estilísticos sobresalientes y arjonismos a flor de piel.

Y porque ninguna otra canción triunfa tan gloriosamente tan sólo haber llegado a su primer verso.

Surge a quien supere esto.

Se presenta en mi ciudad en Noviembre.

Pregunta con trampa.

Como Arjona, no hay ni habrá otro.

Pero acá prometemos sucedáneos, así que hay que apañárselas.

Pero nos estamos concentrando demasiado en la imagen final -que igual no es tan mala como las inmediatamente anteriores allá a finales de los 2000s cuando Don Omar contaminaba casi todo con su presencia tras haber hecho su única canción realmente buena (con Era Yo incluido) con los igualmente repugnantes bachateros de Aventura-.

Pero ojo, que no es cualquier payaso que se pone a escribir de la música de un hemisferio porque le dio la mera gana.

En una de las múltiples evoluciones del calipso y el reggae importado por jamaiquinos y otros caribeños que se afincaron en Centroamérica para sembrar fruta o para construir un canal que nos llevaron hasta el reggaetón de hoy, uno de los puntos intermedios fue la plena panameña de finales de los 90s.

En esta parte del mundo, nada describe tan adecuadamente el Y2K como Los Cuentos de la Cripta… ¡parte 2! - Electric Boogaloo ft.

Porque si el metal nació de Tomi Iommi queriendo hacer música de terror con su guitarra bajada en afinación tras perder las puntas de sus dedos en su trabajo en una planta siderúrgica, el reggaetón nació de El Chombo queriendo hacer música bailable de terror.

Y no te lo digo yo.

De los contemporáneos de El Chombo, no conozco lo suficiente, y en su gran mayoría el tiempo se los ha devorado.

Y todo lo que viene después de él es necesariamente reggaetón, el cual no es algo que vaya uno a escuchar a Vicisitud y Sordidez.

Por otro lado, obviando veinte años de reggaetón, trap y demás yerbas, podemos llegar a los 2020s y deleitarnos con un crack con el que Vargas Llosa y el autor de este mamotreto comparten el honor de haber nacido en la misma ciudad.

Ya hicimos una visita por Mesoamérica y otra por El Caribe.

¿Pero qué nos aportan en sordidez?

Para un ente andino como yo, tal vez no mucho.

Cuando era niño, no entendía por qué el énfasis en la prohibición de una canción inofensiva y pegajosa, y asumí que tenía que ver algo con el sexo, porque cualquier cosa vergonzosa y prohibida en esa época para uno siempre tenía que ver con el sexo.

Pero en este caso no era por ello, sino que resultaba que… la Lambada era un plagio.

Efectivamente, él ya hizo acto de presencia en el artículo sobre los tubérculos de la bachata.

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