El Martes es Día Aciago: Origen y Evolución de una Superstición Española
Hace unos meses, repasando que el 23 de abril de 1521, cuando tuvo lugar la batalla de Villalar, fue «martes aciago» para Juan de Padilla y los demás comuneros, según relata fray Prudencio de Sandoval, creí útil presentar el resultado de unas pesquisas bibliográficas que tenía guardadas acerca de la superstición "El martes es día aciago" y los refranes relacionados con ella.
Es un conjunto de 201 referencias de los siglos xiii al xviii, si bien el mayor número pertenece a los siglos xvi y xvii.
Teorías sobre el origen de la superstición
Sobre el origen de "El martes es día aciago" se han propuesto en España dos teorías, principalmente: la gentílica y la histórica.
La primera sostiene que surge en Roma, cuando los martes eran utilizados para guerras y venganzas, por estar ese día dedicado a Marte, dios de las disensiones y batallas.
Hipótesis Histórica
Entre los autores que proponen que el origen de la superstición hay que buscarlo en un acontecimiento histórico concreto, se encuentran Jerónimo Zurita y Juan de Mariana, quienes señalan que proviene del día en que ocurrió el desastre de Luchente, batalla librada contra los moros el verano del año 1276, en la que el ejército de Jaime I de Aragón fue destrozado; y habría comenzado entre los habitantes de la localidad valenciana de Játiva, por las numerosas bajas que sufrieron.
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Zurita dice al respecto: «a vista de Luxen descubrieron los enemigos que eran quinientos de caballo y tres mil de a pie; y tuvieron con ellos una muy brava batalla y fueron los nuestros vencidos, y murieron don García Ortiz de Azagra y un hijo de don Bernaldo Guillén de Entenza, y tanta gente de caballo y de pie de Játiva que quedó aquella villa por este destrozo muy yerma; y por esta causa -según Marsilio escribe- se decía aún en su tiempo por los de Játiva el martes aciago».
Feijoo en una de sus «Cartas eruditas», Días aciagos, aduce los textos de Zurita y Mariana e intenta descubrir la falsedad de semejante superstición. Para ello opone dos consideraciones: la levedad de la derrota y haber sido acontecimiento particular de aragoneses y valencianos.
Pero no opondría yo tales excusas, pues, a veces, sucesos en apariencia insignificantes, han producido obras maestras. Me refiero, en concreto, a la Chanson de Roland, cuya raíz se encuentra en un hecho militar de escasa trascendencia: el asalto por parte de vascones y musulmanes a la retaguardia del ejército de Carlomagno en su retirada de España el sábado 15 de agosto de 778. En esa emboscada la retaguardia fue exterminada, robado el tesoro real y liberados los prisioneros.
Otros historiadores, como Méndez Silva -a quien casi copian fray José Manzano y Vilar y Pascual-, Rojo y Clemencín, piensan que el origen de la superstición del martes estaría en un suceso anterior: el día en que murió Alfonso el Batallador, I de Aragón: «El rey don Alonso, su marido, acabó desgraciadamente peleando contra moros en la batalla de Fraga, año 1134, siendo de 61, después de auer ganado gloriosamente 29 victorias, y por suceder su infausto fin en martes, llaman desde entonces aquel día aziago».
La Primera Crónica General narra en breve esta batalla, pero nada dice del día de la semana en que ocurrió ni de su posterior caracterización. Incluso menciona una hablilla, según la cual el rey no habría muerto en la batalla, sino que se habría hecho romero. Esta hipótesis la sigue, entre otros, Seijas a propósito de la locución «Dar a uno con la del martes».
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Pero dicha teoría choca con un serio inconveniente. Según Zurita, la batalla de Fraga tuvo lugar el 7 de septiembre de 1134: «Fue este rencuentro, según en memorias muy auténticas parece, delante de Fraga a siete del mes de setiembre, puesto que en algunos anales antiguos se escribe haber sido en Polinillo cerca de Sariñena; y por haber sido diversas batallas confunden los tiempos; y en algunos anales se escribe que murió en aquella batalla día de santas Justa y Rufina».
Y el 7 de septiembre de aquel año fue viernes.
En mi opinión, la segunda hipótesis proviene de una confusión entre dos desastrosas batallas: la de Fraga y la de Luchente.
El Martes Aciago en el Folclore Español
Sea cual sea el origen de esta superstición, gentílico, histórico u otro cualquiera, el caso es que en España se hizo pronto lugar común y llegó a tomar carácter proverbial, como lo demuestran los refranes antiguos:
- En martes, ni tu tela urdas ni tu hija cases.
- En martes, ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu ropa tajes.
- Boda buena, boda mala, el martes en tu casa.
- En el viernes ni en el martes, ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni las uñas cortes, ni tu ropa tajes.
- En martes, ni gallina eches, ni hija cases.
- Para los desgraciados, todos los días son martes.
Hasta llegar al actual En martes, ni te cases ni te embarques.
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De hecho, la referencia más temprana que he logrado hallar data de hacia 1237, en El libro de los doze sabios o tractado de la nobleza y lealtad. Esta fecha, como es obvio, invalida el origen de la superstición en la batalla de Luchente, pues es unos cuarenta años anterior.
Representación en la Literatura
Los autores de quienes he podido allegar citas se dividen, en general, en tres grandes grupos: literatos, historiadores y paremiólogos.
Entre los primeros abundan novelistas y dramaturgos, como Mateo Alemán, Cervantes, Quevedo, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Lope de Vega…; sin que falten poetas, como Cristóbal de Castillejo, Góngora, Tomás de Iriarte y Meléndez Valdés.
Entre los historiadores, destacan Jerónimo Zurita, Juan de Mariana, Prudencio de Sandoval y Enrique Flórez.
Por último, entre los paremiólogos aparecen Caro y Cejudo, Gonzalo Correas, Francisco de Espinosa, Juan de Mal Lara y Hernán Núñez.
Es de notar que la representación femenina es escasísima: tan sólo una mujer, la novelista María de Zayas.
El autor que, con diferencia, más echó mano de esta superstición fue Lope de Vega, del que he reunido hasta veinte referencias. Le siguen en número Quevedo y Tirso de Molina, con seis.
No incluimos las referencias generales a los días o fechas infaustos, sino solo las que directamente achacan al martes un carácter aciago.
Así, por ejemplo, Ciruelo : «Luego ansí como es pecado de vanidad y superstición dexar el hombre de hazer las obras que le conuienen por miedo de la mala constelación, ansí también es pecado de vanidad y superstición dexarlo por miedo del día o hora que dizen que es aziago o mal fortunado».
Román : «En esto de los días suélese mirar en ellos, porque a vnos llaman créticos, otros aziagos, otros caniculares, mas esto es vna cosa vana y supersticiosa».
O Suárez de Figueroa : «Los días Egypciacos; son infelizes, de quien cada mes tiene dos, y dízense Egypciacos, porque en aquellos días hirió Dios a Egipto con diez plagas.
Por último, no van puestas las referencias a la locución Dar a alguien con la del martes, pues, no creo que provenga de la misma superstición de que tratamos. De hecho, el Dicc. de Autoridades la define como «Phrase vulgar, que vale lo mismo que zaherir o burlar de alguno, echándole en la cara, o publicando algún mal hecho».
Ni a No hay para cada martes oreja, que, según el Dicc. de Autoridades significa «Phrase con que se da a entender, que no es fácil salir de los riesgos, quando freqüentemente se repiten o buscan.
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