Alejo Stivel: Un Icono del Rock en Español

27.11.2025

Ariel (1960) y Alejo (1959) salieron de Argentina escapando de la dictadura militar y llegaron a España para despertarla del franquismo a guitarrazos. En 1976 fundaron un grupo de rock y el resto es Historia e historia.

Dice Miguel Ríos en la película que, sin ellos saberlo, al cantar "vamos a tocar un rock and roll a la plaza del pueblo" estaban definiendo aquella España que salía de un largo letargo. Sobre todo las adolescentes, que enloquecieron con aquellos chavales de su edad pero que parecían venir de otro planeta.

En la película se dice, literalmente, que una bastante paleta. Nosotros fuimos conociendo España haciendo las giras, no teníamos ni idea de dónde estábamos. Ni geográficamente, ni las costumbres, ni los acentos. Fue muy curioso ir descubriendo cosas que nos llamaban la atención.

Fue un contraste muy fuerte porque nosotros veníamos no sólo de un país con un nivel cultural muy desarrollado, sino de una élite cultural dentro de Argentina. A pesar de nuestras tiernas edades, teníamos un acceso directo de primera mano a toda esa cultura que, en ese momento, era la más alta que había dentro del habla hispana.

Luego allí se estropeó todo y cuando llegamos aquí estaba empezando todo, estaba embrionario. Aunque ya había muerto el dictador todavía era la España de Franco, de alguna manera. El contraste fue brutal en todos los sentidos: el musical, en la calle, la gente, cómo se comportaba, cómo vestía. Para bien y para mal, porque también había una libertad que había desaparecido en Argentina. El cambio fue radical.

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Nosotros habíamos escuchado mucho a Serrat y a Paco Ibáñez, veíamos películas de Carlos Saura, nada más llegar vimos El desencanto de Chávarri, que nos encantó. Sabíamos que en España existía una propuesta cultural interesante, lo que no había era rock and roll, por lo menos como lo entendíamos nosotros. En ese sentido jugamos con cierta ventaja. Llevábamos muchos años tocando y aprendiendo de la escuela del rock argentino.

Nuestra ventaja era que nos habíamos alimentado de Charly García, de Spinetta y de toda una escena del rock que usaba el español desde hacía mucho tiempo de una manera muy natural. Además, Argentina tiene una personalidad musical muy marcada por el aislamiento que tenía el país. Entonces, se generó esa personalidad tan peculiar que nosotros mezclamos con los Stones y con nuestras propias personalidades. Y salió Tequila.

No nos lo podíamos creer, aunque tardamos en ser conscientes de lo que estaba pasando. Nos dimos cuenta en un primer concierto muy famoso en el Parque de Atracciones de Madrid, cuando de repente nos encontramos con 15.000 personas enloquecidas. Porque hasta ahí nos decían: "Vais a ser número 1 de Los 40 Principales". Y nosotros no teníamos ni idea de lo que eran Los 40 Principales ni la importancia que tenían.

Te pasan muchas cosas, es una situación poliédrica. Yo también me volví un poco fóbico en cuanto a la gente. Te expones, te ves... Pasan muchas cosas. Pero, sí, te vuelves gilipollas en el sentido de ir de sobrado por la vida, es inevitable si te pasa algo así a esa edad.

Yo venía de una familia muy famosa en Argentina, porque trabajaban en televisión. Desde muy pequeño estaba acostumbrado a estar con gente a que le venían todo el tiempo a saludar, a pedir autógrafos y era reconocida. Mi relación con la fama no fue la de un chaval que sale del barrio y de repente se hace estrella. Tenía una familiaridad con la popularidad y no me afectaba mucho, lo gilipollas que fui con Tequila ya lo era antes. Ese carácter un poco sobrado ya lo teníamos un poco de fábrica. En realidad, una actitud pendenciera es esencia del rock.

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Los Beatles fueron un grupo de fans. Y antes Elvis y Sinatra, que fue el primer gran fenómeno de fans al que las niñas perseguían. Causa rechazo porque es un fenómeno que surge de modo natural, pero es bastante utilizado por las compañías discográficas para potenciar el marketing. Es un arma de marketing muy poderosa y con nosotros lo explotaron al máximo.

Otra cosa es que, a veces, ese fenómeno eclipsaba la música. Los Beatles dejaron de actuar porque no se escuchaban por los gritos y yo creo que algún público nuestro dejó de venir a los conciertos porque le molestaban todas esas chicas gritando. No les gustaba compartir sus gustos con esa masa de chicas manipuladas, que, como dices, estaban soltando allí todas las represiones y frustraciones acumuladas durante el franquismo.

Todos los que criticaban eso, con mayor o menor acierto, no contaban con qué les sucedía a ellas porque, evidentemente, era un gran plan salir con sus amigas, gritar y desmadrarse. Era una liberación. La crítica a eso como fenómeno fomentado y manipulado por la mercadotecnia la puedo aceptar, pero si te te fijas en lo que les pasaba a ellas, fue importante y positivo.

Cecilia y yo vivíamos juntos y sabe perfectamente que ninguna de las chicas que subían a casa era fan, las chicas con las que nos veíamos nunca pertenecían a ese mundo. No nos metíamos ahí porque ya teníamos suficiente con verlas sudadas, gritando, pidiéndote autógrafos, tirándote del pelo... Era lo que era.

Creo que Cecilia se refiere a la disponibilidad que ofrecían las fans, a lo que ellas estaban dispuestas a hacer, que es evidente. Que nosotros utilizáramos esa disponibilidad o no ya es otra historia. Lo que es cierto es que era la actitud de muchas fan y no es algo sano. No nos acusa de aprovecharnos, sino que denuncia una situación que se daba y no le parece bien. Nosotros eso podemos compartirlo, pero no hicimos nada por lo que decir: "Mea culpa".

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Realmente no creo que haya que dramatizarlo demasiado. Ellas se juntaban en un club de fans y la compañía aprovechaba su presencia para vender euforia y decir en los titulares: "El gran éxito de Tequila".

Nosotros teníamos un cable a tierra que era que teníamos que cumplir con el grupo y, además, nos gustaba hacerlo, pero llegó un momento en que éramos muy famosos y la noche madrileña tenía un lado peligroso: no era solamente la Movida pasándoselo bien en Rockola. En el centro estaba muy instalado el tema yonki y, cuando fallaban los contactos habituales, nos mezclábamos con ese mundo sórdido para conseguir drogas.

Salíamos, íbamos a cenar con nuestros amigos y al cine, pero también currábamos sin parar. Hacíamos ciento y pico actuaciones al año, más el viaje, más grabar casi un disco anual, más la promo, la tele, ensayar, componer... Así que quizás nos aislamos un poco, pero es que tampoco teníamos mucho tiempo libre para compartir.

A estas alturas, bien. Mis hijos ya lo saben, mis padres hace mucho que también, así que podemos hablarlo.

Claro, era cultural y era internacional. Nosotros veíamos que nuestros ídolos se drogaban y alardeaban de ello desde que éramos pequeños. No era algo oculto. La droga estaba mucho más metida en la sociedad y no se habían visto tantas consecuencias. Algunas sí: Brian Jones, Janis Joplin... Pero era parte del juego, parte del manual del sexo, drogas y rock and roll.

Nosotros empezamos a experimentar muy jovencitos con todo lo que teníamos a nuestro alcance, pero eran cosas más blandas. Veíamos a Lou Reed hablar de heroína, pero nos parecía algo muy lejano. Hasta que en un momento dado se puso muy accesible y empezó a normalizarse en la sociedad. Le perdimos el respeto y eso, claro, lo cambió todo. De repente mucha gente cercana la tomaba y decía que era la hostia. Pensamos: "Vamos a probarla, no será tan peligrosa".

Es una de las drogas más atractivas por algo, pero la factura que pagas es terrible. Ahora lo sabemos, pero entonces pensamos que eran mitos. Aunque tampoco éramos gilipollas. No creíamos que la heroína era inofensiva, pero nos convencimos de que el riesgo no era tanto.

Todos somos supervivientes, ¿no? Algunos de más guerras que otros. Yo sí tengo la sensación de superviviente. No sólo de esta época sino también de la anterior, la dictadura militar, y después de causales que se te presentan en la vida que cada día dices: "Joder, otro día más que sobreviví".

Somos una generación de supervivientes porque estuvimos en el centro de la diana en demasiados escenarios: las drogas, el SIDA, la dictadura argentina, las Malvinas... Hubo un montón de situaciones de riesgo, pero no es una etiqueta que me guste aunque pueda ser cierta.

Una de las señas de identidad de la Movida, heredada del punk de Inglaterra, era enfrentarse a lo establecido como suele hacer cada generación. Los Sex Pistols decían que los Rolling Stones eran unos viejos y ellos lo hacían con nosotros. Lo gracioso de nuestro caso era que muchos de la Movida eran mayores que nosotros, pero como habíamos sido muy precoces, estábamos súper establecidos.

A mí no me gusta decir "ellos" porque no lo considero así. Todos salíamos por la noche juntos a divertirnos y todos hacíamos música. Esa coyuntura siempre me pareció un poco absurda, no hacía falta tener un carnet para ser de la Movida ni era una secta. Yo también era la Movida.

Lógicamente, unos chavales que tenían una banda que imitaba a los Ramones no iban a hablar bien de Tequila en los medios, pero si querían mirar a un guitarrista, se ponían a mirar cómo tocaba yo. Recuerdo haber ido a Rockola, que era el templo de la Movida, y que no me dejaran entrar: "Tú no, tú no". Y, ¿por qué no?

Había que hacer borrón y cuenta nueva. Nos arruinamos porque estaba escrito que todo lo que ganamos con Tequila nos lo teníamos que gastar. En lo que fue...

En el libro también cuenta cómo se reencontró con su padre gracias a Selva Alemán, una conocida actriz argentina, con quien Alejo ha podido hablar a raíz de este libro para agradecérselo.

Durante el exilio de Gila en Argentina se hizo amigo de sus padres y frecuentaba también su casa pero cuando se exiliaron ambos y marcharon a España, coincidieron en el barco. "Yo lo veía a menudo y en un momento dado produjo una obra de teatro y contrató a mi madre como actriz.

Su éxito fue arrollador y cuenta que en su primer cheque ganó mucho más de lo que esperaba. «Gané 700.000 pesetas. Yo no sabía porque nunca había cobrado nada, pregunté y me dijeron: "calcula que vas a cobrar 50.000 pesetas"», explica Alejo que cuenta que al salir con el talón de más de medio millón de pesetas, se compró un BMW.

Alejo Stivel tenía diez años cuando Julio Cortázar le dedicó su disco Por él mismo, parte de una colección en la que grandes autores leían fragmentos de sus obras. “Para Alejandro, con todo el cariño de su amigo Julio”. El autógrafo, fechado en 1970, es una de las muchas joyas que el músico argentino guarda en su casa, como la camiseta de la selección argentina de fútbol firmada por Maradona, los versos que Juan Gelman le dedicó a los cinco años o una foto original de Hunter S. Thompson escribiendo a máquina al borde de un acantilado.

“Llevamos ya como cuatro o cinco temas grabados de un disco de duetos con canciones de María Elena Walsh”, dice el músico, que se encuentra produciendo el próximo disco de Rosa León acompañada de Joaquín Sabina, Víctor Manuel, Ana Belén, Santiago Segura... Y un videoclip con el celebrities de Joaquín Reyes.

En el escrito, la escritora y compositora argentina le decía a Rosa León: “Aquí va Zulema, mi amiga, mi hermana con su hijo, que es como mi sobrino. Trátalos bien, cuídalos”. Cuando Rosa fue a buscar la carta, le preguntó a Alejo qué estaba haciendo. “Voy al cole, estoy en segundo de BUP, pero yo lo que quiero es ser una rockstar”, le respondió. Rosa León invitó a Alejo Stivel a que se pasara por el estudio al día siguiente.

El primer instrumento que me regalaron en la vida -no lo aproveché demasiado porque toco muy mal cualquier instrumento- fue ese. Por lo menos emitía notas y creo que eso me dio las ganas para crear música.

El día que yo cumplí cinco años, mi madre me regaló un disco de los Beatles que acababa de salir: Please, please me. Fuimos a la tienda de discos y elegí ese. Pillé la salida de casi todos los discos de los Beatles. El primer disco que me compré con mi dinero, con el ahorro de mi paga semanal de un par de meses, fue Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band.

Las Juventudes Peronistas (JP) eran para gente mayor de edad (más de dieciocho años), porque estaban muy comprometidos, por decirlo de una manera suave. Yo tenía catorce y estaba en la UES. Igualmente desaparecieron varios chicos de la UES de quince. Hay una película que te recomiendo y que se llama La noche de los lápices.

Mis abuelos son inmigrantes de los guetos judíos de Ucrania, aunque no hablaban ucraniano o ruso. Se fueron a Argentina antes de la revolución [rusa]. Coincide que mi abuela materna era de Kiev y mi abuela paterna de Odessa (mis abuelos no eran de Ucrania). Hablaban yiddish (el idioma judío europeo), que está en extinción.

En Argentina nadie se cambia el apellido por persecución. Hay un poco de antisemitismo, pero no cuaja, porque hay muchos judíos. Mi padre acortó el apellido a Stivel por cuestión sonora. Suena mejor artísticamente. Yo lo usé así por la misma razón.

Pero no por judíos. El corte de Rot es por cuestión artística. Es sólo estético. No se editaron los discos por la ideología de nuestros padres. En la dictadura militar sí que hubo un reflote de antisemitismo, pero muchos judíos siguieron viviendo allí, aunque algunos sí que huyeron.

Moris contaba en 'Efe Eme' que cuando estabais grabando los coros de Zapatos de gamuza azul y Sábado en la noche veía a un “coro de exiliados”: “No era un coro de gente que está en su casa con agua caliente y comodidades. Éramos tipos con rabia y buscándonos la vida”.

Hubo unos conciertos de la municipalidad para llevar la música a los barrios. Entonces, yo acompañaba a mi madre, y ahí mezclaban: un tanguero, un folclorista y un rockero. De repente estaba el Cuarteto Cedrón (Juan Gelman escribía muchas de las letras) y en varios de esos conciertos estaba Moris. Yo tenía doce años y le veía.

Efectivamente. Él no tenía banda y nosotros estábamos ahí. Había temas como Nocturno de princesa, Sábado en la noche… Tenía unas canciones fabulosas. Él era un tipo muy divertido y muy loco, en el sentido de que iba muy a la suya.

De hecho, grabamos su disco antes que el nuestro. Primero fue el single Necesito un trago, luego grabamos el disco de Moris y después el nuestro. Venía muy condicionado todo, porque no teníamos experiencia. Matrícula de honor no quedó como nos habría gustado, porque lo hicimos en seis días (grabación y mezcla).

No, son igual que los otros. Para el segundo dijimos: “Nosotros llevamos el disco”. Y como había funcionado el primero, nos dejaron hacer. Yo llamé a Juan Gatti, que ni sabía quién era; acababa de llegar de Argentina y no tenía trabajo y lo primero que hizo fue nuestro disco.

Si yo hubiera sido novio de una fan, también me hubiera enfadado. Desde este medio pido perdón por algún malestar que pudiera causar a algún novio de los años ochenta.

Sí, pero… Imagina que eres un redactor y que luego te ponen a dirigir ese periódico. Tú ya sabes cómo va el periódico, pero a los veinte años de dirigirlo te vuelven a colocar como redactor. Obviamente yo ya produje doscientos cincuenta discos, ya estaba metido y en contacto con artistas.

Cuando uno es más joven está todo el tiempo haciendo primeras cosas y tiene el músculo de las primeras cosas muy desarrollado: la primera vez que conduces un coche, que viajas en avión, que haces turismo, el primer beso, el primer polvo, la primera novia… Estás todo el rato haciendo primeras cosas.

Volvíamos con la gira de Tequila de 2008 y luego era mi primer concierto solista en la Joy Eslava y estaba nerviosísimo, como si fuera mi primer concierto en el 78. Cada vez te impone más hacer algo por primera vez. Pero a mí me encanta, porque tiene una energía, una frescura, un “no sé qué” que es imposible conseguir si has hecho eso ochocientas veces, y toda la gente de mi edad ya hizo todo muchas veces.

Me arrastró. Yo tenía miedo escénico y hacía mucho que no salía al escenario. Los M Clan me dijeron que tenía que cantar un tema con ellos en el disco, porque me lo pidieron.

Para mí era el Madison Square Garden. Yo no había cantado en un escenario en veintipico años. Por más que fuera el Akelarre, que es un club, yo estaba acojonado como si fuera el WiZink Center.

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