Juan Antonio Roca: Biografía, Hijos y Legado del Caso Malaya
Juan Antonio Roca, conocido como el 'cerebro' detrás de la mayor trama de corrupción urbanística en España, el Caso Malaya, ha llevado una vida discreta en los últimos años. Tras haber sido condenado a 20 años de prisión en 2006 por delitos de malversación, cohecho y blanqueo de capitales, su regreso a la libertad en 2019 marcó el comienzo de una nueva etapa.
Ahora, lejos del lujo y el escándalo, el exgerente de Urbanismo de Marbella intenta mantener un perfil bajo en la misma ciudad que lo vio ascender al poder. Roca vive como antes de entrar en la cárcel en la avenida de la lavadora marbellí, ocupando su vivienda de Poseidón en el complejo de lujo situado en una de las zonas más prestigiosas del centro de Marbella. En 1989, el exasesor compró este inmueble por más de 727.000 euros y lo eligió como su residencia habitual. Hoy vale tres veces más.
Uno de los vecinos propietarios de esta urbanización, dedicado a la abogacía, le ve a diario entrar y salir con su maleta como si fuera un hombre de negocios. "Él entra y sale por el garaje, aunque vaya sin coche. Ahí es donde siempre me lo encuentro”. Y es que el que fue considerado como el auténtico alcalde que hacía y deshacía a su gusto el urbanismo en la ciudad malagueña de Marbella, sigue trabajando a la sombra de otros.
Su zona de confort es la más transitada, el complejo con nombres de dioses y ninfas de la mitología grecolatina donde reside. Detrás de Poseidón se esconde en su interior todo un paraíso de jardines y piscinas. Este complejo de mármol lo mandó construir Jesús Gil al lado, en Nayade, Jesús Gil compartía el “puerta a puerta”.
Roca es consciente de que en Marbella no se le mira con buenos ojos. Asistió a una petición unánime de ciudadanos de Marbella que solicitaron a todos los partidos políticos que forman la corporación municipal del Ayuntamient, que llevaran al Pleno de Marbella proponer a Juan Antonio Roca persona "non grata en la ciudad”. El enfado de los ciudadanos ha ido creciendo cuando a día de hoy comprueban que sigue habitando en el mismo domicilio millonario.
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Entre esos "buenos amigos" de los que habla Roca están los hijos de Jesús Gil. Por ejemplo, Miguel Ángel Gil, alías Calán, del Atlético de Madrid, ha fichado al hijo del exasesor municipal de Urbanismo, Juan Roca Junior, como controlador financiero de su Academia de fútbol, según su perfil en redes.
El hijo menor de Roca, Juan Antonio, es el único miembro de la familia que no fue imputado en ningún procedimiento judicial. Los bienes y cuentas que tenía a su nombre nunca han sido intervenidos ni embargados. Siendo casi un adolescente fue uno de los que contribuyó, junto a siete personas más, para aportar el millón de euros de la fianza de su padre. El hijo menor de Roca ingresó 410.100 euros en la cuenta corriente abierta para recaudar dinero.
Su madre, Rosa Jimeno, y su hermana María estuvieron procesadas en su día por un presunto delito de blanqueo en la trama de compra de billetes de lotería premiados detectada durante la investigación del caso Malaya. Ahora cada una sigue con su vida. María, con sus negocios por Sevilla, y Rosa, pegada a su esposo. De hecho, es común verlos a ambos desayunando en el Café de Ronda.
Sin poder despegarse de la sombra de la duda, Roca va pisando sus propios pasos por la ciudad. Su lugar preferido para tales eventos es (o era) el salón de enganches en su domicilio. Sin duda, la joya de la casa. De ellos dan buena cuenta las fotos colgadas por las paredes y los trofeos. Los ciervos y las cabezas de toro disecadas. Junto a ellos estaban un elefante, una jirafa, un rinoceronte, dos osos pardos, un oso polar, una cebra, una hiena e incluso un leopardo que parece estar en plena sabana.
En 2008, saltaba la noticia de que la corporación del Ayuntamiento de Marbella había acordado por unanimidad nombrar a Roca como persona ‘non grata’ del municipio. Así que el hombre que en su día ostentaba el control del urbanismo marbellí, trabajando mano a mano con figuras como Julián Muñoz y Jesús Gil, ha tenido que aprender a vivir en el anonimato. Sus días de gloria, cuando recorría la ciudad malagueña en helicóptero y disfrutaba de lujosas estancias en Mallorca, parecen haber quedado atrás.
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A pesar de la venta forzada de la mayor parte de su fortuna -estimada en su apogeo en más de 2.400 millones de euros, según Forbes-, Roca sigue disfrutando de una vida cómoda en la capital de la Costa del Sol occidental. La vivienda está situada en un complejo llamado Poseidón. Este recinto de apartamentos de lujo construido en mármol lo mandó edificar Jesús Gil, mientras todavía era alcalde. Guardó dos de sus grandes pisos para su mano derecha, Roca, y para él mismo. Está valorado en más de dos millones de euros y refleja que, a pesar de los embargos y subastas que afectaron su vasto imperio, el exasesor sigue manteniendo un nivel de vida privilegiado.
Hoy, se le puede ver ocasionalmente en el garaje de su edificio o acudiendo a su despacho, aunque evita participar en eventos públicos y mantiene una vida familiar tranquila junto a su esposa, Rosa Jimeno, quien también permaneció en Marbella durante su encarcelamiento. De lo poco que se conoce de su vida actual destaca su voluntariado con Cáritas. Durante su reclusión, colaboró con la fundación y participó en programas de reinserción de reclusos, una labor que continúa desempeñando. Junto a su mujer se le vio en 2017, cuando un permiso de la cárcel le permitió pasar 72 horas en su hogar tras 10 años encerrado. Fue en esta misma vivienda de Poseidón, donde también se reunió con sus dos hijos, María y Juan Antonio.
Gran parte de su patrimonio, cerca de 75 millones de euros, fue vendido en 2016 por la Audiencia de Málaga para hacer frente a las cuantiosas responsabilidades civiles y penales que se le impusieron. Entre los bienes destacaban una finca en Murcia valorada en 27,5 millones, así como otras propiedades en Marbella y Madrid. Incluso se puso a la venta una colección de objetos personales que incluía relojes, carruajes y obras de arte -incluso de Miró o Picasso-, valorados en millones de euros. Sin embargo, el rastro de su pasado sigue presente. Las propiedades que alguna vez le pertenecieron, como la finca La Caridad -convertida en el anfiteatro para las fiestas de San Pedro Alcántara-, ahora se han convertido en espacios públicos para los vecinos, y algunos de sus bienes siguen buscando comprador.
El exgerente de Urbanismo fue protagonista de una de las mayores investigaciones por corrupción en España, en la que se le vinculó con el desvío de fondos públicos y la acumulación de un vasto patrimonio. Este incluía propiedades en Marbella, Madrid, Ibiza y Murcia, junto a bienes de lujo como coches antiguos, obras de arte y una amplia colección de animales exóticos disecados -incluyendo un tigre que sí estaba vivo-.
Tras más de una década entre rejas, Roca gozó del tercer grado en 2018, hasta que un año más tarde el juez de Vigilancia Penitenciaria autorizó su salida gracias a haber cumplido tres cuartas partes de su condena. Además, su implicación con Cáritas durante su encierro fue clave para su liberación, ya que ofreció una imagen de rehabilitación ante las autoridades.
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El reciente velatorio del exalcalde Julián Muñoz trajo de nuevo el nombre de Roca a la luz pública, aunque él no busca la notoriedad. Mientras Marbella ha cambiado mucho desde los días en los que él dirigía su urbanismo en la sombra, el propio Roca parece haber encontrado una nueva rutina, alejado del centro de atención que alguna vez ocupó, pero sin dejar atrás del todo su pasado.
Malaya. Operación secreta, Juan Antonio Roca era, a principios de los 90, un empresario en banca rota que había tenido que recurrir al subsidio por desempleo. Su vía de negocio había sido tirar de la cuerda del pelotazo urbanístico en su Murcia natal, pero cuando las cosas empezaron a desinflarse en esa zona, Roca puso la vista en Marbella, municipio en el que comenzaba su andadura de gobierno “un pionero” llamado Jesús Gil.
En Malaya. Operación secreta hablan abiertamente de Roca como alumno aventajado del “gilismo”. Copió y mejoró muchas de sus estrategias. El empresario llegó a Marbella en 1992, un año después de que Gil se hiciese con la alcaldía de la ciudad malagueña. Trabajador en la sombra, discreto, fue escalando posiciones. El enorme foco que Gil puso en el desarrollismo urbanístico, le acabó aupando hasta convertir a Roca en uno de sus principales asesores. Bajo la apariencia política, con una solo ideología, la de ganar dinero, Roca fue medrando y siendo parte esencial de la creación de un entramado clientelar de sobornos y corrupción.
Cuando en 2002, Gil termina siendo destituido como alcalde e ingresa en la cárcel tras su condenado por malversación, prevaricación y otros delitos, Roca asciende a lo alto de la cúspide. Acostumbrado a las sombras, se queda al margen de la primera línea y elige a cómodos títeres, como María José Yagüe o Julián Muñoz. Gil estaba en la cárcel, pero el engranaje de las estructuras corruptas seguía en movimiento. Intentar perseguir a Roca no era fácil.
El ayuntamiento de Marbella de aquella época tenía todas las características de un grupo mafioso, un grupo infiltrado, con confidentes por todas partes. En los juzgados había un control absoluto. Antes de la Operación Malaya, se borraron ordenadores y desaparecieron miles de documentos y sumarios. Todo intento por frenarle acababa perseguido, amenazado o apartado.
Para desentrañar toda la red de dinero en B que sustentaba su vida, la policía tuvo que crear una unidad específica. La UDEF, la Unidad de delitos económicos y financieros, nació en 2005, al iniciarse la investigación del caso Malaya. Fue un hito en la metodología, basada en otras experiencias internacionales, el follow the money (sigue el dinero) que consistía en rastrear el origen de los ingresos.
Cuando en 2006 se produce la detención de Roca y su cúpula, una de las cosas que más sorprendió a la policía fue encontrarse con un tigre vivo y una colección de centenares de animales disecados, entre ellos un hipopótamo, una jirafa, gacelas, leones y osos. Los encontraron en la Finca de la Caridad, donde tenía hasta una capilla. También intervinieron más de una docena de teléfonos móviles. Tenía uno para cada cosa. La policía calcula que pudo gastarse hasta 40.000 euros en encriptarlos.
Por supuesto, poseía una casa de veraneo. Una mansión de lujo, situada en Mallorca, valorada en 3 millones de euros y a donde se trasladada en su propio yate. De ella disfrutaba de sol a sol, literalmente. La casa poseía dos piscinas, una para el sol de la mañana y otra para el sol de la tarde. También estaba llena de obras de arte cotizadísimas (algunas no tanto, como el Miró sobre su bañera). No porque fuera un amante de arte, sino porque esta era la mejor manera de blanquear dinero.
En el anonimatoYa nadie quiere ser su amigo (públicamente), pero mantiene una vida plácida en la Marbella que contribuyó a corromperJuan Antonio Roca, el que fue el adalid de Marbella, dentro de una de las mayores tramas de corrupción que será recordada por siempre en la historia de España, sigue como paladín de la ciudad. Aunque él intenta pasar desapercibido, en el más puro anonimato, su biografía fulgurante aflora en estas fechas llena de sombras. Su nombre se hizo viral en el sumario de Malaya por la «suerte» de haberle tocado la lotería en 80 ocasiones. Eso le dijo al juez: que fue el «modus operandi» para convertirse en la cuarta persona más rica de toda España, acumulando más de 2.400 millones de euros durante su periodo en activo.
Muchos se preguntan ¿Qué ha sido de Roca? El cerebro de la trama Malaya esculpe su longevidad plácidamente en los mismos lugares de la ciudad marbellí que pisaba antes de ingresar en prisión. Pasea por las calles de la ciudad costasoleña, como un lugareño más. Casi nadie le reconoce, más envejecido, con menos oros y sin alardear ya de ser ingeniero de minas.
La semana pasada, comía con su mujer Rosa en un restaurante al lado de su casa de Poseidón. Algunos le preguntan cuántos amigos le quedaban tras salir de la cárcel. A lo que el murciano, siempre contesta convencido: «Me quedan los buenos, los de verdad. Con esos me sobra». Sus colegas van desapareciendo. Allí le veíamos hace unos meses en el solitario entierro del que fue alcalde de Marbella despidiendo al que fue su enemigo más que amigo: «La cárcel nos cambia a muchos y hay que perdonar».
Su mujer y su hija, Rosa Jimeno y María, fueron procesadas en su día por un presunto delito de blanqueo en la trama de compra de billetes de lotería premiados, detectada durante la investigación del caso Malaya. Ahora, cada una sigue sus vidas. María con sus negocios por Sevilla y Rosa, pegada a su esposo, en cada paseo y comida por la zona como en el Café De Ronda, Los mellizos o el Mercato de la Fontanella.
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