Lactancia Materna y Hambre Feroz: Causas y Consideraciones
Recuerdo sentir mucha hambre cuando amamantaba a mis hijos. Comer más y más a menudo era una prioridad para mí en aquella época.
La Demanda Energética de la Lactancia
Hay una buena razón para que muchas madres lactantes sientan hambre, ya que producir leche requiere energía: una media de 500 kilocalorías diarias más que una mujer que no da el pecho. Es más energía de la que se necesita en los últimos meses del embarazo.
Inseguridad Alimentaria y Madres Lactantes
En un momento en que el mundo se enfrenta a una crisis de hambre sin precedentes, mis pensamientos se dirigen a las madres de todo el mundo que amamantan a sus hijos mientras ellas mismas pasan hambre. Para millones de madres lactantes, la inseguridad alimentaria es una dura realidad.
Alrededor del 29,6% de la población mundial, es decir, 2.400 millones de personas, sufrieron inseguridad alimentaria moderada o grave en 2022, lo que significa que no tienen acceso a alimentos adecuados, seguros, asequibles y apropiados para satisfacer sus necesidades. La actual crisis alimentaria mundial dificulta cada vez más el acceso de las madres lactantes a una dieta saludable.
Estas madres no sólo están sintiendo los efectos agudos del hambre, como malestar, cansancio y dificultad para concentrarse, sino que además se están desnutriendo.
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Desnutrición Materna y Lactancia
Sí, contrariamente a un mito común, la mayoría de las madres desnutridas pueden seguir amamantando y seguirán produciendo leche materna que satisfaga las necesidades nutricionales de sus hijos. Cuando la ingesta de nutrientes de la madre es insuficiente, sus propias reservas de nutrientes se movilizan para apoyar la producción de leche, a expensas de su propio estado nutricional.
Beneficios de la Lactancia Materna en Crisis Alimentarias
En un momento en que las tasas de desnutrición infantil están aumentando, la lactancia materna proporciona una protección vital contra la desnutrición y la muerte. Cada año podrían salvarse más de 820.000 vidas de niños y niñas menores de cinco años si todos los niños de 0 a 23 meses fueran amamantados según las recomendaciones de la OMS.
Además, es importante para la propia salud de la madre, ya que le ayuda a recuperarse del parto y a reducir el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer y diabetes tipo 2.
Además, la lactancia materna es un salvavidas en tiempos de escasez de alimentos. Proporciona una seguridad alimentaria total a los lactantes, ya que es un alimento completo hasta los seis meses de edad. Es más seguro y menos costoso proporcionar a la madre más alimentos que exponer al lactante a los riesgos asociados a los preparados comerciales para lactantes.
Después de los seis meses, sigue siendo una importante fuente de energía para el niño en crecimiento, ya que le aporta nutrientes esenciales y contribuye a prevenir la malnutrición y las carencias de micronutrientes.
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La Necesidad de Atender la Nutrición Femenina
Por desgracia, la nutrición femenina (incluida la de las mujeres lactantes) es una cuestión desatendida. En los últimos 20 años apenas ha cambiado la prevalencia mundial de la desnutrición en las mujeres. Hoy en día, las carencias de micronutrientes afectan al 69% de las mujeres y niñas, con graves consecuencias para su propia salud y la de las generaciones futuras.
La "Hora Bruja" y el Llanto del Bebé
Llamamos «la hora bruja» al comportamiento que suele tener el bebé menor de cuatro meses, que aun siendo un angelito durante el día con la llegada de la tarde-noche (por lo general a partir de las 5 o las 6 de la tarde, y especialmente entre las 8 y las 9 de la noche) se transforma en un diablillo inquieto, irritable y llorón que con nada conseguimos calmarlo.
Nada extraño si nos paramos a pensar que, a estas horas, especialmente después de una intensa jornada, todos estamos más agotados. Y aunque parezca contradictorio, lo cierto es que el cansancio y el agotamiento pueden dificultar la conciliación del descanso y el sueño.
Pues esta misma situación la está viviendo el bebé, con más frecuencia entre las primeras seis semanas de vida y los cuatro primeros meses, periodo de tiempo en el que el bebé debe adaptarse a su nueva vida fuera del plácido mundo intrauterino y enfrentarse de forma más autónoma a su nueva existencia en el medio extrauterino, encontrándose con estímulos visuales, auditivos y táctiles a los que no está acostumbrado.
En consecuencia, no es extraño que al final del día este extenuado, no pueda más y responda de la única forma que sabe expresar las emociones, es decir, llorando.
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Un llanto incontrolable que hace estallar los oídos de unos padres, que se preguntan, ¿Qué le pasa? ¿Por qué llora? ¿Por qué todos los días a la misma hora? Unos padres que, con los nervios a flor de piel, intentan dar explicación a tal comportamiento, “¡Serán cólicos!, dolor de barriga o tal vez ¡hambre!” Siendo frecuente tomar decisiones poco apropiadas, como, ofrecer algún tipo de infusión, probiótico anticólico…etcétera.
“La hora bruja”, es uno de los motivos principales para empezar a dar biberones de «suplemento», por pensar que la leche materna no es suficiente para alimentar al bebé y que este se queda con hambre porque la madre no produce suficiente leche.
Causas Reales Detrás del Llanto
Cuando realmente con toda probabilidad lo que realmente está pasando, es simple y llanamente, que el bebé está cansado y estresado. Al igual que sucede en los adultos el día también puede ser agotador para los bebés. Visitas de familiares, amigos, que quieren cogerlo en brazos, acariciarlo, decirle cosas, voces y ruidos... una infinidad de estímulos que le son nuevos.
En pocas palabras, una jornada con muchos cambios para los que no está preparado, que sobrecargan su pequeño cerebro, desencadenando cambios en su conducta y haciendo que le resulte complicado conciliar el sueño.
Coge la teta, no por hambre, sino porque intenta relajarse y dormirse. Del pecho la leche fluye momentáneamente. No obstante, estas situaciones de estrés y cansancio en el bebé, también afectan a la madre, haciendo que aumente la adrenalina y el cortisol, inhibiendo la oxitocina, hormona que interviene en el reflejo de eyección de la leche. Por lo tanto, el problema no es que no haya leche, tan solo que está sale con mayor dificultad.
Al mismo tiempo el vínculo entre madre-bebé es tan fuerte que capta los sentimientos de su madre. Es capaz de detectar si la madre está preocupada o angustiada y aumenta su malestar e irritabilidad y suma más angustia a la madre.
El bebé no pelea con el pecho porque tenga hambre y no salga leche, sino porque está agotado y quiere relajarse y dormirse, pero está tan «pasado de rosca» que hasta succionar le supone un esfuerzo.
El agotamiento es la causa de que se enfade y pelee con la teta. Si en plena crisis de llanto le ofrecemos un biberón de leche de fórmula, será probable que se lo tome, aunque realmente no lo necesita, pero con poco esfuerzo, del biberón emana con facilidad un líquido dulce, que tomará, y después de ingerirlo terminará exhausto, y al igual que el lobo feroz después de haberse comido a los cabritillos caerá profundamente dormido.
Cómo Evitar la "Hora Bruja"
Adelantarse a ella conforme se va acercando la hora. Pueden anticiparse proporcionando al bebé un ambiente más tranquilo y relajado, ofrecerle el pecho durante las tomas de la tarde con luz tenue, en silencio o con música relajante, reduciendo al máximo todos los estímulos, limitando las visitas durante estas horas críticas, evitando así que el bebé vaya de brazo en brazo.
Para sobrellevarla, una vez ya ha llegado este momento, primero que nada debemos tratar de entender al bebé, porque para él, también es un mal momento. Es decir, hay que ser consciente de que lo que tiene es un gran cansancio y somos los adultos los que tenemos que enfrentarnos a la situación con una gran dosis de paciencia, cariño y amor.
Ser conscientes de que lo único que le sucede al bebé es que ya no puede más, está agotado, no necesita comer, ni tiene dolor de barriga, de manera que no precisa de infusiones o probióticos, ni ninguna fórmula mágica, puesto que no le ocurre nada malo. Lo único que quiere, pero no sabe expresarlo, son vuestros brazos para relajarse y dormir.
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