Lactancia Materna: Un Beneficio para la Salud y el Medio Ambiente
Es muy probable que en los últimos años hayas oído hablar con frecuencia sobre los múltiples beneficios de la lactancia materna para la salud. Entre las ventajas para la mujer, se sabe que reduce el riesgo de determinados tipos de cáncer (de mama y de ovario) y de desarrollar enfermedades como la hipertensión.
La lista de beneficios que la lactancia materna tiene para la salud (tanto presente como futura) de la madre y el niño es prácticamente interminable y, además, cada poco tiempo incorpora una nueva prueba. La lactancia materna es un componente esencial en la vida de un recién nacido y tiene una importante influencia en el desarrollo infantil. Por ello, los beneficios se ven reflejados en mayor desarrollo del coeficiente intelectual, en la disminución del sobrepeso y la obesidad, así como la disminución de leucemia infantil; al tiempo que en las madres se libera la hormona oxitocina que ayuda a reducir el sangrado posparto, quema calorías y disminuye el cáncer de mama.
Pero, además, esta forma de alimentación aporta otro tipo de ventajas cuya repercusión aún no es lo suficientemente conocida por buena parte de la población, y que cada vez cobra más importancia en el contexto sanitario, climatológico y medioambiental actual: sus beneficios desde el punto de vista de la sostenibilidad y el bienestar del planeta.
Pero, ¿sabías de sus beneficios desde el punto de vista de la sostenibilidad? Posiblemente, o al menos así sucederá para la gran mayoría, la respuesta sea negativa. Sin embargo, cada vez son más los estudios científicos que hablan sobre el estrecho vínculo que existe entre esta forma de alimentación y fenómenos como el cambio climático.
«Se trata de un alimento natural y renovable, que no deja huella de carbono en el medioambiente; no requiere envasado, transporte ni combustible para su producción, preparación y consumo, y tampoco produce desechos». En esta línea, varios estudios las han comparado basándose en factores como las fuentes de energía, las emisiones de carbono, los desechos o la huella hídrica (volumen total de agua dulce utilizada para producir bienes y servicios). En todos estos aspectos, las ventajas de la leche materna son incuestionables.
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De hecho, desde hace ya unos años, cada vez hay más literatura científica que demuestra el estrecho vínculo que existe entre esta opción alimenticia y fenómenos como el cambio climático. Precisamente, este año, la Semana Mundial de la Lactancia Materna (#WBW2020) -que se celebra del 1 al 7 de agosto- pone el foco en este importante impacto en la salud planetaria, destacando el papel de la leche materna como elemento principal de un sistema alimentario sostenible, además de otras ventajas desde el punto de vista medioambiental, tal y como comenta María José Rodríguez Lagunas, profesora colaboradora del máster universitario de Nutrición y Salud de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y profesora de la sección de Fisiología de la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Barcelona.
Menor Impacto Ambiental
Una de las investigaciones más recientes en este sentido fue la llevada a cabo por expertos del Imperial College de Londres (Reino Unido), publicada en el British Medical Journal y que arroja datos muy reveladores al respecto: dar el pecho durante seis meses supone un ahorro de entre 95 y 154 kg de emisiones de CO2 por bebé en comparación con la leche de fórmula.
Una investigación reciente publicada en el British Medical Journal en la que han participado expertos del Imperial College de Londres, confirma que dar el pecho durante seis meses, como bien recomienda desde la Organización Mundial de la Salud, supone un ahorro de entre 95 y 154 kg de emisiones de CO2 por bebé.
Además de ello, el propio estudio asegura que la cantidad de agua caliente necesaria para calentar los biberones de la leche de fórmula, el sustituto artificial de la leche materna, implica un gasto al año que equivale, nada más y nada menos, que al de cargar 200 millones de smartphones.
María José Rodríguez Lagunas explica al respecto que optar por la lactancia materna evita el impacto negativo en la huella ecológica que proviene de los ingredientes de la fórmula infantil, tanto de la leche como de otros componentes añadidos como aceites, vitaminas, etc.; de la producción del preparado en sí misma y de su transporte.
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«El pecho de la madre es el mejor envase que existe: estéril, capaz de dosificar la cantidad exacta que requiere el bebé y a la temperatura óptima. Sustituir esto por una leche de fórmula implica el uso de recursos adicionales: por un lado, el empleo de envases procedentes de la propia fórmula infantil, pero también el consumo de agua, el uso de los biberones y las tetinas, los productos para esterilizarlos, los calentadores...», explica María José Rodríguez Lagunas, profesora colaboradora del máster universitario de Nutrición y Salud de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y profesora de la sección de Fisiología de la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Barcelona a la hora de hablar sobre el efecto de la leche materna en la huella ecológica.
«El pecho de la madre es el mejor envase que existe: estéril, capaz de dosificar la cantidad exacta que requiere el bebé y a la temperatura óptima. Uno de los aspectos que más se están teniendo en cuenta a la hora de determinar las ventajas medioambientales de la lactancia materna frente a la leche de fórmula es el efecto de ambas en la huella ecológica (la medida del impacto de las actividades humanas sobre la naturaleza).
Para Natalia Panadero, investigadora del grupo FoodLab de la UOC, un dato muy ilustrativo y revelador es que, según algunas investigaciones realizadas al respecto, los países más afectados por el cambio climático muestran también las tasas más bajas de lactancia materna.
En cuanto a las principales razones argumentadas para abandonar la lactancia y las situaciones más típicas que se producen al respecto, esta experta comenta que durante las primeras semanas, las madres (sobre todo las primerizas) se enfrentan a una gran cantidad de retos que deben compaginar con el cansancio y, a veces, con el dolor y el estrés.
Según María José Rodríguez Lagunas, sigue siendo necesario invertir más tiempo y recursos para promocionar la lactancia materna y, en este sentido, poner en valor su aporte medioambiental puede ser un elemento añadido que ayude a aumentar la concienciación sobre las ventajas de esta opción: «Saber que además de proteger a su hijo se está también cuidando del planeta es un motivo más para decantarse por este tipo de alimentación.
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La Semana Mundial de la Lactancia Materna se celebra del 1 al 7 de agosto y este año irá ligada al cambio climático. Porque, en palabras de la profesora e investigadora del grupo FoodLab de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Anna Bach, lactar es un sistema alimentario totalmente “natural y sostenible, que no deja huella en el medioambiente, no requiere envasado, transporte ni combustible”.
Algunas investigaciones sugieren que los países más afectados por el cambio climático son los que tienen las tasas más bajas de lactancia materna. Es evidente que son, también, los más industrializados. Con más precisión, el estudio del Imperial College apunta que la cantidad de agua necesaria para calentar los biberones de la leche de fórmula tiene un gasto anual de energía equivalente al cargado 200 millones de teléfonos móviles.
“Sustituir la leche materna por la de fórmula implica el uso de recursos adicionales: empleo de envases, consumo de agua, uso de biberones y tetinas…”, expresa la profesora de la Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Barcelona y profesora colaboradora del máster universitario de Nutrición y Salud de la UOC María José Rodríguez.
Pero más allá del medioambiente, la Asociación Española de Pediatría (AEP) indica que la leche materna es un alimento completo y nutritivo para un lactante mayor y con más calidad que la leche de fórmula o de vaca. Además, la lactancia aporta una serie de beneficios para la madre como un “menor riesgo de padecer ciertos cánceres como el de mama, ovario y útero cuanto más tiempo se amamanta, y también reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular o de diabetes tipo 2”, explica María José Rodríguez.
Con todo, y pese a los beneficios de amamantar, solo alrededor del 40% de los bebés se alimentan exclusivamente con leche materna hasta los seis meses de edad. La mayoría de las madres decide no dar el pecho a sus hijos por motivos laborales, ya que la baja de maternidad en España es de cuatro meses. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también aconseja la lactancia materna de manera exclusiva durante los primeros seis meses, y mantenerla hasta los dos años, como mínimo.
Pero la sociedad todavía observa con extrañeza que las mujeres den el pecho después de los 12 meses de vida del bebé. Las investigadoras Ally Brown y Sally Dowling llegaron a la conclusión de que el mayor problema es el rechazo social y profesional que para la población occidental supone que un niño mayor de un año mame.
Según el Comité de Lactancia Materna de la AEP, en Asia el 70% de los niños continúa con la leche materna hasta los dos años; pero en Europa la cifra cae por debajo del 30%. Desde el comité expresan que se debe “normalizar la lactancia materna más allá del primer año”.
A esto se suma María José Rodríguez, que explica: “Es importante inculcar en la población la recomendación de la OMS de la lactancia hasta los dos años y normalizar la lactancia en los hogares y en el exterior porque un acto tan natural y necesario como dar el pecho nunca debería suponer un rechazo social”.
Y, además, quizás no te habías parado a pensarlo nunca, pero la leche materna es uno de los ‘productos’ más sostenibles que existen en el planeta. Se produce y suministra sin contaminación, no requiere envases ni residuos y es un alimento totalmente natural y renovable.
Según nos cuenta Laura Lázaro, responsable de marketing de Lansinoh España (www.lansinoh.es), marca especializada en soluciones y productos para la lactancia materna, concienciada con el medio ambiente y con el cambio climático mediante su apoyo a la actual campaña de Naciones Unidas: “La leche materna es capaz de mantenerse sin provocar ningún daño para nuestro planeta. Es también un alimento natural y renovable, sostenible desde el punto de vista medioambiental, sin utilizar ninguno de los escasos recursos naturales que tenemos. La lactancia materna proporciona seguridad alimentaria a los bebés sin depender de las condiciones económicas locales, los desastres naturales o los conflictos”, argumenta.
Datos Curiosos sobre Sostenibilidad y Lactancia Materna
Y es que, si nos ponemos a comparar lo que conlleva la producción de la leche de fórmula con la producción de leche materna, ¡son cifras totalmente desorbitantes! “Nuestra visión es la de un mundo seguro y sostenible en el que las mujeres se sientan apoyadas y confíen en el momento de convertirse en madres. Nos comprometemos a ser climáticamente neutros para 2030. Estamos revisando todas nuestras actividades y productos para ver dónde se pueden evitar o reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
La experta en sostenibilidad nos da algunas ideas para promover el cuidado del medio ambiente en el mundo de la lactancia materna, para ello “se pueden hacer muchas cosas a nivel de transporte, moda, comida, energía o residuos. Ayuda mucho el dejar de utilizar plásticos por recipientes y bolsas reutilizables , ya que lo bueno es que la lactancia materna no necesita envases ni utiliza recursos naturales”, afirma.
La leche materna es producida a nivel fisiológico por la madre por lo que es sana, sostenible y gratuita. No daña el medio ambiente ni produce emisiones de carbono, residuos ni contaminación. La leche materna es sostenible desde el punto de vista medioambiental y no necesita envases. No utiliza recursos adicionales de nuestro planeta, como el agua o la tierra.
Una sólida colaboración entre todos los sectores es la forma más eficaz de apoyar a las familias en su camino hacia la lactancia materna. Bajo la consigna “Apoyar la lactancia materna para un planeta más sano” nos sumamos a la iniciativa, que cumple 25 años, de la Semana Mundial de la Lactancia materna.
La leche materna es un recurso esencial para la supervivencia y calidad de vida de los infantes. Sin embargo, los beneficios de este alimento natural alcanzan áreas de importancia todavía mayores. Uno de estos objetivos está relacionado con la influencia positiva que tiene la lactancia sobre el medio ambiente. Pero, muchos se preguntarán, ¿qué vínculo existe entre la lactancia materna y el desarrollo sostenible de nuestro planeta?
La leche materna es un recurso natural, seguro y renovable por lo que es inocua para el medio ambiente. Para su producción no se necesita ningún tipo de energía y, su preparación no genera ningún tipo de desechos.
La Asociación Española de Pediatría (AEP), advierte de que la fabricación de leche artificial genera residuos, consumo de agua y electricidad y produce metano atmosférico. Diversos estudios apuntan a que se necesitan 4 mil litros de agua para la producción se 1 kg de leche artificial.
Asimismo, los procesos de esterilización quedan completamente anulados con la lactancia materna ya que no necesita de herramientas ni recipientes externos para el almacenamiento. También, la lactancia materna ahorra el transporte y la distribución. Para finalizar, cabe destacar, que la lactancia materna se ajusta a las necesidades de cada recién nacido, protegiéndolo y haciéndole más fuerte de agentes externos. Los recién bebés y niños amamantados con lactancia enferman menos y se recuperan antes.
La lactancia materna es un alimento único, que no solo mejora la supervivencia infantil, también aumento la calidad de vida de los niños que reciben este sustento. Los beneficios de esta práctica suponen niños más sanos, más resistentes inmunológicamente ante las enfermedades; pero, también, tiene un impacto directo en la salud de las madres.
Sin embargo, para llevar a cabo una lactancia materna efectiva es necesario información y asesoramiento a las familias en su práctica. La lactancia materna no es fácil, existen elementos externos que pueden turbar su inicio y continuidad.
“Hace dos años, desde UNICEF se llevó a cabo un estudio sobre niños que no había recibido nunca lactancia materna. La implicación de la familia al completo en la lactancia materna es primordial. El apoyo del entorno familiar y laboral es muy importante para la efectividad de la lactancia.
“Desde UNICEF intentamos desmentir el mito de que, si no se inicia el amamantamiento desde el inicio de la vida, luego no puede recurrirse a esta técnica. Los hospitales han establecido nuevos protocolos que facilitan el contacto piel con piel y que favorecen el inicio de la lactancia materna de forma temprana.
La industria alimentaria genera aproximadamente el 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero. La fabricación de productos comerciales de leche artificial tiene en ese porcentaje un gran peso: en 2018 se vendieron a nivel mundial más de 2 millones de toneladas de preparados para bebés y niños, generando entre 14-28 millones de toneladas emisiones de gases de efecto invernadero, y utilizando alrededor de 10 millones de metros cúbicos de agua.
Las autoridades sanitarias a nivel internacional recomiendan la lactancia materna exclusiva de los bebés durante los 6 primeros meses de vida, pero menos de la mitad de los bebés son amamantados ese tiempo exclusivamente. Según un reciente artículo publicado en Frontiers in Sustainable Food Systems, posibilitar que las mujeres amamanten reduciría las ventas de leche artificial y contribuiría a mitigar el cambio climático.
En el artículo proponen la herramienta Green Feeding Tool, desarrollada por la Australia National University y Alive & Thrive con soporte de FHI Solutions Innovation Incubator, que calcula la huella de carbono y la huella de agua como consecuencia de la fabricación de leche de fórmula para bebés de 0 a 6 meses.
“La lactancia materna está infravalorada económicamente pese a que tiene un importante impacto en la reducción del gasto en salud materna e infantil, y aquí hemos demostrado que el cambio transformador en el entorno para la lactancia tampoco se reconoce como una respuesta política al cambio climático. La promoción de la lactancia materna es un mecanismo importante para reducir las emisiones de gases invernadero y mitigar el cambio climático.
“La producción y el uso de fórmulas infantiles generan emisiones de gases de efecto invernadero que aceleran este calentamiento y además, producen contaminación y emisiones tóxicas debido a sus residuos.
Amamantar significa menos gases de efecto invernadero, menos degradación ambiental y menos contaminación. La lactancia materna ayuda a la transición de una economía basada en combustibles fósiles a una economía baja en carbono.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, la tasa global de lactancia materna exclusiva ha pasado del 37% en 2012 al 48% en 2022. La meta de la Asamblea Mundial de la Salud para este 2025 es alcanzar el 50% y un 60 o 70% en el 2030. En España, la última Encuesta Nacional de Salud de 2023, señala que la tasa de lactancia materna ha aumentado hasta un 47%, lo que supone 8 puntos más que en 2017 y la cifra más alta registrada hasta ahora.
Asimismo, la especialista destaca la importancia que tiene dar apoyo tanto a las mujeres que deciden dar de amamantar como a las que no: “Las que deciden dar de mamar necesitan más apoyo y más acompañamiento y las que deciden no dar de mamar es súper importante que hagamos autocuidados, que reconozcan cuáles son sus mamas, sus glándulas, cómo funcionan y cómo no funcionan”.
Sostenibilidad de la lactancia materna La lactancia materna es beneficiosa para la salud del bebé y de la madre, pero también para el planeta. A diferencia de la lactancia artificial, que requiere de agua potable para preparar la fórmula, utensilios que deben mantenerse limpios con agua y jabón, y recipientes que generan residuos; la lactancia natural no necesita ninguna elaboración. Es una práctica libre de emisiones, sin transporte ni embalaje, y sin impactos ambientales directos.
Además, la producción de leche artificial implica un proceso industrial complejo que supone un alto coste energético y ecológico: “Últimamente vamos inclinándonos a llamarle fórmula comercial y quitarle la palabra leche o leche humanizada. Yo creo que se debería considerar como un medicamento, como parte de un tratamiento con sus dosis y su pauta bien reglada”, afirma la experta.
Isabel Sevilla destaca la importancia de la conciliación para poder amamantar.
Por ello, es importante evitar ambientes contaminados donde se realizan trabajos como la industria química, plástica, agrícola, automovilística, de carpintería, etc. Pues en ellas se utilizan derivados del petróleo benceno, metales pesados como el cobre, plomo, arsénico, cadmio, níquel y mercurio, y derivados, pesticidas, herbicidas, compuestos orgánicos volátiles e hidrocarburos aromáticos policíclicos (HPA), por lo que es necesario usar traje de protección y disponer con áreas ventiladas2.
Por ello se sugiere consumir alimentos frescos, no procesados, disminuir el consumo de grasa, principalmente de origen animal, pues contienen más contaminantes, evitar la ingesta de pescados de gran tamaño, como el pez espada o atún rojo, que pueden tener por bioacumulación mayores índices de contaminantes, como el mercurio y PCB. También se recomienda alimentos ecológicos, pues tienen grandes propiedades nutricionales y menores índices de compuestos químicos como los antibióticos y aditivos artificiales. Por último, se aconseja productos de temporada porque tienen pocos conservantes3.
Por otro lado, el Comité de Lactancia materna de la Asociación Española de Pediatría enfatiza que la lactancia materna es una manera saludable para el bebé, porque sus beneficios actúan en la salud ante cualquier contaminante químico presente en la leche materna.
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