La Influencia de la Figura Materna y Paterna en la Psicología de los Hijos Varones
En la actualidad, en las consultas, se observan niños con sufrimientos derivados de las dificultades asociadas a los conflictos con otros sujetos significativos. Estos malestares son la expresión, sobre todo, de la relación con la madre en las primeras fases de la vida.
El Deseo Materno y la Subjetividad del Niño
El deseo de tener un hijo compromete en la mujer al ejercicio de su feminidad. Tener un hijo siempre es fruto de una decisión derivada de un deseo. Y si se tiene o no, tendrá unas implicaciones importantes para la persona que tome esa decisión, sea hombre o mujer. Es desde el inconsciente de la madre, desde donde se irá constituyendo la subjetividad del niño.
Desde una perspectiva freudiana, la maternidad permitiría a la mujer hacerse con lo que no tiene a través del niño. La relación del niño con el deseo de la madre, siempre que se trate de una relación lo suficientemente buena, nunca es una relación ente dos, sino entre tres, en la que el tercero es la función paterna (no necesariamente el padre) que sea capaz de capturar el deseo materno impidiendo su fijación con el niño.
La Función Paterna
Lacan atribuye la mayor parte de los problemas de la relación primaria madre-hijo a la sexualidad femenina: el deseo de la madre se vuelve patológico cuando apaga la sexualidad femenina.
El niño depende de quién, de ahora en adelante, llamaremos madre, aunque sabemos que nos referimos a una función. Existe un desencuentro necesario para que uno no sea todo lo que el otro quiere, es estructurante, entonces el niño no sufrirá de desencuentro, sino que lo hará por los límites de la vida. En el futuro será un hombre o una mujer con conflictos.
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La "Madre Muerta" y sus Consecuencias
En este sentido, es importante la figura de “La madre muerta “de A. Ellas parecen incapaces de amar, prisioneras de su propio sufrimiento… La respuesta del niño será una dificultad para afectivizar a la madre y se identificará con ella, como si pudiera evitar el dolor psíquico causado por la retirada traumática de la madre (si soy como ella así la tengo).
Siempre me pregunto en estos casos donde la función materna es fallida, no negligente, sino que quien ocupa el lugar de la madre tiene unas disposiciones inconscientes complicadas… y que estas circunstancias afectan a la vida de los hijos… ¿dónde están el resto de personas que rodean la vida del niño? ¿Dónde está el padre, que no puede colocarse en función materna y proteger a esta madre y a su bebe?
La Función Paterna en el Desarrollo del Niño
La función paterna desde el vocabulario psicoanalítico tiene un significado diferente al significado más común. Para el psicoanálisis, la función paterna facilita la separación entre lo biológico y lo pulsional, es decir, de los instintos. De esta manera, se favorece el acceso a lo simbólico. Es una función afectiva socio-cultural, de carácter real y simbólico que trasciende las funciones que puede ejercer individualmente un padre (Arvelo, 2001).
Así pues, la función paterna no necesariamente tiene que ser cumplida por el padre real, porque lo realmente importante es que se cumpla con el objetivo de la función paterna, que no es otro que transmitir al hijo que no podrá serlo todo para la madre, no tendrá exclusividad para el hijo. Por lo tanto, vemos el simbolismo de esta función, que quiere distanciar a la madre y el hijo.
La función paterna constituye un epicentro crucial en la estructuración psíquica del sujeto (Dor, 1989 citado en Sánchez, 2015). El hecho de que el hombre no sea una mujer, lo imposibilita de poderse quedar embarazado, y eso es un limitante biológico que hace que el hombre pueda coger el importante rol de interlocutor del eje diádico madre-hijo.
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La función del padre estará basada en separar a la madre del hijo: por un lado, el niño dejará de ver a la madre como un objeto de deseo y, por otro lado, la madre dejará de ver al hijo como “falo”, que no lo sea todo para la madre.
Etapas del Desarrollo y la Función Paterna
Des de Canvis, siempre exploraremos la historia del paciente y todas sus etapas de desarrollo serán importantes para poder construir el contexto. Por este motivo, para Canvis es importante explicaros la importancia que tiene la función paterna durante el desarrollo del niño o niña.
- Desde el nacimiento: la madre y el padre deben presentar un modelo de identificación para la niña o niño. Deben ir de la mano en las decisiones y deben participar ambos en los cuidados del pequeño desde un principio.
- Durante el primer año de vida: para que el padre pueda elaborar su posición femenina, debe realizar tareas que están relacionadas socialmente con las mujeres (no debería ser así) como puede ser cambiar los pañales, cuidarlo afectivamente, darle de comer, etc.
- Durante el segundo año de vida: el rol del padre debe ir destinado a que el niño y la madre se puedan separar y no dependan tanto el uno del otro. Una manera de conseguir está separación será a través del juego. El padre debe proponer juegos y resolver la relación diádica con la madre (Fernández, 2008). De esta manera, el niño podrá construir un vínculo a través del juego y separarse en un entorno de confianza de la madre.
- Etapa escolar: el padre debe tomar un rol importante, tiene que estar implicado en el proceso educativo de su hijo, mostrando interés y ayudándole siempre que sea necesario.
- Adolescencia: en esta etapa es importante que el padre aprenda a tolerar la frustración. La frustración que genera ver que el hijo va ganando autonomía y ya no lo necesita tanto. Durante estos años, la función paterna tendrá que ser capaz de tolerar los cuestionamientos que lleguen por parte del hijo y entenderlos. Será importante entender que el crecimiento del hijo conlleva la caída del padre, habrá que saber tolerarlo, aceptarlo e incluso potenciarlo.
Así pues, vemos como el padre tiene un papel muy relevante a lo largo del proceso evolutivo del niño o la niña, su presencia es muy importante y el rol que tiene que ejecutar, aún más.
La Voz Interior y la Autoestima
Si eres adulto, sabrás que tenemos una voz interior con la que a veces tenemos conversaciones, que nos lleva la contraria, que nos hace hacer ciertas cosas cuando haríamos las contrarias, etc. ¿Sabes de dónde sale esta voz? Está voz también tiene su propia personalidad y ha sido una personalidad construida.
Concretamente, el 50% de tu voz interior se construye durante los primeros 6 años de vida. Los materiales con los que se construye son: la manera en cómo nos hablaban nuestros padres, como se comportaban entre ellos y como hablaban de nosotros. Luego, el otro 25% de nuestra voz interior se forma de los 6 a los 12 años y se fundamenta en cómo nos habla y nos trata nuestro entorno. Por esto, los padres tienen que estar atentos en la etapa escolar y mostrarse como una pata fundamental de ayuda hacia sus hijos.
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Desde Canvis, consideramos que potenciar la aceptación de uno mismo y la autoestima es vital para el éxito terapéutico. Nuestra voz interior puede determinar la manera en cómo nos tratamos a nosotros mismos, es decir, nuestra autoestima. Estos dos factores influirán directamente en la validación o el rechazo de nuestro comportamiento.
La estabilidad emocional de los hijos depende mucho de la estabilidad emocional que tengan los padres. Es importante conocer las emociones para saber identificarlas y entenderlas en nosotros mismos y en los demás. De esta manera, podremos gestionar mucho mejor los estímulos externos, lo que nos venga del mundo exterior a nosotros.
El Impacto de la Ausencia Paterna
Como señala Anatrella, la revolución del 68, fue en realidad una “revuelta contra el padre y contra todo lo que él representaba”. Desde entonces y hasta ahora la sociedad ha desprovisto de valor la función del padre, no les tiene en cuenta, su autoridad ha sido ridiculizada, las mujeres prescinden de ellos de forma manifiesta, lo que provoca que los hijos les pierdan absolutamente el respeto.
En su obra “Sola por elección. Madre por elección. Cómo las mujeres están eligiendo la maternidad fuera del matrimonio y creando una nueva familia americana”, la profesora de estudios de la mujer del Wellesley College, Rosanna Hertz, afirma con rotundidad que los padres simplemente no son necesarios. El núcleo familiar es el constituido por la madre y el hijo. La presencia y papel del padre, incluso en la procreación y maternidad, se considera perfectamente prescindible.
En este ambiente, madres solteras, abandonadas, separadas o divorciadas intentan criar solas a sus hijos con la creencia infundada de que ellas se bastan y sobran. Idea que es absolutamente errónea, puesto que la función materna y la función paterna no son iguales ni intercambiables.
El efecto de la ausencia de padre en la salud y bienestar de los niños es muy negativo. Diversos estudios muestran cómola carencia de padre está en la base de la mayoría de los problemas sociales actuales más urgentes, desde la pobreza y la delincuencia, hasta el embarazo de adolescentes, abuso infantil y violencia doméstica.
Según el sociólogo Peter Karl, los niños que pasan más del 80% del tiempo con mujeres, luego en la madurez no saben cómo actuar como hombres.Estos jóvenes crecen como padres deformados porque a ellos mismos se les privó de un comportamiento paterno ejemplar. La gran pérdida cultural no es del padre en sí mismo, sino de la paternidad como función insustituible y esencial. Sufrimos actualmente lo que David Gutmann denomina la “desculturización de la paternidad”.
La sociedad ha devaluado progresivamente la función paterna y ha rechazado la figura del padre como limitador o instancia de frustración del hijo. El modelo social ideal y dominante es el consistente en la relación madre-hijo. Y el padre solo es valorado y aceptado en la medida en que sea una especie de “segunda madre”; papel éste exigido en muchas ocasiones por las propias mujeres que les recriminan no cuidar, atender o entender a los niños exactamente como ellas lo hacen.
El padre, habiéndose ausentado, física o psíquicamente, no juega ya su papel de “separador” que es el que, precisamente, permite al niño diferenciarse de la madre, y se produce una insana mutua interdependencia. Así, es probable que en la adolescencia el niño utilice la violencia-transgresión para afirmar su propia existencia.
El niño que ha tenido una relación excesivamente estrecha con su madre, acaba sintiéndose “devorado” por ésta, la ve como un impedimento a sus deseos de autoafirmación y masculinidad y suele reaccionar contra ella con desprecio y agresividad.
En este sentido, señala Cordés, que quien busca los motivos de la predisposición hacia la violencia solo o principalmente en factores socioeconómicos se queda en la superficie del problema. El psicólogo forense Shaw Johnson nos muestra cómo la investigación demuestra que no hay nadie más capacitado para frenar la agresión antisocial de un muchacho que su padre biológico.
Algunos trabajos de investigación sugieren que la función paterna tiene una influencia crítica en la instauración y desarrollo de la capacidad de controlar los impulsos en general y el impulso agresivo en particular, es decir, la capacidad de autocontrol. Esta relación entre función paterna y control de impulsos tiene posiblemente un papel importante en las adicciones (Stern, Northman & Van Slyk, 1984).
El padre es quien permite enfrentar la realidad y la separación o insertar entre la madre y el hijo un espacio que libera de la inmediatez y la fusión con los seres y las cosas. El padre otorga libertad. Padre es aquel que se ocupa del hijo, con el que crece y se identifica.
El padre permite al hijo adquirir el sentido de los límites, marca las prohibiciones, le sitúa en el lugar que le corresponde, le impone el orden de filiación frente a sus pretensiones de omnipotencia y le ayuda a madurar integrándose en el universo del adulto y así en la realidad. El niño que no ha experimentado el conflicto edípico -chocar con el padre y sus corolarios sociales- tiene muchas posibilidades de lanzarse en su juventud a comportamientos asociales, violentos, agresivos e incluso a tendencias homosexuales.
El padre es la “no-madre” que ha de mostrar al hijo cómo funciona el mundo y cómo ha de encontrar su lugar en él. Corresponde sobre todo a los padres “disciplinar” a los hijos. Diversos estudios demuestran cómo los varones responden mejor a la disciplina cuando ésta viene impuesta por otro hombre.
El padre tiene un papel decisivo en el desarrollo del autocontrol y la empatía del niño, dos elementos esenciales e imprescindibles para la vida en sociedad. Es imprescindible tener incorporada la capacidad de postergar en el tiempo la gratificación, de resistir el impulso a actuar en un momento determinado. Es un componente crítico de la conducta responsable del individuo en sociedad, pero no el único.
La Identidad Sexual y el Rol del Padre
La diferencia de sexos encarnada por el padre, juega por otra parte, un papel de revelación y confirmación de la identidad sexuada. La masculinidad no se puede aprender en los libros, es algo que los padres pasan a los hijos sin percibirlo apenas.
Tanto la chica como el chico tienen tendencia al comienzo de su vida, a identificarse con el sexo de la madre. El psicoanalista Stoller ha demostrado que el niño, sea del sexo femenino o masculino, vive una identificación primera con su madre y, por lo tanto, con la sexualidad femenina. A este propósito señala el Dr. Liaño que todo hace pensar que la condición básica del fenotipo sexual es femenina y a ella tiende de forma espontánea el nuevo ser; ha de haber un esfuerzo añadido para que se quiebre esa tendencia a la feminidad y aparezca el ser masculino.
Anatrella es contundente al respecto: “Sólo frente al padre el chico será confirmado en su masculinidad y la chica podrá feminizarse”. La sola existencia del padre al lado de la madre proporciona alimento psíquico al niño para distinguirse y acceder a la autonomía.
Funciones Parentales: Materna y Paterna
Dentro de las denominadas funciones parentales en la crianza de un niño se combinan dos tipos de funciones: función materna y función paterna. La función paterna se define por una presencia discontinua, que representa la ley e introduce el mundo social y profesional. Porque se trata del rol que una persona en relación asimétrica con un niño/a está en disposición de desempeñar. Una función que puede estar presente en todas las modalidades de familias actuales.
Así como la función paterna no va ligada únicamente a un sexo, la función materna tampoco queda en exclusividad de una mamá o de una mujer, tampoco necesariamente a la mamá biológica, un gran número de madres adoptantes representan esta función. La función materna no viene dada por los modelos de género, que indican las conductas o los patrones educativos que los padres y madres pueden realizar, sino por un efecto que tienen que ver con funciones estructurantes del psiquismo.
La función materna es la interacción en sintonía relacional con el bebé que va configurando un afuera acogedor y amable donde el bebé pueda sentirse formando parte del entrono y el entorno adaptado a su necesidad. A través de esta función se va dosificando el encuentro con ese afuera ajeno y extraño del espacio extra corpóreo que experimenta el recién nacido para convertirlo en un encuentro amable y esperanzador.
La «madre» como función es la que interpreta las necesidades del niño, le transmite el código de la lengua de la cultura a la que pertenece y contribuye a la implantación de la sexualidad en el psiquismo incipiente del niño tomando al hijo como objeto de amor a través de sus cuidados corporales. Sexualidad tomada en sentido amplio, no reductible a la genitalidad y tampoco a los ordenamientos de género.
El Rol del Padre en la Sociedad Actual
La ciencia demuestra que el padre ejerce una influencia decisiva en el desarrollo del bebé y que su rol es singular e insustituible. El papel de la madre es más apaciguador, calmante y quieto, mientras que el del padre implica mayor acción, tendencia al juego y contacto físico poderoso.
Casi todos los estudios científicos parecen apuntar que cada minuto pasado con el bebé, cada pañal cambiado, cada caricia y cada juego que con él se practica es una inversión en el futuro. Tanto si lo hace el padre como si lo hace la madre. Pero cada uno lo hace a su modo.
Los estudios de Ross Parke, catedrático de Psicología de la Universidad de Illinois, en el área de la psicología evolutiva, han determinado que madre y padre interpretan un rol diferente en el acercamiento al retoño en los primeros días o meses de vida. El papel de la madre es más apaciguador, calmante y quieto. El del padre implica mayor acción, tendencia al juego y contacto físico poderoso. Esta distinción ocurre incluso cuando es él el que se dedica al cuidado principal de los hijos.
El psicólogo de la Universidad de Delaware Frank Pedersen estudió a varios grupos de primogénitos en familias de clase trabajadora y media en Estados Unidos durante años. Las conclusiones de su trabajo demuestran que el padre y el bebé desarrollan una relación más fuerte a través del contacto en los momentos en los que la madre está ausente. Parece que el abanico de habilidades del padre se enriquece precisamente en ese tiempo que emplea en solitario con su hijo.
Un estudio realizado por Milton Kotelchuk, de la Universidad de Boston, en familias de clase media arrojó datos sorprendentes. Da igual el tiempo que ambos progenitores pasen con sus criaturas, da igual que sea el padre el que trabaja fuera de casa, la madre o ambos. No importan las circunstancias personales de la crianza: en todos los casos, el hombre dedica una proporción mayor del tiempo que pasa con sus hijos a jugar. En concreto, en el caso de los lactantes, él les dedica un 40 por ciento del tiempo de presencia al juego; ella, sólo el 25 por ciento.
El Juego y la Interacción Paterna
Los estilos de juego del padre y de la madre también son distintos. El padre saca al niño de su reconfortante tranquilidad en la cuna y lo alza en brazos. Lo levanta en el aire, lo sacude, le hace cosquillas... La madre tiende a sostener a la criatura en sus rodillas, hacerle gestos, carantoñas o estimularla con juguetes, sonajeros, piezas de colores...
Abundando en el papel de la figura paterna, las últimas investigaciones han permitido constatar su importancia incluso después de la separación. Que un niño pase largas jornadas con su padre no sólo le beneficia a él, también a la madre.
El estudio concluye que «pasar frecuentes jornadas con el padre no sólo no perjudica la estabilidad emocional del menor ni afecta a la relación de éste con su madre, sino que beneficia a todos: padre, madre e hijos». Los menores que pasan más tiempo con el progenitor tras la separación tienen mejores relaciones con su padre y con su madre al llegar a la edad adulta.
La Dependencia Emocional entre Madre e Hijo Adulto
La dependencia madre e hijo adulto es un fenómeno emocional común que puede tener múltiples orígenes. Esta relación, aunque puede ser positiva, a menudo se transforma en una conexión disfuncional que afecta el desarrollo y el bienestar emocional del hijo.
La figura materna juega un papel crucial en la construcción de la identidad emocional del hijo. En muchos casos, la madre actúa como la principal fuente de apoyo emocional, lo que puede desembocar en una relación de dependencia madre hijo adulto.
Las dinámicas entre madre e hijo adulto son complejas y pueden dar lugar a vínculos no saludables. En muchas ocasiones, el vínculo entre madre e hijo puede volverse patológico, alimentando conductas dependientes que afectan la autonomía del adulto.
El papel del hijo varón puede ser especialmente significativo dentro del entorno familiar. En muchas culturas, se espera que el varón sea la figura proveedora y protectora, lo que puede influir en su relación con la madre.
Superando la Dependencia Emocional
Superar la dependencia emocional requiere un conjunto de estrategias que aborden tanto el apoyo profesional como la comunicación efectiva y el fomento de la autonomía personal. El apoyo de profesionales en salud mental es crucial en el proceso de superación de la dependencia emocional.
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