Los Niños Perdidos: Un Resumen de la Obra de Laila Ripoll

24.11.2025

Los Niños Perdidos es una obra de Laila Ripoll que aborda un episodio oscuro de la historia reciente de España: los niños muertos o desaparecidos en cárceles, trenes o albergues religiosos y del Auxilio Social.

La obra, ambientada en Madrid en 1964, se sitúa en el desván de un orfanato donde cuatro niños - Lázaro, Jesusín el Cucachica, El Tuso y El Marqués - pasan sus horas entre juegos, llantos, hambre y miedo.

Ripoll, una de las figuras más importantes del teatro español actual, no se limita a hacer declaraciones tajantes, sino que habla de ello en esta obra. En estos momentos de reivindicación de la memoria histórica, su obra reflexiona sobre lo que ocurrió y se negaron a contarnos.

Sinopsis de la Obra

El escenario elegido para denunciar la violencia sobre los más débiles es el desván de un orfanato en el que cuatro niños se encuentran encerrados. Allí viven sus miedos, sus carencias afectivas, su desamparo y su pérdida de identidad.

El encierro al que se ven sometidos los protagonistas provoca la reflexión sobre lo que ocurrió en la España de la posguerra, sumida en la represión y el hambre, las responsabilidades de los distintos colectivos en los hechos ocurridos, la necesidad de cumplir el deber moral de identificar y enterrar ritualmente a los muertos y la confianza en el poder regenerador de las jóvenes generaciones.

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Análisis de la Puesta en Escena

Cabe señalar antes que nada la calidad interpretativa con la que están representados los personajes. La diferencia tan clara que existe entre cada uno de ellos y lo bien defendidos y definidos que están.

Es un montaje en el que la interpretación tiene el máximo peso de la obra. Una obra que podría funcionar perfectamente sin elementos escenográficos, lumínicos o sonoros. De hecho la iluminación solo cambia en dos momentos concretos para focalizar la atención en ciertos personajes.

La conexión y la afinidad de los actores es muy palpable y se aprecia que es un grupo que se conoce y al que le ha resultado fácil crear la química en escena.

En este drama realista, aunque contemporáneo, destaca sobre todo un tema, el trauma. Como decía, cada personaje tiene consigo mismo su propio trauma familiar.

Podemos ver reflejado el tema de los niños perdidos en el famoso tema de los bebés robados, que en diferentes épocas fueron arrebatados de sus padres y criados en orfanatos sin llegar a conocer sus verdaderas raíces.

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Desde la entrada del público dos de los personajes están en escena divirtiéndose, Marqués y Simona. Es necesario explicar que en el texto original el personaje de Simona es Lázaro, un chico, pero en esta adaptación la directora Blanca Vega ha optado por incluir a un personaje femenino el cual es el que aparenta ser el más fuerte y el que más poder de liderazgo tiene.

Simona se presenta como la típica abusona que todos hemos conocido alguna vez. Por otra parte, junto a ella en escena, se presenta Marqués, ese niño que siempre lo rebate todo, caprichoso, sabelotodo, que sufre, pero con una fachada repelente para no mostrar sus debilidades.

Mientras estos personajes están en escena suena una melodía de una cajita de música creando así un clima y un ambiente que hace que sea más fácil para el espectador adentrarse hacia un teatro emocionado. Esta forma de denominar este tipo de teatro es una de las características de la directora y profesora Blanca Vega, pues los actores y las actrices necesitan emocionarse a la hora de trabajar y así emocionar al público.

Añadir que esta canción aparece en dos momentos más de la obra, usándose así como leitmotiv de la misma. El tercer personaje en aparecer es Jesús “El Cucachica”, el más pequeño de los niños.

Resaltar en este personaje el monólogo que tiene en la mitad de la obra donde habla de su madre y de cuánto la echa de menos. La interpretación del actor Franc González hace que sea imposible no empatizar con este personaje, sobre todo en este momento de la pieza, y que nos lleve a nuestro niño interior.

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A continuación aparece el personaje de la Sor, aunque más adelante observamos que es el personaje de Tuso que juega a imitarla. Este es un factor sorpresa para el público, ya que se está presentando a un personaje que luego resulta ser otro.

Existe aquí una especie de metateatralidad que se da también cuando Simona propone jugar a que van al teatro. De la misma forma que Tuso, imita a una profesora con una muñeca.

Como iba diciendo el personaje de la Sor es la autoridad del orfanato a la que los niños temen. Personaje de máxima autoridad que representa el castigo, el maltrato al que los niños estaban expuestos.

Al ver la obra se observa que la escenografía es minimalista y fácil de transportar. Cosa bastante importante a destacar ya que con los tiempos que corren es muy importante tener este aspecto en cuenta a la hora de representar una obra, sobre todo en pequeñas compañías donde la producción corre a cuenta de la misma.

Una escenografía, que dicho sea de paso, representa muy bien el desván en el que los niños se encontraban. Colores marrones, ocres, una lámpara antigua con trapos o cuerdas hacen que el espectador identifique rápidamente el espacio. Incluso el vestuario de los actores es de este color. Todo este conjunto sepia hace recordar “lo antiguo”, fotos de antepasados, etc.

El Final Inesperado

Para concluir es de suma importancia analizar el final. Un final inesperado, un giro absoluto, donde el espectador es consciente de que ha hecho un viaje fantástico con uno de los personajes.

Tuso desde el principio está solo en el desván, solo convive con el recuerdo de sus amigos, con ese trauma que no ha superado pero que parece que en esta ocasión es la primera vez a la que se va a enfrentar.

Es ahí, al final, cuando el espectador asimila que Tuso no es un niño, que por esa lleva esa ropa o tiene esa forma de comportarse.

Los niños perdidos es una de esas obras que cuenta lo que nadie quiere contar o de lo que nadie quiere hablar, que pertenecen a la memoria histórica de los más mayores y que algunos quieren arrebatar. Una obra que reflexiona sobre lo que ocurrió y no nos contaron.

No podemos olvidar que nuestro país vivió una dictadura donde muchas personas, entre ellas muchos niños, quedaron huérfanos o simplemente no llegaron siquiera a conocer a sus padres.

Temas Centrales

  • La memoria histórica
  • El trauma infantil
  • La represión de la posguerra
  • La pérdida de identidad
  • La importancia de recordar para sanar

Esta es la historia de Lázaro, Jesusín el Cucachica, de El Tuso y de El Marqués. Esta es la historia de cuatro niños que soñaban con chocolate y soletillas, que querían reírse de su sombra y jugar a vivir. Esta es la historia de aquellos niños, y de todos los niños que quedaron arrinconados en las sombras de los desvanes de una época, y de un país.

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