"Devuélveme a mi chica": El Significado Detrás del Éxito de Hombres G
Si hay un músico español que ha sabido capturar el espíritu de toda una generación y mantenerlo vivo durante décadas, ese es David Summers (Madrid, 1964). Como líder de Hombres G, ha sido la voz de canciones que han trascendido el tiempo, como Devuélveme a mi chica, Venezia, Sufre, mamón o Te quiero.
En la efervescente España de los años 80, Hombres G protagonizaron un histérico fenómeno fan de una magnitud que por estos lares solo habíamos atisbado en televisión con aquellos primerizos Beatles en blanco y negro. Con el paso del tiempo dejaron de ser pasto de la excitación adolescente para convertirse, también como los fab four, en uno de esos escasos grupos capaces de unir a varias generaciones alrededor de un ramillete de hits incombustibles e inagotables.
"No sabemos por qué, no tenemos explicación, pero nuestras canciones no acaban de envejecer nunca", admite encogiéndose de hombros David Summers, ahora que el grupo que formó con Dani Mezquita, Rafa Gutiérrez y Javier Molina está a punto de cumplir 40 años. Aniversario que planean celebrar con una gran gira conmemorativa que hará parada en 18 ciudades españolas en 2023 y cuyos pormenores presentaron esta semana en el madrileño bar La Peligrosa, entre discos de vinilo clásicos y botellines de Heineken.
En cierto momento de la reciente película 'Voy a pasármelo bien', que reivindica sus canciones y el espíritu de toda una época, el niño protagonista es hostigado por los típicos abusones de colegio con una cantinela que sonará a más de uno: "A ver qué estás escuchando... ¿los Hombres G? ¿así que te gustan esos pijos?". Ante lo que el chaval protesta airadamente: "!No son pijos, son normales!". Y quizás ahí, en esa sana normalidad de la que siempre han hecho gala, resida la clave de su longevidad.
La mítica banda de los 80 celebrará sus cuatro décadas de existencia con una gran gira que pasará por 18 ciudades españolas. Charlamos con David, Dani, Rafa y Javi sobre lo que significa ser un grupo generacional, el secreto de su longevidad y la corrección política que impera en la actualidad.
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El Significado Detrás de la Letra
Cuando mi madre escuchó ‘Devuélveme a mi chica’ de Hombre G , Me dijo "¿Cómo que ‘sufre, mamón’? ‘Esto es ridículo"’. Supongo que es lo que me pasa a mí ahora con el reguetón. No te gusta nada.. No, nada, pero ¿quién soy yo para hablar de la música del tiempo de mucha gente que tiene 20 años y no está en mi sintonía? A mí me espanta y lo único que me consuela es que, cuando pincho y pongo Queen o AC/DC... Son clásicos que ya forman parte de su memoria sentimental.
David: Nuestra intención siempre ha sido transmitir buen rollo a la gente, diversión, humor, amor… nunca en la vida hemos hecho canciones con intención de polemizar, molestar u ofender a nadie. Por eso nunca vamos a pedir perdón ni a cambiar ni una sola coma de lo que hemos escrito. Además, ni siquiera me vale la excusa de que esta canción está hecha hace 40 años. ¿Eso qué significa? ¿Qué hace 40 años se podía decir todo lo que quisieras y ahora no? Tendría que ser al revés. Tendríamos que decir esto hace 40 años no se podía hacer y ahora sí.
David opina que nunca he pretendido molestar a nadie, pero antes no me lo pensaba, decía lo que quería, escribía lo que me daba la gana y todo era positivo. Es más, en los años 80 lo que era ridículo era ofenderse por algo. Estrenábamos una libertad que no habíamos tenido durante todo el franquismo y de repente hubo una explosión, y la gente podía ser irreverente y decir lo quisiera. Me acuerdo cuando las Vulpes hicieron ‘Me gusta ser una zorra’, que quienes se escandalizaron fueron las señoras que iban a misa.
Cuando ves a la gente cantando esas canciones contigo se vuelven a recargar de emociones cada noche. Hemos tocado 'Sufre mamón' miles de veces, pero cada vez que la tocamos vemos a la gente tan feliz que merece la pena. Son 3 minutos 10 segundos en los que la gente se lo pasa bomba.
Hombres G: Íconos de una Generación
Nunca fueron los guapos del barrio pero se las arreglaron para reclutar a un voraz ejército de chicas cocodrilo que les perseguía allá donde fuesen. En la efervescente España de los años 80, Hombres G protagonizaron un histérico fenómeno fan de una magnitud que por estos lares solo habíamos atisbado en televisión con aquellos primerizos Beatles en blanco y negro. Con el paso del tiempo dejaron de ser pasto de la excitación adolescente para convertirse, también como los fab four, en uno de esos escasos grupos capaces de unir a varias generaciones alrededor de un ramillete de hits incombustibles e inagotables.
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"No sabemos por qué, no tenemos explicación, pero nuestras canciones no acaban de envejecer nunca", admite encogiéndose de hombros David Summers, ahora que el grupo que formó con Dani Mezquita, Rafa Gutiérrez y Javier Molina está a punto de cumplir 40 años.
En cierto momento de la reciente película 'Voy a pasármelo bien', que reivindica sus canciones y el espíritu de toda una época, el niño protagonista es hostigado por los típicos abusones de colegio con una cantinela que sonará a más de uno: "A ver qué estás escuchando... ¿los Hombres G? ¿así que te gustan esos pijos?". Ante lo que el chaval protesta airadamente: "!No son pijos, son normales!". Y quizás ahí, en esa sana normalidad de la que siempre han hecho gala, resida la clave de su longevidad.
David: Lo llevamos de puta madre. Han sido 40 años muy divertidos, pero nosotros somos amigos desde hace más tiempo. Y cuando estás con tus amigos haciendo lo que te gusta, te permiten seguir haciéndolo y encima te pagan, es una vida absolutamente privilegiada.
Rafa: Nos conocimos en un momento en el que todos teníamos ganas de hacer lo mismo, de hacer música, de montar un grupo. Todos estábamos dispuestos y las cosas fueron saliendo bien, a nuestra manera. Cuando sucede eso tienes que seguir haciéndolo. Es una coincidencia de varias cosas, pero la música es lo que nos mantiene unidos.
Rafa comenta que nunca hemos discutido en plan serio. Cuando tenemos que tomar decisiones, lo hablamos entre los cuatro y siempre hay un punto en común, que es la idea que tenemos cada uno de lo que somos como grupo. Desde que empezamos a hacer las canciones, a decidir los singles y las portadas de los discos, todo lo hemos decidido siempre juntos en un consenso hablado que nunca ha llegado a discusión real.
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David: Eso es una satisfacción enorme. Es increíble porque incluso nos hemos acostumbrado a tener esa sensación tan maravillosa, pero nunca dejamos de sorprendernos. Últimamente estamos viendo en las primeras filas a niños entre 12 y 15 años que son otra nueva ola de chavales enganchados a nuestras canciones, las viejas y las menos viejas. Es un placer enorme seguir cantando estos temas una y otra vez y que el público responda de la misma manera.
Javi: Yo me acuerdo de ver hace muchos años conciertos de Paul McCartney en los que estaba toda la familia: el abuelo, el padre y el crío subido a sus hombros. Yo pensaba: “Si algún día nos pasara a nosotros…”, y nos ha pasado. En España no sé a cuánta gente, pero a nosotros nos ha pasado. Creo que lo más importante que le puede ocurrir a un artista en su carrera es esto.
David: Nuestra intención siempre ha sido transmitir buen rollo a la gente, diversión, humor, amor… nunca en la vida hemos hecho canciones con intención de polemizar, molestar u ofender a nadie. Por eso nunca vamos a pedir perdón ni a cambiar ni una sola coma de lo que hemos escrito. Además, ni siquiera me vale la excusa de que esta canción está hecha hace 40 años. ¿Eso qué significa? ¿Qué hace 40 años se podía decir todo lo que quisieras y ahora no? Tendría que ser al revés. Tendríamos que decir esto hace 40 años no se podía hacer y ahora sí.
David: Hombre, por supuesto que sí. No es que haya una censura oficial, porque no hay un policía que te prohíba decir lo que quieras, ni hay un censor como en la época de Franco, en la que te cortaban trozos de películas con unas tijeras como le hacían a mi padre. Pero sí hay una autocensura alarmante. Incluso yo mismo, si ahora escribo una letra y veo una línea que pueda molestar o escandalizar a alguien, me digo "no lo hago, para qué?".
David opina que nunca he pretendido molestar a nadie, pero antes no me lo pensaba, decía lo que quería, escribía lo que me daba la gana y todo era positivo. Es más, en los años 80 lo que era ridículo era ofenderse por algo. Estrenábamos una libertad que no habíamos tenido durante todo el franquismo y de repente hubo una explosión, y la gente podía ser irreverente y decir lo quisiera. Me acuerdo cuando las Vulpes hicieron ‘Me gusta ser una zorra’, que quienes se escandalizaron fueron las señoras que iban a misa.
Rafa: A todos esos (risas) ¿Qué tendría ahora Marta en vez de un marcapasos?
David: Pero un marcapasos no es ofensivo…
Javi: Bueno, la asociación de cardiólogos… (risas)
Rafa: Tendría un marcapasos más pequeño, más potente y más duradero, porque la tecnología ha avanzado.
Dani: Nuclear.
David: Cuando ves a la gente cantando esas canciones contigo se vuelven a recargar de emociones cada noche. Hemos tocado 'Sufre mamón' miles de veces, pero cada vez que la tocamos vemos a la gente tan feliz que merece la pena. Son 3 minutos 10 segundos en los que la gente se lo pasa bomba.
Rafa: Secretos, Siniestro Total, Mikel Erentxun… Tenemos relación de amistad con muchos.
David: 'La chica de ayer', algún tema de Antonio (Vega), que hizo canciones preciosas.
David: Nosotros hemos dado lugar a la aparición de muchos grupos que querían ser como nosotros, cosa que nos halaga mucho. Pero realmente yo creo que ni siquiera esos grupos son como nosotros. Tienen su propia personalidad y su estilo. Pero sí es verdad que tenemos un montón de “hijos”.
Rafa: No, nosotros respetamos todo tipo de música, por supuesto, pero hay estilos en los que no nos vemos. Como el reguetón o el flamenco, porque no sabríamos hacerlo bien y no nos interesa.
David: No tenemos nada malo que decir del reguetón, para nada. Lo que pasa es que no es nuestro rollo, ni nuestro estilo, ni la música que nos gusta. Tampoco vamos a hacer nunca un disco de sevillanas, ni de fandangos de Huelva ni de jazz.
Rafa: ¡Sí!
David Summers: Reflexiones sobre la Vida y la Música
Si hay un músico español que ha sabido capturar el espíritu de toda una generación y mantenerlo vivo durante décadas, ese es David Summers (Madrid, 1964). Como líder de Hombres G, ha sido la voz de canciones que han trascendido el tiempo, como Devuélveme a mi chica, Venezia, Sufre, mamón o Te quiero.
Aunque han pasado muchos años, David Summers sigue haciendo lo que más le gusta: cantar, escribir y subirse a un escenario con la misma pasión del primer día. El artista ha vivido una vida llena de desplazamientos, de ciudades que se cruzan con canciones, de noches en carretera y madrugadas de aeropuerto.
David Summers, líder de Hombres G, reflexiona sobre su vida y carrera:"Nunca hemos sido personas raras ni con ínfulas. Para mí, este es un oficio maravilloso: poder dedicarme a la música, cantar para la gente y ver cómo disfruta. Soy muy consciente de que tengo el mejor trabajo del mundo, uno que consiste en hacer feliz a los demás. Pero siempre lo he tomado con mucha naturalidad. Lo veo como un oficio más, sin darle mayor importancia de la que tiene. Hay que quitarle la tontería que a veces lo rodea. Al final, se trata de escribir canciones bonitas, con una letra que intenta llegarte al corazón. Para mí, mis canciones son más importantes que yo. No voy de David Summers por la vida. Soy David Summers cuando estoy en el escenario, pero cuando voy por la calle soy David, y en casa soy papá".
Antes de salir al escenario, todos nos deseamos un buen bolo, nos damos un abrazo fuerte, un beso y salimos con una sola idea: la vamos a liar hoy, y ya está.
La Pasión de David Summers por los Coches
Cuando David Summers nació, su padre se compró un Sunbeam Alpine (del mismo color que el de la foto), que el propio cantante aún conserva como un tesoro.
Cuando David Summers nació, su padre se compró un Sunbeam AlpineDavid levanta una cortina y veo sus dos joyas sobre ruedas: el Sunbeam Alpine del 64 y un Porsche 911 Carrera, de color negro, del 83.
El día que nací, mi padre lo compró. Siempre me decía: “Este coche lo tienes que cuidar, porque lo compré el día que tú naciste”. Y yo siempre le hice caso. Lo tengo impecable, aunque justo ahora, por circunstancias puntuales, está sucio. Por otro lado, el Porsche se lo compré nuevo a Emilio de Villota, que, en aquel momento, era presidente del Club Porsche España. Aunque yo quería un cabrio, el vendedor me lo desaconsejó porque yo era muy joven y me dijo “tienes 20 años, vas a ir fuerte y vas a dar una vuelta de campana”. Así que me quedé este. Lo tengo conmigo desde entonces y se quedará para siempre.
En casa tenemos tres vehículos más, un Jeep que conduce mi mujer, un Mini eléctrico y un Land Rover Defender (el nuevo), que es una maravilla. Donde esté este todoterreno, que se quite todo lo demás. Como hago tiro deportivo, me va muy bien para meter las armas, la munición y las dianas, e irme al campo a practicar.
Primer Coche y Recuerdos de Viajes Familiares
Fue un Ford Fiesta, pero azul marino. Lo heredé de mi hermano y era el coche que mi padre le compró cuando se sacó el carnet; luego ya lo compartíamos entre nosotros. Cuando empecé a tener algo de dinero, le compré un Golf GTI de segunda mano a un amigo. Era el primero, con la mítica tapicería de cuadros en los asientos y el pomo de la palanca del cambio que imitaba una bola de golf. Era un cochazo. Luego tuve otro igual, pero cabrio, muy bonito, en color corinto y con la capota negra de tela. En aquella época, era como un boxeador sonado; cada año me cambiaba de coche.
Con el Fiesta tuve algún golpe, porque era un conductor novel. Iba con la L y el coche tampoco tenía mucha estabilidad. Una vez, en la M30, entré en una curva un poco rápido y acabé montado en el guardarraíl. Recuerdo que me saqué el carnet, y en cuanto lo tuve en la mano, dije: “Me voy a la facultad”. Estaba muy lejos de mi casa. Al final, llegué sin saber ni por dónde iba, con un dolor de piernas y de huesos por la tensión. Con ese coche también nos íbamos de fiesta a ...
Reconocimiento Mundial y Anécdotas en la Carretera
¡Mogollón de veces! Todavía hoy me sigue reconociendo muchísima gente. Mira, a mí lo peor que me podía pasar en los años 80 era que se me pusiera en rojo el semáforo delante de un colegio a las cinco de la tarde, la hora en la que salían las niñas. Imagínate la escena: yo parado con mi Porsche, que era precioso, pronto empezaban a mirar, primero al coche y luego me veían dentro. Entonces se formaba una melé encima del capó. Se me tiraban encima, empezaban a dar golpes, puro histerismo. Y yo ahí, sin saber qué hacer. El histerismo que había en esos años era una locura. La gente tiende a pensar que aquella época fue más importante para nosotros que la de ahora, y es justo al revés. Ahora lo es mucho más, puesto que tocamos en sitios mucho más grandes, con mucha más audiencia en todos los sentidos, con un público más amplio. Sin embargo, el ruido que provocaba la locura de los años 80 no tiene comparación.
Gira Inolvidable en México
En el año 88 hicimos una gira descomunal en México: 26 conciertos en unos dos meses y medio. Fue una gira al estilo The Doors, viajando por carretera en un autobús plateado como los de las películas americanas, como en Midnight Cowboy. Atravesamos el país de punta a punta, tocando en sitios enormes, con tramos de niñas gritando como locas. En la parte de atrás del autobús teníamos montado un saloncito con un equipo de música que sonaba a todo volumen, una bolsa de basura llena de marihuana y una garrafa de cinco litros de tequila artesanal que compramos por el camino a una señora. Los “ciegazos” que cogíamos eran legendarios. Nosotros queríamos ir por carretera, no solo por la hierba, que no la podíamos llevar en el avión, sino porque queríamos conocer de verdad el país, entenderlo, vivirlo. Esa es la forma real de viajar, no yendo de turista.
Legado Familiar y la Historia Detrás de "Venezia"
Cuando hice esa canción, no había estado nunca en Venecia. La escribí porque tenía una novia italiana, Lidia, y en aquella época, los artistas de su país, como Umberto Tozzi, Claudio Baglioni y Matia Bazar, eran muy populares, sobre todo en verano; con sus canciones se convertían en hits. Pensé: “Tengo que hacer un hit de verano”. Así que decidí hacer una parodia de esos temas. Lidia me ayudó a traducir las partes de la letra al italiano, que son como una mezcla de humor medio punky, con un toque de burla.
Además, Venezia tiene una historia especial: un día mi hijo Dani, cuando tenía 15 años, compuso su primera canción, titulada La estrella. Cuando la vi, aluciné y lo acompañé a la SGAE a registrarla. Cuando terminamos, la china que nos atendió le dijo: “Ya está, mira, ya está registrada La estrella. Esta es tu primera canción, no lo olvides nunca”. Y me preguntó si sabia cuál fue la primera que registré yo. Pero no tenía ni idea. Y ella me lo dijo: fue Venezia. Y añadió que “Es increíble, porque la mayoría de la gente ni recuerda ni toca la primera canción que registró, mientras que tu primer tema registrado, ¡es uno de los más importantes!”.
Y ahora te voy a explicar el secreto de Venezia: es una canción que no tiene una estrofa, un puente y un estribillo; tiene un estribillo, otro estribillo y luego otro estribillo.
A mí me salió de casualidad, pero esto es justo lo que hay que hacer para que una canción sea un gran hit: que todas las partes sean importantísimas, que no haya relleno, que cada trozo sea memorable.
Fernandisco y su Perspectiva sobre la Música y los Iconos
Cuarenta años como 'pope' de la radio musical dan para mucho. Fernando Martínez (Badalona, 1959) es Fernandisco y la presentación ya está hecha. Su popularidad en los 90, al frente de ‘Del 40 al 1’, fue tan grande como la de muchas de las estrellas de la música que pinchaba en la radio y la tele. Ahora, tras 20 años fuera, acaba de regresar a su casa en Los 40 Classic.
Fernandisco es amigo de Fernando, es su marca y convive con él perfectamente porque no es un tío nada complicado. No colecciona coches deportivos ni yates. Es un tipo normal con una vida estándar y que tiene sus gustos como cualquiera. Le gustan el rock clásico, Edgar Allan Poe, Orson Welles y Clint Eastwood con la voz de Constantino Romero. Igual parece aburrido, pero ser un tío normal es fundamental. Si te dejas devorar por el éxito, estás muerto. Duras una década y luego desapareces. Yo llevo 40 años en esto y no es casualidad.
Fernandisco comenta que siempre ha sabido esquivar muy bien los charcos personales y profesionales. En esos años podía haberme metido en muchos, las tentaciones de todo tipo eran constantes, pero tengo dos hijos y una mujer que son lo más importante en mi vida. Mi familia y mi trabajo conviven maravillosamente bien porque yo soy un tipo normal.
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