María Antonieta y sus Hijos: Una Trágica Historia Real
María Antonia Josepha Joanna, conocida en la historia como María Antonieta, nació en 1755 en el palacio Hofburg. Fue la decimoquinta y penúltima hija de la emperatriz María Teresa de Austria y Francisco I.
Infancia y Educación
La emperatriz María Teresa, una déspota ilustrada, procuró que su descendencia creciera con sencillez y siguiendo los preceptos del catolicismo. Tremendamente calculadora, utilizó a sus hijos como peones políticos para asegurar las fronteras de su imperio. Desesperada por asegurar las fronteras de su imperio, la emperatriz María Teresa se aseguró de casarles con todas aquellas casas reales que pudieran establecer vínculos y lazos con Austria: sin ir más lejos, a María Antonieta la comprometió con el delfín de Francia, nieto de Luis XV, cuando ésta apenas contaba 13 años de edad.
María Antonieta quería a su madre pero la temía. Su infancia estuvo marcada por la rivalidad con su hermana María Cristina y el afecto por su hermana Carolina. La extensa familia real austriaca pasaba los inviernos en el palacio de Hofburg y los veranos en Schönbrunn.
A la pequeña Antoinette, la etiqueta de ignorante y frívola le persiguió toda su vida. Si bien es cierto que con 13 años no tenía cultura y apenas sabía leer ni escribir, había aprendido a cantar y a tocar algún instrumento. Pero en el momento en el que se anunció su compromiso con el delfín Luis Augusto de Francia, la maquinaria palaciega se puso en marcha para compensar todas las carencias de la joven delfina.
Matrimonio con Luis XVI
El 16 de mayo de 1770, María Antonieta se casó con Luis XVI en Versalles. María Antonieta, la hija del emperador Francisco I, tenía solo catorce años cuando se casó con el delfín francés, que contaba con apenas 16. Desde ese momento, María Antonieta se convirtió en “la Austríaca” para sus cuñadas, los cortesanos y cortesanas y el pueblo de su nuevo país.
Lea también: Educación según Montessori
El matrimonio entre los dos jóvenes monarcas no fue consumado hasta siete años más tarde. La vida sexual de los reyes franceses se convirtió en un asunto de estado. Aunque hubo muchas explicaciones a la falta de un heredero, la razón era mucho más prosaica: el rey tenía fimosis. El nacimiento de María Teresa -la única hija que consiguió llegar a la edad adulta- acabó con los rumores.
Hijos de María Antonieta
El matrimonio real tuvo cuatro hijos, aunque no todos llegaron a la edad adulta:
- María Teresa Carlota (Madame Royale): Nacida el 19 de diciembre de 1778.
- Luis José: Fallecido a causa de la tuberculosis.
- Luis Carlos (Luis XVII): Su destino es incierto tras su encarcelamiento.
Madame Royale
Su nacimiento fue un acontecimiento largamente esperado. Por el contrario, comentó: “Un varón habría pertenecido al Estado, una hija solo me pertenecerá a mí”. María Antonieta no se equivocaba. Durante sus primeros años de vida, Madame Royale creció rodeada de comodidades y bajo los cuidados de ayas y preceptores. Por entonces, a sus escasos once años, la pequeña Madame Royale lloraba la muerte de su hermano Luis José, fallecido un mes antes a causa de la tuberculosis.
En octubre de 1792, se abolió la monarquía y una desconcertada Madame Royale, en unión de sus padres y hermanos, fue conducida a la torre del Temple en calidad de prisionera. Meses después, Madame Royale se vio privada de la compañía de su madre y de su hermano, quedando al cuidado de su tía. Se iniciaron entonces los meses más duros de su cautiverio: aislada del exterior, sin tener más noticia de su familia que no fuera la ejecución de su padre, y privada de todo tipo de distracción o compañía, escribió en las paredes de su celda: “María Teresa Carlota es la persona más infeliz del mundo. No puede obtener noticias de su madre, ni reunirse con ella pese a que lo ha pedido mil veces. Padre mío, vigílame desde el cielo.
La situación de la joven huérfana movió las conciencias de aquellas monarquías europeas ligadas a ella por lazos de sangre. Finalmente, fue el emperador de Austria quien consiguió liberar a Madame Royale, canjeándola por un elevado número de prisioneros. Desde Viena, María Teresa partió hacia Jelgava (Letonia), donde residía Luis XVIII bajo la protección de Pablo I de Rusia. Por entonces María Teresa era, según la descripción que hizo de ella Axel de Fersen, responsable de la fracasada fuga de Varennes, “alta, bien proporcionada y muy parecida a madame Elisabeth (…). Es rubia, tiene pies bonitos, gracia y nobleza”. La boda se celebró en Jelgava el 10 de junio de 1799, y María Teresa se trasladó con su esposo a Hartwell House (Buckinghamshire), en el Reino Unido, donde residía la familia del conde de Artois. No era una situación fácil. Por otra parte, las experiencias vividas le hacían contemplar con lucidez la difícil situación en la que iba a encontrarse su tío. Poco después, en marzo del mismo año, Napoleón recobró el poder. Luis XVIII se vio obligado a exiliarse, pero María Teresa, que se encontraba casualmente en Burdeos, no se dio por vencida. Rápidamente, organizó un regimiento de tropas locales para hacer frente a los bonapartistas.
Lea también: Hijos de María José Suárez
Tras el período de los Cien Días, la caída definitiva de Bonaparte propició la restauración de Luis XVIII en el trono. Los duques de Angulema regresaron a Francia. Fue, posiblemente, el reinado más efímero de la historia, ya que de inmediato el nuevo rey abdicó en su sobrino, el conde de Chambord, un niño de nueve años a quien los Angulema habían criado como el hijo que nunca tuvieron. Se inició así un largo peregrinaje para Madame Royale, que comenzó en Edimburgo, siguió en Praga y concluyó en Gorizia (Italia), donde fallecieron su suegro y su esposo. Viuda y sin hijos, en 1844, María Teresa se acogió a la protección de su familia materna y se instaló en el castillo de Frohsdorf (Austria), donde pasó sus últimos años alejada de todo fasto cortesano, pero apoyando la causa legitimista del conde de Chambord.
Luis Carlos
Tal día como hoy del año 1795, hace 229 años, el carcelero mayor de la prisión del Templo de París declaraba la muerte de Luis Carlos de Borbón, único hijo varón superviviente de los reyes Luis XVI y María Antonieta de Francia y, antes de la proclamación de la República francesa (enero, 1793), considerado el heredero al trono de París. Cuando se declaró aquella muerte, el delfín Luis tenía diez años y ya hacía dos años que sus padres habían sido ejecutados con el método de la guillotina. Según las fuentes oficiales, el delfín murió a causa de la tuberculosis. Pero el misterio que rodearía su figura se generaría a partir de su muerte. Según algunas fuentes monárquicas clandestinas, fue enterrado en el cementerio de Santa Margarida, en París, en una fosa señalizada, únicamente, con una D de delfín. Pero en cambio, según otras fuentes, no habría muerto en la prisión, sino que habría sido rescatado y ocultado por una familia de Calais, de quien habría tomado un nombre y apellido falsos: Pierre Benoit.
Años más tarde (1823) un ingeniero francés llamado Pierre Benoit obtuvo varios cargos en la administración de la recién creada República Argentina. En Buenos Aires se extendió el rumor de que Benoit era, en realidad, el delfín Luis. Este rumor se sostenía sobre varios elementos sin fundamento. Se decía que había pintado tres retratos de tres personajes que correspondían a miembros de la familia real francesa y los había firmado con las iniciales L.C.R.F.P.B. (que se interpretó que significaba Luis Carlos Rey de Francia Pierre Benoit). Incluso se dijo que conservaba oculta la trenza de la reina María Antonieta.
María Antonieta y la Revolución Francesa
Desde su llegada al trono, María Antonieta fue objeto de críticas, bulos y chanzas. La falta de herederos alimentó diversas hipótesis sobre sus amantes masculinos y femeninos. Durante el ambiente previo a la toma de la Bastilla, surgieron diversas historias en torno a ella, como la que aseguraba que al ser increpada por la falta de harina para hacer pan, María Antonieta respondió: “Que coman pasteles”. Cierto o no, estaba claro que la reina era el objeto de las críticas de un pueblo que pasaba hambre mientras escuchaba los relatos de las fiestas de Versalles y el derroche de su soberana en joyas.
Luis XVI y María Antonieta estaban condenados desde el momento que comenzó la Revolución en las calles de París, pero su frustrado intento de fuga aceleró el proceso. Después de la ejecución de su marido, la siguiente en ser juzgada fue la reina austríaca. El 14 de octubre de 1793, la reina destronada, calificada de azote y sanguijuela de los franceses, abandonó su celda y compareció, pálida y fatigada, ante el Tribunal Revolucionario, en La Conciergerie, en París, considerada la antesala de la muerte. La archiduquesa de Austria fue acusada de conspirar contra Francia y de promover intrigas de toda especie, de satisfacer sus caprichos desmesurados arruinando las finanzas del país e incluso de haber mantenido una relación incestuosa con su hijo Luis Carlos, delfín de Francia. Aficionada al teatro y a los grandes bailes, a los juegos de naipes y a la moda, María Antonieta fue odiada por un pueblo acosado por el hambre.
Lea también: José María Borrego Doblas: vida y muerte
Ejecución
La mañana del 16 de octubre de 1793 todo París se halla en las calles, en los balcones y en los tejados. María Antonieta, abucheada e insultada, se dirige al cadalso con las manos atadas a la espalda, condenada a morir en la guillotina, a los 37 años de edad, y casi nueve meses después de la ejecución de su marido, el rey Luis XVI.
tags: #maria #antonieta #hijos