Meningitis bacteriana en lactantes: causas, síntomas y tratamiento

24.10.2025

La meningitis consiste en la inflamación de las membranas (meninges) que rodean al cerebro y la médula espinal. Habitualmente, aunque no siempre, tienen una causa infecciosa. La meningitis es una patología con una mayor incidencia en lactantes y adolescentes que se caracteriza por la inflamación de las meninges, unas membranas que recubren el tejido cerebral y la médula espinal. La meningitis es un proceso inflamatorio que afecta las leptomeninges (aracnoides, piamadre) y líquido cefaloraquídeo (LCR que contienen. Es una causa importante de morbimortalidad a nivel mundial.

Se distingue comúnmente entre meningitis víricas y meningitis bacterianas. Las primeras son las que se deben a un virus y no suelen ser peligrosas. Este tipo de meningitis son las que más incidencia tienen en la población pediátrica, alrededor del 90% de los casos. Las meningitis bacterianas por su parte, son las que más riesgo suponen para la salud y pueden producir secuelas permanentes como la sordera, entre otras. Además, en casos graves puede resultar mortal. Su peligrosidad radica, en parte, en el abanico de grupos de bacterias que la pueden generar.

Causas y factores de riesgo de la meningitis bacteriana en lactantes

La meningitis bacteriana neonatal es causada con mayor frecuencia por bacterias como Streptococcus agalactiae (estreptococo del grupo B), Escherichia coli y, en menor medida, Listeria monocytogenes. Estas bacterias pueden transmitirse al recién nacido durante el parto vaginal, a través del canal del parto, o mediante el contacto con superficies contaminadas. En algunos casos, la infección se origina en el útero, especialmente si la madre presenta infecciones no tratadas durante el embarazo.

Los factores de riesgo incluyen:

  • Nacimiento prematuro: Los bebés prematuros tienen sistemas inmunológicos menos desarrollados, lo que los hace más vulnerables a infecciones.
  • Rotura prolongada de membranas: Si la bolsa amniótica permanece rota durante más de 18 horas antes del parto, aumenta el riesgo de infección.
  • Fiebre materna intraparto: Indicativa de infección, puede señalar la presencia de bacterias que podrían transmitirse al bebé.
  • Colonización materna por estreptococo del grupo B: Este es un factor crítico que debe ser evaluado y gestionado mediante un cribado durante el embarazo.

Las bacterias que ingresan en el torrente sanguíneo y que viajan hasta el cerebro y la médula espinal pueden causar una meningitis bacteriana aguda. El neumococo y el meningococo son las bacterias responsables de más de la mitad de las meningitis agudas de nuestro país. El neumococo es la causa más frecuente de meningitis bacteriana en lactantes, niños pequeños y adultos. La meningitis meningocócica es una infección muy contagiosa que afecta, principalmente, a adolescentes y adultos jóvenes.

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Síntomas de la meningitis bacteriana en lactantes

Los primeros síntomas de una meningitis pueden ser inespecíficos y confundirse con los que pueden ocurrir al inicio de una gripe, por ejemplo (malestar general, fiebre…). En los lactantes (niños menores de dos años) las manifestaciones clínicas pueden ser fiebre alta, somnolencia o irritabilidad excesivas, inactividad, llanto constante y rechazo de la alimentación.

El diagnóstico de meningitis bacteriana neonatal es particularmente complejo debido a que los síntomas en los recién nacidos suelen ser inespecíficos. Entre los signos más comunes se encuentran fiebre o hipotermia, letargo, irritabilidad, rechazo al alimento y vómitos. En casos más graves, pueden observarse convulsiones, apnea o fontanela abultada. Sin embargo, estos signos pueden confundirse con otras afecciones neonatales, lo que subraya la importancia de un enfoque clínico riguroso.

En función de la edad del pequeño, la sintomatología puede variar. En los lactantes y niños se puede observar fiebre elevada, llanto, irritabilidad, rechazo de las tomas y vómitos. Los niños algo más mayores sufren dolores de cabeza intensos, vómitos, no tienen ganas de jugar y presentan rigidez de nuca, uno de los síntomas que puede ser clave en el diagnóstico. Esta se produce porque, cuando las meninges están inflamadas, el pequeño será incapaz de doblar el cuello. Si se sospecha de una meningitis, una forma de comprobarlo es, por ejemplo, pidiéndole que se mire el ombligo, y si tiene rigidez, será incapaz y le dolerá. Si se prueba a ayudarle con la mano a que doble la cabeza, mostrará resistencia por la inflamación. Cuando tiene fiebre puede mostrar una ‘falsa resistencia’ al hacer este movimiento, por ello es mejor intentarlo cuando no tenga un episodio febril.

Otro signo que puede alertar de esta patología son las petequias, unas pequeñas manchas de color vino que pueden aparecer en la piel en cualquier parte del cuerpo. Cuando las bacterias han invadido las meninges, también pueden pasar al torrente sanguíneo, y originar las petequias, que pueden ser un signo de alteración de la coagulación por la invasión del patógeno. Al principio pueden ser muy pequeñas, pero a medida que pasan las horas se van haciendo más visibles.

Diagnóstico de la meningitis bacteriana en lactantes

Para el diagnóstico de la meningitis es necesario el estudio del líquido cefalorraquídeo, que se extrae mediante una punción lumbar. El diagnóstico definitivo se realiza mediante una punción lumbar, que permite analizar el líquido cefalorraquídeo en busca de presencia de bacterias y alteraciones bioquímicas características de la infección. Retrasar este procedimiento o subestimar los síntomas iniciales puede agravar significativamente el pronóstico del bebé.

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Además de la valoración de la sintomatología clínica, se realiza una punción lumbar para comprobar si existe inflamación en las meninges y si se trata de una infección vírica o bacteriana. Suele generar mucha ansiedad o pavor en los padres y madres, pero hasta el momento, es la única forma de comprobar si se trata de un caso de meningitis.

Cuando existe una sospecha de meningitis, es habitual que se realicen pruebas para ayudar al diagnóstico. Junto al análisis y cultivo de una muestra de sangre, en la mayoría de los casos se realizará una punción en la zona lumbar baja de la espalda (punción lumbar). Esta prueba se hace para obtener una muestra de líquido cefalorraquídeo y poder confirmar que existe una inflamación meníngea. De igual modo, el análisis de este líquido mediante cultivos y otras técnicas permite conocer el tipo de microorganismo que ha ocasionado la meningitis (virus o bacteria).

Tratamiento de la meningitis bacteriana en lactantes

Es por ello, que ante la sospecha de una meningitis aguda de origen bacteriano deberemos iniciar tratamiento antibiótico intravenoso urgente, incluso antes de realizar la punción lumbar diagnóstica. Si el/la pediatra sospecha que la causa de la meningitis es bacteriana, se ingresará al paciente y se iniciará tratamiento antibiótico intravenoso lo antes posible. La meningitis aguda bacteriana es una urgencia médica. Se debe iniciar tratamiento en menos de 30 minutos desde la sospecha clínica.

En pacientes con TEP alterado, factores de riesgo o puntuaciones de BMS/MSE ≥1, se iniciará tratamiento antibiótico. Idealmente, se recomienda administrar la primera dosis una vez realizada la punción lumbar, para que no afecte al rendimiento de la tinción del Gram y el cultivo del LCR. Debido a la limitación para atravesar la barrera hematoencefálica, la concentración que alcanzan en el LCR la mayoría de los antibióticos, es de solo el 10-20 % de la alcanzada en sangre. Sin embargo, esta se incrementa en las primeras 24 horas del proceso infeccioso, por la mayor permeabilidad provocada por la respuesta inflamatoria.

Ejemplos de antibióticos utilizados:

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  • Vancomicina
  • Ceftriaxona o cefotaxima

En áreas con baja prevalencia de S. pneumoniae resistente a cefalosporinas (incluida resistencia intermedia), se puede considerar la monoterapia con ceftriaxona/cefotaxima.

Consecuencias y secuelas de la meningitis bacteriana neonatal

Incluso con un tratamiento adecuado, la meningitis bacteriana neonatal puede causar complicaciones graves. Entre las secuelas más comunes se encuentran:

  • Daño neurológico: Convulsiones recurrentes, parálisis cerebral o dificultades en el desarrollo cognitivo.
  • Pérdida auditiva: La meningitis puede dañar el nervio auditivo, provocando hipoacusia o sordera.
  • Hidrocefalia: La inflamación puede obstruir el flujo del líquido cefalorraquídeo, lo que genera acumulación de este en el cerebro.
  • Retrasos en el desarrollo: Tanto motores como cognitivos, que pueden requerir atención especializada durante años.

Estas consecuencias refuerzan la importancia de un diagnóstico precoz y un tratamiento efectivo, así como de una adecuada prevención durante el embarazo y el parto. Las meningitis bacterianas pueden provocar sordera, amputación de miembros, retraso cognitivo y en casos muy graves puede resultar mortal. A pesar de las grandes mejoras en el tratamiento de esta grave enfermedad, todavía no se ha conseguido que el riesgo de mortalidad sea nulo.

Prevención de la meningitis bacteriana en lactantes

La mejor estrategia de tratamiento de la meningitis es su prevención. La prevención de la meningitis bacteriana neonatal se basa en gran medida en un manejo prenatal y perinatal adecuado. Esto incluye:

  • Cribado prenatal: Detectar la colonización materna por estreptococo del grupo B y aplicar profilaxis antibiótica durante el parto si es necesario.
  • Vigilancia intraparto: Monitorizar la fiebre materna y otras señales de infección, así como responder rápidamente ante situaciones de riesgo.
  • Formación del personal médico: Garantizar que los profesionales sanitarios estén capacitados para reconocer y tratar los primeros signos de infección neonatal.

Gracias a las altas tasas de vacunación frente a haemophilus, neumococo y meningococo C, las meningitis bacterianas son en la actualidad mucho menos frecuentes. Desde la inclusión en el calendario de las vacunas frente a meningococo tipo C, Haemophilus y neumococo, se ha producido un descenso muy marcado del número de meningitis producidas por estas bacterias. En los últimos años se ha introducido la vacuna frente al meningococo B, con muy buenos resultados preventivos.

En la actualidad, la familia de meningococo B es la más frecuente en España, responsable del 70% de los casos de meningitis. Se dispone de dos vacunas para prevenir esta cepa: Bexsero y Trumenba.

  • Bexsero: se puede administrar a partir de los dos meses de edad por vía intramuscular. Dependiendo de a qué edad se vacune al bebé, serán necesarias diferentes dosis.
  • Trumenba: se puede administrar a partir de los diez años con una pauta de dos dosis, separadas por seis meses cada una.

Por el momento, en España solo está financiada e incluida en los calendarios oficiales la vacuna contra el meningococo C (MenC). Era el serogrupo más habitual hace años y desde que se incluyó en los calendarios en el año 2000, su incidencia ha descendido de manera notable. También está financiada desde el año 2015 la vacuna Prevenar13, que actúa frente a las 13 familias más comunes de neumococos.

Debido al incremento de casos de meningitis causada por meningococo de los tipos W e Y en los últimos años, se recomienda ampliar la vacunación con una vacuna que engloba los grupos A, C, W e Y. El CAV hace especial énfasis en la cobertura vacunal de los adolescentes, ya que hasta el 23% de ellos pueden ser portadores de un meningococo en la nariz o la garganta y por tanto trasmisores de la enfermedad. Además, en esta etapa, la enfermedad meningocócica tiene su segundo pico de incidencia. La vacuna no solo les protege frente a esta bacteria, sino que también evita que sean portadores de esta y que contagien a otros.

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