¿Por Qué Mi Bebé Recién Nacido No Duerme? Causas y Soluciones

17.11.2025

El sueño del bebé es una de las grandes preocupaciones de las madres y de los padres. "¿Por qué mi bebé duerme poco?" o "¿por qué mi bebé no duerme?" son algunos de los interrogantes que más inquietan a los padres de niños pequeños.

El Reloj Biológico del Bebé

Desde antes del nacimiento, los niños tienen neuronas cerebrales con capacidad de ejercer como “reloj biológico” y el control del sueño y de la vigilia está determinado por este reloj biológico, que permite que el niño duerma a ciertas horas y esté despierto a otras. Sin embargo, el funcionamiento de este reloj biológico, también se ve influido por las condiciones medioambientales de luz-oscuridad, de modo que en condiciones de oscuridad, nuestro cerebro segrega una hormona llamada melatonina, que facilita el sueño, mientras esta hormona es inhibida por la luminosidad exterior.

Aproximadamente, a partir del tercer mes de vida se aprende a sincronizar estas dos informaciones, de manera que puede empezar a coincidir el ciclo vigilia-sueño con el ciclo día-noche.

¿Cuántas Horas Necesitan Dormir los Niños?

Un recién nacido duerme un total de 16 horas diarias, en 6 - 8 episodios de sueño de 4 horas cada uno, con periodos intercalados de vigilia. Así, el recién nacido no respeta la noche, despertándose una o varias veces a lo largo de la misma.

Desde el primer mes hasta los 3 - 6 meses, la duración de los despertares nocturnos va disminuyendo y empieza a dormir de manera continua prácticamente durante toda la noche. No obstante, en casi un tercio de los niños en edad preescolar persisten estos despertares nocturnos, como consecuencia de una consolidación inadecuada del período de sueño nocturno.

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Entre los 2 y los 4 años duermen por la noche unas 10 horas, más las dos siestas habituales. A partir de los tres años de edad va disminuyendo la “necesidad” de dormir durante el día, hasta prácticamente desaparecer antes de los seis años.

De los 5 a los 10 años de edad, el sueño alcanza un grado de madurez suficiente como para permitir la comparación con el adulto. Aunque existen importantes variaciones individuales, el número de horas de sueño suele ser 2,5 veces superior al adulto y la proporción de sueño REM es similar a la del adulto.

Pasados los 7 años, no es habitual que el niño necesite dormir la siesta. Si ocurre, lo más probable es que por la noche duerma menos de lo que necesita o que padezca de algún problema durante el descanso nocturno.

A partir de la adolescencia, el número de horas de sueño disminuirá hasta un promedio de 7 a 8 horas, que podría ser insuficiente ya que se produce un incremento de la somnolencia diurna, que ha llevado a pensar que las necesidades totales de sueño no disminuyan sino que aumenten durante la adolescencia.

¿Cuándo Debemos Sospechar un Problema de Sueño en un Niño?

Las necesidades de sueño varían considerablemente. No hay un patrón de sueño homogéneo y lo que necesita un niño no tiene porque ser aplicable a otro. Sin embargo, si le cuesta regularmente conciliar el sueño o mantenerlo a lo largo de la noche o si se encuentra cansado y soñoliento durante el día, se debe sospechar la existencia de un problema de sueño o de los hábitos que conducen a éste.

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Causas Conductuales y Psicológicas de los Problemas de Sueño Infantiles

Malos Hábitos

Al igual que en el adulto, en los niños pueden producirse dificultades para iniciar o mantener el sueño, aunque raramente se quejan de este problema y suelen estar contentos de permanecer despiertos.

La iniciación del sueño requiere una compleja coordinación de circunstancias biológicas y de conductas aprendidas: Por un lado, el organismo tiene que estar fisiológicamente preparado para el sueño. Por otro lado, las conductas que realizamos en los momentos previos a dormir, se acaban convirtiendo en rituales facilitadores del sueño que cuando faltan, nos impiden dormir.

Los rituales de conciliación también son necesarios en los niños, y con frecuencia el problema del insomnio infantil no se debe a despertarse por la noche, sino a no poder volver a dormirse, debido a que los estímulos que asocian al inicio de sueño, no están presentes a mitad de la noche cuando se despiertan (papá o mamá, luz, cuento…).

Estrés

Debido a horarios irregulares, sobre activación, problemas familiares, miedos infantiles o ansiedad de separación.

Los niños necesitan de la rutina para desarrollarse, ya que ésta les ofrece seguridad. Cuando ésta seguridad se encuentra amenazada, los niños reaccionan mostrando su ansiedad a través del llanto, cambios de conducta y resistencia a dormirse por la noche. Se comportan de la misma manera cuando, tras un día excitante se les dice que tienen que acostarse, ya que el dormirse supone un cambio sobre la actividad que tanto están disfrutando.

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A veces, el problema puede provenir de la existencia de horarios familiares excesivamente irregulares.

Otra causa frecuente de las dificultades para iniciar el sueño es la realización de siestas largas por la tarde, por ello, ante un problema de insomnio infantil, una de las primeras medidas a considerar va a ser la reducción o incluso supresión del sueño diurno (siestas).

Un niño puede tener dificultades para separarse por la noche del resto del mundo o pueden captar cambios sutiles en el ambiente familiar, y ser una causa de problemas a la hora de acostarse. Incluso en la seguridad de un hogar feliz los niños pueden llegar a tener miedo de la oscuridad o de criaturas imaginarias situadas en las esquinas oscuras del dormitorio.

Sea cual sea el caso, la respuesta de los padres tiene que ser siempre de apoyo. Hay que hablar con el niño de sus temores y miedos.

En los niños de más de tres años pueden utilizarse técnicas de refuerzo positivo como premios si su conducta es la apropiada.

Insomnio Pediátrico: Algunas Causas Médicas de Insomnio Infantil

Algunos problemas médicos que convienen descartar ante un niño con insomnio:

  • Alergias: Los niños afectados dormirán de modo fragmentado e interrumpido.
  • Dolores: Las otitis y los cólicos son muy frecuentes en los niños. Cualquier cuadro que produzca dolor, molestia o fiebre nocturna interrumpirá el sueño nocturno. Si el cuadro se cronifica, con el tiempo se suele haber condicionado malos hábitos de sueño en el niño, que pueden persistir pese a la desaparición del dolor, probablemente por desajustes en el ritmo de sueño y por la adquisición de malos hábitos.
  • Enuresis: Es probable que la enuresis sea el más estresante de los trastornos del sueño para el niño, ya que no solamente es una fuente de pérdida de sueño, sino también de vergüenza. Se considera que existe enuresis cuándo a los cinco años de edad no existe aún control sobre el esfínter de la vejiga. La enuresis afecta a el 15% de los niños y al 10% de las niñas, aunque la mayoría de ellos mejora a medida que crecen, conviene acudir al médico para buscar solución y acelerar el proceso.
  • Enfermedades crónicas: En principio, cualquier enfermedad crónica es susceptible de causar alteraciones persistentes del sueño. Trastornos tales como dolores de cabeza, asma, diabetes mellitus, reflujo gastroesofágico o crisis epilépticas pueden alterar el sueño de quién lo padece. El problema de insomnio puede ser una consecuencia directa del problema, del tratamiento, o de la ansiedad generada por la enfermedad. Medicamentos relativamente inocuos que son prescritos para tratar enfermedades agudas o crónicas pueden llegar a perturbar el sueño (p.ej. los antibióticos, los bronco dilatadores, etc.)

Una vez localizado el problema (por asociación temporal entre el inicio del tratamiento y del trastorno de sueño), debe de interrumpirse el tratamiento siempre que esto sea posible. Si no lo es, deberá intentarse; cambiar la hora de la toma, modificarla dosis, emplear otro medicamento similar, mantener el mismo fármaco pero utilizar un preparado diferente, variarla vía de administración.

Otras causas médicas que deben ser tenidas en cuenta son problemas dentales, gastrointestinales, alergias y apnea del sueño. También es conveniente descartar la presencia de parásitos.

El Sueño de los Niños con Hiperactividad Infantil

Son niños generalmente inquietos, tienen dificultades para permanecer y completar las tareas que realizan, están distraídos y frecuentemente molestan a otros niños en el colegio, lloran fácilmente, y tienen oscilaciones en el estado de ánimo. Con frecuencia muestran inquietud e hiperactividad. Se frustran con facilidad ante los esfuerzos y pueden tener conductas destructivas.

Durante el sueño, el síntoma más característico es la presencia de despertares frecuentes y de sueño inquieto.

Los problemas relacionados con el sueño son comunes en estos niños, presentando el 16.5% dificultades de iniciación del sueño y el 39% despertares nocturnos. Es importante el diagnóstico precoz y el tratamiento, ya que el trastorno de hiperactividad y la falta de sueño se retroalimentan mutuamente, de modo que un niño hiperactivo suele tener problemas de sueño, y a su vez, la falta de sueño produce hiperactivación y déficit de atención diurnos.

¿Qué Hacer? Plan de Tratamiento para el Insomnio Infantil: El Método Ferber

A finales de los años 70, el pediatra norteamericano Richard Ferber publicó un método conductual para el manejo del insomnio infantil que se popularizó en todo el mundo. La base de este método es la extinción del llanto a lo largo de un periodo breve. Pero este método no está hecho para todo el mundo.

Desde el Instituto del Sueño, queremos reconocer que no existe un método universal y único para el tratamiento de todos los tipos de insomnio infantil, y que estos deben de adaptarse en todo momento a las circunstancias de los padres.

En términos muy generales, las recomendaciones que podemos establecer son:

  • Si sospechamos que la causa puede ser médica, hay que acudir al especialista con el niño, para resolver el problema.
  • Si sospechamos que la causa puede estar en hábitos de sueño mal aprendidos o problemas conductuales, podemos intentar poner en marcha el siguiente plan, acudiendo al psicólogo o al médico especializado en estos problemas si pasada una semana no conseguimos resultados.

La base del tratamiento es tan sencilla cómo hacer que el niño aprenda a realizar la transición entre la vigilia y el sueño sin la participación de sus padres. Todo el tratamiento se debe de realizar en menos de una semana y, si sigue fielmente las instrucciones, las posibilidades de éxito son elevadas.

El niño debe de aprender a dormirse solo, bajo unas condiciones que se puedan reproducir cuando se despierte a media noche.

En algunos casos se producirá un empeoramiento durante los primeros dos o tres días, por lo que es aconsejable iniciar el plan de tratamiento durante el fin de semana, de manera que si los padres no duermen las primeras noches puedan hacerlo al día siguiente.

Pasos para Fomentar un Sueño Independiente

  1. Colocar al niño en la cama o cuna con sólo aquellos objetos favoritos y que puedan permanecer junto a él durante toda la noche para que se acostumbre a dormirse junto a estos objetos y los asocie con el sueño. Así, si se despierta en medio de la noche, podrá volver a dormirse sin necesidad de nadie.
  2. La habitación debe de estar oscura, tranquila y con una temperatura confortable.
  3. Los padres pueden tranquilizar y confortar al niño hasta que esté tumbado tranquilamente en la cama. Una vez que esté tranquilo en la cama o cuna, la madre/ padre deberá abandonar la habitación.
  4. Si el niño comienza a llorar, no hay que acudir inmediatamente. Pasados unos minutos (al menos 2 minutos) la madre o el padre podrá volver a la habitación a confortar al niño, que no debe moverse de la cama, hasta que esté tranquilo (aunque despierto). Entonces el padre/madre deberá abandonar la habitación.
  5. Si el niño vuelve a llorar, el padre/madre esperará un tiempo ligeramente más largo (p. ej., 2 a 5 minutos) antes de entrar y repetir el paso anterior.

El proceso deberá ser repetido (manteniendo el tiempo de espera en no más de 2 a 5 minutos durante la primera noche) hasta que el niño esté dormido.

Hay que tener en cuenta que durante esta primera noche, el proceso de lloro-respuesta puede durar varias horas hasta que el niño llegue a dormirse. Ahora bien, el plan sólo tendrá éxito si somos persistentes y consistentes con el “tratamiento” y no cedemos a la tentación de coger al niño de su cama. Resulta conveniente involucrar en el plan a todas las personas que cuidan del niño para asegurarse la consistencia en la ejecución del plan.

Las noches sucesivas, se van alargando progresivamente los tiempos esperados para pasar a tranquilizar al niño si llora. Los tiempos de espera suelen ser proporcionales a la edad de los niños (a mayor edad, se debe esperar más tiempo).

Las intervenciones de los padres deberán ser de apoyo. El niño debe de saber que están cerca y que le entienden.

Los padres no deben de exteriorizar nunca enfado ni frustración. Tampoco deben de permitir que estas emociones aumenten a medida que progresa la noche.

La mejoría suele verse generalmente a partir de la tercera noche. Los despertares nocturnos suelen ser más cortos, y el llanto va siendo más débil y breve. El niño va aprendido a quedarse dormido por sí sólo sin la ayuda de sus padres.

Es aconsejable que a lo largo del tratamiento los padres cumplimenten un diario de sueño con el fin de documentar el avance. Éste servirá tanto a los padres como al médico para supervisar el proceso. Una vez haya aprendido el niño a dormirse sólo, continuará haciéndolo en el futuro. No obstante, es posible que se produzcan ligeras alteraciones en épocas en las que el horario habitual se vea alterado como en las vacaciones, cumpleaños, etc.

Crisis de Sueño en Recién Nacidos

Las crisis de sueño en recién nacidos pueden ser una preocupación común entre los padres, pero ¡respira! Los despertares frecuentes son totalmente normales en los primeros meses de vida, y no siempre significa que el bebé esté pasando por una “crisis” de sueño. Las crisis de sueño son esos momentos en los que tu bebé parece tener más problemas para dormir de lo habitual.

Aunque es súper normal que los recién nacidos se despierten mucho en la noche, algunos indicios pueden señalar una posible crisis de sueño, como que se ponga más irritable, que le cuesta volver a dormir o que sus patrones de sueño cambien sin razón aparente.

Hay muchas razones por las que un recién nacido puede no dormir bien, ¡y no todas son crisis! Desarrollo: Los bebés crecen a pasos agigantados y sus cerebros también están trabajando a mil. En general, los trastornos del sueño en recién nacidos son bastante raros. La mayoría de los problemas se deben a necesidades básicas: hambre, incomodidad o crecimiento.

Es muy común que los recién nacidos tengan días en los que dormir se les hace más difícil. Esto suele pasar cuando están sobreestimulados o si han pasado mucho tiempo despiertos y llegan al sobrecansancio.

Si sientes que tu bebé tiene dificultades para dormir tanto de día como de noche, o te preocupa su descanso, no dudes en consultar a nuestras especialistas en sueño infantil.

Otras Causas Comunes por las que un Bebé No Duerme

  • Tomas muy frecuentes durante el día. A pesar de que la alimentación a demanda es la recomendada, en muchas ocasiones confundimos la ansiedad del bebé con el hambre, por lo que cuando lo escuchamos llorar, le damos el pecho inmediatamente.
  • Tenerlo todo el día en brazos. Los bebés se acostumbran rápidamente a los malos hábitos.
  • Amamantar al niño para que duerma. Este es uno de los errores más comunes ya que el bebé asociará el momento de dormir con tomar el pecho.
  • Siestas diurnas excesivas. Los bebés necesitan dormir muchas horas durante el día y la noche, no obstante, el mayor número de horas de sueño tendría que ser durante la noche y no en el día.
  • Mala postura a la hora de dormir.
  • Nerviosismo. Un bebé nervioso dormirá menos que un bebé tranquilo.
  • El miedo a quedarse solos o la oscuridad suelen ser algunos de los motivos por los cuales te preguntes por qué mi bebé no duerme en la noche.
  • Un ambiente demasiado estimulante.
  • Las malas digestiones también son una de las causas por las que el bebé no duerme de día.

Colecho: ¿Una Solución o un Problema?

El colecho puede fortalecer el vínculo emocional, pero debe practicarse con seguridad. Actualmente la ciencia del sueño infantil, con la integración de la perspectiva de la biología evolutiva y la antropología, ya no tiene dudas de que la manera natural de dormir del bebé y niño es en íntimo contacto con su madre o cuidadores principales. Así que el colecho es absolutamente aconsejable.

Solo hay que ser cuidadosos en realizarlo con seguridad, en las condiciones apropiadas. Esto es especialmente importante los primeros meses de vida, cuando el colecho realizado en presencia de una serie de factores de riesgo aumenta significativamente el peligro de que el bebé sufra una muerte súbita e inesperada durante el sueño.

El bebé que colecha se despierta más y toma más el pecho, explica en el libro. Se ha demostrado que las madres que colechan con sus bebés en el contexto de la lactancia materna duermen más y con un sueño de mejor calidad que las que dan biberón. La lactancia materna y el colecho cambian la arquitectura del sueño de ambos, permitiendo una sincronización entre madre y bebé que no se produce en otras circunstancias. Sincronización e intercambio de señales entre ambos que es fundamental para el desarrollo saludable del bebé.

Consideraciones sobre el colecho seguro:

  • Informar rigurosamente a los padres de cuando pueden compartir cama con su bebé y cuando no.
  • Informarles de cómo hacerlo para que el colecho sea cómodo para todos y seguro para el bebé.
  • En caso de existir factores de riesgo inevitables, informarles de alternativas seguras que faciliten el cuidado nocturno del bebé, como las cunitas colecho, por ejemplo.

Estrategias para Fomentar el Sueño Independiente

  • Rutina de sueño: Asegúrate de que el bebé se sienta seguro y tranquilo en su ambiente, en todas las edades. En los primeros meses, procura tenerlo en brazos y que te sienta cerca, y luego establece rutinas y crea un entorno seguro.
  • Horarios consistentes: Si tu bebé todavía no tiene unos horarios de siestas (o sueño nocturno) establecidos, algunas señales te ayudarán a saber cuándo es el momento oportuno para ponerlo a dormir.
  • Ambiente adecuado: Lo ideal es dormir a obscuras por completo aunque dependiendo de la edad de tu peque, los miedos, pueden ser un factor importante a tomar en cuenta. La habitación debe de estar oscura, tranquila y con una temperatura confortable.
  • Objetos de consuelo: A partir de los seis meses, más o menos, un niño puede sentirse seguro con un peluche o con las rutinas que le marques.
  • Paciencia y persistencia: Mediante los intentos repetidos de quedarse dormido en su cuna y la presencia tranquilizadora de papá o mamá, el bebé irá descubriendo poco a poco cómo quedarse dormido de manera más autónoma.
  • Técnica de "estar y salir": Si el niño comienza a llorar, no hay que acudir inmediatamente. Pasados unos minutos (al menos 2 minutos) la madre o el padre podrá volver a la habitación a confortar al niño, que no debe moverse de la cama, hasta que esté tranquilo (aunque despierto). Entonces el padre/madre deberá abandonar la habitación.

¿Cuándo Preocuparse?

Cuando veas que “mi bebé se resiste a dormir” de forma ocasional, simplemente “afina la lupa” y observa si se corresponde con alguna de las causas mencionadas anteriormente. Si por el contrario, es una situación que lleva ya varias semanas, es cuando más puedo recomendarte la ayuda de una mirada externa que te ayude a ver lo que no estás viendo.

Si sientes que “mi bebé se resiste a dormir” más de lo que te parece saludable, no estás sola. Existen recursos y herramientas de la mano del apego seguro para que tu bebé consiga conciliar pacificamente.

Trastornos del Sueño en Bebés Pequeños

En los primeros 6 meses de vida son infrecuentes los trastornos del sueño.

  • Muy raramente puede aparecer un trastorno respiratorio del sueño (SAHS), en especial en niños con malformaciones craneofaciales.
  • Más frecuentes son los movimientos rítmicos relacionados con el sueño. Son comportamientos motores rítmicos y estereotipados que el bebé hace con la cabeza, el cuello, el tórax o todo el cuerpo. Los repite a la hora de dormirse durante minutos incluso horas. Se consideran benignos y auto-limitados. Aun así los padres deben de adoptar medidas de seguridad en las cunas; chichoneras, barras protectoras, etc. Sólo se tratan los que afectan a la calidad del sueño o persisten más allá de la edad escolar.
  • El problema de sueño más frecuente a esta edad es el insomnio conductual por asociaciones inapropiadas a la hora de dormirse. El bebé aprende a dormirse con una serie de rituales y dependencias (los brazos de sus padres, el contacto físico, compañía de sus padres, etc), que se hacen cada vez más difíciles de satisfacer por los padres. Dormirse se convierte en un proceso prolongado y problemático. Esto ocurre con cada despertar, durante la noche o el día, alterando en gran medida la dinámica familiar.

Cómo Manejar los Problemas del Sueño a Esta Edad

Como ocurre en tantos problemas de salud es mucho más fácil prevenir este tipo de insomnio que tratarlo. Una vez que se ha instaurado un hábito de sueño erróneo, desmontarlo se hace cada vez más complejo y penoso. Se debe entonces reeducar el sueño del bebé.

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