¿Por qué mi hijo no come nada? Causas y soluciones

11.12.2025

“¡Mi hijo no come nada! ¡Esto me supera!” Esta es una frase común entre padres preocupados. A día de hoy nos encontramos un alto porcentaje de niños con dificultades a la hora de comer y de probar nuevos alimentos, la pregunta ¿Por qué mi hijo no quiere comer? es muy recurrente en las familias.

¿Por qué mi hijo no quiere comer? Aspectos psicológicos

Los niños adoptan comportamientos neofóbicos (miedo a probar cosas nuevas) y se vuelven muy selectivos a la hora de decidir lo que les gusta y lo que no.

Cuando hablamos de neofobia alimentaria nos referimos al trastorno que restringe la alimentación de nuevos alimentos a causa de un miedo irracional. Para explicarlo mejor, si nos encontramos que un alimento que solemos comer, huele distinto o tiene otro color ¿Verdad que desconfiaremos de que esté bueno?, pues a los niños les sucede lo mismo.

Además, aquí le podemos sumar que ya hayan podido vivir una situación desagradable al probar un alimento nuevo, como náuseas, vómitos, sentirse presionados a acabarse la comida a la fuerza, entre otras. Es importante que aquí el adulto mantenga la calma por difícil que pueda resultar a veces.

Puede ser beneficioso que en casa se coma de todo, normalizar la variedad de alimentos, comer todos los miembros de la familia juntos y el mismo tipo de alimentos. También nos vamos a encontrar que si conseguimos que el niño pueda probar algo distinto a lo de siempre, nos diga que no le gusta, es algo normal porqué es nuevo, y puede que llegue a necesitar probarlo hasta diez o quince veces para normalizar en su repertorio de sabores y lo pueda identificar como familiar.

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Otra de las soluciones es implicar a los niños en la compra, en la cocina y poder crear platos visualmente atractivos.

¿Por qué mi hijo no quiere comer? Aspectos nutricionales

Puede ser agotador sentarnos a la mesa cada día y enfrentarnos al rechazo constante de nuestro hijo hacia la comida. No saber cómo ayudarle y esa sensación de que “algo no estamos haciendo bien”, puede generar una gran frustración y ser una fuente de estrés. Pero queremos deciros que no estáis solos/as.

Es fácil pasar por alto cómo ciertas situaciones alrededor de la comida pueden marcar a un niño, pero lo cierto es que estas experiencias a menudo dejan una huella que influye en su actitud hacia ciertos alimentos.

Si alguna vez tu hijo ha sentido náuseas, ha vomitado o incluso ha tenido dolor de estómago tras comer algo, es normal que lo relacione con ese alimento y lo evite en el futuro. Por ejemplo, si vomita tras probar una fruta nueva puede relacionar tanto el alimento en sí como el sabor, textura o el color del alimento con la experiencia desagradable y que desde entonces se genere un rechazo automático. Incluso si el malestar fue causado por otro motivo (como que se haya dado durante un proceso de gastroenteritis).

Muchas veces, sin querer, los adultos caemos en la tentación de usar frases como “si no comes esto, no hay postre” o “tienes que comerte todo el plato o no podrás irte a jugar”. Como ya habréis notado los niños son auténticas esponjas emocionales.

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Si sienten que estamos frustrados, ansiosos o enfadados porque no comen, eso también influye en cómo se sienten respecto a la comida. El ambiente también juega un papel importante. Si las comidas son caóticas, o si hay distracciones como la televisión o la Tablet, es más difícil que el niño desarrolle una relación positiva con la alimentación.

¿Cómo actuar si tu hijo se niega a comer o probar nuevos alimentos?

Si tu hijo es “mal comedor” y quieres que coma aceptablemente a la hora de la cena; no le des una merienda abundante basada en zumos envasados, bollería o galletas. Un zumo envasado a las siete de la tarde es más que suficiente para que no pruebe bocado a la hora de la cena además de aportarle una cantidad exagerada de azúcar que no necesita.

Marcos no quiere merendar. Pues no habrá comida hasta la cena. Las patatas, snacks y galletas también son comida, “comida basura” pero comida. No se lo ofrezcas. Todo son desventajas.

¿Qué necesita tu niño para cenar? No le obligues a comer. Ni le abras la boca a la fuerza, ni le castigues si no come. Esmérate en la presentación. A ti te gusta que en los restaurantes te presenten los platos bonitos ¿verdad? A tu hijo también. Raciones pequeñas, en plato de postre.

Ponte en su lugar: Si tuvieses que probar algo por primera vez que no te convence ¿Qué prefieres? ¿Una montaña hasta arriba de ese alimento nuevo o una muestra pequeña? ¡A jugar! Les encanta. Cada día ha de probar algo nuevo. Si su plato preferido son los macarrones y tú quieres que pruebe la dorada que acabas de preparar con mimo; le pondrás dos platos de postre encima de la mesa, uno delante de él y otro a continuación; que él los vea. En el primero habrá 3 trocitos de dorada (sólo tres).

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Si prueba: ¡Estupendo! Se trata de que pruebe. No te preocupes tanto de la cantidad, es mucho más importante que lo haya entendido y ¡que pruebe! ¡Dale valor a la experiencia y no tanto al resultado final!

Está demostrado que, si un mismo alimento pasa por nuestra orofaringe 10 veces, termina por gustarnos. ¿Qué ocurre la primera vez que probaste una copa de alcohol? A nadie le gusta; lo mismo ocurre con el vino, con la cerveza y con los alimentos.

Si no lo prueba, no habrá macarrones. Repito: No habrá macarrones. Por supuesto no habrá lechita antes de dormir, ni nada que se le parezca. E insisto: no le fuerces ni le obligues a comer. No alargues este momento más de media hora. ¿No quieres comer? Bueno, tranquilo, mañana volveremos a intentarlo. Ale, cariño, vámonos a dormir- y le acariciarás, incluso le besarás la frente. Le acostarás sin cenar y no le pasará nada.

A ningún niño con comida a su alcance le pasa nada por no cenar unas cuantas noches. Y esto lo repetirás las veces que sea necesario hasta que empiece a probar los 3 trocitos que le pondrás cada día del alimento nuevo con el importante estímulo del plato que más le guste enfrente y que has de ir variando.

Intenta incluirle en la mesa lo antes posible para comer todos juntos el mismo menú. “Si papá y mamá lo comen, yo también quiero”. Y por último, respeta sus gustos: si odia las espinacas pero le gusta el brócoli, no le castigues.

¿Cómo os podemos ayudar desde la consulta de nutrición?

Desde la consulta, trabajaremos con las familias para buscar formas creativas y adaptadas a su día a día para reintroducir los alimentos que generan rechazo. Lograr que la hora de la comida sea más relajada y positiva. Una estrategia clave es ayudar a los padres a crear un entorno donde el niño se sienta libre de elegir cuánto y qué comer dentro de lo que se ofrece, sin presiones.

En lugar de frases como “¡tienes que comer esto!”, proponemos decirles cosas como “Esto está aquí por si te apetece probarlo”. Por supuesto, nos enfocaremos también en la alimentación del entorno familiar, ya que el ejemplo de los adultos juega un papel importante.

En las consultas de seguimiento, el papel de la nutricionista es ayudar a las familias a identificar qué dificultades están encontrando al llevar a cabo las recomendaciones y asegurarnos de que sean conscientes tanto de los avances de sus hijos como de los suyos propios. Este proceso mejora si trabajamos en equipo con la psicóloga, quien acompaña a las familias en gestionar las emociones que puedan surgir, como la frustración o la ansiedad.

En consulta, trabajaremos juntos para establecer rutinas claras que hagan de las comidas un momento más tranquilo y consciente. Por ejemplo, una de las recomendaciones podría ser crear un espacio libre de pantallas. Esto ayuda a que tanto niños como adultos estén más presentes, puedan conversar entre ellos y disfruten del momento. Será importante proponer cambios que realmente sean factibles.

Caso práctico de abordaje en consulta de psiconutrición infantil: La aversión de Lucas a las verduras

Los padres trataban de insistir para que volviese a comer esos alimentos, pero esto solo generó más tensión en las comidas.

  • Reducir la presión.
  • Apagar pantallas y mejorar el ambiente.
  • Nuevas formas de presentar los alimentos.

Tras el primer mes de seguimiento, los padres notaron que Lucas comenzó a aceptar pequeñas porciones de calabacín. Además, las cenas libres de pantallas habían mejorado la dinámica familiar, y Lucas parecía más relajado en la mesa.

Otras causas comunes de la falta de apetito en niños

  • Enfermedad aguda: Es frecuente que los niños/as pierdan el hambre en el contexto de una infección como un resfriado, una gastroenteritis, amigdalitis, otitis u otro.
  • Cambios en la rutina habitual: Cualquier cambio en la rutina habitual de un niño/a puede provocar alteraciones puntuales en la alimentación o también en el sueño.
  • Desequilibrio entre las expectativas y lo que realmente necesita el niño/a: Hay peques sanos con un desarrollo normal y un crecimiento correcto que comen poco pero lo suficiente para ir creciendo dentro de sus gráficas de crecimiento.
  • Etapas normales del crecimiento: El crecimiento no es un proceso lineal, los peques irán regulando su ingesta en función de sus necesidades.
  • Exceso de ingesta de alimentos muy calóricos pero poco nutritivos: Algunos ejemplos de estos alimentos serían las galletas, los yogures de sabores, los zumos envasados, los batidos, los dulces, las patatas chips.

Recomendaciones generales

  • Determinar la causa de inapetencia en el niño.
  • Iniciar una dieta adecuada.
  • Evitar los fármacos anorexígenos.
  • Modificar el comportamiento alimentario.
  • Buscar apoyo psicosocial.
  • Tomar suplementos nutricionales.
  • Emplear un estimulante del apetito para niños.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Según Mapi Herrero, cuando un niño o una niña deja de comer siempre hay que evaluar qué pasa. Lo más frecuente es que no pase nada, pero es recomendable que, ante la duda, se acuda a un profesional que pueda detectar a tiempo una ingesta insuficiente de energía o nutrientes.

“Si es algo puntual y pasajero, no hace falta correr a buscar un dietista-nutricionista experto en nutrición pediátrica o a pedir cita con su pediatra.

Tabla resumen: Causas y soluciones para la inapetencia infantil

Causa Solución
Neofobia alimentaria Exponer al niño a nuevos alimentos repetidamente, involucrarlo en la compra y preparación.
Experiencias negativas con la comida Crear un ambiente relajado y positivo durante las comidas, evitar presiones.
Enfermedades agudas Consultar al pediatra, ofrecer alimentos suaves y fáciles de digerir.
Cambios en la rutina Mantener horarios regulares de comida, adaptar las comidas a la nueva rutina.
Exceso de alimentos poco nutritivos Limitar el consumo de galletas, zumos envasados y otros alimentos procesados.

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