Milena Jesenská: Vida y Tragedia de una Periodista Checa
Margarete Buber-Neumann, a quien le debemos esta semblanza de Milena Jesenská (Milena, editorial Tusquets) nació en Postdam (Alemania) y su vida fue un horror.
Milena era guapa pero de una belleza distante, su rostro era dulce pero no afable, su cutis, con sombras de agotamiento, estaba casi siempre pálido. Lo verdaderamente cautivador eran sus ojos, de un azul intenso que brillaban por sí mismos.
Primeros Años y Relación con Franz Kafka
Era hija del conocido médico de Praga y catedrático de universidad Jan Jesensky. Cuando la conocí mas íntimamente, me contó también su pasado; supe así que de 1920 a 1922 había sido novia de Franz Kafka. Conoció al escritor cuando tradujo al checo La metamorfosis.
Vida Política y Periodística
Milena había sido, brevemente, militante del Partido Comunista checo, pero tanto su postura como su actividad políticas estaban delimitadas y determinadas por un criterio moral propio, ya que para ella los valores humanos eran mucho más importantes que el programa del partido. A partir de 1920, Milena empezó a escribir para diferentes periódicos de Praga. Al poco tiempo, se había convertido en una de las más conocidas periodistas checas.
Resistencia y Detención
Hitler había engañado a las democracias occidentales en el Pacto de Múnich y el destino de la joven República de Checoslovaquia era cuestión de tiempo: el que el dictador nazi se tomara para hacerse con el país como quien roba manzanas al paso de sus tanques. A pesar de la situación de amenaza contra Checoslovaquia, en el verano de 1938 Milena no había abandonado todavía en absoluto la esperanza de que tanto el ejército como el pueblo checo fueran capaces de presentar resistencia a Hitler. Ignoraba que tanto ella como sus compatriotas se encontraban en una posición perdida de antemano.
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Cuando se produjo la anexión alemana (1939), Milena pasó a la clandestinidad organizada en los grupos patriotas checos. Detenida y acusada de terrorismo por la Gestapo, tratamiento generalizado para todos los que se opusieran al nazismo en los países ocupados, fue llevada al campo de Ravensbrück.
Ravensbrück: Encuentro con Margarete Buber-Neumann
Entre los años 1940 y 1944, dos mujeres mantuvieron la más extraordinaria relación en el más pavoroso lugar imaginable: el campo de concentración nazi de Ravensbrück (Alemania). En el campo de concentración de Ravensbrück, donde el mundo se había vuelto ciego y reinaba la noche ceñuda, se produjo el extraordinario encuentro y convivencia -“conmoriencia” sería más preciso si existiera tal palabra- entre Milena y Margarete.
Reflexiones sobre el Sufrimiento y la Nacionalidad
Allí descubrió la amarga verdad de la colaboración de bastantes prisioneras alemanas de ideología izquierdista con sus represores. Hoy llamaríamos a esa conducta “síndrome de Estocolmo”, pero Milena iba más lejos aún.
Cierto, 22 millones de alemanes no habían votado a Hitler pero, cierto también, pareciera como si el ciudadano de cualquier país llevara en su interior, consciente o inconscientemente, la marca de su nación. Una especie de seguridad que tiene en sí mismo, que es como un reflejo del poder del Estado al que pertenece. Lo terrible es que ese insano espíritu nacional corroía todo, las relaciones con los carceleros de las SS y las propias relaciones entre las presas, más aún las relaciones entre las militantes comunistas.
Margarete detalla: “Éramos prisioneras y no podíamos replicar a las voces ni devolver los golpes; habíamos sido privadas de todo derecho. No pienso únicamente en las superiores que nos maltrataban, como las jefas de bloque y de departamento, sino también las simples prisioneras.
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La vida, o lo que fuere, en el campo de concentración, transcurría golpe va, golpe viene. Margarete cuenta: “Los golpes son difíciles de soportar, pero mucho, mucho más intolerable es que todos los días te den pruebas de que no vales nada. Afirma el cristianismo que el hombre es purificado y ennoblecido por el dolor. La vida en el campo de concentración ha demostrado lo contrario. No hay nada más peligroso que el sufrimiento, que un exceso de aflicción. Y la afirmación vale igualmente para el individuo aislado que para pueblos enteros.
Juicio sobre el Comunismo
El juicio de Milena sobre el comunismo, producto de su extraordinaria perspicacia y ajeno a la experiencia de haber vivido en una sociedad sovietizada, era claro y demoledor. Confirmaba de esa peculiar manera lo que había escrito el científico y filosofo cristiano Blaise Pascal tres siglos antes: “Uno puede llegar a la fe mediante los signos externos de la fe”.
Planes Literarios y Trágico Final
“Como Milena era escritora, al oír mi relato de los acontecimientos en Siberia resolvió -si continuábamos con vida y alguna vez nos veíamos en libertad- publicar un libro. En su fantasía creó una obra sobre los campos de concentración de las dos dictaduras. Esta posibilidad de liberarnos de nuestro medio ambiente y abandonarnos a temas a los que no tenían acceso las SS representaba mucho.
Milena no pudo publicar su libro. Aquella que había sido destinataria y musa de la correspondencia amorosa más inspirada del siglo XX no pudo transmitir de propia mano su viaje al averno al morir de tuberculosis en el campo el 17 de mayo de 1944.
Kafka le había escrito en una de sus cartas:“Querer la muerte pero no el dolor es mala señal, porque de ser así nos atreveríamos a morir”.
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Margarete consiguió llegar con vida a la liberación del campo. Dedicó su existencia a la lucha contra el nazismo y el comunismo al que había servido con tanta fe como posterior amargura.
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