Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María: Historia y Legado
La Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, cuyo título oficial es ese mismo, fue fundada el 16 de julio de 1849 en Vic (Barcelona) por San Antonio María Claret para anunciar el Evangelio por todos los medios posibles.
Orígenes y Expansión
La Congregación comienza a desarrollarse primeramente en la región de Cataluña, pero en seguida se extiende por otras regiones de España y por el Nuevo Mundo.
El acrónimo C.M.F., al final de sus nombres, proviene de las palabras latinas “Cordis Mariae Filius”, que significa «Hijo del Corazón de María».
Presencia Claretiana en Andalucía
La primera presencia claretiana en Andalucía es la del mismo fundador de los Misioneros Claretianos, San Antonio María Claret. En febrero de 1848 visita Córdoba, Sevilla y Jerez de la Frontera cuando va camino de Cádiz, donde embarca para Las Palmas de Gran Canaria. Acompaña al recién nombrado obispo de Canarias, Buenaventura Codina, que lo había invitado a evangelizar su nueva diócesis.
Otra ocasión de visitar Cádiz, Córdoba y Sevilla y de predicar en esas ciudades por segunda vez se le presenta en mayo de 1857 cuando, siendo arzobispo de Santiago de Cuba, regresa de aquella isla para asumir su nuevo cargo de confesor de la reina Isabel II.
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Pero la visita más amplia y prolongada tiene lugar durante el viaje real por tierras de Andalucía y Murcia del 13 de septiembre al 20 de octubre de 1862. Son 48 días de intensa actividad evangelizadora, en los que Claret llega a predicar la increíble cifra de 205 sermones, con distintos escenarios y auditorios: catedrales, conventos, hospitales y establecimientos benéficos...
Ya en 1862 se le abren las puertas en la ciudad de Cádiz, pero la fundación no llega a cuajar por el reducido número de miembros con que en ese momento cuenta la Congregación. De hecho, la primera fundación andaluza se realiza en agosto de 1876 en la ciudad de Córdoba, a instancia de su obispo, Fray Ceferino González, quien les ofrece como sede el convento de Gracia, que antes de la desamortización había pertenecido a la Orden Trinitaria.
Unos años después, en diciembre de 1897, el nuevo obispo de la diócesis, Sebastián Herrero y Espinosa de los Monteros, confía a los Misioneros Claretianos la Real Iglesia de San Pablo, que a la sazón se halla en estado ruinoso. Con gran tenacidad y esfuerzo, el Padre Antonio María Pueyo lleva adelante la restauración de la iglesia, la más grande y artística de Córdoba después de la Mezquita-Catedral, y la construcción de una vivienda para los Misioneros, que pueden ser finalmente inauguradas en agosto de 1903.
Constitución de la Provincia Bética
En estos años la Congregación claretiana amplía su presencia por Andalucía, con nuevas fundaciones en Jaén (mayo de 1885) y en Écija (octubre 1895). De este modo, con el nombre de Provincia Bética, se constituye en 1906 la tercera Provincia del Instituto, que incluye en su territorio las dos Andalucías, Oriental y Occidental, además de otras zonas de Castilla, Extremadura y Canarias.
Inmediatamente, en septiembre de 1907, la Provincia Bética funda una comunidad en Sevilla, que se hará cargo de la Iglesia del Santo Entierro en la calle Alfonso XII y, posteriormente, de la capilla Jesús-María (Puerta de Jerez), del Seminario Diocesano de Sanlúcar de Barrameda y del Colegio San Antonio María Claret en Heliópolis (1943). Desde agosto de 1930 Sevilla es también la sede del Gobierno de la Provincia Bética.
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A lo largo de su historia ya centenaria, los Misioneros Claretianos van abriendo y cerrando casas y posiciones apostólicas en Andalucía en función de las exigencias de su vida y para el mejor desarrollo de su misión: San Fernando (1918-1950), Úbeda (1926-1943), Puerto Real (1924-1940), Granada-San Cecilio (1943-1970), Málaga-Intelhorce (1971-1990), Alcalá de Guadaíra (1978-2004)...
La Provincia Bética abarca las regiones de Andalucía, Extremadura y Canarias, además de dos territorios misionales en el extranjero: la Prelatura de Humahuaca, en el altiplano argentino-boliviano, y la misión de Gokwe en Zimbabue. Está constituida por 132 sacerdotes, 18 hermanos y ocho estudiantes en formación, que forman un total de 19 comunidades. De ellas, diez se encuentran en tierras andaluzas: tres comunidades en Sevilla (la Curia Provincial, el Colegio-Parroquia Claret y el Centro Juvenil-Postulantado); dos comunidades en Córdoba (la Real Iglesia de San Pablo y dos Parroquias situadas en la barriada de Las Palmeras y de Miralbaida); dos comunidades en Granada (el Teologado Claretiano "casa formativa, asistencial y de ministerios varios" y la Parroquia de Nuestra Señora de la Paz); una comunidad en Loja (Noviciado y centro de pastoral juvenil), una comunidad en Málaga (la Parroquia del Carmen en el barrio del Perchel) y una comunidad en Tíjola (Almería), que atiende a diez parroquias de la zona del Alto Almanzora.
Espíritu Claretiano y Apostolado
Desde el comienzo de su implantación en Andalucía, los Misioneros Claretianos quieren ser fieles a su espíritu de anunciar el Evangelio por todos los medios, atendiendo a lo que en cada momento es más urgente, oportuno y eficaz. El ministerio tradicional de las primeras comunidades es la predicación de la Palabra de Dios, principalmente a través de las misiones populares y los ejercicios, que hoy se desarrollan en formas renovadas. El mismo Padre Claret abre el apostolado de la Congregación a la catequesis y a la enseñanza cristiana.
La Provincia mantiene estos apostolados en Andalucía a través del Colegio Claret de Sevilla y del trabajo en las distintas parroquias, tanto urbanas como rurales y suburbiales, procurando integrar la pastoral misionera y la promoción humana y social.
En el ámbito de la misión ad gentes y de la ayuda al desarrollo, la Provincia se halla especialmente comprometida en las dos misiones antes indicadas (Humahuaca y Gokwe), con las que colabora estrechamente la ONG Proclade Bética. Finalmente, la presencia evangelizadora en el mundo de la cultura tiene su principal cauce en la colaboración con la enseñanza universitaria. En todos estos campos se cuida especialmente la atención a la juventud y a la familia.
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Figuras Claretianas Destacadas
Durante esta larga presencia de la Congregación claretiana en Andalucía son muchas las personas y los acontecimientos que merecerían un recuerdo especial. Es emblemático el hecho de que sea andaluza la persona que facilita la canonización del Padre Claret: Elena Flores Arjona, paralítica desde los 37 años de edad, de la que se dice que es milagrosamente curada por la intercesión del Santo en Córdoba, el 9 de mayo de 1948.
Por citar sólo los nombres de algunos claretianos ilustres por su nacimiento o su vinculación con Andalucía, se pueden mencionar aquí estos tres:
- El padre Antonio Pueyo del Val: Nacido en Monzón (Huesca) en 1864, es el restaurador de la Real Iglesia de San Pablo en la ciudad de Córdoba, que le nombra hijo adoptivo. Es también el alma de las fundaciones claretianas de Écija, Sevilla, San Fernando y Gibraltar, y un gran amante de Andalucía. Nombrado Obispo de la Diócesis de Pasto (Colombia), muere allí el 9 de octubre de 1929.
- El padre José María Márquez Bernal: Nacido el 8 de septiembre en Villamanrique de la Condesa (Sevilla). Es maestro de novicios, superior provincial y primer obispo-prelado de la Prelatura de Humahuaca (Argentina). Muere en Granada el 17 de marzo de 1995.
- El padre Manuel Orge Ramírez: Nacido el 6 de febrero de 1931 en Jerez de la Frontera (Cádiz). Hombre de gran cultura y sensibilidad, especialista en Sagradas Escrituras, es profesor en la Facultad de Teología de Granada, en el Claretianum de Roma y en el Instituto de Vida Religiosa de Madrid, publicando valiosas monografías sobre temas de su especialidad. Muere en Granada el 27 de mayo de 1991.
Presencia Actual
En la actualidad, la congregación está presente en 65 países con más de 3.100 misioneros claretianos.
“Nuestro carisma es ser servidores de la palabra de Dios. Intentamos concretar el espíritu del padre Claret de llevar el anuncio de la Buena Noticia, discerniendo que en cada tiempo y contexto social qué es lo que quiere Dios de nosotros dentro de la Iglesia y ser fieles a su carisma de evangelizar por todos los medios posibles.
San Antonio María Claret: Un Breve Recorrido por su Vida
Antonio María Claret nació en 1807 en Sallent (Barcelona) en una familia dedicada a la fabricación textil. Aunque de niño había sentido la llamada para convertirse en sacerdote, en su juventud se centra en desarrollar sus capacidades en el negocio familiar y abandona sus aspiraciones religiosas. Instalado en Barcelona sufre varios desengaños, especialmente de uno de sus amigos más cercanos, y vive un episodio que le marca: en la playa de la Barceloneta está a punto de ahogarse y esto hace que sea más consciente de la fragilidad de la vida.
El 13 de junio de 1835 se ordena sacerdote y pocos años más tarde siente el anhelo de evangelizar como misionero. Comienza a realizar misiones populares y su superior eclesiástico decide liberarle de responsabilidades parroquiales para que pueda dedicarse por entero a esta vocación. En 1849, a los pocos días de fundar la congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María es nombrado arzobispo de Santiago de Cuba donde se encuentra con una situación muy delicada socialmente.
Su carácter misionero le lleva a recorrer la diócesis buscando soluciones concretas a tantas dificultades. En su lucha contra la esclavitud, que aún estaba vigente en Cuba, crea un granja-escuela para niños pobres, bibliotecas populares y una caja de ahorros social. En 1857 se traslada a Madrid porque la reina Isabel II “pide expresamente que el sea su confesor. De repente, una persona que cree que nació para ser misionero se ve en una corte con todo lo que eso suponía. Entendió que podría realizar también desde esa posición una labor evangelizadora y misionera y aprovechaba los viajes de la reina por España para hacerlo”, comenta el padre Simón.
Con Isabel II, el príncipe de Asturias Alfonso y la infanta Isabel viaja a Covadonga en 1858, alguien que como él tenía en la Virgen “una referencia absoluta como madre y modelo de cristiana. A pesar de su vinculación con la corte sigue viviendo austeramente, visita cárceles y hospitales, confiesa y predica. Su independencia e integridad le acarrean enemistades. “La reina le admiraba y valoraba, aunque no siempre decía lo que le gustaba y llamaba a las cosas por su nombre.
La revolución del 68 provoca que acompañe a la reina en el exilio y ya en París realiza muchas actividades apostólicas. Un año después se traslada a Roma donde se estaba desarrollando el Concilio Vaticano en el que defiende apasionadamente la infalibilidad pontificia. Allí su salud comienza a resentirse gravemente y, viendo que final puede estar cerca se traslada a la comunidad que los misioneros claretianos desterrados de España han establecido en Francia. El cónsul español pide entonces que sea detenido y sus perseguidores llegan incluso a este lugar de retiro por lo que debe huir. Escondido en un monasterio cisterciense muere a los 62 años, un 24 de octubre de 1870.
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