Lactancia Materna Después de una Cesárea: Beneficios y Consejos Esenciales

21.09.2025

La lactancia materna es el mejor alimento que una madre puede ofrecer a su hijo recién nacido.

No sólo considerando su composición sino también en el aspecto emocional, ya que el vínculo afectivo que se establece entre una madre y su bebé amamantando constituye una experiencia especial, singular e intensa.

La leche materna contiene todo lo que el bebé necesita durante los primeros meses de la vida.

Los beneficios de la lactancia materna también se extienden a la madre.

Las mujeres que amamantan pierden el peso ganado durante el embarazo más rápidamente y es más difícil que padezcan anemia tras el parto; también tienen menos riesgo de hipertensión y depresión postparto.

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Desde otro punto de vista, la leche materna es un alimento ecológico puesto que no necesita fabricarse, envasarse ni transportarse con lo que se ahorra energía y se evita contaminación del medio ambiente.

Y también es económica para la familia, que puede ahorrar cerca de 600 €, en alimentación en un año.

El Comienzo de la Lactancia Después de la Cesárea

Es importante que al niño se le ofrezca el pecho precozmente, a ser posible en la primera media hora tras el parto.

Durante este tiempo, es recomendable que el bebé permanezca junto a su madre aunque no muestre interés por mamar y que se estimule el contacto piel con piel entre ambos.

Así, puede ofrecerse el pecho tan pronto como se observe que el niño está dispuesto a mamar (movimientos de la boca buscando el pezón, hociqueo....) y no solamente cuando llore.

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¿Solo Pecho?

Cualquier mujer puede ser capaz de alimentar a su hijo exclusivamente con su leche.

La diferencia entre unos pechos grandes o pequeños, prácticamente, es la cantidad de grasa que contienen y no la cantidad de glándula productora de leche.

Por otra parte, las causas que contraindican la lactancia materna (algunas enfermedades o medicamentos...) son muy raras, casi excepcionales.

El principal estímulo que induce la producción de la leche es la succión del niño, por lo tanto, cuántas más veces se agarra el bebé al pecho de la madre y cuanto mejor se vacía éste, más leche se produce.

La cantidad se ajusta a lo que el niño toma y a las veces que vacía el pecho al día.

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La calidad también varía con las necesidades del niño a lo largo del tiempo.

Durante los primeros días, la leche es más amarillenta (calostro) y contiene mayor cantidad de proteínas y substancias antiinfecciosas; posteriormente aparece la leche madura.

Su aspecto puede aparecer “aguado” sobre todo al principio de la toma ya que es hacia el final de la misma cuando va aumentando su contenido en grasa.

Es importante, sobre todo al principio, que no se ofrezcan al niño chupetes ni biberones.

Una tetina no se “chupa” de la misma forma que el pecho por lo que el recién nacido puede “confundirse” y posteriormente agarrar el pecho con menos eficacia (se utiliza distinta musculatura de succión con el chupete y el biberón que en el proceso de succión del pecho).

Esto puede ser la causa de problemas tales como grietas en el pezón, mastitis y falta de leche a la larga.

Tampoco es recomendable utilizar pezoneras.

Las grietas surgen porque el niño se agarra mal al pecho, así que lo importante es corregir la postura (pide ayuda a tu pediatra, matrona, enfermera de pediatría o experta en lactancia).

Un recién nacido sano no necesita más líquidos que los que obtiene de la leche de su madre, no es necesario, ni recomendable ofrecer agua ni soluciones de suero glucosado.

Duración y Frecuencia de las Tomas

El tiempo que cada bebé necesita para completar una toma es diferente para cada bebé y cada madre y también varía según la edad del bebé y de una toma a otra.

Además, la composición de la leche no es igual al principio y al final de la toma, ni en los primeros días de vida o cuando el bebé tiene 6 meses.

La leche del principio es más aguada pero contiene la mayor parte de las proteínas y azúcares; la leche del final de la toma es menos abundante pero tiene más calorías (el contenido en grasa y vitaminas es mayor).

Tanto el número de tomas que el niño realiza al día, como el tiempo que invierte en cada una, es muy variable por lo tanto y no hay que establecer reglas fijas.

Es mejor ofrecer el pecho “a demanda”.

Un niño puede desear mamar a los 15 minutos de haber realizado una toma o por el contrario, tardar más de 4 horas en pedir la siguiente, aunque al principio, durante los primeros 15 ó 20 días de vida; es conveniente intentar que el niño haga al menos unas 8 tomas en 24 horas.

Tampoco es aconsejable que la madre o quienes la acompañen limiten la duración de cada toma, el bebé es el único que se sabe cuándo se ha quedado satisfecho y para ello es importante que se haya tomado la leche del final de la toma.

Algunos niños obtienen cuanto necesitan de un solo pecho y otros toman ambos.

En éste último caso, es posible que el niño no vacíe el último por lo que la toma siguiente deberá iniciarse en éste.

Lo importante no es que el niño mame de los dos pechos sino que se vacíe completa y alternativamente cada uno de ellos, para evitar que el acumulo de leche pueda ocasionar el desarrollo de una mastitis y para que el cuerpo de la madre acople la producción de leche a las necesidades de su hijo.

Posición y Agarre del Niño al Pecho

La mayoría de los problemas con la lactancia materna se deben a una mala posición, a un mal agarre o a una combinación de ambos.

Tomar el pecho es diferente que tomar el biberón; la leche pasa de la madre al niño mediante la combinación de una expulsión activa (reflejo de eyección o “subida de leche”) y una extracción activa por parte del bebé (la succión del bebé).

El niño, para una succión efectiva del pecho, necesita crear una tetina con éste, la cual está formada aproximadamente por un tercio de pezón y dos tercios de tejido mamario.

En la succión del pecho, la lengua del bebe ejerce un papel fundamental, siendo el movimiento de la lengua, en forma de ondas peristálticas (de adelante hacia atrás), el que ejerce la función de “ordeñar” los senos galactóforos, que es donde se acumula la leche una vez que ésta se ha producido.

Madre y niño, independientemente de la postura que se adopte (echada, tumbada...), deberían estar cómodos y muy juntos, preferiblemente con todo el cuerpo del niño en contacto con la madre (“ombligo con ombligo”).

Una mala posición puede ser la responsable de molestias y dolores de espalda.

El agarre se facilita colocando al bebé girado hacia la madre, con su cabeza y cuerpo en línea recta, sin tener el cuello torcido o excesivamente flexionado o extendido, con la cara mirando hacia el pecho y la nariz frente al pezón.

En posición sentada, es conveniente que la madre mantenga la espalda recta y las rodillas ligeramente elevadas, con la cabeza del niño apoyada en su antebrazo, no en el hueco del codo.

Una vez que el bebé está bien colocado, la madre puede estimular al bebé para que abra la boca rozando con sus labios con el pezón y a continuación, al desplazar al bebé suavemente hacia el pecho.

El niño se prenderá más fácilmente si se le acerca desde abajo, dirigiendo el pezón hacia el tercio superior de su boca, de manera que pueda alcanzar el pecho, mientras que el bebé inclinando la cabeza ligeramente hacia atrás.

Con esta maniobra, la barbilla y el labio inferior tocarán primero el pecho, mientras el bebé tiene la boca abierta.

La intención es que el niño se introduzca en su boca tanto pecho como sea posible y coloque su labio inferior alejado de la base de pezón.

En caso de pechos grandes puede ser útil sujetarse el pecho por debajo teniendo la precaución de hacerlo desde su base, junto al tórax, para que los dedos de la madre no dificulten el agarre del niño al pecho.

Si el niño está bien agarrado, su labio inferior quedará muy por debajo del pezón y buena parte de la aréola dentro de su boca, la cual estará muy abierta.

Casi siempre es posible observar que queda más aréola y visible por encima del labio superior del niño que por debajo de su labio inferior.

La barbilla del niño toca el pecho y sus labios están evertidos (hacia fuera).

De esta forma se asegura que el pecho se mantenga bien dentro de la boca del bebé y que los movimientos de succión y ordeño sean eficaces.

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