Estereotipos de la Mujer Blanca con Hijos: Un Análisis Profundo

30.10.2025

En los últimos 75 años, las mujeres con hijos se han ido incorporado al mercado laboral en un número cada vez mayor. Ahora, según la OCDE, el 71% de las madres con un solo hijo trabajan, así como el 62% de las que tiene dos o más. Además, en las últimas décadas las mujeres que ahora tienen niños han sido educadas con una mirada distinta, les han dicho que pueden hacer todo lo que hacen los hombres y esta retórica ha sido asumida por ambos géneros aunque sólo hasta que aparecen los niños.

La Realidad Cotidiana: Desafíos y Frustraciones

Cuando una pareja se tiene que hacer cargo de un hijo común comienzan los problemas, la frustración mutua, de ellos porque no saben qué más se espera de un padre, de ellas porque ellos no están a su nivel de cuidados. Ella fue una de esas chicas que durante la universidad jamás pensó en no encontrar a alguien con quién tener hijos y dividirse a partes iguales las tareas. Cuando algunas de sus amigas se quedaron embarazada, ella decidió ser madre algo más mayor, y le contaban como sus maridos, hombres modernos y declarados "feministas", se estaban desentendiendo de gran parte del trabajo de la crianza se alteraba y les decía que no podían tolerarlo, hasta que ella tuvo a su primera hija.

La situación con su marido cambió radicalmente y ella se convirtió en una madre casi a la antigua con un trabajo de mujer moderna, es decir, a tiempo completo. "La dinámica de género había cambiado mucho desde mi infancia, al menos esa era la impresión que tenía antes de ser madre. (...) Las mujeres que conocí en las idas y venidas del preescolar y al parque infantil trabajaban a jornada completa, y, al igual que yo, después del parto se habían encontrado con que tenían que soportar en casa la mayor parte de las cargas domésticas, hasta entonces inimaginables", comienza en el prólogo de Toda la rabia (Capitán Swing) que ha escrito después de su segundo embarazo.

"Los maridos que conocía, incluido el mío, estaban comprometidos de mil maneras con sus hijos, nada que ver con el estereotipo retro del tipo que rara vez salía de la oficina y se negaba a limpiar un culito sucio. Pero una vez que superaban a Don Draper en los anales de la paternidad, estos hombres parecían contentos de retirarse a sus camas con sus teléfonos. Todos, hombres y mujeres, vivíamos con la conciencia de un pasado reciente en el que no se esperaba gran cosa de los padres en casa. Entonces, ¿quiénes éramos las madres para enfadarnos, para no celebrar cada participación de nuestras parejas?", continúa.

Y asegura que esa pregunta es lanzada inconscientemente por los padres que consideran que están mucho más implicados que antes y se sienten "confundidos" cuando les dicen que eso no es suficiente. "Los padres han asumido una parte más grande de los cuidados de los niños en las últimas décadas, pero el cambio ha sido bastante modesto, incluso cuando se compara con el volumen de trabajo doméstico asumido por los hombres. Entre 1980 y 2000, cuando la participación de la mujer en el mercado laboral aumentó drásticamente, la proporción de tareas domésticas realizadas por hombres ha subido del 29 al 39%.

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Tal y como recogió el Journal of Marrieage and Family: "Debido al beneficio potencial de compartir el trabajo familiar, al rápido aumento de la participación de las mujeres en la fuerza laboral y al creciente apoyo popular a los ideales de igualdad en el matrimonio, muchos predijeron que la división del trabajo doméstico se volvería más neutral desde el punto de vista del género. Sin embargo, los estudios parecen ofrecer poco apoyo a esta noción.

Una de ellas, Ellen Seidman, escritora y madre de tres niños, aseguraba que "vimos a nuestras madres llevando las riendas de nuestros hogares y a nuestros padres dejando pasivamente que eso ocurriera. Esos son los estereotipos de género que aprendemos. No desaparecen porque haya cada vez más parejas con dos ingresos. Es un ciclo", aunque añade que no sabe "cómo se rompe". Para Verónica Tichenor, también terapeuta, el problema principal está en el trabajo. "Los lugares de trabajo siguen actuando como si todo el mundo tuviera una esposa en casa. Todo el mundo debería ser el trabajador ideal y no tener que ausentarse para cuidar a un niño enfermo. Si una familia tiene dificultades para compaginarlo todo, es un problema personal. ¿Todas las familias tienen el mismo problema? Entonces es un problema social".

El Impacto del Primer Bebé

Según un artículo de Newsweek, que recoge un estudio de doscientas parejas del estado de Ohio, y que se menciona en este libro: "Los hombres comparten las tareas domésticas por igual, hasta el primer bebé. Los miembros de las parejas trabajadoras realizaban cada uno quince horas semanales de tareas domésticas antes de tener hijos. Sin embargo, una vez que tienen hijos, las mujeres añaden veintidós horas de cuidado de los niños, mientras que los hombres solo añaden catorce; asimismo, estos últimos compensan el esfuerzo eliminando cinco horas de cuidado de casa, mientras que las mujeres mantienen sus quince".

A lo que Lockman añade que "la información más reciente sobre el uso diario del tiempo recopilada por Pew Research y la Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU revela sistemáticamente que las mujeres que trabajan fuera de casa asumen el 65% de las responsabilidades del cuidado de los hijos, y sus parejas masculinas, el 35%. Estos porcentajes se han mantenido estables desde el año 2000. En los últimos veinte años, esa cifra no ha variado".

Para corroborar esta información decidió entrevistar a cien madres. De distantas edades, razas, religiones y nivel socioeconómico todas le contaban "la misma historia". "Todas describían a un compañero estupendo que no hace la parte que le corresponde de las tareas domésticas y de organización necesarias", aseguraban desde que habían tenido hijos. Y Lockman se pone a analizar el porqué hablando de la "falacia naturista" y de la "una educación diferenciada".

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La "Falacia Naturista" y la Educación Diferenciada

Del primer punto asegura que "aunque la mitad de la población que asume que la crianza es distinta entre hombre y mujeres considera que es por un componente biológico, no hay ninguna diferencia biológica entre los sexos que explique que mi marido no se descargue las aplicaciones de comunicación que le piden los profesores de nuestra hija o que no trocee las sandías que trae a casa y deja en la nevera como si fuera un gato que mata pájaros en el porche".

Pese a esto asegura que "la mayoría de las mujeres hacen referencia a la naturaleza cuando piensan en voz alta porque es un lugar muy cómodo en el que aterrizar. Nos ahorra cierta dosis de rabia o culpa, y tiene un sentido intuitivo". Y añade la frase de Michael Kimmel, director del Centro para el Estudio de las masculinidades de la Universidad de Stony Brook en Nueva York: "La diferencia de género es producto de la desigualdad de género, no al revés".

Dockman asegura que "la sociabilización de los sexos empieza al nacer". "Los padres tienen diferentes expectativas con respecto a sus hijos y sus hijas desde la infancia, y la percepción que tienen de sus hijos se va formando junto con estas expectativas. Los bebés de ambos sexos se diferencian solo en estos aspectos: de media, los bebés varones tienen más dificultad para autorregularse y suelen tardar más en pasar de una actitud unilateral a otra de compromiso mutuo", explica.

Y continúa afirmando que "la evidencia histórica sugiere que, a medida que hombres y mujeres han pasado a desempeñar papeles públicos más similares, hemos empezado a destacar el sexo de forma más dramática". "En la época de las esferas separadas, los juguetes y la ropa eran neutrales en cuanto al sexo. Los niños usaban camisones. En la actualidad, la revelación del sexo no es solo resultado de las redes sociales, sino también de un esfuerzo por recuperar la prevalencia del sexo en un mundo en el que los papeles masculino y femenino son cada más indiferenciados", asegura.

Para ella cargamos con "nociones culturales profundamente arraigadas sobre aquello en lo que son mejores los hombres y las mujeres y sobre cómo deben comportarse" y que pese a que "estas diferencias de género se refuerzan a través de los procesos sociales desde la cuna hasta la tumba, la llegada de un bebé parece intensificar las prescripciones y expectativas de comportamientos habituales entre mujeres y hombres". "Se ha dicho que la maternidad es la experiencia que más refuerza el género en la vida de la mujer", sentencia.

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El Rol de la Mujer en el Ámbito Laboral y la Discriminación

Siguiendo esta idea, tres investigadores de la Universidad Pompeu Fabra han realizado un estudio, publicado por el Observatorio Social de 'La Caixa', en el que demuestran que las mujeres tienen menos probabilidades que los hombres con las mismas características de ser seleccionados para una entrevista de trabajo. El dato procede de las llamadas de las empresas que recibieron en la investigación fruto del envío de estos currículums falsos y que registraron y analizaron los responsables del estudio -María José González, Clara Cortina y Jorge Rodríguez-Menés-, con la colaboración de estudiantes de grado y doctorado de la universidad catalana.

Ese 30% de brecha se refiere a las llamadas recibidas: los candidatos fueron citados para acceder a los procesos de contratación en mayor porcentaje un 20,9% del total, mientras que en las mujeres esa proporción fue del 7,7%. Según explican los autores de la investigación, las empresas analizadas son tanto grandes como pequeñas y en concreto se enviaron currículums a ofertas de 18 ocupaciones distintas que variaban en grado de feminización de las profesiones, la cualificación requerida y la responsabilidad del puesto en juego.

Teniendo en cuenta tanto las llamadas como su orden de entrada, María José González destaca un dato: las mujeres con hijos tienen una probabilidad un 47% inferior de ser llamadas para una entrevista de trabajo con respecto a los hombres con hijos. Prácticamente la mitad de opciones de acceder a ese proceso de selección. “Lo que vemos es que siempre sistemáticamente los llaman más a ellos, pero que cuando la mujer tiene hijos se convierten en el perfil que tiene la última preferencia. En cambio, para los padres esos estereotipos de género funcionan de manera diferente y les asignan el rol de “candidato seguro”, explica María José González.

La Representación Mediática de la Maternidad

Un análisis sobre las madres de las series concluye que las expectativas poco realistas que reproducen contribuyen a la culpa que experimentan muchas mujeres. Si bien las representaciones de la maternidad en la televisión han mejorado en los últimos años, la mayoría de las series ofrecen aún un retrato bastante falso y a menudo idealizado de lo que es tener hijos, según el informe ‘Reescribiendo la maternidad: cómo la televisión representa a las madres y qué queremos ver en el futuro’, realizado por el Geena Davis Institute on Gender in Media.

El estudio, desarrollado en colaboración con la organización Moms First y con el apoyo de Meghan Markle y su Fundación Archewell, se ha hecho a partir del análisis de programas en Estados Unidos, con guion de 2022, que incluyeran a madres en el elenco principal. Su conclusión es que los guionistas de televisión aún tienen una visión bastante limitada de la maternidad y que las series siguen perpetuando algunos estereotipos dañinos. Las expectativas poco realistas que reproducen contribuyen, indican sus conclusiones, a la culpa y la vergüenza que experimentan muchas madres hoy en día.

Estos son algunos de los principales hallazgos de la investigación:

  • La mayoría de las madres televisivas son blancas (57,5%) y el 23,8% son negras. Otros colectivos como las mujeres mayores (10%), latinas (9%), LGBTQIA+ (6%), con sobrepeso u obesidad (1,8%) están subrepresentados. En el rastreo no se encontró ni una sola madre con discapacidad.
  • Los varones siguen siendo la principal fuente de ingresos de los hogares televisivos. Cuando la narrativa implica una pareja con hijos menores de 18 años, el padre es el sostén económico en el 86,5% de los casos.
  • Pese a que a menudo tienen físicos espectaculares, las madres de la ficción no parecen tener las mismas preocupaciones sobre su apariencia física o el cumplimiento de los estándares culturales de belleza que las mujeres del mundo real, y el trabajo requerido para alcanzar estos estándares se suele borrar en la televisión.
  • El trabajo que requiere mantener un hogar funcional y limpio y la carga emocional que esta responsabilidad implica también es invisible. Solo el 15% de los progenitores son mostrados haciendo tareas domésticas como cocinar o limpiar, sin embargo, las casas desordenadas son una rareza en la tele.
  • También la realidad del cuidado infantil es, en buena medida, eliminada. Solo uno de cada cinco progenitores con niños pequeños (menores de 11 años) menciona alguna forma de cuidado infantil. Durante el resto del tiempo la audiencia tiene que asumir que estos niños están a salvo y cuidados de alguna forma mágica.
  • Las madres hacen sacrificios a diario por sus hijos y suelen anteponer sus necesidades a las propias, pero esto rara vez se muestra y cuando se hace, en más de la mitad de los casos (55%) se trata de grandes decisiones (de tipo de vida o muerte) y no de situaciones reales, como quedarse despiertas toda la noche para atender a un recién nacido o tomar decisiones financieras y profesionales que benefician a su familia más que a ellas mismas.

El informe acaba con una serie de peticiones y recomendaciones a los responsables de la industria, como ofrecer bajas de paternidad o medidas de conciliación (para ambos progenitores), que podrían ayudar a cambiar lo que se ve en pantalla. “La madre blanca, delgada y hetero nunca ha sido un reflejo de la realidad. Sin embargo, aunque vemos más diversidad en televisión, casi la mitad de los personajes de madres aún se ajustan a esta descripción. Desafía esto mostrando a madres de color, madres queer, madres gordas, madres discapacitadas y madres que no lucen perfectamente estilizadas en todo momento”, concluye.

“Es hora de reescribir la maternidad para que las madres finalmente se vean reflejadas en los personajes que dan forma a nuestra cultura”, afirma Reshma Saujani, fundadora y CEO de Moms First. “Instamos a los productores, escritores y showrunners a que contraten y apoyen a las madres con las bajad por maternidad pagada y las medidas de cuidado infantil que necesitan para poder escribir historias auténticas de madres que no solo nos entretengan, sino que también resuenen con nuestras propias vidas”.

Tabla Resumen de Hallazgos sobre la Representación Mediática de las Madres

Aspecto Porcentaje Observaciones
Madres Blancas 57.5% Mayoría en la representación televisiva
Madres Negras 23.8% Segundo grupo más representado
Padre como sostén económico 86.5% En parejas con hijos menores de 18 años
Progenitores mostrando tareas domésticas 15% Baja visibilidad del trabajo doméstico
Progenitores mencionando cuidado infantil 20% En progenitores con niños pequeños (menores de 11 años)
Sacrificios maternos en grandes decisiones 55% Menos visibilidad de sacrificios cotidianos

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