Nino Bravo y la controversia en el Franquismo: Un análisis histórico

27.11.2025

En la pléyade de cantantes melódicos españoles de los años setenta más o menos horteras, el recientemente fallecido Camilo Sesto ocupaba un puesto de honor.

Poseedor de una gran voz, productor y autor de muchos de sus propios temas, vendedor de más de 175 millones de discos, conoció el éxito en España y Latinoamérica y sus canciones las hemos tarareado todos, sus fans y quienes no lo somos tanto, reconozcámoslo.

Pero hay quien dice que lo mejor que produjo el talento de Camilo Sesto fue su interpretación en la versión española de “Jesucristo Superstar”, allá por 1975, no exenta de valentía, arrojo, polémica, crítica y ataques histéricos de la ultraderecha patria.

Uno de sus fragmentos, “Getsemaní”, es el que traemos hoy a LA HISTORIA DETRÁS DE LA CANCIÓN.

La historia comienza en 1970, cuando los ingleses Andrew Lloyd Weber y Tim Rice escribieron y grabaron una ópera rock llamada “Jesus Christ Superstar”, un álbum conceptual que narraba los siete últimos días de la vida de Jesucristo.

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En 1971 pudieron estrenar un musical en un teatro de Broadway en New York y llevaron el espectáculo después a Londres y otras ciudades.

Era difícil hacer casar los pantalones vaqueros y el Evangelio, pero se atrevieron a abordar la pasión cristiana pasándola por el filtro del rock y el pop.

“Jesus Christ Superstar” fue después llevada al cine, dado el éxito teatral obtenido.

Esos ecos llegaron a España y fue Camilo Sesto quien, tras asistir en Londres a una representación, se empeñó en poner en marcha una traducción en castellano para el público español.

La versión española tuvo que vérselas con la censura franquista, ya que el conservadurismo católico en España, al igual que había sucedido con el conservadurismo protestante en Estados Unidos, veía esta obra como una blasfemia y una ofensa a la religión y por ello se impidió su estreno durante años.

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Con unos cambios en las letras pudieron pasar finalmente la censura y, finalmente, el 6 de noviembre de 1975, “Jesucristo Superstar” se estrenó en un teatro de Madrid cuando quedaban escasos 15 días para que muriera Franco, en un ambiente de gran tensión social y política en España.

Camilo Sesto interpretaba a Jesucristo, además de producir la obra con 12 millones de pesetas de su bolsillo.

Ángela Carrasco encarnó a María Magdalena y Teddy Bautista hizo de Judas.

Sortear la censura no fue el único problema: una organización violenta y de extrema derecha muy activa en el tardofranquismo, los Guerrilleros de Cristo Rey, organizaron actos de coacción contra la gente que se acercaba al teatro a comprar entradas, acompañados de amenazas de bomba y campañas de insultos en la prensa que no amedrentaron a Camilo Sesto.

Hubo críticas duras en algún periódico, una de ellas titulada “Anticristo Superstar”.

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La obra, pese a las dificultades, se estrenó y estuvo casi cinco meses en cartel, con un éxito de público inaudito e inesperado.

El mundo del franquismo se desmoronaba y surgía una cultura nueva.

El viejo dictador iba a morirse y la juventud española eligió libertades, músicas nuevas y modernidad.

Por antiguas que nos parezcan ahora las canciones de “Jesucristo Superstar”, hay que reconocer que en su día fueron rompedoras y representaban a una nueva generación que quiso unir la religión a la música contemporánea.

El 27 de septiembre de 1975 España asistió a las últimas cinco ejecuciones de su historia.

Dos meses antes de la muerte por causas naturales del dictador Francisco Franco, en los municipios de Hoyo de Manzanares (Madrid), Barcelona y Burgos fueron fusilados tres miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), Xosé Humberto Baena Alonso, José Luis Sánchez-Bravo y Ramón García Sanz, y dos miembros de ETA, Jon Paredes Manot('Txiki') y Ángel Otaegi, tras haber sido condenados a muerte en consejos de guerra sin las mínimas garantías.

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